La Sustancia: una película poco recomendable para estómagos sensibles
El 19 de mayo de 2024 se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Cannes la película La Sustancia, de la directora francesa Coralie Fargeat. El filme protagonizado por Demi Moore, cuyo estilo es de terror corporal, fue uno de los más elogiados en dicho festival y ha sido merecedora de varios premios. Cuatro meses después, el 19 de septiembre, se estrenó en Colombia, generando reacciones diversas.
Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle
Título: La Sustancia (The Substance)
Dirección y guion: Coralie Fargeat
Duración: 144 minutos

Más que una película, La Sustancia es una experiencia. Desde las primeras tomas, queda clara la intención de la directora y guionista Coralie Fargeat: hacer que el espectador se meta en la piel de la protagonista, experimente sus emociones y comprenda las circunstancias que la llevan a tomar una decisión problemática.
Sin embargo, no es la primera vez que Coralie Fargeat nos muestra este tipo de historias, ya que una de las obsesiones a las que se acerca con el cine es la violencia que las mujeres infligen contra sus propios cuerpos y que, para ella, responde a patrones de conducta inscritos en la cultura de los que es imposible escapar. Algunos elementos comunes habían sido explorados en sus primeras producciones: el cortometraje Reality + (2014) y el largometraje Revenge (2018).
Ahora bien, describir el filme La Sustancia no es fácil, porque tiene tantas capas, referencias y posibles interpretaciones que cualquier intento se queda corto. También porque su estilo de terror corporal y su final gore no es para todo el mundo. Aun así, intentaremos una aproximación.
Empecemos, pues, por algunos elementos técnicos. Las tomas iniciales de la cámara introducen el contexto de la historia, que podría situarse en los años ochenta y en una ciudad como Los Ángeles o Miami, en donde la cultura fitness es preponderante, aunque, con la intromisión de ciertos elementos de ciencia ficción, como el uso del celular, que no llegaría hasta mucho después. Luego, una serie de primeros planos y primerísimos primeros planos nos muestran la decadencia de una actriz que llegó a lo más alto de su carrera y que, en la cincuentena de su vida, se encuentra sin futuro en una industria que prioriza la belleza sobre todo lo demás.
…el final de la película deja en el espectador una sensación de absurdo y de uso gratuito de la sangre que no contribuye a la trama y que, de cierta manera, opaca un guion novedoso y unas actuaciones impecables.
Esta aproximación tiene la intención de mostrar las imperfecciones de la piel de la protagonista Elisabeth Sparkle (Demi Moore), evidencias irrefutables del paso del tiempo. Así como también pretenden exaltar lo grotesco de las actitudes masculinas. Los personajes masculinos representan el estereotipo de quien se arroja el derecho de exigir perfección a las mujeres, pero son mostrados de una forma cómica, casi caricaturesca. Principalmente, Harvey (Dennis Quaid), director del estudio en el queElisabeth Sparkle presenta un programa televisivo de aeróbicos, a quien el espectador se acerca demasiado en sus facetas cotidianas de comer o ir al baño, para entender el desagradable rol que desempeña en la historia.
Las actuaciones de Demi Moore en su papel de exestrella vulnerable y de Dennis Quaid como el director misógino en la cima del mundo frívolo del entretenimiento, son excelentes. Cada uno, desde su perspectiva, refleja diferentes aproximaciones a un mismo flagelo: la cultura que valora a las personas, especialmente a las mujeres, por su aspecto físico, hasta convertirlas en un objeto de consumo y que desecha a quienes no cumplen con las expectativas.
Posteriormente, un accidente de tránsito es el catalizador del cambio de vida de la protagonista. En este punto entra en juego “la sustancia”, un elemento que se presenta como la oportunidad de “convertirse en una mejor versión de sí misma”, siempre y cuando se respete el equilibrio. El secretismo que entraña la obtención del paquete alude al mercado negro y el callejón estrecho y peligroso, a la baja autoestima que tiene la protagonista en este punto de su vida. Después de aplicar el líquido y seguir al pie de la letra las instrucciones, aparece esa mejor versión: una mujer joven, hermosa y carismática, pero que, como recuerda constantemente una voz en el teléfono, es ella misma, no otra persona.

El desdoblamiento de la personalidad es algo que hemos visto anteriormente en la literatura, como, por ejemplo, en Aura de Carlos Fuentes y en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson, ambas llevadas al cine. De la misma forma, Sue (Margaret Qualley), como la versión joven, empieza a experimentar los aspectos más importantes de la vida de Elisabeth Sparkle, quien, a su vez, recupera la admiración y el reconocimiento que cree necesitar, aunque lo hace a costa de la destrucción de su cuerpo. Así, entre más bella y exitosa es Sue, más acabada física y emocionalmente está Elisabeth.
Esta obra hace un crítica lúcida y explosiva de las expectativas imposibles de cumplir a las que nos enfrentamos las mujeres: el cuerpo perfecto, sin un gramo de grasa; el cabello sin canas, largo y brillante; el rostro bello, joven, sin arrugas, con la sonrisa perenne; todas exigencias que constantemente se nos imponen, especialmente a las que están inmersas en el mundo del entretenimiento. De ahí que muchas recurran a medidas extremas como el botox o las cirugías plásticas para ajustarse a los cánones de belleza impuestos por la moda y replicados por los medios de comunicación y las redes sociales. El ideal de belleza corporal tiene cada vez más relevancia en una actualidad mediada por el espectáculo del yo, en donde es necesario mostrar que se tiene una vida exitosa, bella y feliz, aunque el deterioro de la salud mental demuestre lo contrario. En este punto, la película da en el clavo.
Luego, el predecible desequilibrio entre ambas personalidades llega, y cuando la versión joven absorbe por completo a la otra, sabemos que el final se cerca y no será bonito. Sin embargo, considero que esa última parte fue excesiva y tiende a opacar el mensaje certero de la obra. Como señalé al principio, los estilos terror corporal y gore no son para todo el mundo y, sin duda, no son para mí. Pero, en este caso, creo que no eran necesarios, porque el objetivo de la película se había logrado desde hace mucho. En consecuencia, este final deja en el espectador una sensación de absurdo y de uso gratuito de la sangre que no contribuye a la trama y que, de cierta manera, opaca un guion novedoso y unas actuaciones impecables.

Foto: harpersbazaar.mx



