Entrevista

Mario Vargas Llosa: una mirada desde México al adiós de un grande

La muerte de Mario Vargas Llosa (Arequipa 1936-Lima 2025) permite reflexionar críticamente sobre su innegable talento literario, su condición de intelectual erudito y sus controversiales posturas ideológicas, tan acomodaticias, a veces, como las de los más avezados políticos de nuestro tiempo. Sea esta la oportunidad para compartir la primera entrega de un tríptico de entrevistas que sobre la vida y obra del Nobel peruano ha preparado La Palabra. En esta ocasión, dialogamos con la Dra. Norma Angélica Cuevas Velasco, integrante del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias y líder del grupo de investigación “Problemas de teoría y crítica literaria” de la Universidad Veracruzana de México.

Por: Alejandro Alzate

Mario Vargas Llosa (1936-2025), escritor peruano. Foto: Tomada de infoans.org
Mario Vargas Llosa (1936-2025), escritor peruano.
Foto: Tomada de infoans.org

Alejandro Alzate (AA): Mario Vargas Llosa fue, sin lugar a dudas, un escritor que enriqueció y dio vida a la literatura hispanoamericana por más de cincuenta años. En ese sentido, ¿qué significa su muerte? ¿Se vislumbra algún otro autor vivo tan representativo en el contexto hispanohablante actual?

Norma Angélica Cuevas Velasco (NACV): Cuando el pasado 13 de abril nos sorprendió la noticia de la muerte de Mario Vargas Llosa comenzaron a cerrarse varios círculos. El primero de ellos es el del Boom latinoamericano, ese movimiento literario nuestro que incluyó a notables escritores que hoy contamos entre los clásicos; el segundo círculo podría asociarse con los Premios Nobel de Literatura: de todos, el único que nos acompañaba en este mundo era él y se ha ido. Con su partida se cierra, de muchas formas, otro tercer círculo: el de los intelectuales que, si bien opinan, es decir, reflexionan sobre los temas de interés global, ante todo defienden la supremacía del lenguaje como elemento fundamental para la comunicación y el diálogo. Acaso sea Mario Vargas Llosa el último hombre de una estirpe particular que se reconoce fundamentalmente como lector, lo cual lo conecta con Borges, con Fuentes, con Piglia, con Cortázar, con García Márquez y, por supuesto, con Juan Rulfo.

No es fácil definir a sus herederos, pero me arriesgaría a mencionar a Santiago Roncagliolo, dado el mutuo reconocimiento que hicieron público en más de una ocasión. Pienso también en Juan Gabriel Vásquez, quien en 2021 con Volver la vista atrás obtuvo el Premio Bienal de Novela Vargas Llosa. En general, pienso que no sería descabellada la idea de sugerir que todo tratamiento narrativo que vincule las formas del realismo con la política guarda una suerte de reconocimiento al autor de Conversación en La Catedral. También pienso que toda literatura que se tenga a sí misma como centro es ya un elemento que suma a esa tradición a la que pertenece la obra de Vargas Llosa. Digo esto y de inmediato me asaltan las dudas. No es sencillo dar una respuesta.

(AA): ¿Cómo puede describirse la relación de Vargas Llosa con México después de haber dicho, en 1990, que este país detentaba la “dictadura perfecta” en manos del PRI?

(NACV): México es un país plural y diverso, donde no todos pensamos del mismo modo ni vemos las mismas implicaciones de un acontecimiento como lo fue ese programa transmitido por Televisa, en canal no abierto: “El siglo XX: la experiencia de la libertad”. La noción de “dictadura perfecta” no fue enunciada a toro pasado, fue sostenida en una empresa televisiva abiertamente priista. Un programa memorable, por donde se lo vea, en el que, junto con Vargas Llosa, participaron, entre otros, Enrique Krauze y Octavio Paz, quienes bromearon llamándola “dicta-blanda”, ante lo cual Paz se vio en la necesidad de intervenir destacando la existencia y permanencia, en México, de un poder hegemónico no militarizado. Lo cual le permitió debatir la noción de dictadura perfecta. El debate en torno a esta declaración del peruano en territorio mexicano ha generado ríos de tinta y, obviamente, su recepción no ha sido la misma entonces que ahora.  

Con todo, la perspectiva sobre la figura de Vargas Llosa siempre ha sido polémica, ambivalente: se reconoce al escritor de sendas novelas y gran carisma, pero se rechaza al hombre-pasarela, al intelectual-gato, ese que siempre busca caer bien parado, aunque para lograrlo deba dar tantas vueltas que no ofrecen más que espectáculo.

(AA): Durante su juventud, el Nobel peruano defendió la Revolución cubana y los ideales libertarios; años después, hacia la década de los setenta, empezó un lento pero progresivo viraje a la derecha política de corte neoliberal. ¿Cómo puede interpretarse este hecho que tantos desencuentros le significó?

(NACV): Ese tema hay que investigarlo a profundidad; exige un trabajo meticuloso de archivo, del que notables investigadores se han ocupado. Leer la correspondencia que Vargas Llosa mantuvo con varios escritores de su edad, con los integrantes del Boom, sobre todo. No me gustaría caer en lugares comunes o afirmar sin argumentos. A los amables lectores que nos acompañan, les sugiero leer los textos de Rafael Rojas, por ejemplo.

Si algo pudiera decir ahora al respecto, lo encaminaría hacia las distintas rutas que toda visión del mundo adquiere en determinado momento histórico y determinado contexto cultural, social y político. Como todos los escritores críticos nacidos en la década de los treinta, Vargas Llosa se interesó por lo latinoamericano en relación con un mundo más amplio y complejo. La idea de Revolución implicaba otra: la idea de libertad, y esta, a su vez, se contrapone a cualquier forma autoritaria. Cuba, dijo, pasó de una “revolución libertaria” a una “revolución autoritaria”. Vargas Llosa no fue el único intelectual con una relación compleja o problemática con la isla. La visión de mundo del Caribe no solo es geopolítica, también es estética, y Vargas Llosa era evidente que miraba otro horizonte, otra estética también.

…la perspectiva sobre la figura de Vargas Llosa siempre ha sido polémica, ambivalente: se reconoce al escritor de sendas novelas y gran carisma, pero se rechaza al hombre-pasarela, al intelectual-gato, ese que siempre busca caer bien parado, aunque para lograrlo deba dar tantas vueltas que no ofrecen más que espectáculo.

(AA): ¿Qué es, realmente, y bien entendido, el compromiso político de un escritor?

(NACV): El compromiso político de un escritor, como el de todo ciudadano es, antes que nada, el de la congruencia entre el discurso y la acción. Todo escrito, hasta el más experimental y abstracto, tiene un compromiso con la escritura y esta es siempre un acto político, que no es lo mismo que partidista. En este sentido, Vargas Llosa es un narrador espléndido, uno que logra agudeza crítica en las voces a las que da vida en su escritura. Querer que la postura del autor se transparente tal cual en las figuras ficcionales que crea es limitar la libertad poética y restringirla a la acción humana que claramente se rige por convenciones muy diferentes a las artísticas. Lo que quiero decir es que el compromiso político de un escritor literario es con sus lectores, con su obra y con su tradición; en este sentido, Vargas Llosa no me parece que haya escrito algo que debamos dejar al margen de su obra.

(AA): Hay una delgada línea entre la observación crítica y el panfleto. No es un secreto que Vargas Llosa descalificó a muchos autores hispanoamericanos de los años treinta por olvidarse de que lo que hacían era literatura y privilegiar la arenga. Desde esa perspectiva, ¿cómo puede entenderse, o explicarse, el equilibrio expresivo del peruano? Es decir, ¿estilísticamente, lingüísticamente, ideológicamente puede decirse que Mario Vargas Llosa fue un autor punzante pero elegante y estético?

(NACV): Como acabo de mencionar, el artista literario, el escritor crítico, el intelectual, está en su obra, no puede abandonarla o desprenderse de ella totalmente, pero tampoco puede someterla a sus caprichos o intereses no literarios. La obra se cae, no solo el autor. Ahora bien, que esta se sostenga estéticamente no impide que haya lecturas panfletarias; la libertad del lector llega a lugares insospechados que no siempre se apegan a lo escrito, sino al autor o al contexto. Las críticas de Vargas Llosa encuentran su contundencia en la razón a que da lugar el conocimiento profundo del lenguaje, de eso no tengo duda.

…el compromiso político de un escritor literario es con sus lectores, con su obra y con su tradición; en este sentido, Vargas Llosa no me parece que haya escrito algo que debamos dejar al margen de su obra.

(AA): ¿Es posible o no, es políticamente correcto o no, separar al autor de sus posicionamientos ideológicos, cualesquiera que estos sean?

(NACV): Los dos caminos son posibles. Hablar de literatura no es únicamente hablar de la obra literaria, sino también de todo lo que alrededor de ella existe. La pregunta que debemos plantearnos los lectores es, me parece, sobre la pertinencia de poner en relación la ideología autoral con la de las figuras estrictamente literarias creadas por ese autor. Estoy segura de que la exigencia de la obra nos marca la pauta.

(AA): Por último, y dejando de lado los asuntos políticos, ¿cuáles son las mayores virtudes literarias de Mario Vargas Llosa?

(NACV): Tengo para mí que Vargas Llosa es de esos autores que se plantean desafíos artísticos y no paran hasta encontrar la respuesta más atractiva. No solo construir y contar la trama, sino figurarla, vestirla, en su caso, con estilo propio, con elegancia, con atinada elocuencia y suficiente dosis crítica.

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