Crítica

La Habana, Trotsky y otras cosas

Leonardo Padura (1955) es uno de los escritores más representativos de Cuba hoy por hoy. Ferviente admirador del género policial, este autor ha observado, criticado y parodiado la compleja realidad de la isla por intermedio de Mario Conde, un singular detective que encarna en su persona heroísmo, antiheroísmo, virtud y patetismo. Además de su actividad como novelista y ensayista, Padura también se destaca como guionista y periodista. Su reconocimiento internacional se consolidó gracias a la escritura de Las cuatro estaciones, un ambicioso proyecto de novelas policiacas.

Por: Alejandro Alzate

Leonardo Padura, escritor cubano.
Foto: Tomada de cultura.cervantes.es

No son pocos los artistas que han reflexionado sobre la “cubanidad”, las arbitrariedades del régimen y las amenazas ideológicas extranjeras. La lista transita un largo etcétera que va desde el cine hasta la literatura pasando por el teatro. Así, por ejemplo, Tomás Gutiérrez Alea realizó, en 1994, Fresa y Chocolate, un exquisito filme en el que se evidencian las tensiones derivadas de la represión política, sexual e ideológica. Un refinado y culto hombre homosexual, y un joven sectario y fanático del régimen son el eje de esta historia que se destaca por su visceralidad y poder de evocación. Si al teatro se alude, una obra como Santa Camila de La Habana Vieja da cuenta de un relajamiento moral que abarca tanto la crítica a la santería, como las incomprensiones surgidas en torno al proceso revolucionario.

En los predios de la literatura, Guillermo Cabrera Infante caricaturizó con Tres Tristes Tigres la noche habanera, sus ídolos y la idiosincrasia en torno a la música afrocaribeña.  Leonardo Padura, a su vez, atiza en tiempo presente la reflexión crítica alrededor del “ser” político de la isla. En ese sentido, La Habana, Trotsky y otras cosas mixtura historia e intriga mientras analiza, revisa e indaga los impactos derivados del legado estalinista en América Latina. Lejos de la romantización, la historia que se cuenta, o que desentraña Mario Conde, más bien, se ocupa de evidenciar el desencanto ideológico derivado de las contradicciones del socialismo cubano.

…esta novela se suma a un importante corpus crítico y artístico cubano en el que, quizás, el mayor mérito sea poder pensarse desde adentro, desde las raíces de la fantasía política y el sinsabor concreto del desencanto.

Fiel al estilo de la novela de ideas, Padura se permite la “búsqueda” de la verdad, la reivindicación de la melancolía y el redescubrimiento de La Habana como ciudad, símbolo y escenario. Sin lugar a dudas, este último hecho, transversal a la generación de artistas cubanos nacidos en la segunda mitad del siglo XX, es fundamental en la medida en que permite la expresión de los espacios que han tejido la historia viva de la isla. De ahí que la mirada que plantea la novela sobre la identidad en relación con la ciudad y su oferta espiritual e ideológica, sea tan sugerente. Al tiempo que la figura de Trotsky habla en lo concreto, así sea desde la decadencia y las sombras, las siluetas de La Habana refuerzan la estructuración política del alma nacional. Como resultante de este proceso, añoranza y proclama se funden en la nostalgia de lo que fue y ya no será más.

En el momento en que los personajes, dispuestos algunas veces con desparpajo y otras con inquietante poder para observar su realidad, evidencian su doble desplazamiento, es decir, el que surge tras atravesar y deambular espacios urbanos, y el que acontece como resultante del cruce de los complejos laberintos ideológicos, personales y existenciales que los determinan, la trama se abre al lector en todo su esplendor; instancia que, cabe resaltar, está construida con base en múltiples sombras e interrogantes. Fiel al espíritu de la teoría de la novela, Padura no concede respuestas, pero sí plantea preguntas desde todos los ángulos. En tal virtud, todos los actores sociales e ideológicos de la historia nacional cubana podrán enfrentarse a las formas y legados de sus gestiones a lo largo del tiempo, de los aciertos o yerros de sus tentativas o proyectos.

Finalmente, resta por decir que esta novela se suma a un importante corpus crítico y artístico cubano en el que, quizás, el mayor mérito sea poder pensarse desde adentro, desde las raíces de la fantasía política y el sinsabor concreto del desencanto.

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