Lo que nos dejan los amigos
A Alberto Guzmán Naranjo
In memorian
Por: Darío Henao Restrepo
Director de La Palabra

Alberto ha partido hacia un mundo encantado desde donde seguiremos comunicándonos. Escucharemos los aplausos como lluvia después de su hermosa música. Eso calmará la tormenta de la pérdida, las lágrimas que brotaron al recibir la noticia el pasado 23 de junio, a las 4 de la tarde, pocos minutos después de su fallecimiento. Sabía que su partida estaba cerca; solo esperaba que su cuerpo cumpliera su deber, me dijo con absoluta tranquilidad en nuestro último encuentro. Ese día, me obsequió palabras llenas de sabiduría y muchos libros que deseaba dejarme. Algunos los escogí yo de los estantes, previa aprobación y comentarios suyos, y otros ya los tenía seleccionados sobre una mesa en su biblioteca. “Estos se quedan”, dijo él mientras señalaba a los grandes poetas: Rainer María Rilke, Friedrich Hölderlin, Víctor Hugo, Wolfang Goethe, Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Antonio Machado, Konstantino Kavafis, Emily Dickinson, Wallace Stevens, Walt Whitman, así como los colombianos Jorge Isaacs, José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob, William Ospina y Gerardo Rivera, entre muchos más. Amaba la poesía como la fiel compañera de su vida como músico. Al recorrer los estantes, me di cuenta de todo lo que compartimos en nuestras largas conversaciones.
Es valioso apreciar lo que este entrañable amigo me ha dejado. En nuestro último encuentro, al que asistí con Magdalena, quien estuvo muy cerca de él en los últimos años, me esperaba en su espléndida y selecta biblioteca con los libros que había leído durante su doctorado en Afro-latinoamericana en la Universidad del Valle, cuando fue mi alumno. Quería que los conservara y los dispusiera para otros estudiantes. Muchos de esos libros trataban sobre la música africana y la música del Pacífico colombiano, además de 2 gigas de libros en formato PDF. Esa era la bibliografía que había recolectado para su tesis doctoral titulada “Relaciones transversales entre músicas negras, músicas indígenas y músicas mestizas en el Pacífico colombiano. Composición de una Suite de Danzas sobre ritmos del Pacífico: Gualí, Abozao, Aguabajo, bambazú, bambuco viejo”. Acepté dirigir esa investigación junto con Andrea Albuquerque Adour, una cantante lírica y musicóloga de la Universidad Federal de Río de Janeiro, quien estuvo en Cali invitada al X Simposio Internacional Jorge Isaacs, “Tras las huellas de Manuel Zapata Olivella”. Ella ofreció un hermoso recital de canciones líricas afrobrasileñas en la sala Beethoven. Sintió una gran empatía con Alberto y aceptó ser la codirectora de su tesis. Durante esos días, yo también comencé a trabajar en el guion de la ópera “Maafa”, la adaptación de Changó, el gran putas, cuya composición musical él asumió con dedicación y trabajó junto a Douglas Salomón para su puesta en escena. Se grabaron 30 minutos con Telepacífico. No pudimos conseguir el Teatro Colón, a pesar de los esfuerzos de la ministra de Cultura, Carmen Vásquez. Después de ese último intento, me dijo: “Ese escenario aún no está preparado para recibir a Changó y a los orishas del panteón Yoruba que vinieron con los hijos de la diáspora africana a las Américas. Llegará el día y será apoteósico”. No pude cumplir ese sueño, al igual que la composición de la ópera dedicada al río Cauca, que fue inspirada por ese inolvidable viaje a Honda y que marcó el inicio del hermoso y necesario proyecto “Ríos hermanos: Magdalena y Cauca”, un proyecto de nación. Esa tarea quedó pendiente.
Alberto nos dejó opiniones muy críticas y certeras sobre la valoración de nuestra propia tradición musical, sobre el Festival Petronio Álvarez y sobre la orientación de los estudios musicales en la universidad. Sus estudios en el doctorado Afro-Latinoamericano y la realización de las óperas “Isaacs” y “Maafa” contribuyeron a un cambio definitivo en su perspectiva.
Kavafis era uno de los autores a los que Alberto apreciaba mucho. Valoraba el viaje de la vida, el viaje interior y hacia nosotros mismos, tal como lo expresa el bardo de Alejandría en su poema “Ítaca”: Pide que el camino sea largo/ lleno de aventuras, lleno de experiencias. /No temas a los lestrigones ni a los cíclopes/ ni al colérico Poseidón, /seres tales jamás hallarás en tu camino, / si tu pensar es elevado, si selecta /es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Alberto supo disfrutar cada etapa del camino, eso me dijo. Se fue en paz, satisfecho por lo logrado y disfrutado en esta vida. Como músico, viajó a Rusia a través de Tchaikovsky; a Viena siguiendo los pasos de Beethoven; los de Mozart en Austria, y a Latinoamérica a través de compositores como Héctor Villa-Lobos, Alberto Ginastera, León J. Simar, Manuel Ponce, Silvestre Revueltas, entre muchos otros. Muchas de sus obras surgieron de la poesía. El oratorio “El río de los muertos” con los poemas de Ana Mercedes Vivas, la ópera “Isaacs” con los textos de Edgard Collazos y la ópera “Maafa” con los textos de Changó, el gran putas, cuya adaptación realicé a petición suya. Jorge Isaacs y Manuel Zapata Olivella nos permitieron viajar a los mundos recreados poéticamente por estos gigantes de la literatura.

Cuando le presenté al poeta Langston Hughes, se maravilló al percibir la musicalidad del jazz del profundo sur de los Estados Unidos en sus versos. La lectura de Naciones negras y culturas, del senegalés Cheikh Anta Diop, sacudió su mirada etnocéntrica y se aplicó a conocer la historia y la música de África. De ahí surgió su proyecto de investigación durante el doctorado. Me pidió que lo dirigiera, a pesar de que yo no era músico, porque deseaba darle el contexto cultural e histórico a su trabajo. Acordamos que buscaríamos a otra persona para lo musical, y Andrea Albuquerque Adour fue la elegida. Lamentablemente, el cáncer truncó su proyecto. Al inicio de su tratamiento, me pidió realizar solo la parte teórica y que dejáramos de lado el trabajo de campo en las comunidades del Pacífico colombiano. Con los efectos de la quimioterapia, un día me citó para decirme, con mucha tristeza, que no tenía fuerzas para escribir la tesis. Sin embargo, se sintió aliviado al saber que estos temas ya estaban siendo estudiados por investigadores bien formados y rigurosos. Él me recomendó que me pusiera en contacto con la joven profesora de su escuela, María Ximena Alvarado. Puedo afirmar que con ella dejará a alguien capaz de continuar algunos de sus proyectos de investigación.
Alberto nos dejó opiniones muy críticas y certeras sobre la valoración de nuestra propia tradición musical, sobre el Festival Petronio Álvarez y sobre la orientación de los estudios musicales en la universidad. Sus estudios en el doctorado Afro-Latinoamericano y la realización de las óperas “Isaacs” y “Maafa” contribuyeron a un cambio definitivo en su perspectiva. Para él, la valoración de las músicas de las comunidades afro ha sido completamente destructiva, basada en una concepción absolutamente perniciosa. Y ofrecía argumentos sólidos para respaldar su postura. Por ejemplo, en el caso del Festival Petronio Álvarez, aunque reconocía su importancia, consideraba que se había convertido en una forma de organizar la espiritualidad de las comunidades negras del Pacífico en un espectáculo, un concurso y una mercancía que genera mucho dinero para ciertas entidades, pero que en última instancia destruye su esencia. Se preguntaba cómo era posible que la gran mayoría de nuestros estudiantes fueran de origen indígena o afrodescendiente, mientras que los demás éramos mestizos, y aun así tuviéramos una Escuela de Música que ignorara sus contribuciones y tradiciones, viviendo como si estuviéramos en Viena. Todo lo que se estudia en ella parece estar recreado en París o Viena. Solo se toca a Bach, solo se toca a Beethoven. ¡Somos muy elegantes! Estas opiniones reflejan su espíritu y abren horizontes hacia otras formas de abordar temas tan cruciales.
Leyó con pasión Changó, el gran putas, la que calificó como absolutamente única en las literaturas latinoamericanas y americanas, desde Canadá hasta Argentina. Su ópera “Maafa” ya llegará al Teatro Colón y recibirá una lluvia de aplausos en el mundo encantado desde donde nos acompaña.
Con el tiempo, seguiremos disfrutando y comprendiendo mejor el legado de Alberto. Los libros, las conversaciones, las discusiones y los proyectos que realizamos juntos remueven mi alma y llenan mi pecho de alegría. Donó toda su obra musical para que fuera alojada en el Centro Virtual Isaacs. Ahora, al regresar a las cajas de libros que me traje a casa, me emocionan los dos volúmenes del Diccionario de Uso de la Lengua Española de María Moliner, el Diccionario Etimológico de Joan Coromines y el Diccionario de Latín/Español. Alberto poseía el don de la palabra y de la escritura; su musicalidad acompañaba su vasto conocimiento del idioma y sus recursos poéticos y estilísticos. Conservo sus notas y trabajos de clase. Sobre Achille Mbembe y su libro Critica de la razón negra escribió un texto luminoso, por las ideas y la exquisita prosa. Leyó con pasión Changó, el gran putas, la que calificó como absolutamente única en las literaturas latinoamericanas y americanas, desde Canadá hasta Argentina. Su ópera “Maafa” ya llegará al Teatro Colón y recibirá una lluvia de aplausos en el mundo encantado desde donde nos acompaña.

Se preguntaba cómo era posible que la gran mayoría de nuestros estudiantes fueran de origen indígena o afrodescendiente, mientras que los demás éramos mestizos, y aun así tuviéramos una Escuela de Música que ignorara sus contribuciones y tradiciones, viviendo como si estuviéramos en Viena. Todo lo que se estudia en ella parece estar recreado en París o Viena. Solo se toca a Bach, solo se toca a Beethoven. ¡Somos muy elegantes! Estas opiniones reflejan su espíritu y abren horizontes hacia otras formas de abordar temas tan cruciales.
Escribió un texto sobre el famoso debate entre Bach y Marcel Proust y otro sobre música y exilio. En estos textos, Alberto muestra una gran cultura literaria y musical. Pero, más allá de todo eso, recordaré su voz, su sonrisa, su mirada llena de luz y sabiduría, su pasión por la música y la vida. Siempre será un gran maestro y amigo, un ser que inspira y trasciende. Su legado perdurará y continuará resonando en aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo y amarlo.
Descansa en paz, Alberto Guzmán Naranjo. Tu música y tu espíritu vivirán siempre en nuestros corazones.




