“Las verdades van a ser duras para todos los lados” Francisco De Roux
En el marco del Hay Festival 2022, realizado en Cartagena el pasado mes de enero, la periodista María Jimena Duzán conversó con el padre Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, sobre la labor que han venido desarrollando y sobre algunos de sus hallazgos de cara a la responsabilidad de esclarecerle al país lo que realmente pasó durante 60 años de conflicto armado en Colombia.
Por: Julio César Pino Agudelo
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Julio César Pino Agudelo
La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se creó en el año 2017 en el marco del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, suscrito entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias FARC-EP, como un mecanismo de carácter temporal y extrajudicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, para conocer la verdad de lo ocurrido en el marco del conflicto armado y contribuir al esclarecimiento de las violaciones e infracciones cometidas durante el mismo y ofrecer una explicación amplia de su complejidad a toda la sociedad. Su presidente, el padre Francisco De Roux, conversó con la periodista María Jimena Duzán sobre cinco verdades que ha arrojado la Comisión mediante un extraordinario trabajo para establecer un marco legal y sociológico ante el impacto de décadas de violencia.
1. La guerra no sólo fue entre el Ejército colombiano y la guerrilla de las Farc.
Según el padre De Roux, uno de los primeros hallazgos que ha encontrado la Comisión de la Verdad en la complejidad de este conflicto, es que no fue simplemente una confrontación entre las Farc y el Ejército, sino una realidad en la que muchos actores estuvieron involucrados. “Uno de los casos que estamos estudiando es, por supuesto”, afirma De Roux, “el de Las Tulapas, y lo estamos estudiando por lo que los colombianos pudieron ver en los medios de comunicación.
Es un ejemplo claro de cómo se combinan el Fondo Ganadero de Córdoba, la reacción ante una guerrilla que ya había entrado previamente hacia el año 1995, la manera como se mezcla a Salvatore Mancuso, la forma como Benito Osorio entra a ser como una especie de intermediario para que se pueda hacer el robo con asedio y con crimen a los campesinos, haciendo conformar esta enorme finca de más de 4.000 mil hectáreas, la forma como la Fiscalía se implica para darle legitimidad a ese robo, la manera como Fedegan se introduce para garantizar que Arnoldo Iguarán sea nombrado fiscal para proteger, encubrir y, de alguna forma, consagrar judicialmente lo que se estaba haciendo allí, y una cosa que es más complicada todavía: a partir de eso que se consolida en Córdoba. Nosotros hemos encontrado cómo entran en juego también personas del empresariado y la política del Valle del Cauca, que a su vez se encuentran asediados”.
2. Si el establecimiento colombiano no se hubiera aliado con el paramilitarismo, las Farc se hubiera tomado el poder.
Este es uno de los temas de fondo que la Comisión de la Verdad, en cabeza de De Roux, está enfrentando y que se debe seguir discutiendo muy adentro en nuestra sociedad, afirma el padre. “Efectivamente, hay un periodo en que la guerra en Colombia se dispara con toda su fuerza: más o menos en 1996, cuando las Farc incrementa su capacidad de dar golpes al Ejército creando 60 frentes, y aprovechando la zona de despeje para aumentar su fuerza. Se multiplican los secuestros, se acrecienta la vinculación de niños al conflicto, y eso llega a momentos supremamente altos, sobre todo en los años 1999 – 2000. Estábamos en una situación en la que las Farc, por ejemplo, ubicaron 20 frentes alrededor de Bogotá, lo cual era una gran amenaza. La iniciativa de la guerra la tenía las Farc, y por eso la combinación de posibilidades era favorable a ellos en ese momento”.
“¿Cómo cambian las cosas y por qué el Estado logró tomar la iniciativa? Por tres situaciones que desempeñaron un papel muy importante: la ayuda de Estados Unidos a través del Plan Colombia; la tecnología que incorpora el Ejército, sobre todo aérea, con la cual puede bombardear en la noche a los grupos guerrilleros, y el paramilitarismo, que jugó un papel importantísimo. Hablamos de un paramilitarismo supremamente duro y bravo porque es narcotraficante, antisubversivo (que es la forma como legitiman el negocio del narcotráfico) y masacrador”.
De Roux llamó la atención sobre un aspecto tremendo del conflicto armado colombiano: la “moral de la guerra”, a propósito de un alegato ético que mantuvo con un asistente de Salvatore Mancuso a principios del año 2002. “Mire, nosotros estamos haciendo esto por una razón moral”, sostenía el paramilitar. “Lo que pasa es que usted no entiende la moral de la guerra. Alrededor de 20.000 hombres de las Farc moraban en pequeños municipios. Nosotros sabemos que cuando masacramos a un municipio, es decir, cuando entramos a matar gente en un municipio, tenemos que matar por lo menos a 20 personas para estar seguros de que muere al menos un guerrillero. Como hay 20.000 guerrilleros, sabemos que vamos a matar a 400.000 personas. Eso lo tenemos claro. Si lo hacemos”, afirmaba el paramilitar en términos religiosos, “le ahorramos a Dios la muerte de seis millones de personas, porque si esto no se hace ya, vamos a tener una guerra civil, y en esa guerra civil ya no serán 400.000 muertos, sino seis millones de personas”. Ese paramilitarismo durísimo, afirma De Roux, jugó un papel muy importante y fue un aliado del Estado para que el establecimiento comenzara a tomar la ventaja en el conflicto, reduciendo a las Farc de 20.000 a 12.000 guerrilleros.
3. La prolongada duración de la guerra en Colombia degradó el conflicto y socavó la dignidad de la sociedad colombiana.
En este punto, De Roux se preguntó cómo fue posible que el Estado permitiera que la guerra se degradara de la forma como se dio en Colombia, al igual que se cuestionó sobre el silencio de la sociedad ante tantas atrocidades. “Nosotros veíamos las masacres entre los años 2000 – 2003 de las Farc, de los paramilitares y de las fuerzas militares en los noticieros. Si ustedes prendían la radio, escuchaban a las mamás y a los hijos de los secuestrados mandándoles mensajes una y otra vez, pidiéndole a los guerrilleros que por favor les hicieron saber si estaban vivos. Esto Colombia lo sabía, lo estábamos viviendo todos, y uno se pregunta: ¿acaso no eran de nosotros? ¿Acaso no es nuestro cuerpo? En estos días leía la epístola de San Pablo que dice: ‘¿Pero acaso no somos un cuerpo como comunidad? ¿Acaso si la mano está engangrenada, el resto del cuerpo puede decirnos que no importa, que sigamos comiendo y yendo a bailes?’ Todo el cuerpo siente cuando un órgano está golpeado”.
“Este país es un cuerpo, una Nación. ¿Cómo es posible que hoy estén confinando a la gente del Chocó? ¿Cómo es posible que haya pasado lo que pasó por todas partes? La masacre de La Gabarra que perpetró Salvatore Mancuso de más de 100 personas y luego la masacre de las Farc de 34 personas eran colombianos, eran nuestro cuerpo. ¿Cómo es posible que esto pase y nuestro Estado lo permita?”.

4. El Estado colombiano representa los intereses de los más privilegiados
Si bien el padre De Roux resaltó los avances del país en materia de educación, salud y el fortalecimiento de la democracia a través de sus instituciones, también reconoció los graves problemas de inequidad y cuestionó la forma en que el establecimiento ha entendido y aplicado el concepto de seguridad.
“Colombia es uno de los países más inequitativos del mundo y el más inequitativo, al lado de Brasil, de América Latina, y eso supone que la concentración de las riquezas, de los ingresos, de las tierras y de las oportunidades en Colombia son inmensas, y el Estado protege eso. Ese es uno de los asuntos que la Comisión también quiere entrar a profundizar. Una de las cosas por las que yo me pregunto es por la seguridad. Muchas veces siento que todo el aparato de seguridad está dado para la propiedad, para las instituciones y para una capa política de mucha relevancia”.
“Para simplificarlo: la seguridad está para la propiedad y el poder. A máxima propiedad y máximo poder, máxima seguridad. Pero no es una seguridad para la gente, que es como se organiza en países como Suecia, Dinamarca o Noruega. Primero es la gente, que es lo que nos importa, y hay que generar una confianza inmensa entre los ciudadanos. Nosotros desarrollamos aquí la idea del enemigo interno y de que hay que tener mucha desconfianza hacia nuestros compatriotas”.
5. La guerra nos convirtió en una sociedad poco empática con el que es distinto, gracias a la narrativa sustentada en la teoría del enemigo interno.
En este último punto, De Roux llamó la atención sobre la necesidad de construir nuevas narrativas que recojan a fondo todo lo que hemos vivido y nos permitan comprender. “Los alemanes”, recuerda De Roux, “nos dejaron pensando el otro día, en particular un empresario y parlamentario alemán que estaba hablando en la Comisión, quien nos decía que a ellos les tomó 40 años aceptar lo que había sido Alemania en el holocausto y los 60 millones de personas que murieron en la guerra que ellos promovieron con la cantidad de gente esclavizada de otras partes que trajeron a trabajar en las fábricas, con la vinculación que hicieron los empresarios que se quedaron en Alemania, porque o si no, no hubiera habido ropa para nadie, ni comida, ni transporte. Les quedaba muy difícil darle la cara a eso, decía. Hasta que un día sus hijos empezaron a preguntarles que ellos dónde estuvieron mientras Alemania hacía estas brutalidades, así que comenzaron a reflexionar, y el día que reconocieron que habían tenido un estado criminal y que la sociedad había sido cómplice de lo que había pasado, ese día recuperaron la dignidad”.
“El día que tuvieron el coraje de decir: esto somos, esto hemos sido. Pero miren lo que esto ha significado: Alemania hace eso y, en lugar de aplastarse, también reconoce que no es solo eso y recoge el resto de su historia. Y gracias a eso Alemania logró unificarse y se convirtió en el líder de la Unión Europea. Hoy en día, la mayor parte de las películas que se hacen sobre el holocausto la producen los mismos alemanes, un pueblo que reconoció lo que vivió y que recuperó su dignidad con una extraordinaria grandeza”.
En el cierre del conversatorio, la periodista María Jimena Duzán le preguntó a De Roux sobre una posibilidad incómoda pero real en todos estos procesos de verdad, justicia y reparación: ¿y si esas verdades no le gustan al país? A lo que el padre respondió: “Por supuesto que pueden aparecer cosas contrarias a lo que uno estaba esperando, y es difícil tener que decir que las cosas no eran como uno pensaba, o como mis amigos pensaban, o como mi familia pensaba, sino que son distintas. Debemos tener el coraje de decirlo con toda determinación. Ese es el punto y el servicio que le estamos haciendo al país. ¿Acaso no nos hemos dicho muchas veces que la verdad nos hará libres?”.
“Por otra parte”, concluyó De Roux, “no es una verdad para acusar a nadie. Es la Jurisdicción Especial para la Paz (J.E.P.) la que determina culpables y pasa sentencia. Por eso para nosotros las responsabilidades son éticas, históricas y políticas en el sentido grande. Hay que tratar de entender todo el entramado. Nadie sale a matar a otro o a tomar fincas porque sí. ¡No! Estas responsabilidades se crean en situaciones muy complejas donde hay miedos, intereses económicos, políticos, preocupación de seguridad, y es en ese contexto en el que aparecen las responsabilidades”.



