Mayra Santos-Febres y la intelectualidad afrocaribeña en Puerto Rico: mujerilidad, historia y legitimación social
En el marco de su visita a la Universidad del Valle, La Palabra exalta la labor intelectual y artística de Mayra Santos-Febres, faro que ilumina las reflexiones en torno a la feminidad, la literatura caribeña y la descolonización cultural; prolija y exitosa en su creación literaria, y galardonada, entre otros, con premios como el Juan Rulfo Internacional y el Primer Premio en Literatura de la Academie Nationale de la Pharmacie, Paris. También ha sido becaria de las fundaciones John S. Simon Guggenheim (2017) y la Rockefeller Bellagio Center Residency (2018).
Por: Alejandro Alzate

I. Hola, ayer: un saludo contextual al pasado
1966 fue el año que vio nacer a Mayra Santos-Febres. Quizás por eso, y por las memorias de los sucesos ocurridos durante ese tiempo, es tan inquieto su espíritu y honda su curiosidad intelectual. En la ya lejana década de 1960, como se recordará, estalló en San Francisco la contracultura hippie, movimiento mediante el cual las juventudes estadounidenses cuestionaron las políticas belicistas de su país y el conservadurismo moral en lo atinente a la libertad sexual. Asimismo, se expandió el deseo de experimentar estados alterados de conciencia a través del consumo de LSD y la aparición de The Beatles modificó para siempre el panorama musical internacional.
En esa década convulsa, Norteamérica ingresó a la Guerra de Vietnam y John F. Kennedy fue acribillado sin que hasta hoy se sepa, a ciencia cierta, el porqué. Si de líderes se trata, es preciso mencionar dos muy importantes: Martin Luther King Jr. y John Lewis, ambos luchadores incansables a favor de la obtención de derechos civiles por parte de los afroamericanos. En concordancia con ellos y sus esfuerzos por la reivindicación racial, Malcom X entregó su vida -hasta el punto de ser asesinado en febrero de 1965- a la causa que suponía crear una conciencia social integracionista que reconociera a unos y otros no solo por su color de piel, sino por sus aportes de cara a la prosperidad nacional. De acuerdo con su filosofía, la sociedad afro de Estados Unidos debía forjarse un ideal concreto en el siguiente sentido: la violencia ejercida sistemáticamente por la sociedad blanca no debía ser respondida con más violencia, pues eso solo sería el instrumento útil para la perpetuación del imaginario de barbarie tan sospechosamente adjudicado a las negritudes.
Es este el contexto en el que Santos-Febres llegó al mundo. Es este el contexto que permeaba hasta Carolina, el municipio costero donde nació, y determinaba el panorama mundial con su adjunto de pánico, rebeldía y desconcierto. Carolina, vale la pena mencionarlo, forma un triángulo con Bayamón y Caguas, ciudades cuyas playas y la hospitalidad de las gentes, fungieron como antídotos contra la indolencia estatal y la ferocidad de las políticas norteamericanas que dictaban -en los 60, como ahora- qué se hacía y qué no.
Una vez observado lo de afuera, es decir, esa misteriosa conciencia del mundo en la cual la historiografía busca y señala hechos de manera caprichosa, se hace necesario mirar ahora qué pasaba en Puerto Rico en la mencionada década. Para hablar de Mayra Santos-Febres resulta importante rastrear las pistas históricas que influyeron- y siguen influyendo- su pensamiento progresista; más aún teniendo en cuenta su interés por dialogar con el mundo y sus fenómenos diversos. En 1960, Puerto Rico iniciaba una lenta transición hacia la modernidad industrial. Ya desde 1950 las inquietudes por clausurar la exclusividad productiva del mundo rural y de hacienda, consecuentemente, marcaron con fuego una consigna en diversos sectores obreros: había que marcharse, como fuerza de trabajo y tras la ilusión de una vida mejor, a las nuevas fábricas instaladas en los incipientes centros urbanos. Eran los tiempos de lo que muchos denominaron entonces como “el milagro económico”. “Fábricas de vidrio, cartón, cemento y otros productos”, como bien reseña BBC News, fueron vitales para dinamizar no solo la economía y el capital sino para integrar a la mujer como fuerza laboral de primera mano en factorías de diversa índole.
…esta mujer de rizos pronunciados y ojos negros y alegres como la noche tropical, ha analizado la literatura caribeña y la condición femenina en su justa y problemática dimensión. Decimos justa pues, como se verá, las valoraciones que realiza en algunas de sus obras claman por el reposicionamiento y empoderamiento inmediato de la mujer dentro de las sociedades modernas.
Asimismo, y como explica Martha Quiñones, profesora de la Universidad de Puerto Rico, “se establecieron objetivos sociales para mejorar la educación, la salud, la vivienda y, además, objetivos económicos para mejorar la infraestructura de carreteras, puentes, puertos, energía eléctrica, agua potable y comunicación”. De lo hasta aquí expuesto, podría decirse, sin lugar a dudas, que el tema de la mujer mencionado líneas arriba es de vital importancia dentro de la filosofía socio-cultural de Mayra Santos-Febres. Es por eso que nos detendremos ahí para empezar a perfilar a nuestra invitada.
De ella se pueden decir muchas cosas; no obstante, una de las más importantes es que le confiere un papel preponderante a la educación cuando de desarrollo social y de pensar la feminidad se trata. Santos-Febres es una mujer que se ha afinado cultural, y críticamente, a la luz de la Academia. Así reza su currículum: Harvard, Cornell y la Universidad de Puerto Rico son solo algunas de las instituciones donde ha ejercido la docencia y la investigación. En calidad de catedrática invitada, esta mujer de rizos pronunciados y ojos negros y alegres como la noche tropical, ha analizado la literatura caribeña y la condición femenina en su justa y problemática dimensión. Decimos justa pues, como se verá, las valoraciones que realiza en algunas de sus obras claman por el reposicionamiento y empoderamiento inmediato de la mujer dentro de las sociedades modernas. Con aquello de problemático nos referimos a la enunciación de valores epistémicos que pueden incomodar a ciertos sectores puristas o demasiado conservadores.

II. Ser mujer no es una moda: posturas de género más allá de los asedios del coaching
La solemnidad no mata la intertextualidad. Mayra Santos-Febres me remite, con razón o sin ella, a Guillermo Cabrera Infante y su novela Tres Tristes Tigres. Ignoro si Santos-Febres canta boleros como Estrella. Ignoro, también, si tiene alguna de las histriónicas características de la extrovertida mulata que inmortalizara hace más de 50 años el escritor oriundo de Gibara, provincia ubicada al oriente de Cuba.
Lo cierto es que al igual que Estrella, Santos-Febres tiene mucho que decir. Tiene mucho juego dentro de la cultura contemporánea del Caribe y sus satélites raciales. Cali, para no ir muy lejos, es uno de ellos. Valga recordar que después de Salvador de Bahía y La Habana, la capital del Valle es la ciudad con mayor población afrodescendiente en Hispanoamérica.
Más allá de los embustes de la moda y el empoderamiento superficial de las redes sociales, que crean discursos y proclamas con la pasión superflua con que se vende un perfume o un desodorante, ser mujer para Mayra Santos-Febres es un hecho político. Un asunto serio que supone un análisis multifactorial. Más aún cuando es una mujer negra sobre la que se vuelca la mirada. Ser negra, como reza su libro de ensayos Sobre piel y papel, implica vencer las nociones del exotismo. Con serena lucidez, este postulado exhorta a frenar el vínculo o relación con la hipersexualización, la fuerza de trabajo infatigable y el animoso físico que superó la mano de obra indígena que construía ciudades y caminos durante los siglos XVIII y XIX. Santos-Febres dice que es negra “no por el color de su piel sino por bibliografía”.
Lo dice entre risas, pero muy en serio, en una entrevista concedida a Conversan Dos, espacio televisivo que por años mantuvo el Centro Virtual Isaacs de la Universidad del Valle. Lo importante de esto es que da cuenta del sistemático estudio hecho por esta escritora e intelectual para entender mejor, querer mejor y dar la pelea mejor por la reivindicación de la raza negra que ha estado desde siempre entre nosotros -desde el siglo XVII en el caso colombiano-, enriqueciendo con sus rituales cosmogónicos y musicales la conformación nacional pluriétnica y multicultural.
Ahora bien, es preciso aclarar algo: Mayra Santos-Febres invita a superar los rezagos de la hipersexualización, pero al mismo tiempo, observa con beneplácito el papel del erotismo en la historia de las comunidades afrodiaspóricas. De acuerdo con ella, “el erotismo es una ventana hacia la historia que no se cuenta; un espacio de negociación”. Entender esto es importante, puesto que marca un horizonte que explica la defensa de la vida misma. Como bien lo señala la autora, era práctica común que muchas negras tuvieran hijos con blancos para asegurarles la libertad. Visto así, el erotismo, como fenómeno y práctica, tiene una significación política que nada tiene que ver con las desproporciones del exotismo tan ponderado por la historia y la crítica literaria del siglo XIX.
Mayra Santos-Febres invita a superar los rezagos de la hipersexualización, pero al mismo tiempo, observa con beneplácito el papel del erotismo en la historia de las comunidades afrodiaspóricas. De acuerdo con ella, “el erotismo es una ventana hacia la historia que no se cuenta; un espacio de negociación”.
Aunado a esto, la ruptura de los mitos surgidos en torno a la exageración tiene aparejado un elemento más: la liberación social. Mediante esta, Santos-Febres explica la construcción de una nueva feminidad, de la mujerilidad, como ella la llama. Liberarse del deber ser como…, del deber hablar como…, del deber vestirse como…, son cuestiones imprescindibles para que las mujeres sean en sí lo que anhelan y no lo que les toca por rezago histórico. Santos-Febres se ha preguntado muchas cosas en relación con los procesos de dominación masculina y emancipación femenina. La oriunda de Carolina no escandaliza, pero sí atiza la discusión por la defensa de la individualidad, de la democracia y de eso que algunos llaman, con mucha retórica y a veces poca profundidad, libre desarrollo de la personalidad.
En tiempos de tanto marketing por acá y coaching por allá, se hace necesario que alguien piense de manera seria, sistemática y rigurosa, asuntos de la contemporaneidad. En ese sentido, Santos-Febres se deja conocer como una mujer comprometida con las preocupaciones de su tiempo. A sus 56 años, su activismo intelectual la ha convertido en una autoridad de los estudios de género afrodiaspóricos. Para ella, aspectos de la vida como la sexualidad, por ejemplo, han sido deformados por la política. Lo grave, más allá del hecho en sí, que ya es nefasto, a claras cuentas, es que la mujer carga con la peor parte. Pareciera que cada mega tendencia ideológica marcara un revés en relación con los avances culturales que se han obtenido. Políticas públicas en salud y políticas de Estado enturbian los caminos de una vida más honesta y liberal. Más real.
En ese sentido, dice la autora, “el neoliberalismo ha efectivamente utilizado el Sida para crear un discurso que ha instaurado una nueva moralidad puritana. Como resultado, se ha silenciado aún más al deseo y a toda práctica o discurso que pretenda avalarlo. El deseo sexual es algo que se practica en la privacidad más escondida de los cuartos (o del internet) y/o bajo el sacrosanto contrato del matrimonio (con sus debidas capitulaciones). Mientras tanto, se comercializa ese mismo deseo hasta volverlo aberración. La aberración del deseo lo “privatiza” aún más, lo vuelve consumo subterráneo y tema de susurro. Así se maximizan las ganancias; mientras más represión más venta de pornografía, más programas eróticos para computadoras. Se abren ilimitadas líneas de sexo por teléfono, incontables redes triple “X” de comunicación electrónica. La tensión aumenta en bares y en esquinas, pero la acción se lleva a cabo en callejones y moteles cada días más caros, más apartados, más peligrosos. El silencio y la represión […] actúan como aliados del sistema colonial hipermoderno”.
Escudriñando la biografía intelectual de nuestra invitada a este espacio de letras y pesquisas, vemos cuán hondo es su interés por el estudio de la libertad como proceso- y categoría epistémica- que permita superar las trabas -y taras- del colonialismo. Así, por ejemplo, en Fe en disfraz (2009) y de acuerdo con la crítica especializada, el uso del español antillano constituye una estrategia de lucha contra las gestas de colonización que han golpeado a Puerto Rico.
En ese orden de ideas, lenguaje, sexualidad y reconstrucción de la corporalidad se erigen como ejes temáticos y a la vez políticos de su literatura. Para Santos-Febres, la colonización del pensamiento es tan grave hoy como la esclavitud que ejercieron, otrora y sobre el Caribe y las Antillas, las potencias europeas de ultramar. Es por eso que no ahorra esfuerzos en descolonizar la mujerilidad negra en particular; es decir, el hecho cultural de ser mujer afro más allá de la deformación ideológica y la propaganda etnocéntrica. Su interés es no solo genuino, sino una suerte de esfuerzo estético e histórico por resarcir la historia de una raza que ha sido ultrajada desde tiempos inenarrables. Dar la voz, pero darla como afirmación y no como pregunta a la manera de Spivak en su ya clásico ¿Pueden hablar los subalternos?, es más que una tarea: es un compromiso, es darle sentido a su ejercicio escritural e intelectual.
Santos-Febres explica la construcción de una nueva feminidad, de la mujerilidad, como ella la llama. Liberarse del deber ser como…, del deber hablar como…, del deber vestirse como…, son cuestiones imprescindibles para que las mujeres sean en sí lo que anhelan y no lo que les toca por rezago histórico.
En medio del sofocante calor del domingo en que escribo estas páginas, voy a mi biblioteca y abro el libro de Cabrera Infante. Una voz, como de siglos, me lo exige. Se hace imposible postergar más el llamado de la tribu…Tengo, en su interior, un recibo con su tinta química ya borrada que parece ser de algún McDonald´s -marca que sigue colonizando nuestros estómagos a pesar de los esfuerzos de nutriólogos, coaches en alimentación y demás gurúes de la mercadotecnia fitness-. Tengo, también, una moneda brillante y hermosa que robé en un descuido a un fanático de la numismática.
Busco con precipitud las páginas que rayé hace años buscando los pasos perdidos, no de Carpentier ni de Vargas Llosa, sino de Estrella. Empiezo a encontrar vestigios de la lectura, de mi manera de leer por aquellos años felices y documentados, de algunos apuntes. Cuando menos lo espero aparece. Sí, allí está. Estrella por aquí, por allá, Estrella en las noches del Tropicana- el cabaret más fabuloso del mundo-, Estrella que no cabe en los vestidos de luces que la intentaban moldear al estilo Aretha Franklin o Nancy Sinatra. Estrella en la estridencia del Caribe urbano, Estrella estrellada, ebria y desafinada, pero nunca desatinada.
Releo cómo su rol edifica, estructura y echa a andar Tres Tristes Tigres. Bustrofedón y demás personajes no pueden, a pesar de la obstinación neurótica y psiquiátrica de Cabrera Infante, con la trama que boleriza su mano prodigiosa. Todos le piden ayuda a Estrella para que, literalmente, ilumine la noche de sus vidas. Pienso nuevamente en que algo vincula a Mayra Santos-Febres y a Estrella. Comienzo una rápida operación de descarte en la cual la desproporción del peso hiperbólico que rompe balanzas ocupa el primer lugar de salida. Acto seguido, anulo el gusto por los trajes de luces que más le van a un torero que a una escritora y profesora de portentosos quilates académicos. Es entonces cuando empiezo a pensar, a entender, que la clave ya estaba dada, que siempre lo estuvo, que “el vals ya había sido tocado”. Santos-Febres y Estrella se reconocen no solo por el color de la piel, lo cual sería una obviedad casi necia, sino por la ruptura de los estándares y las formalizaciones de la conveniencia…incluso editorial. Estrella habla en el español de Cuba, como advierte el propio Cabrera Infante en uno de los paratextos iniciales, y muchas de las mujeres de Fe en disfraz hablan en el español de Puerto Rico. Todas son disruptivas. Todas son parte de esas otras voces tan necesarias frente a los embates de la uniformidad que promueven gremios y estamentos, presidentes y líderes mesiánicos.
La revelación, que me llega de golpe desde el más allá, me permite ver, más acá, que Estrella y Santos-Febres van buscando, cada una a su manera, “la salvaje belleza de la vida”. Sus presencias redimen no solo a una raza, sino una historia: el relato de ser y hacerse sujeto en el concierto de las sociedades modernas. Pero cuidado con las definiciones demasiado teóricas. Lo que más vincula a nuestra autora con Estrella es que ambas, sin más, como si fuera poco, son artistas. Las dos están dotadas con un poder expresivo que llega a las grandes masas de la América hispana para reelaborar los discursos oficiales y las maneras de entender la biopolítica y el asunto de las razas y sus derechos históricos y civiles. “Usted es una dama y las damas no dicen malas palabras, y ella me dijo, yo no soy una dama, yo soy una artista, coño”. Con esta contundencia, Estrella desmonta las nociones del refinamiento y recupera el valor de la expresividad popular como símbolo de integración social.
…lenguaje, sexualidad y reconstrucción de la corporalidad se erigen como ejes temáticos y a la vez políticos de su literatura. Para Santos-Febres, la colonización del pensamiento es tan grave hoy como la esclavitud que ejercieron, otrora y sobre el Caribe y las Antillas, las potencias europeas de ultramar.
III. Mayra Santos y una bibliografía que no termina
Antes de finalizar, confieso que otra imagen me asalta. Esta vez Borges y la metáfora del paraíso como biblioteca me llevan a husmear in extenso la producción literaria de la puertorriqueña. Me la imagino, aunque el recurso resulte manido, en una casa con vista a la playa preparando uno de sus libros. Supongo que el aire salitre la anima a crear el ardor de sus novelas y el sudor contenido de sus personajes. Dentro de estas se destacan Sirena Selena vestida de pena (2001), Cualquier miércoles soy tuya (2016), La amante de Gardel (2015), Nuestra señora de la noche (2008) y la ya mencionada Fe en disfraz (2009).
En relación con su producción poética, se destacan Anamú y manigua (1990), El orden escapado (1991), Boat People (1994), Tercer Mundo (2001), Lecciones de renuncia
(2014-2020) y Huracanada (2018). No es menor su producción cuentística. En este género ha escrito Pez de vidrio y otros cuentos (1994), El cuerpo correcto (1998), Un pasado posible (1999) y Mujeres violentas (2011). Como si fuera poco, ha escrito los ensayos Tratado de Medicina Natural para Hombres Melancólicos (2007) y Sobre piel y papel (2015, 2021).
Con este sólido corpus, y el que seguramente venga en camino, no cabe duda de que Mayra Santos-Febres seguirá nutriendo esa gran biblioteca universal que, como bien planteó el bardo argentino, es una aproximación al paraíso; aproximación porque en ella hay libros que son, como también lo propuso el autor del Aleph, una extensión de la felicidad.




