La novela de la selva y el llano llega a la televisión
A través de los canales regionales de Colombia llega la serie La vorágine. Ocho episodios para acompañar a los héroes del clásico de José Eustasio Rivera por los llanos orientales y las caucherías del Amazonas hasta ser devorados por la selva, madre de todos los silencios.
Título: La vorágine
Director: Luis Alberto Restrepo
Telecafé, 2025
Duración: ocho capítulos
Por: Damián Bueno
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

El 2025 es, sin duda, el año de La vorágine. No solo por los cien años que acumula este clásico de las letras colombianas que narra con lujo de detalles el infierno verde que fue para los habitantes del Amazonas la llamada “fiebre del caucho”, sino también por los redescubrimientos y homenajes que está recibiendo en los últimos años.
Una exposición que contiene los mapas, fotografías y demás publicaciones que documentan el genocidio de las casas cucheras, llamada “El árbol que devoró un mundo”; el ciclo de conferencias “Cruzando Fronteras: A Cien Años De La Vorágine”, por parte de la Universidad del Valle, y la publicación de La Biblioteca Vorágine, una colección de diez libros que incluye la novela y otros textos sobre ella, son solo algunas de las formas como podemos apreciar el renacimiento de una cultura alrededor de la magnun opus de José Eustasio Rivera.
Sin embargo, la cereza del pastel es, sin duda, la nueva miniserie de Telecafé y Quinto Color Producciones que da voz y rostro a los inmortales Arturo Cova, Alicia, Clemente Silva, entre otros. La serie, además, vio sus ocho capítulos estrenados en todos los canales regionales del país, por lo que de sur a norte y de oriente a occidente, toda Colombia fue testigo del escape de Arturo y Alicia hacia los tórridos hatos de las llanuras, la incansable búsqueda de Clemente Silva, y los suplicios incesantes de los caucheros de la Casa Arana, todo grabado en los mismos escenarios donde una vez, hace cien años, ocurrieron.

Lo que más destaca de la novela es el trabajo, sin duda titánico, de grabar en las mismas locaciones descritas en su homónimo literario, como las escenas en el hato de La Maporita grabadas en Maní, Casanare, y otros lugares de grabación como Bogotá, Cundinamarca y San José del Guaviare. Y es que, aunque La vorágine sea mayoritariamente un relato de la selva, también lo es del llano; dos áreas geográficas muy distintas y lejanas entre sí, que seguramente significaron para el director Luis Alberto Restrepo (quien además dirigió la serie de Emma reyes) y su equipo de grabación un reto tan enorme como la selva misma.
Asimismo, los actores se jugaron el corazón al azar y no se dejaron ganar ante el reto de interpretar sus personajes. Juan Pablo Urrego encarna al poeta Arturo Cova, y su interpretación es tan fiel a la novela, que despierta en el televidente la compasión y la rabia por un personaje que sabe usar la palabra para endulzar a las mujeres con las que se encuentra y utilizarlas a su antojo para después despreciarlas, a la par que es un cobarde con otros hombres más fuertes que él y no sale bien librado de una batalla física.
Lo que más destaca de la novela es el trabajo, sin duda titánico, de grabar en las mismas locaciones descritas en su homónimo literario, como las escenas en el hato de La Maporita grabadas en Maní, Casanare, y otros lugares de grabación como Bogotá, Cundinamarca y San José del Guaviare.
Respecto a los personajes femeninos, tenemos a Viviana Serna como Alicia, en un principio la cándida enamorada de Cova, con quien huye de un matrimonio arreglado bajo una falsa y rápidamente rota promesa de amor. En la novela, profundamente sexista, Alicia representa la pureza y lleva el espíritu paciente de una Penélope colombiana, pues a pesar de las múltiples infidelidades de Arturo, este último siempre la busca de regreso al no poder soportar el libertinaje de otros personajes femeninos como Clarita, la niña Griselda o la Turca. La miniserie, sin embargo, supera un poco la pobre representación femenina de su predecesora, por lo que vemos menos damiselas en apuros y más mujeres con agencia, carácter y voluntad, aunque igual de perdidamente enamoradas de Arturo.
Por otro lado, así como en su época la novela fue una respuesta al silencio cómplice de las masacres de las caucherías, hoy la serie es una píldora para la memoria. La forma que encuentra el arte para recordarnos que, en los momentos de mayor crisis social, los artistas deben ser críticos de su contexto, en lugar de un instrumento sin mejores pretensiones que lucecitas montadas para escena, en palabras de Silvio Rodríguez. Un siglo atrás fueron las casas caucheras, mas, en el siglo XXI, el pulmón del mundo sufre un nuevo infierno mercantil: la deforestación.
La miniserie de La vorágine, además, se circunscribe en una reciente tendencia de adaptaciones de clásicos colombianos y latinoamericanos, entre las que destaca la serie Cien años de soledad (2024) y Delirio (2025), las cuales han sido un éxito para sus productoras y un foco importante para acercar a diferentes generaciones a nuevos lenguajes narrativos. Es también una pequeña muestra de los alcances que puede tener la televisión colombiana cuando recibe apoyo, no solo por parte de casas productoras e inversionistas, sino también del público. En una época en la que se ha vuelto un lugar común decir que ya nadie lee ni se interesa por los clásicos literarios o que la televisión colombiana es solo narconovelas y reality shows, La vorágine irrumpe para demostrar lo imperecedero y transmutable de una historia bien narrada.




