Los Desagradables, nuevo título del escritor payanés Andrés Mauricio Muñoz
La literatura colombiana se renueva constantemente. En ese sentido, la obra de Mauricio Muñoz se integra con fuerza al nuevo acervo de las letras nacionales contemporáneas. Si bien es cuentista, principalmente, sus novelas hacen que el lector se haga preguntas en torno al desarrollo de su experiencia vital. A la fecha, la mayoría de sus textos han sido publicados por Seix Barral. Entre ellos se destacan: Las margaritas, Hay días en que estamos idos y El último donjuán. Entrevista al autor payanés.
Por: Alejandro Alzate

Foto: bibliotecanacional.gov.co
Alejandro Alzate (AA): En Los Desagradables, tu más reciente novela, Manuel Palomino, el protagonista, se presenta como un sujeto patético que cuestiona su insatisfacción vital. ¿Cómo lees al ser humano hoy? ¿Es feliz o infeliz? ¿Qué le preocupa o interesa?
Andrés Mauricio Muñoz (AMM): Ese es uno de los planteamientos de la novela, en el sentido de cuestionar sobre qué se funda la noción de éxito o fracaso en estos tiempos, en los que las redes sociales nos arrojan a diario a la cara evidencias de grandes gestas familiares y profesionales de nuestros amigos. Se suele asociar el éxito con la cantidad de dinero que se tenga, las propiedades que se han adquirido, los viajes realizados o cargos altos en las compañías para las que se trabaja. En ese sentido, la novela configura un personaje afligido por el rumbo que ha tomado su vida, incapaz de comprender en qué momento ésta decidió privarlo de las cosas que sus amigos generacionales fueron consiguiendo con una facilidad que lo atormenta. No podría decirte si el ser humano es feliz o infeliz, porque no creo que haya una respuesta definitiva, pero lo que sí creo es que esa felicidad o infelicidad que se tengan podrían provenir del lugar equivocado.
(AA): Palomino lleva una vida mediocre, con un trabajo mediocre que lo termina de hundir. En tu opinión, ¿qué tanto ha opacado la productividad de bienes y servicios, la vitalidad y espontaneidad de los seres humanos?
(AMM): El imaginario en torno al éxito, la construcción colectiva de un modelo social y el hecho de asociar la productividad con el fin último de las personas, evidentemente han afectado esa espontaneidad a la que te refieres. Es paradójico que, en términos generales, dediquemos mucho menos tiempo a aquello que nos apasiona. No me refiero a que el trabajo o la carrera que elijamos no deba apasionarnos o que deba verse como una imposición de la sociedad a la que debemos someternos, sino al hecho de que es bastante común olvidar que la vida está más allá del cubículo, que al salir de la empresa podemos ser esa otra persona que anhelábamos ser cuando estábamos pequeños. A Palomino lo que más lo agobia es justamente no haber tomado las decisiones correctas, dejándose llevar por una inercia que terminó limitándolo en muchos sentidos.
(AA): La vida del protagonista se frustra aún más cuando ve, en redes sociales, que sus amigos “han triunfado” en lo social y lo afectivo. ¿Son las plataformas digitales antídotos contra el tedio existencial, o estímulos de él?
(AMM): A Palomino lo agobian las redes, lo agobia descubrir a cada tanto cómo ha tratado la vida a sus compañeros de universidad, mientras que con él se ha ensañado con una dosis de crueldad. Pero también lo aflige el hecho de constatar cómo sus compañeros de oficina sí parecen haber advertido que la vida continúa de puertas para afuera. Palomino es un hombre solo, tímido, acobardado por sus inseguridades. Y en este sentido, las redes operan como la sal en la herida, en lo que a él respecta, aunque para muchos operen en otro sentido, en el del antídoto o la sustancia que nos dopa para no inferir lo mal que van las cosas, y esto es evidente en la novela en cuanto al personaje de Patricia Fierro, que, sin quererlo, termina decidiendo la suerte de Palomino. Hablo de aquella parte de la novela que la convierte en una especie de thriller de género negro.
(AA): En relación con Los Desagradables has expresado que “desarrolla el concepto de la frustración matizada por los tiempos contemporáneos”. ¿Podrías explicar esta idea?
(AMM): Es justo lo que hemos estado conversando en las respuestas previas. Me explico. En otros tiempos, cuando no había redes sociales o no había internet, no se tenía esa vitrina constante en la que se exhibiera el éxito de los demás, de nuestros amigos de infancia, colegio o universidad. Simplemente se perdía el contacto, o las noticias de ellos nos llegaban por boca de algún amigo, pero no en la forma como las recibimos ahora, a cada minuto. De tal manera que la frustración en estos tiempos está matizada por estos tiempos contemporáneos.
Es importante no endilgarle a la literatura responsabilidades sociales o morales. Sin embargo, cuando se escribe un cuento o una novela, es casi imposible sustraerse a una mirada del autor en cuanto a un tema específico o una preocupación subyacente. Están ahí, y es natural que tengan una función, que puede variar dependiendo de cada lector, que asimilará o no lo que se derive de la historia o la manera como se configuren los personajes.
(AA): Además de divertir, ¿debe la literatura servir a un fin superior?
(AMM): Siempre he sostenido que no. Es importante no endilgarle a la literatura responsabilidades sociales o morales. Sin embargo, cuando se escribe un cuento o una novela, es casi imposible sustraerse a una mirada del autor en cuanto a un tema específico o una preocupación subyacente. Están ahí, y es natural que tengan una función, que puede variar dependiendo de cada lector, que asimilará o no lo que se derive de la historia o la manera como se configuren los personajes. De seguro se suscitarán reflexiones, quedarán preguntas a las que quizá aventuren una respuesta. Pero este proceso no es exclusivo de la literatura ni mucho menos su responsabilidad; es la vida, somos nosotros los que debemos buscar ese fin superior, si es que algo como eso existe.
(AA): Manuel Palomino es un outsider que está lejos de alcanzar todo aquello que dice añorar. ¿Tiene llenadero la ambición del hombre contemporáneo? ¿Algún día podrá estar tranquilo?
(AMM): Espero que no, que tampoco lleguemos a ese equilibrio, ideal o utópico, porque es justamente por entre los intersticios de nuestros dilemas, miedos e inseguridades que logramos avanzar. No es el destino lo que nos mueve, es el camino, aunque se torne escarpado y pedregoso.
(AA): Ser, tener o aparentar: desde tu perspectiva, ¿cuál es la cuestión hoy? ¿Qué observa la literatura en torno a estos fenómenos?
(AMM): Creo que hacemos parte de una sociedad en la que el hecho de aparentar parece suplir gran parte de nuestras necesidades espirituales. En la novela, Palomino incluso se debate entre si ser sincero con sus amigos de universidad con los que va a reencontrarse, o si fingir ser un Palomino que no es, el Palomino que ha querido ser, aunque no lo haya conseguido. Desde una perspectiva literaria siempre me ha interesado abordar estos conflictos humanos, que he llamado agobios contemporáneos. Esa ha sido mi apuesta, y al final de mi carrera quisiera que esa apuesta haya sido evidente.

(AA): Eres una de las nuevas voces de la literatura colombiana. ¿Cómo fue tu proceso para llegar a Planeta-Seix Barral?
(AMM): Fue un proceso difícil, pues las editoriales suelen recibir cientos de manuscritos. Creo que al final fue la mezcla de muchas cosas, en las que resaltan la paciencia, el compromiso por la escritura y el hecho de haber conseguido varios premios nacionales de cuento, lo cual supuso que me leyeran con interés. Desde entonces me he sentido bastante cómodo con mi casa editorial. Agradezco, también, el magnífico proceso de apertura editorial que comenzó a gestarse con el trabajo de Marcel Ventura, y que continuó después de muy buena manera Juan David Correa, nuestro actual ministro de Cultura.
(AA): ¿Cómo ves la literatura colombiana actual?
(AMM): A mí me gusta lo que está pasando, no solo por la apertura de las grandes editoriales para darle cabida a nuevas voces, sino por el trabajo sostenido de las editoriales independientes. También es bastante interesante la aparición de muy buenas escritoras colombianas, que entran a enriquecer y a dinamizar un catálogo de literatura colombiana del que ya se habla bastante a nivel internacional.
(AA): ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
(AMM): Tengo un libro de cuentos terminado, que de manera constante releo y corrijo. Voy y vuelvo sobre las historias y sus personajes. Esa es la parte más difícil del proceso, que a mí me gusta acometer de manera rigurosa hasta una extenuación deleitante.



