La crisis bancaria
Por: Pascual Amézquita
PhD en Economía
Revista Nueva Gaceta

Deudores de primera y de segunda
En Estados Unidos, unos 45 millones de graduados adeudan en promedio unos 40.000 dólares por préstamos estudiantiles, lo que arroja la astronómica cifra de 1,6 billones de dólares (más de cinco veces el PIB anual de Colombia).
A lo largo del año pasado, el gobierno Biden pujó contra el sector bancario y el Congreso para obtener algún tipo de alivio, lográndose un acuerdo que significa un descuento de 10.000 dólares por estudiante, es decir, menos de una cuarta parte de la deuda. La oposición, encabezada por el Partido Republicano, se centró en el supuesto efecto inflacionario que tendría la reducción (que asumirá el presupuesto nacional sin que los bancos acreedores pongan un centavo) que podría significar un gasto presupuestal de unos 400.000 dólares (es decir, una cuarta parte de la deuda total). La decisión final está en manos de la Corte Suprema de Justicia, pues la medida fue demandada por un gobernador republicano opuesto a la rebaja:
El líder de la minoría republicana en la Cámara, Kevin McCarthy, criticó al mandatario a través de Twitter: “¿Quién pagará por el engaño del traslado de la deuda que hizo Biden? Los trabajadores estadounidenses que ya han pagado sus deudas o los que nunca las asumieron en primer lugar”.2
Esta historia de la deuda estudiantil en Estados Unidos no tiene nada de extraño en un mundo regido por el más salvaje y voraz neoliberalismo, pero pone de manifiesto al servicio de quién está ese modelo cuando se compara con lo ocurrido en la crisis bancaria que se desveló el 13 de marzo pasado, cuando el Silicon Valley Bank (SVB) se declaró en quiebra.
La causa de la crisis
Ocultando la verdad de los hechos, se ha propagado la versión de que la causa de la crisis fue el intempestivo retiro masivo de los depósitos por parte de un gran número de cuentahabientes. Así, por ejemplo, El Tiempo, vocero del grupo AVAL, anotó: “La caída del banco se dio porque muchos clientes del SVB empezaron a reclamar sus ahorros y ese dinero estaba invertido en bonos a largo plazo”.3
Sin embargo, a ese cuento le faltan dos datos de suma importancia. El primero es que, día por día, la regulación bancaria en Estados Unidos es menos exigente, de manera que no hay claros límites en cuanto a la relación que debe de existir entre los depósitos de los clientes, los préstamos otorgados y las garantías que debe tener el banco en reservas. Hace 40 años, durante el gobierno Reagan, en el arranque del modelo neoliberal en Estados Unidos, se tomaron medidas para ampliar el margen de acción de los negocios del sector financiero, en particular, permitiendo que los bancos de inversión y los bancos de crédito pudieran actuar bajo un mismo negocio para facilitar los autopréstamos y la especulación. La otra medida fue acabar con casi todas las exigencias de reservas y regulaciones para casos de crisis o corridas bancarias.
La Crisis Atlántica de 2008 mostró el primer gran resultado desastroso de esas medidas, por lo cual los gobiernos de ese momento (transición entre Bush y Obama) salvaron a casi todos los bancos emproblemados y se comprometieron a imponer mayores regulaciones, pero al poco tiempo todo quedó en el olvido, incluida la plata del salvamento gubernamental.
Esas medidas de flexibilización de las normas bancarias son la causa profunda de la crisis del 13 de marzo, a lo que se le suma otro error de los reguladores monetarios de Estados Unidos, en particular la Fed, en relación con el manejo de la inflación. Es la segunda parte que le falta al cuento.
Esta historia de la deuda estudiantil en Estados Unidos no tiene nada de extraño en un mundo regido por el más salvaje y voraz neoliberalismo, pero pone de manifiesto al servicio de quién está ese modelo cuando se compara con lo ocurrido en la crisis bancaria que se desveló el 13 de marzo pasado, cuando el Silicon Valley Bank (SVB) se declaró en quiebra.
La inflación no es el tema del presente artículo, pero valga la pena sintetizar una idea: la lucha contra la inflación no es para ayudar a la pobrería, como suele presentarse por parte del banco central, sino para evitar que los títulos (bonos gubernamentales, hipotecas, acciones) pierdan valor, pues ello afecta a los grandes especuladores del sector financiero. El asunto es más evidente cuando se tiene en cuenta que la actual inflación –de acuerdo con los analistas– hunde sus raíces en la parálisis productiva y en la guerra en Ucrania, y no, como dicen los economistas neoliberales, en que haya mucho dinero en circulación.
Al error en el diagnóstico siguió un error en la medicina: para contener la inflación que hace perder de valor los títulos, la Fed en Estados Unidos dispuso un alza acelerada y muy fuerte en las tasas de interés que esa entidad regula, pasando en pocos meses de casi el cero por ciento al actual cinco por ciento. Por la lógica de la ingeniería financiera, cuando la tasa de interés sube, el precio de los bonos del tesoro en el mercado cae.
Mientras ocurrían esos movimientos en el precio de los papeles y la tasa de interés, había otra fuerza en marcha: el covid dio lugar a una gigantesca creación de billetes que fueron a parar a las arcas de los bancos, fenómeno que ocurrió en Estados Unidos y también en Colombia, como lo denunció Gustavo Petro en los años 2020 y 2021. ¿Y qué hicieron los bancos en todo el mundo con la plata que les regalaron sus respectivos gobiernos? Repartirla como dividendos y con el resto comprar títulos de los gobiernos.
Es decir, la solución mató al paciente. Para frenar la inflación, la Fed (y los bancos centrales de casi todo el mundo) subió la tasa de interés y con ello ocasionó la caída del precio de los papeles, que son el respaldo de los depósitos de los cuentahabientes de los bancos. A medida que los bancos necesitan dinero para cumplirle a sus clientes, salen a vender papeles, y como están desvalorizados, tienen que vender una cantidad mucho mayor a pérdida.
La conclusión es evidente: los bancos no tienen suficiente dinero para devolverles a sus cuentahabientes sus depósitos, y eso es la crisis bancaria. Que los clientes hayan corrido presurosos a sacar sus monedas de los bancos no fue la causa de la crisis sino la consecuencia de la crisis.

Foto: Jeff Chiu (AP).
La solución: salvar a los billonarios
En Estados Unidos, la regulación bancaria establece que los depósitos en cuantía inferior a 250.000 dólares tienen un seguro (que, no sobra decirlo, lo pagan todos los clientes como parte de las comisiones que cobra el banco), y ni el gobierno ni la Fed están obligados a salvar a los bancos en quiebra.
Pues en la crisis de marzo, los mismos que se opusieron a que el gobierno auxiliase así sea parcialmente a los endeudados estudiantes, aplaudieron las dos medidas que tomaron las altas instancias que controlan el sector financiero y que implican una evidente violación de la poca legislación existente.
En primer lugar, de inmediato el Gobierno y la Fed anunciaron que todos los depósitos, incluidos los que superan los 250.000 dólares, están a salvo. Es decir, el seguro de depósitos no tiene límites. La medida tiene todo su sentido cuando se analizan quiénes son los clientes del SVB: en alta proporción, los grandes emporios de las tecnológicas y muy pocos ciudadanos de a pie, pues, de hecho, muy pocas personas en Estados Unidos tiene la holgura necesaria para tener en el banco 250.000 dólares. El salario promedio anual de más de cien millones de estadounidenses es de 51.168 dólares4. Igual análisis para el caso de otro banco quebrado, el Republic Bank of NY, que es el de los potentados de la capital financiera del imperio.
La conclusión es evidente: los bancos no tienen suficiente dinero para devolverles a sus cuentahabientes sus depósitos, y eso es la crisis bancaria. Que los clientes hayan corrido presurosos a sacar sus monedas de los bancos no fue la causa de la crisis sino la consecuencia de la crisis.
La segunda medida es una trampa financiera que termina pagando todo el mundo: si la causa de la falta de liquidez de los bancos es que el precio de los bonos del tesoro cayó a mucho menos de la mitad de su precio antes de empezar la subida de las tasas de interés, la solución es que el Tesoro (el Ministerio de Hacienda) comprará esos bonos a su precio facial (no al alicaído precio del mercado de hoy). Esa medida pone en juego unos 650.000 millones de dólares de respaldo de los bancos a sus cuentahabientes en papeles del Tesoro. La medida, hasta donde se sabe, no excluye a ningún banco; es decir, quebrados o no quebrados, pueden venderle al Tesoro sus bonos al precio facial.
Si la primera medida (la del seguro ampliado) terminan pagándola los cuentahabientes, la segunda media es pagada por todos los contribuyentes gringos y, más aún, todos los usuarios planetarios de los dólares.
Una breve reseña del SVB muestra otras aristas. El ingreso de su presidente ejecutivo en el año 2021 (último con reporte oficial) fue de 9.900.000 dólares; 684 veces lo que ganó un empleado promedio del banco en el mismo año5. Pero, mientras tanto, según informa el reputado economista Paul Krugman:
SVB fue uno de los bancos medianos que presionó con éxito para que se eliminaran las regulaciones que podrían haber evitado este desastre, y el sector tecnológico está lleno de libertarios a los que les gusta denunciar al gran gobierno justo en el momento en que ellos mismos necesitan ayuda del gobierno.6
Finalmente, se ha insistido en que este banco es el agente financiero de muchas de las principales empresas tecnológicas de Silicon Valley (sector que también está en problemas y que ayudaría a explicar la situación del SVB), pero poco se ha divulgado que el mismo banco es un importante especulador en criptomonedas, negocio que también tuvo su auge en la emisión de dinero para enfrentar el covid y ha mostrado ser una verdadera pirámide financiera.
A pesar del historial del SVB, el Gobierno y la Fed salieron en su rescate (al igual que de los otros bancos arruinados en estos días) a pesar de que con ello se da un ejemplo perverso, pues aumenta la posibilidad de que los especuladores siga jugando con la plata de la gente, a sabiendas de que nada les pasará, así vivan clamando por la desaparición del Estado en la economía. Es el riesgo moral, expresión que oculta otra verdad: se les renovó la patente a los corsos para que continúen impunes con el pillaje.
El futuro
La rápida intervención del Gobierno y de la Fed, violando todas las prescripciones, evitó de momento que la crisis se expandiera, pero a un costo que se le ha ocultado al común de la gente. Por lo demás, todos los implicados han evitado usar la expresión “rescate” por la carga ideológica que tiene la palabreja, que a algunos les suena como socialistera y a otros como un mentís a la teoría de la eficacia del mercado. Y la salvación no resuelve el problema de fondo: la vida de casino del sector financiero. Cualquier otro traspié podría precipitar una crisis general, pues en nada se ha enfrentado la verdadera causa.
En Europa, el coletazo de la crisis gringa se llevó por delante al segundo banco suizo, y la solución tampoco es la más recomendable. Los intríngulis del negocio aún no se conocen, pero lo que se autorizó fue que el primer banco por activos de ese país adquiriera al quebrado por su valor en libros (es decir, sin pérdida para los apostadores que lo llevaron a la quiebra). Algo no se ha contado de esa historia, pues es obvio que nadie compra un banco quebrado a cambio de nada.

Foto: Jim Lo Scalzo (EFE).
En Colombia
El reporte del grupo AVAL en días pasados indica que obtuvo utilidades por unos 113 billones de pesos en el año 2022, a repartir entre sus socios. De acuerdo con el mismo informe a la Junta Directiva, el grupo tiene unos 70.000 trabajadores. Si a cada uno de ellos le hubieran pagado 200.000 pesos más al mes, y suponiendo que en el año se pagan 14 mesadas, la ganancia del grupo hubiera sido de apenas 112 billones.
El dato de las ganancias del mayor grupo financiero del país se asume como una muestra de la solidez del sector, respaldado por el hecho cierto de que en Colombia el Fogafín es un seguro (de nuevo, pagado por los cuentahabientes) para casi la totalidad de depósitos inferiores a 50 millones de pesos7, o 20 millones si tiene más de una cuenta en entidades diferentes8. Además, el reporte informa sobre un año en el que la tasa de interés de referencia no era tan alta como hoy, que llega ya al 13%.
A pesar del historial del SVB, el Gobierno y la Fed salieron en su rescate (al igual que de los otros bancos arruinados en estos días) a pesar de que con ello se da un ejemplo perverso, pues aumenta la posibilidad de que los especuladores siga jugando con la plata de la gente, a sabiendas de que nada les pasará, así vivan clamando por la desaparición del Estado en la economía.
Esa podría ser la explicación de la aparente bondad de los bancos que salieron a ofrecer créditos a casi la mitad de la tasa previa de interés teniendo en cuenta el tope de usura, hoy superior al 40%. Pareciera, en consecuencia, que la bondad de los banqueros es doble, pues no solo dejan de cobrar un alto porcentaje, sino que además la tasa de captación (por ejemplo, de los CDT) está varios puntos por encima de la tasa de inflación.
Pero el asunto tiene una arista poco publicitada. Suele decirse que la ganancia del banco está en la diferencia (diferencial) entre lo que paga a los depositantes a término fijo (en las cuentas de ahorro es ínfimo y en cuentas corrientes no hay pago) y lo que les cobra a sus deudores. Esa es una parte de la ganancia. Pero la mayor ganancia proviene del hecho mismo de abrir un crédito (en la literatura especializada se conoce como emisión secundaria), a lo que se le suma el diferencial.9
Dicho de otra manera: la ganancia grande proviene del simple hecho de prestar; de manera que, si en épocas como la actual, el común de la gente le huye al endeudamiento por las altas tasas, pues la solución para los bancos es rebajar tales tasas (que, insisto, no son la fuente fundamental de ganancia del banco) para así atraer mayor clientela, que en este momento de crisis económica necesita préstamos. No importa mucho que la diferencia de tasa entre captación y colocación caiga por la magnanimidad de los banqueros, si con ello se obtiene que la gente se endeude. Por lo demás, a mediano plazo la tasa de inflación caerá, con lo cual el diferencial entre captación y colocación se ampliará, pagando la bondad de los banqueros.
Pero, al igual de lo que ocurre en Estados Unidos y Europa, en Colombia las reservas de los bancos, en buena medida, están en papeles gubernamentales (bonos del Tesoro gringo y TES colombianos), de manera que están padeciendo el mismo efecto: el precio en el mercado está cayendo por las altas tasas de interés y el respaldo de los bancos está debilitándose. Cualquier empujoncito podría precipitar la crisis.
- https://www.whitehouse.gov/es/prensa/declaraciones-comunicados/2022/08/24/hoja-informativa-el-presidente-biden-anuncia-alivio-de-prestamos-estudiantiles-para-prestatarios-que-mas-lo-necesitan/#:~:text=La%20vertiginosa%20deuda%20acumulada%20de,para%20la%20clase%20media%20estadounidense
- https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62640492
- First Citizens compró SVB y sus acciones subieron. El Tiempo, 28 de marzo de 2023.
- https://www.indeed.com/orientacion-profesional/pago-salario/salario-promedio-estados-unidos-factores
- https://cepr.net/the-silicon-valley-bank-bailout-the-purpose-of-government-is-to-make-the-rich-richer-63486/
- How bad was the Silicon Valley Bank bailout? By Paul Krugman, March 15, 2023 NY Times.
- https://www.fogafin.gov.co/que-es-el-seguro-de-depositos/definicion
- https://www.ban100.com.co/seguro-de-deposito-fogafin
- https://www.bankofengland.co.uk/quarterly-bulletin/2014/q1/money-creation-in-the-modern-economy



