Crítica

Las voces invisibles de los objetos: Juan Fernando Merino y su bufanda inaudita

Hay libros que nos hacen mirar el mundo con otros ojos, pero hay otros que, además, nos obligan a escuchar lo que nunca creímos que tenía voz. Ese es el caso de La bufanda de Isadora y otros narradores inauditos, de Juan Fernando Merino, una obra entrañable que propone una revolución sutil: que los objetos hablen, y que los escuchemos con la atención que solemos reservar a los recuerdos, los fantasmas o las personas amadas.

Por: Alejandro Alzate

Juan Fernando Merino, escritor y gestor cultural caleño. Foto: Tomada de radionacional.co
Juan Fernando Merino, escritor y gestor cultural caleño. Foto: Tomada de radionacional.co

Publicado por Panamericana Editorial, el libro reúne 34 relatos breves narrados desde el punto de vista de objetos cotidianos: una bufanda, una brújula, una cuchara, un paraguas. Cada uno, con su historia única, nos revela un universo emocional tan íntimo como insospechado. Merino, con humor y ternura, convierte lo inanimado en sujeto narrativo. No hay aquí meras metáforas: son las cosas las que viven, observan, sienten y se preguntan por el tiempo, el destino o la memoria.

El relato que da título al libro —centrado en la bufanda que acompañó a Isadora Duncan en sus últimos minutos— es una muestra clara de la poética que atraviesa todo el volumen: un equilibrio entre el absurdo, la ironía y la nostalgia. Como si el lector escuchara, en voz baja y a contraluz, a estos personajes invisibles que habitan nuestras casas y nuestras mochilas. Cada cuento, por su brevedad y ritmo, recuerda a las fábulas, pero sin moraleja explícita. Son escenas suspendidas, viñetas que invitan a una lectura pausada y a menudo emocional.

Más allá de la propuesta narrativa, el libro también destaca por su diseño cuidado y las ilustraciones de Paula Ventimiglia, que no ilustran literalmente cada objeto, sino que evocan el tono del texto, sus matices y atmósferas. Se trata de un trabajo editorial coherente, donde forma y contenido se entrelazan con fluidez.

La bufanda de Isadora y otros narradores inauditos es un libro luminoso, ideal para leer en voz alta o para regalar. Pero, sobre todo, es un recordatorio de que la buena literatura todavía puede sorprendernos con lo más sencillo: un objeto que habla, una historia que espera ser escuchada, y un autor que, con humildad y oficio, nos enseña a escuchar.

La sensibilidad del autor no es casual. Juan Fernando Merino, caleño, ha desarrollado una carrera múltiple como escritor, traductor y promotor cultural. Es, además, un lector atento y un narrador que no teme jugar con los géneros. En entrevistas ha contado que el origen del libro surgió de una frustración: buscaba cuentos donde los objetos hablaran en primera persona, sin éxito. Así que decidió escribirlos él mismo. Y en ese gesto hay también una declaración estética: si la literatura no da voz a los invisibles, hay que inventarla.

El pasado sábado 7 de junio, el Teatro Salamandra del Barco Ebrio, en Cali, acogió la presentación de este libro en un formato inusual: una lectura dramatizada titulada “Del relato al teatro… ¡no hay más que tres actos!”. Bajo la dirección del mismo Merino y con el apoyo de la Secretaría de Cultura de Cali, el evento reunió a un grupo de actores que interpretaron algunos de los relatos en escena. No se trató de una adaptación convencional, sino de una transposición afectiva: los textos fueron leídos en voz alta con una teatralidad mínima, pero suficiente para revelar la profundidad de sus personajes-objeto.

Foto: panamericanaeditorial.com.co
Foto: panamericanaeditorial.com.co

La experiencia fue un puente entre la literatura y el teatro íntimo. El público, reunido en la penumbra del Salamandra, asistió a una transformación: los cuentos cobraban cuerpo, los objetos encontraban rostro, y la palabra se convertía en gesto. Al final de la lectura, Merino conversó con el gestor cultural Diego Pombo, en un diálogo distendido que permitió conocer los entresijos del proyecto: el proceso de escritura, la selección de relatos, el trabajo con ilustradora, y la relación entre el silencio y la voz en el acto de narrar.

El evento fue también una celebración del libro como artefacto vivo. En tiempos de hipertexto y pantallas, La bufanda de Isadora recuerda que aún es posible contar historias con delicadeza, sin aspavientos, apelando a la empatía y a la imaginación. Que un tornillo o una campana puedan ser protagonistas no es solo una decisión literaria: es una invitación a mirar distinto. Y que el libro se escenifique en un teatro alternativo, en lugar de una sala académica, habla también del deseo del autor por alcanzar públicos nuevos, más allá de los círculos literarios habituales.

Esta fusión de géneros —cuento, teatro, performance— no hace más que reafirmar la vocación experimental de Merino. Pero no hay aquí una búsqueda de originalidad vacía, sino un compromiso con la ternura y la escucha. El autor entiende que la literatura no tiene por qué gritar: puede susurrar. Y a veces, lo inaudito es lo que más resuena.

La bufanda de Isadora y otros narradores inauditos es un libro luminoso, ideal para leer en voz alta o para regalar. Pero, sobre todo, es un recordatorio de que la buena literatura todavía puede sorprendernos con lo más sencillo: un objeto que habla, una historia que espera ser escuchada, y un autor que, con humildad y oficio, nos enseña a escuchar.

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