Crítica

La mirada de los condenados, la horrible noche

Con motivo de la conmemoración de los cuarenta años de ocurrencia de los trágicos hechos del edificio Otero, acaba de aparecer la segunda edición del trabajo periodístico/literario La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club, de los escritores Óscar Osorio y James Valderrama. A propósito de la primera edición, publicada en el año 2003, escribí el texto que aquí actualizo.

Por: Carmiña Navia Velasco
Profesora emérita de la Universidad del Valle

Portada de la edición conmemorativa de La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club, de los escritores Óscar Osorio y James Valderrama. Foto: Cortesía de Óscar Osorio.
Portada de la edición conmemorativa de La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club, de los escritores Óscar Osorio y James Valderrama.
Foto: Cortesía de Óscar Osorio.

La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club es un libro sustentado en una contundente seriedad investigativa y construido con una gran capacidad escritural y narrativa. La obra, que constituye, en nuestro medio, una muestra paradigmática del reportaje literario,se lee como una novela en la cual la trama ha sido elaborada y desarrollada con acierto.

Los autores realizan una investigación exhaustiva sobre los hechos ocurridos en la sede del Diners Club en Cali, la noche del lunes 3 de diciembre de 1984. Su mirada se centra en los protagonistas de estos hechos durante las últimas horas anteriores a la masacre y, desde allí, se remonta a los hilos de las vidas, tanto de las víctimas como de los victimarios. Por medio de lecturas, miradas atentas y combinadas, entrevistas y seguimientos, logran armar la trama de unos hechos que quedaron en la memoria colectiva de los caleños no solo como horror, sino como una serie de interrogantes y problemáticas sin resolver.

Desde el punto de vista estructural y narrativo, Osorio y Valderrama nos entregan un trabajo impecable. El tono y ritmo del discurso atrapan al lector de manera que no es fácil evadirse de una lectura continuada y ello, además, por la estructuración de la trama que logra la obra, por el tejido entre matanza, realidad y vida que logra presentar, y por el manejo de la información a lo largo del relato.

La estructura tiene, a mi juicio, un logro decisivo: la lectura puede iniciarse en cualquier capítulo del libro e ir de adelante hacia atrás y/o de atrás hacia adelante, llegando siempre al mismo sitio y generando en los lectores o lectoras el mismo interés por ampliar y/o profundizar la dosis informativa que se le está entregando. La narración se configura desde un centro que irradia en múltiples direcciones. Por eso, la lectura siempre regresa o quiere regresar al centro, para avanzar. De otro lado, los autores focalizan en los microrelatos que configuran el cuadro total, una gran diversidad de puntos de vista que contribuyen, en primer lugar, a dar densidad a la narración y que, además, dan testimonio de la complejidad social en medio de la cual se gestaron los hechos.

Desde esta construcción narrativa, el texto nos traslada a un mundo de crimen y de horror escondido en las calles de la ciudad y en la total normalidad de las vidas de quienes estuvieron involucrados en el desastre. En este relato, en el cual es necesario que los caleños y las caleñas nos reconozcamos, se nos presenta una imagen desconcertante, por decir lo menos, de la ciudad y de sus dinámicas.

La pregunta queda en el aire: ¿en qué momento de la masacre y por qué las intenciones aparentes del robo se desviaron hacia el asesinato a sangre fría?

El acercamiento a las diferentes visiones, tanto de las víctimas como de los victimarios, no permite, sin embargo, resolver las muchas inquietudes que la matanza despierta. No se logra saber a ciencia cierta cuáles fueron los móviles de los asesinos… quizás una de las intenciones del texto sea dejar en el ambiente interrogantes y reflexiones más que respuestas. Cómo dice Óscar Osorio, uno de los autores, en la presentación y el lanzamiento de la obra:

El pensamiento del traqueto filtró todos los niveles sociales y su idea del dinero fácil y de la vida del placer intenso descompuso definitivamente nuestro sistema de valores, y el respeto por la vida humana fue uno de los primeros valores en caer. En ese escenario fue posible el horror de Diners, y la evidencia de ese nefando escenario fue la que conmovió al país y al mundo: la constatación de que cualquiera en este nuevo orden social, sin motivaciones especiales, podía ser el autor de una atrocidad.

Desde esos puntos neurálgicos, el edificio Otero en el centro de la ciudad y las rutas de los buses urbanos en las que los asesinos precisan sus miradas, se nos recrea un universo en el que todos y todas podemos resbalar, porque en cualquier momento de la noche puede surgir la vuelta del destino que desacomodaría nuestras pequeñas y cotidianas seguridades, sueños, amores, amistades, familias…

Otro aspecto para destacar en el trabajo que estamos comentando es la aguda visión con la cual los investigadores siguen el futuro transcurrir de las vidas de los y las sobrevivientes: sus fracturas sicológicas, sus sinsalidas, la tristeza que se instaura para siempre en sus vidas, sus traumas no resueltos… y en algunos casos, el lento proceso del duelo realizado y la salida al otro lado. En contraste con ello, los asesinos Jaime y James parecen no haber sido tocados en lo profundo de su interior por la tragedia: sus vidas se cortaron en la cárcel, es cierto, pero su transcurrir interior, su ser más íntimo no parece haber sido herido en profundidad por sus propios cuchillos… la culpa no aparece. Lectores y lectoras quedamos con la sensación de un temor diluido ante la posibilidad de que un hecho semejante nos aceche en la sombra.

James Valderrama, coautor de La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club. Foto: Cortesía de Óscar Osorio.
James Valderrama, coautor de La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club.
Foto: Cortesía de Óscar Osorio.

Quizás, en este sentido —el interior mismo de los asesinos—, ubico yo la casi única falla que le encuentro al relato: al final se cae un poco el tono y el drama mismo porque no se avanza en profundidad hacia los sentimientos y el alma misma oscura o clara—de esos jóvenes, que no se contentaron con robar, sino que empuñaron armas y rabias, para acabar cruda y descarnadamente con sus víctimas, completamente inocentes y desarmadas. La pregunta queda en el aire: ¿en qué momento de la masacre y por qué las intenciones aparentes del robo se desviaron hacia el asesinato a sangre fría?

Para la memoria de la ciudad y para nuestro archivo literario, tenemos pues, este relato impactante y severo, por medio del cual nos reencontramos con una triste página de nuestra historia: con la horrible noche.

Esta edición conmemorativa y revisada se presentará en el conversatorio “La masacre de Diners Club, cuarenta años después”, que dirigirá la profesora de la Universidad del Valle Rosa Jaisully Durán. La charla con los autores tendrá lugar en la Carpa Valle del Cauca, de la Feria Internacional del Libro de Cali, el sábado 23 de noviembre a las 6:30 p.m.

Óscar Osorio, coautor de La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club. Foto: Cortesía de Óscar Osorio.
Óscar Osorio, coautor de La mirada de los condenados. La masacre de Diners Club.
Foto: Cortesía de Óscar Osorio.

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