La voz femenina en la nueva narrativa argentina
La literatura contemporánea busca romper con el pasado, intenta relatar los constantes cambios sociales, culturales y políticos de una forma innovadora. En este sentido, las voces de la nueva narrativa argentina nos introducen en la historia común de los países latinoamericanos, pero acudiendo siempre a estructuras, tonos y estilos acordes a la época.
Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

La literatura es el arte que se encarga de desentrañar los aspectos más oscuros de la condición humana. En este sentido, llevamos miles de años creando historias para entendernos y entender, a su vez, la realidad que habitamos. Los temas, con pequeñas variaciones, son siempre los mismos: amor, muerte, amistad, guerra, soledad.
Lo que ha cambiado a través de los años han sido los estilos para contarlos. Estos cambios, casi siempre, obedecen a profundas transformaciones sociales y culturales. De esta forma, el éxito de las obras literarias ha estado mediado por una constante asimilación de su entorno y de los valores de su época.
Ahora bien, vivimos una contemporaneidad caótica, un mundo de identidades cambiantes, de capitalismo salvaje, de redes sociales. La cantidad de información que nos llega cada día es abrumadora. Entonces, ¿cómo lograr que algunas de las millones de palabras que se escriben a diario nos lleguen, nos impacten, nos cambien?
Lo único que puedo asegurar al respecto es que no es algo fácil de lograr. El lector de hoy es exigente, abandona un libro a los pocos párrafos si no le parece novedoso. Por esta razón, los autores deben buscar un lenguaje propio que les permita convertir en innovadoras las historias que hemos escuchado siempre.
Es por lo anterior que la llamada “nueva narrativa argentina” se ha convertido en un aire fresco en la tradición literaria latinoamericana. Conformada, en gran parte, por voces femeninas, constituyen el nuevo espejo en el que nos vemos reflejados.

Foto: eldiario.es
Autoras como Mariana Enríquez (1973), Samanta Schweblin (1978) oAgustina Bazterrica (1974), hacen parte de este movimiento. Por supuesto, sus estilos e intereses varían, pero tienen en común varios aspectos que espero precisar a continuación.
En primer lugar, son autoras que se preocupan por la creación de una estética propia, con influencia de la tradición literaria de su país y del continente, pero asumiendo el riesgo de crear una voz única. Otro aspecto a tener en cuenta es la aparición del terror social en sus relatos, el cual se mezcla con los temas cotidianos de la vida urbana.
…la llamada “nueva narrativa argentina” se ha convertido en un aire fresco en la tradición literaria latinoamericana. Conformada, en gran parte, por voces femeninas, constituyen el nuevo espejo en el que nos vemos reflejados. Autoras como Mariana Enríquez (1973), Samanta Schweblin (1978) o Agustina Bazterrica (1974), hacen parte de este movimiento…
Y es que algo que impresiona sobre estas autoras, especialmente en Enríquez, en su libro de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016) y en Schweblin en su libro Pájaros en la boca (Casa de las Américas; Emecé Editores, 2008), es su capacidad para introducir la cotidianidad de la vida en la urbe y de las relaciones humanas, para luego mostrar la grieta en la que se resquebrajan. Ese resquicio por donde entra un detalle inquietante convierte la situación normal en una pesadilla. Este recurso encaja en la estética neofantástica y es vital al momento de introducir tensión e incertidumbre en sus relatos.
Esta narrativa crea atmosferas oscuras y angustiosas que, sin embargo, permite explorar los temas que obsesionan a las autoras. Entre ellos se encuentran las relaciones familiares, la depresión, las adicciones, la pobreza, la dependencia de drogas o a aparatos electrónicos, la sociedad patriarcal, etc. De esta manera, la búsqueda de ese factor de extrañamiento no impide que se haga una crítica implacable a la realidad argentina. Y es que estas autoras han logrado contar la historia opresiva de su nación mediante la utilización del recurso del terror social, convirtiendo hechos del pasado en relatos actuales. De esta forma, renuevan la historia al mismo tiempo que la escriben y que otros la leen.

Foto: bbc.com
Los cuentos, escritos con una frialdad escalofriante, son extraños y generan una sensación de incomodidad en el lector, que mucho después de terminar la lectura, lo deja pensando en los personajes abatidos.
En estas historias, lo que inquieta es la ambigüedad con las que son contadas y las lagunas que la autora elige dejar. Ese silencio que no dice nada, pero que lo expresa todo cuando está en el momento preciso.
Por su parte, Agustina Bazterrica, cuyo libro más famoso es Cadáver exquisito (Alfaguara, 2017), ideó una distopia. Esta novela ha sido publicada en diversos países y traducida a varios idiomas. Además, fue ganadora del Premio Clarín Novela. Puedo dar fe que su lectura ocasiona una sensación física en el lector y lo hace replantearse la actuación del ser humano como especie dominante del planeta.
En ella, las escenas más angustiantes se cuentan con un lenguaje frio y sencillo que encaja perfectamente con el aire deshumanizador de la obra. Si las anteriores autoras hablaban de la historia y la realidad inmediata de su país, esta obra nos lleva a un futuro no tan difícil de imaginar. Ambos estilos, aunque diferentes, reflejan la capacidad del ser humano para destruir el medio ambiente y a los otros, y nos lleva a cuestionarnos sobre el poder que nos otorgamos a nosotros mismos.

Foto: registrodeescritores.com.ar



