Malta, un viaje interior
Malta es la segunda película de Natalia Santa. Presenta el viaje interior de Mariana, una joven miembro de una familia disfuncional que sueña con escapar de esa realidad emigrando a la isla mediterránea de Malta. Con impecables actuaciones de Estefanía Piñeres y Patricia Tamayo, asistimos a un filme sobre la migración, las heridas del pasado y el papel de la mujer en la familia.
Título original: Malta
Director: Natalia Santa
País: Colombia
Año: 2024
Duración: 97 minutos
Por: Fidel Valencia Robles
Estudiante de Licenciatura en Literatura

Natalia Santa estrenó el pasado 11 de julio su segunda película titulada Malta. Un drama intimista sobre una joven que empieza a ser adulta y debe lidiar con su familia disfuncional y su deseo de escapar a Malta para empezar de nuevo. Santa ya había abordado el drama interior con La defensa del dragón (2017) desde la perspectiva de tres hombres maduros; esta vez, con Malta, la mirada se posa desde la feminidad y su papel en la ciudad y la familia.
En la directora bogotana no encontramos grandes acciones ni tramas violentas, pero sí una potente voz narradora e intimista que mueve el interior de los personajes, lo que le da un sello a su obra. Por supuesto, dos películas podrían ser poco para caracterizar la poética de una cineasta; sin embargo, la calidad mostrada en Malta y La defensa del dragón puede ser un precedente para entender sus próximos trabajos. Dicha calidad llevó a Santa a ser la primera directora colombiana en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes.
Ahora bien, volviendo a la película, vemos que Mariana trabaja en un call center y toma clases de idiomas con la finalidad de viajar a la isla de Malta, lugar en el que quiere empezar una nueva vida lejos de una Bogotá en la que no encaja. Poco a poco se confronta a sí misma sobre los motivos de su viaje y encuentra en la relación con Gabriel, su inexperto compañero de clase, una perspectiva diferente sobre la sexualidad y el amor.
Malta es un viaje al interior de Mariana. Nos muestra sus heridas y la forma como va construyendo los recuerdos de su infancia y la idealización de la figura ausente de su padre, al mismo tiempo que juzga con dureza a su madre, a quien culpa del abandono paterno. Este conflicto, eje de la trama, es eficazmente interpretado por Estefanía Piñeres (Las Villamizar) en el papel de Mariana, y Patricia Tamayo (El olvido que seremos), quien da vida a la madre de la protagonista. Ambas actuaciones precisas y emotivas trasmiten credibilidad en los diálogos, los cuales están bien concebidos porque captan con naturalidad las discusiones y los momentos de ternura entre madre e hija. Ejemplos de lo anterior son las escenas en las que la madre le corta el pelo a Mariana o en la que esta ayuda a vestir a su madre, paralizada por el dolor emocional por la muerte de su papá. El guion es uno de los puntos altos de Malta por sus diálogos naturales sin pretensiones explicativas.
En Malta cada plano tiene una razón de ser, está ensamblada de manera que da una atmósfera introspectiva. La primera escena de Mariana orinando mientras está en la ducha nos da cuenta de todo lo que tiene que sacar de sí misma y de la transformación de la que seremos testigos a partir de ahí. El agua es un conductor de emociones en la película: lo vemos en la pecera y los pececitos que van muriendo uno a uno; en el juego de mojarse unas a otras mientras asean la casa, y en el desagüe que Mariana observa mientras está sentada en un andén. El agua funciona como una metáfora del fluir emocional entre los personajes.
Malta es un viaje al interior de Mariana. Nos muestra sus heridas y la forma como va construyendo los recuerdos de su infancia y la idealización de la figura ausente de su padre, al mismo tiempo que juzga con dureza a su madre, a quien culpa del abandono paterno.
Lo femenino y su perspectiva dentro de la familia tradicional es un tema coyuntural en Malta. Mariana es dueña de sí misma, de su cuerpo y de su sexualidad al tiempo que cuestiona a su madre alcohólica y a su hermando Rigo, quien reproduce la misma actitud del padre ausente con su hija recién nacida. También está la hermana del medio que trabaja y, por momentos, es quien se echa al hombro la economía de la casa; por último, el abuelo, mudo y lisiado en una silla de ruedas que suma una carga más al complejo ambiente familiar. Malta cuestiona el papel en el que la sociedad tradicional colombiana ha encasillado a las mujeres, rol en el que se evidencia la presión de ser el “ángel del hogar”, mientras los hombres brillan por su ausencia. En la trama podemos ver la crítica hacia este tipo de comportamiento masculino sin llegar a ser panfletaria ni infantilizar al espectador; es decir, Malta hace una crítica inteligente a la masculinidad hegemónica.
La migración aparece como una vía de escape ante ese agobiado entorno familiar. Mariana, estudiante de idiomas, escucha sus lecciones en el transporte público, la vida ideal que quiere está en las oraciones en alemán que aprende y luego pone en práctica en el instituto. Sus audífonos la aíslan de la realidad, pero la acercan a su paraíso personal figurado en la mencionada isla del Mediterráneo. Sin embargo, también es una metáfora del viaje interno que Mariana debe hacer para encontrar su identidad. En esa búsqueda identitaria, llama la atención la forma como construye los recuerdos de su niñez. Recuerda la casa de muñecas con la que jugaba, pero su hermana le hace una revelación que la sorprende y pone en evidencia el trauma de abandono que arrastra, lo que la confronta duramente. Mariana es un personaje complejo, multidimensional y profundo, creadora de sus propios recuerdos, quizá por eso se muestre diferente con cada personaje de su entorno. Lo anterior representa cómo la mente le hace gambetas al trauma y va edificando recuerdos ficticios para sobrevivir. Malta aborda este complejo aspecto de forma sencilla y precisa, lo que hace que sea una película eficiente a la hora de trasmitir su mensaje.

Foto: Tomada de cinemaboutiquela.com
Hay una sensación satisfactoria cuando la Malta termina. Una película cuidadosa en cada plano, en las actuaciones y en el guion. Estos tres aspectos son los que hacen de la nueva película de Natalia Santa una obra de calidad digna de ser admirada y comentada por los espectadores colombianos, además de sembrar expectativas bien fundadas de que en nuestro país se siga haciendo cine con calidad.



