II Feria del Libro: Puerto Tejada lee, cuenta y escribe
Los días 29 y 30 de abril tuvo lugar la segunda edición de la Feria del Libro de Puerto Tejada. Hablamos de un hito cultural en la historia de un pueblo largamente azotado por la violencia. Hubo espacio para todo: emprendimientos locales, seminarios, cuentería y hasta para batallas de freestyle. Fuimos allí y esto fue lo que encontramos.
Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: William Rosero.
Como bien lo dice el título, esta no es la primera ni será la última feria que se realice en este municipio al norte del Cauca, pero, para felicidad de muchos, esta sí es la primera que logra despertar el interés de diversos sectores de la región. No por nada contó con la participación de múltiples escritores, oriundos de distintas zonas del Cauca. Aunque de esto se hablará después. Por lo pronto, detengámonos en el valioso precedente que deja, no solo en Puerto Tejada como ente territorial, sino también en las mentes de sus habitantes, que, después de mucho tiempo, encuentran una salida institucional al olvido y la violencia. Ya no se trata solo de titulares amarillistas y de fronteras invisibles; en Puerto Tejada también se escribe, se lee y se apuesta por un futuro que reivindique la dignidad y el trabajo duro.
La Feria tuvo lugar en dos espacios distintos: en la UDS Confacauca y en el parque central Los Fundadores, famoso por su Monumento a la Iguana, restaurado hace relativamente poco, y la razón de que algunos conozcan este parque como el “Parque de las Iguanas”. La primera actividad empezó a las nueve de la mañana, en el Auditorio Confacauca, donde se celebró el seminario para docentes “Cómo construir un plan lector desde la literatura local”. Fuimos conducidos hasta allí por Yerli Carvajal Idrobo, que desde hace varios años trabaja en la biblioteca Gustavo Gonzáles Lerma como bibliotecaria. Luego de una cálida bienvenida por parte de los organizadores, nos invitaron a pasar. Había una concurrencia mixta, entre profesores y miembros del establecimiento como la propia directora Karen Huertas, el representante de la alcaldesa Luz Adiela Salazar, Ferney Vargas, y de curiosos que fueron hasta ahí para contribuir de algún modo a la cuestión que los había reunido. Esto por parte del público. En frente, sentados a la mesa, teníamos a cuatro de los escritores más representativos de la zona. De izquierda a derecha: JT Brand, Miguel Sandoval, Jean Carlos Romero y Maria Elfa Merci de Peña.
El seminario empezó con una pregunta curiosa: ¿Cuántos escritores locales podemos nombrar? Pronto saltó a la vista que todos los que estaban ahí fueron muy bien preparados, pues en cuestión de minutos ya había alrededor de 17 nombres escritos en el tablero, entre los que estaban algunos tan memorables como el de Natanael Díaz o el de Héctor León Mina, quien ha sido invitado a Viernes de Letras. Quien registró estos nombres en el tablero —dispuesto para tal efecto— fue el profesor y escritor Fernando Maclanil, coordinador del seminario y que, junto a su esposa, hacen parte de la primera editorial étnica de Colombia, Imago, fundada hace cinco años.
El ambiente no podía ser mejor. Fernando hacía bromas que eran bien recibidas por parte del público y se respiraba un clima de fraternidad entre los escritores y los organizadores. Fue como estar rodeados de una gran familia o haber entrado en una reunión de amigos donde todos se conocen desde hace mucho tiempo. Como no podía ser de otra manera, también se abrió un espacio para que los autores se presentaran. No sabemos si se trató de algo deliberado, pero lo cierto es que había paridad en la mesa: dos promesas y dos autores consagrados. JT Brand y Jean Carlos no pasarán de los veinticinco, al menos a simple vista; son verdaderamente jóvenes, y sus inquietudes también lo son. El primero se dedica a la literatura infantil, pese a que su formación viene del palo de las ciencias exactas. El segundo es licenciado, se graduó en el 2019, y escribe poesía. Por todos mis ancestros, su primer libro, es un reflejo de su activismo político. Creció en la vereda de Sabaneta, pero ahora mismo reside en Yumbo.
Ya no se trata solo de titulares amarillistas y de fronteras invisibles; en Puerto Tejada también se escribe, se lee y se apuesta por un futuro que reivindique la dignidad y el trabajo duro.
Además de escritores, Miguel Sandoval y Maria Elfa también juegan un rol importantísimo en sus respectivas comunidades, Puerto Tejada y Gauchene. Son figuras emblemáticas que hacen parte del mapa cultural de la región, ya sea en el comercio o la docencia. Sandoval es dueño de una de las tiendas más famosas de Puerto Tejada, la papelería El Amigo; casi todos los estudiantes del municipio lo conocen, así como sus padres, que los acompañan a principios de año para adquirir cuadernos, lapiceros, reglas, etc. Paralelo a su trabajo, Sandoval ha cultivado una pasión por la trashumancia y la literatura. La escritura de su libro más famoso, Quiche (2004), lo hizo viajar por todo el continente, desde el norte de México hasta los rincones ancestrales del Perú. El caso de Maria Elfa es distinto, pues ella no se reconoce a sí misma como escritora, aunque haya participado en tantísimas antologías, además de haber ganado numerosos concursos nacionales e internacionales. Ante todo, se considera docente, profesión que no piensa abandonar, incluso después de haberse jubilado.
La siguiente etapa del conversatorio dio paso a una cuestión de gran importancia: si tenemos de donde agarrar, es decir, si contamos con una buena tradición literaria, ¿Cómo enseñarla? ¿Cuáles son las estrategias a seguir si queremos despertar el interés de nuestros estudiantes? Los escritores fueron los primeros en responder. Para Maria Elfa, que ya tiene experiencia en el asunto, lo primero es ofrecer un cuantioso acervo contextual que sitúe a los estudiantes y les permita valorar la obra de acuerdo con la sociedad y el momento histórico en el que vieron la luz. Luego, para adentrarse en ella, adelantar una lectura guiada por el docente, de manera que puedan reconocer todos sus aportes y valores estéticos. Jean Carlos, también profesor, tiene una mirada distinta al respecto: hay que enfocarse en las condiciones del estudiantado. El mundo cambia a ritmo vertiginoso y es preciso adaptarse a él si la escuela no desea quedarse atrás. La Inteligencia Artificial, los algoritmos personalizados y los celulares son una realidad indiscutible y el maestro debe incorporarlas al aula. Jean Carlos propone establecer vínculos entre el saber académico y las plataformas digitales; una actividad en clave de juego puede generar un impacto más profundo que una clase magistral. Por su parte, Sandoval reconoce que no ha tenido un contacto significativo con la pedagogía, y más que brindar soluciones, afirma estar dispuesto a escuchar, en especial a los profesores, que, según él mismo, “son los primeros en transmitir el amor por la palabra”. JT Brand no se separa de la línea que establece Jean Carlos, pero introduce una variante que será de gran interés: la representatividad.

Foto: William Rosero.
Francisco Maclanil ya lo señaló en un comentario a los poemas de Jean Carlos: la literatura que pone el foco sobre la realidad de las personas negras tiene la virtud de fortalecer la autoestima de la comunidad afro; en un mundo dominado por los discursos del norte global no hay espacio para los gustos, el imaginario y las coyunturas propias. Es aquí cuando el conversatorio deriva en la intervención del público. Fue evidente que todos querían aportar a la discusión de alguna manera. No tuvimos la oportunidad de quedarnos hasta el final, pues debíamos hacer un recorrido por toda la feria, pero sí logramos escuchar a un par de asistentes. Tal como lo señalamos en el párrafo anterior, la representatividad fue el eje principal de la charla. Una profesora de inglés, egresada de nuestra universidad —aunque haya estudiado Sociología— hizo énfasis en los retos que debe afrontar un profesor que trabaja con materiales que no fueron hechos para el público que tiene enfrente, y más si este público no ha recibido una educación que privilegie las condiciones de su propia historia. Qué sentido tiene enseñar el daily routine de un niño londinense que desayuna con Porridge, cuando nuestros estudiantes llegan al salón después de haber comido un huevo frito y un vaso de café, y eso en el mejor de los casos. Ya lo decía JT Brand, que como muchos de nosotros solía empezar sus mañanas viendo los cuentos de los hermanos Grimm, y que con el paso de los años experimentó la desilusión de no ver historias como la suya ahí en la pantalla. Ese fue el pistoletazo que lo indujo a escribir: contar lo que todavía no había sido contado, o que no gozaba del prestigio que tienen los relatos hegemónicos.
A eso de las diez y media salimos del edificio y enfilamos hacia el parque central Los Fundadores. La afluencia de estudiantes era, cuanto menos, apabullante, pero en el buen sentido de la palabra. No había mucho espacio para caminar. Entre cada stand mediaban solo algunos cuantos metros, lo que trajo problemas al momento de captar la atención de cada público, pues la cercanía provocó algunas interferencias a nivel de estímulos. Esto fue particularmente dificultoso para los stands de cuentería; los dos estaban provistos de bocinas, por lo que era natural que la onda de sonido alcanzara a ambos públicos, que a veces no sabían a dónde mirar. A esto se le suma el ruido ambiental, como el de vendedores ambulantes que vieron una ocasión para nada despreciable en la feria. Quizá este fuera uno de los mayores problemas a nivel logístico que experimentó el evento, además de la circulación de los asistentes, que a veces interrumpían el flujo de las presentaciones, como le ocurrió a uno de los colectivos artísticos que visitó el municipio. Con todo, es preciso señalar que ninguna de las presentaciones se detuvo por esto; los artistas trabajaron con sumo profesionalismo y encontraron soluciones a los retos del espacio.
La iniciativa de crear una feria del libro en Puerto Tejada viene de las manos del coordinador departamental de bibliotecas públicas Nelson González. La propuesta tuvo una buena acogida en las respectivas bibliotecas del municipio, la de Confacauca y la Gustavo Gonzáles Lerma. La primera edición fue celebrada a orillas del río Palo, en el malecón, inaugurado hace apenas unos tres años. La comunidad estudiantil respondió positivamente y se involucró de manera activa, así como también algunos habitantes de la vereda Yarumales. El espacio reducido impuso condiciones adversas que fueron debidamente anotadas y corregidas en esta segunda edición. No porque hubiera algunos contratiempos se debe afirmar que no hubo una evolución significativa. La segmentación en dos espacios contribuyó a reducir la estrechez y, pese a momentos puntuales, la dimensión del parque central permitió una repartición más inteligente de los eventos. La primera edición fue financiada por la Alcaldía y la caja de compensación de Confacauca. Esta vez, para felicidad de todos, aumentó en número de patrocinadores; además de los ya mencionados, también se sumaron la Casa de la Cultura, la empresa Familia e Imago Editorial, además de otros.
En el primer stand al que fuimos nos encontramos con Michell, un compañero del pregrado. Fue traído hasta aquí por la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, como parte de un programa de activación de estrategias en el área metropolitana, y en el marco de un proyecto que recibe el nombre de “Espacios no convencionales”. Junto a su equipo propusieron diversas estrategias para comunicar una idea de la oralidad y la escritura en verso, entre ellas el picnic literario, con un enfoque en la temática del patrimonio. Llevaron libros de todo tipo, incluso regalaron algunos sobre el barrio Obrero, el origen de la salsa o de barriografías inspiradas en la Independencia, ilustrados y en un formato amigable con lectores primerizos.
La iniciativa de crear una feria del libro en Puerto Tejada viene de las manos del coordinador departamental de bibliotecas públicas Nelson González. La propuesta tuvo una buena acogida en las respectivas bibliotecas del municipio, la de Confacauca y la Gustavo Gonzáles Lerma.
El primer día tuvieron la visita de niños de preescolar, al menos en su mayoría, y en el segundo de estudiantes de grados superiores. Como en todo, ellos también presentaron retos; más allá del clima lluvioso, no fue sino hasta el segundo día que lograron agenciarse un bafle y un micrófono con el cual aumentar su rango de alcance. También hubo dificultades para abordar la temática elegida, no porque el público fuera indiferente ni porque ellos lo hicieran mal, la fluctuación rápida de los grupos impedía iniciar procesos de mayor envergadura que habilitaran la discusión y el aprendizaje. A pesar de que no pudimos asistir a la segunda fecha, gracias a Michell recibimos la feliz noticia de que la profesora Silvia Valencia, también de nuestro pregrado, hizo acto de presencia en el lugar con su agrupación Cuento Cantao, e interactuó positivamente con los estudiantes.

Foto: William Rosero.
La cuentería estuvo en manos de dos colectivos, Coasi y Cocuyo Cantor. La cara visible del primero fue Andrés García, un estudiante de Univalle que participa de manera activa en el espacio del Perol, especialmente popular en la sede Meléndez, y que recibió la invitación por parte de este colectivo. La apuesta fue sencilla pero contundente: estimular la imaginación y combatir los formatos de internet, diseñados para enganchar rápido y soltar pronto. La inmediatez disminuye nuestra capacidad de atención, atrofia nuestra percepción del placer y obstaculiza la inmersión en otros mundos posibles. Las nuevas generaciones se han acostumbrado a una lógica de consumo más parecida a la depredación que a la absorción de propiedades. No se digiere nada, no hay dialogismo, solo un scroll infinito que termina por freírnos el cerebro. La cuentería, tal como la concibe Andrés, puede resistir a esto, y su democratización a través del fomento institucional prueba que hay otros medios de entretenimiento que no dañan la salud intelectual de la población.
Cocuyo Cantor es un colectivo liderado por dos mujeres sumamente talentosas. Ellas hacen todo por sí mismas, escriben sus propias historias, se encargan de la ilustración, componen canciones y diseñan el montaje. Son artistas integrales. Ellas fueron invitadas por la propia UDS Confacauca; alguien del equipo les seguía la pista y aprovechó la ocasión para traerlas al municipio. Se nota que saben hacer muy bien lo que hacen; captaban la atención de los niños fácilmente y supieron conservarla a lo largo de toda la actividad, pese a que ellas también se enfrentaron al problema de la circulación.
…la feria fue todo un éxito, más aún si se la compara con su predecesora. Fue más grande, más ambiciosa y de mayor calado. Los mismísimos profesores, con quienes pudimos intercambiar algunas palabras, destacaron el impacto positivo que esto deja en los estudiantes; el libro deja de verse como un objeto extraño e incómodo, que solo es fuente de aburrimiento y compromiso
En una zona apartada de las otras, dispuestas alrededor del Monumento a la Iguana, nos encontramos con La Casita de Bareque, que adopta este nombre de un famoso poema del poeta Héctor León, que también hizo presencia en el lugar; recitó el poema delante de los niños y los invitó a realizar un dibujo alusivo. La zona también sería el escenario del taller de escritura para niños —del mismo nombre que el recinto— que hubo a las nueve, diez y dos de la tarde. El otro, diseñado para adolescentes, de nombre “Mayúsculas que escriben”, se desarrolló en la biblioteca de la UDS Confacauca y en los mismos horarios. La Casita de Bareque estuvo administrada por Sandra Jiménez y Amparo Arará, que nos recibieron amistosamente y nos regalaron una copia del poema de Héctor León.
Del mismo modo, es preciso hablar de los emprendimientos locales que hicieron parte de la feria, como el de Danna Sánchez, una joven portejadeña que, a pesar de su corta edad, ya ha participado en otros eventos coordinados por la Alcaldía. Según lo que nos contó, además de hacer una buena venta, también hubo curiosos que le hicieron preguntas acerca de su procedencia o sobre el tiempo que lleva vendiendo obleas. También había un stand dedicado a la venta de libros, al que lamentablemente no pudimos visitar, pues interfería con nuestro horario.

Foto: William Rosero.
No pudimos estar presentes en ambas fechas, pero he aquí un pequeño resumen de los eventos que se celebraron el día 30 de abril: Foro de autores locales. Exposición literaria de escritores del territorio; Concierto infantil de los artistas Cuento Cantao; Show cuentería y canción de Cocuyo Cantor; un segundo ciclo de los mismos talleres de escritura creativa y la exhibición de Freestyle.
Pese a los inevitables problemas logísticos de todo proyecto de gran envergadura, podemos concluir que la feria fue todo un éxito, más aún si se la compara con su predecesora. Fue más grande, más ambiciosa y de mayor calado. Los mismísimos profesores, con quienes pudimos intercambiar algunas palabras, destacaron el impacto positivo que esto deja en los estudiantes; el libro deja de verse como un objeto extraño e incómodo, que solo es fuente de aburrimiento y compromiso. Las ferias devuelven el espíritu de juego que hay detrás de toda creación artística y alientan la curiosidad de quienes aún no han explorado otros caminos distintos a los convencionales. Existen razones para creer que, de continuar, esta feria seguirá creciendo, en tamaño e influencia, y podrá convocar a los talentos más representativos del norte del Cauca, algo que ya hace parcialmente. Puerto Tejada apuesta por un futuro distinto para las nuevas generaciones, y estas nuevas generaciones parecen decididas a levantar esa bandera.



