Crítica

La curada ausencia del cronista en Allende el mar de Óscar Osorio

Por: Mélida Sánchez
Profesora, Queensborough Community College (CUNY)

Foto: Tomada del Facebook de Óscar Osorio.
Foto: Tomada del Facebook de Óscar Osorio.

Diez crónicas de inmigrantes colombianos en los Estados Unidos aparecen reunidas en Allende el mar de Óscar Osorio. Si alguien piensa que ya ha leído demasiado sobre el tema de la repercusión de la inmigración en la vida de los colombianos, aún le quedan por leer estos “cuentos sin ficción”, como los llama el autor en la solapa del libro, para acceder a las excepcionales e inusitadas circunstancias vividas por cada uno de sus protagonistas tanto en Colombia como en aquel país norteamericano.

Osorio, el cronista, plasma los hechos contados por sus protagonistas partiendo desde un antes del viaje a los Estados Unidos y culminando en un ahora en dicho país. Cada historia en Allende el mar envuelve, atrapa, estremece y conmueve a un lector enfrentado a situaciones que parecieran acaso inventadas o creadas ingeniosamente por un ágil cuentista de la literatura colombiana o latinoamericana. Los sucesos ocurridos en Colombia evocarán reminiscencias de muchas otras vidas, habitadas por otros coterráneos. Y, sin embargo, la mirada de estos actores sigue siendo radicalmente particular y distinta, a pesar de su compartida añoranza por el país natal, en la mayoría de los casos, o, en otros tantos, por el deseo conjunto de mejorar la situación de la tierra que los vio nacer.

Los testimonios recogidos en Allende el mar son los de Beto Coral, Álvaro López, Rodín, Ruby Tovar, Freddy Castiblanco, John Estrada, Camilo Peñaloza y tres mujeres que, a petición personal, prefirieron contar sus historias bajo nombres ficticios. El orden de las crónicas aparece según las residencias actuales de sus protagonistas; las cuatro primeras en Florida, las tres siguientes en New Jersey, dos en New York y la última en Indiana.

El libro inicia con el texto “Que ningún otro niño viva lo que yo viví”, la búsqueda de justicia de un hijo por el asesinato de su padre en Colombia y las circunstancias que los rodearon antes de su fallecimiento y que, por desgracia, forman también parte ineludible de la historia del país.

Cada historia en Allende el mar envuelve, atrapa, estremece y conmueve a un lector enfrentado a situaciones que parecieran acaso inventadas o creadas ingeniosamente por un ágil cuentista de la literatura colombiana o latinoamericana.

La crónica más extensa de Allende el mar, “Una inmensa tristeza” (30 páginas) y la más breve “Elizabeth es un barrio popular de Cali” (11 páginas) son dos relatos testimoniales de mujeres con seudónimos. Algunas de las historias contadas por una de ellas, Mariana, implican a personas conectadas con hechos delictivos como el tráfico de drogas y la fabricación de billetes falsos pero, más allá de ello, el elemento que más conmociona al lector, dada la precariedad de su situación, es la violencia que sufre Mariana por parte de dos de sus parejas, agravada por acontecimientos ante los que ella confiesa no saber qué hacer y frente a los que prefiere guardar silencio.

En la crónica “El niño que deseaba intensamente que su padre se muriera”, Osorio escoge magistralmente el orden en que se intercalan tanto los eventos sucedidos en la infancia de John Estrada en Colombia como los acontecidos durante su vida como estudiante doctoral y, eventualmente, aquellos que le ocurrieron ya como profesor universitario en Nueva York. El libro se detiene en las difíciles etapas de la experiencia migratoria de Estrada, profundamente intensas tanto emocional como económicamente y, quizás por lo mismo, cargadas de lecciones de vida para quienes las lean. Al igual que otros protagonistas de Allende el mar, Estrada también añora su regreso a la tierra que dejó hace años, para radicarse en Medellín, ahora ya como experto en literatura medieval española.  

Óscar Osorio, autor de Allende el mar. Foto: Cortesía Óscar Osorio.
Óscar Osorio, autor de Allende el mar.
Foto: Cortesía Óscar Osorio.

La historia de Freddy Castiblanco, “El Milagroso de San Calixto”, retrata la historia de un joven médico recién egresado de la universidad pública que se ve obligado a huir de Colombia tras ser amenazado por curar enfermos de varios lados del conflicto armado en una zona rural remota.

La pericia de Osorio como cronista, queda evidenciada en su curada ausencia sobre el curso escritural de estas narrativas testimoniales. Osorio hace presencia únicamente como una disposición de oyente tan deferente y atenta que su presencia se desdibuja casi hasta la nulidad. Unívocamente, en estas crónicas escuchamos las voces y visualizamos las experiencias tan solo de quienes comparten sus testimonios a través de estas páginas. Cada una de estas personas posee una voz y un estilo narrativo distintos; algunas conversan con el lector, mientras otras responden preguntas usando apenas oraciones muy cortas. Por lo demás, la acertada transición que se sucede entre los espacios geográficos, Colombia y Estados Unidos, y la prontitud temporal de las narraciones impiden al lector abandonar la lectura de estas historias sin buscar ávidamente llegar hasta el final.

La pericia de Osorio como cronista, queda evidenciada en su curada ausencia sobre el curso escritural de estas narrativas testimoniales. Osorio hace presencia únicamente como una disposición de oyente tan deferente y atenta que su presencia se desdibuja casi hasta la nulidad.

Las diez crónicas de Allende el mar comparten la desazón, nostalgia y sufrimiento que entraña el abandonar un país tras la promesa incierta y remota de una vida mejor, o de una vida simplemente distinta, y que en la mayoría de estas narraciones acaso nunca se materializa.

La soledad, el desarraigo, el hacinamiento familiar, los títulos profesionales que pierden valor, la búsqueda de una nueva identidad en una lengua desconocida, la violencia doméstica y el maltrato infantil, son solo algunos de los temas que quedan grabados en la mente del lector a partir de la lectura de esta compilación. Allende cada uno de estos “cuentos sin ficción” quedan el deseo de superación y la esperanza de un futuro mejor para los actores de estos relatos, sus descendientes y familiares y, si se quiere y sin ir muy lejos, para la misma Colombia.

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