Literatura y violencia: crónicas de una obsesión
Un largo invierno sin promesas
Óscar Osorio
Universidad del Valle, 2016
96 páginas
Por: Julio César Pino Agudelo
Estudiante de Lic. en Literatura

Foto: http://estudiosliterarios.univalle.edu.co
Óscar Osorio es reconocido por su notable trabajo crítico en torno a la literatura de la violencia, narrativa desprestigiada en los círculos académicos colombianos. A fuerza de compromiso, objetividad y rigor intelectual, ha sabido darle el lugar que se merece en las letras colombianas. En su más reciente libro nos muestra su faceta de cronista, del que dice, “es una memoria de mis obsesiones y de mis esfuerzos a la vez que una memoria de esa Colombia atribulada que se refleja en la literatura que la nombra”.
En “Un largo invierno sin promesas”, Osorio recopila algunas de sus crónicas que evidencian sus intereses en estas últimas dos décadas: la literatura y su preocupación por el destino de Colombia. Un destino signado por la violencia, que arrastra consigo una turbia hojarasca de horror que persigue sin tregua a los colombianos. Destino que Osorio, lejos de ignorar, asume, y le opone con gran sensibilidad y honestidad intelectual, la voluntad de comprenderlo para liberarse de sus designios, trascenderlo, y contribuir desde las letras a derribar esos muros que no nos dejan vislumbrar la posibilidad de un país mejor. Seis crónicas que testimonian las claves vivenciales que explican su obsesión por el tema de la violencia; las vicisitudes y gratificaciones del oficio de escribir en un país cuya realidad es desbordante; la experiencia de leer y releer obras que lo han acompañado toda su vida y le han permitido reconocerse en ellas; y el dolor de patria agudizado por la distancia. Un halo de desesperanza y pesimismo se percibe en todas sus páginas, pero también una sensación tibia de optimismo que da licencia para aguardar, pese a todo, la promesa de una primavera desconocida.

El libro se compone de una presentación del autor en la que contextualiza su contenido, y de seis crónicas: “José del Monte y la crónica; “Un escritor globalizado”; “Historia de un libro”; “Variaciones sobre el pesimismo”; “Itinerario del dolor”, y “Lectura inacabada en clave de Pájara pinta”. Los protagonistas de estos relatos son: la crónica como género en el que convergen literatura y periodismo; el cronista que se sirve de este híbrido para dar cuenta de sus indagaciones más profundas; Colombia, bellamente definida por Osorio como un largo invierno sin promesas, y el crítico literario que testimonia su ejercicio de lectura y relectura para reconocerse en la literatura que lo nombra.
Su prosa sobria y saneada de retórica accesoria nos interna en reflexiones que dan cuenta de lo que ve y siente, con una subjetividad honesta matizada sutilmente con tintes de poesía, ironía y humor.
“Seis crónicas que testimonian las claves vivenciales que explican su obsesión por el tema de la violencia; las vicisitudes y gratificaciones del oficio de escribir en un país cuya realidad es desbordante; la experiencia de leer y releer obras que lo han acompañado toda su vida y le han permitido reconocerse en ellas; y el dolor de patria agudizado por la distancia”
Si bien el alcance y profundidad de los temas es transversal, resalto dos crónicas gratamente reveladoras. En “Itinerario del dolor” Osorio desnuda su alma y desempolva los recuerdos de su infancia, el paraíso perdido, y enumera los rostros del horror que lo arrancó de él y lo convirtió en alimento para la nostalgia. Y lo hace para responder la pregunta que nos hacemos quienes hemos leído sus libros: la razón de su obsesión por el tema de la violencia. La otra crónica es “Historia de un libro”, testimonio de la experiencia que vivió al escribir la novela de no-ficción titulada “La mirada de los condenados”, que recoge lo ocurrido en la masacre de Diners en 1984. Allí consigna los hechos, la investigación y las vicisitudes que sorteó con James Valderrama, coautor de la novela, en el proceso de escritura. Escoger la estructura adecuada y calibrar la prosa fueron los retos más arduos. Después de conocer el camino, al lector de la crónica le sucederá, al igual que a mí, que querrá leer con avidez la novela, en la que “Además de la trascendencia social de los hechos, la experiencia de los protagonistas es un campo inagotable de indagación sobre la condición humana, elemento que universaliza sin duda esta historia”.

“Un largo invierno sin promesas”
del escritor y docente .scar Osorio
– Foto: Centro Virtual Isaacs
– Humanidades a través de www.univalle.edu.co
En un país que se dispone a atravesar un largo y pedregoso camino hacia una paz estable y duradera, se hace necesario arrebatarle al olvido la memoria de los horrores para comprenderlos, reconciliarnos genuinamente y mirar hacia adelante. En este sentido, la misión del cronista es vital: relatar las historias que piden a gritos ser sacadas de la oscuridad e iluminarlas con la luz crítica que da el periodismo y la sensibilidad estética que da la literatura. “Un largo invierno sin promesas” es otra contribución más de su autor en tan loable empeño.



