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Homenaje a Arnoldo Palacios en la Filbo

A propósito del centenario del escritor Arnoldo Palacios (Certegui, Chocó, 1924), y en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2024, el decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, profesor Darío Henao Restrepo, y el fotógrafo José Venancio Palacios García, sobrino del escritor, conversaron sobre la vida y obra de uno de los escritores e intelectuales afrocolombianos más importantes de la literatura colombiana.

Por: Redacción La Palabra

Arnoldo Palacios (1924 – 2004), escritor colombiano. Foto: Pablo Salgado.
Arnoldo Palacios (1924 – 2015), escritor colombiano.
Foto: Pablo Salgado.

Darío Henao Restrepo (DHR): La vida y obra de Arnoldo Palacios es muy importante para la cultura y literatura colombiana, pues desempeñó un papel muy importante. Tuvo un periplo de más de cincuenta años en Europa, desde donde ejerció una labor de divulgación de la literatura colombiana, y fungió como puente con muchos de los escritores e intelectuales, no solamente europeos, sino también africanos; una tarea muy importante para lo que se estaba forjando en los años cuarenta y cincuenta con la generación de Arnoldo y con todo el movimiento que él y Manuel Zapata Olivella, al igual que todos los intelectuales afro de provincia que estaban en Bogotá, iniciaron a principios de los años cuarenta. Yo creo que ahí está la gran importancia e influencia de Arnoldo Palacios como intelectual, como periodista y, principalmente, como escritor, como narrador.

 Empiezo pidiéndote, Venancio, que sitúes a Arnoldo Palacios en el campo intelectual que se estaba forjando con su llegada a Bogotá, esos primeros pasos que dio como escritor y como intelectual.

 José Venancio Palacios García (JVPG): Arnoldo llega a Bogotá en los años cuarenta a terminar su bachillerato y luego empieza a estudiar Derecho, pero abandona, precisamente, porque entra en el círculo intelectual que se dio alrededor del café El Automático, donde se reunían algunos intelectuales a conversar y a hacer esas tertulias que provocaron la estructuración de un pensamiento, y que, en Arnoldo en particular, se refleja en sus publicaciones para el semanario bado. Ese es el germen de su desarrollo, el cual se condensa en su novela Las estrellas son negras, publicada en 1949.

Recordemos que Arnoldo entrega el manuscrito a la editorial el 8 de abril de 1948, y al día siguiente, sucede el denominado Bogotazo, y el edificio donde se encontraba la editorial se quema y se pierde el manuscrito. Fue un golpe anímico muy duro para él. Manuel Zapata Olivella fue uno de los que los impulsó a que superara ese escollo y se pusiera a reescribirla, lo cual le toma dos semanas y consigue publicarla el año siguiente, en 1949.

Con el apoyo del político chocoano Diego Luís Córdoba, Arnoldo obtiene una beca para realizar estudios en Francia en los años cincuenta y sesenta, que creo yo, es el periodo más desconocido de Arnoldo en cuanto a la gestación de ese pensamiento anticolonial que se dio en el país galo.

DHR: Con respecto a lo que dices, el viaje de Arnoldo a Europa coincide con los movimientos anticolonialesy con la llegada de muchos intelectuales africanos que, ya desde antes de los años treinta, se habían planteado el tema de las negritudes, como es el caso, por ejemplo, de Léopold Sédar Senghor, Frantz Fanon y muchos otros intelectuales africanos que empiezan a encontrase con los intelectuales latinoamericanos, especialmente con los caribeños. Esa etapa es muy importante que la mencionemos porque va a ser decisiva en la formación de Arnoldo y en el papel de puente que desempeñó entre ese universo intelectual y nuestro país, que estaba muy alejado de todo lo que acontecía. Hablemos un poco de eso.

 JVPG: No solamente eran africanos; también había americanos allí, como por ejemplo Richard Wright y James Baldwin, quienes también fundamentaron el pensamiento que se estructuró en torno la defensa de los derechos civiles en Estados Unidos, que finalmente fue recogido por Martin Luther King, y que durante los años sesenta dio pie a todo ese movimiento afroamericano. Poe ejemplo, quisiera resaltar el papel del poeta Léopold Sédar Senghor, quien gestó la descolonización de Senegal, fue presidente de este país durante veinte años y fue muy amigo de Arnoldo; tanto así, que el hijo menor de Arnoldo se llama Leopoldo.

 DHR: En 1954 se hace una reunión en la Universidad de la Sorbona, en París, para pensar el tema del legado de África, de la diáspora, de lo que significa para el mundo. Uno de esos debates es el que plantea Dubois acerca de la ausencia de la inteligencia negra progresista, porque el Departamento de Estado de Estados Unidos promovieron a otros representantes que fueron los que más impidieron ciertas posiciones y declaraciones de ese congreso, y que después se va a realizar en Roma, en el cual estuvo Arnoldo.

Si se quiere (…) la obra pionera de la renovación estructural de la novela colombiana se llama ‘Las estrellas son negras’. Gabo, que era una esponja, la leyó, y seguramente, aprendió muchísimo. Arnoldo ya había leído a Joyce y logra que la historia suceda, también, en un solo día, como en ‘Ulises’, lo cual es absolutamente renovador en la literatura colombiana. Esa concentración temporal es un aporte técnico que nadie había hecho, y quien lo hace es Arnoldo Palacios en 1949.

Según me contó Arnoldo en Cali, Frantz Fanon estuvo también en Roma y ya tenía Los condenados de la tierra. Le mostró los originales a Arnoldo y estaba buscando cómo publicarlo. Después se realizó, en 1974, el Coloquio Negritudes y América Latina, convocado y organizado por Léopold Sédar Senghor con la Universidad Nacional de Dakar. Esto indica el grado de relacionamiento que tenía Arnoldo con esa inteligencia afro del mundo: los americanos, los caribeños, los africanos, los brasileños, etc. Entonces, fíjate cómo se van generando unas redes intelectuales que, en esa época, acá no se les daba importancia; pero hoy, en la valoración que se está haciendo de su papel y de la obra de hombres como Arnoldo, tiene una importancia capital. La amistad de Arnoldo con Manuel, en ese sentido, fue clave, porque Arnoldo ―varias veces me lo señaló Manuel― fue importante para el relacionamiento de Manuel con esos grupos intelectuales. Eso fue clave para ligarnos a una corriente intelectual poderosísima, como es la que se empieza a forjar en Europa, que ya venía alimentándose con movimientos como el Renacimiento de Harlem, que empieza desde los años veinte y treinta, cuando Manuel va a Nueva York, precisamente, buscando al poeta Langston Hughes. Hablemos un poco, específicamente, de Arnoldo en relación a este importante movimiento.

JVPG: Arnoldo se conecta y empieza a publicar en muchos medios franceses, y esas publicaciones empiezan a darle esa trascendencia como intelectual que provoca, por ejemplo, que se acerquen a él intelectuales africanos. Un día Arnoldo me contó la siguiente anécdota: él estaba sentado en una de estas conferencias, y se le acercaron algunos africanos hablándole en una lengua que él no entendía, y cuando él les contesta en francés, ellos le explicaron que, por su fisionomía, creían que era de Benín. Tiempo después, Arnoldo fue a Benín y encuentró que mucha de su arquitectura y muchas de las prácticas, como por ejemplo la minería artesanal, eran las mismas que él veía en Certegui [Chocó]. Entonces, es muy probable que, haciendo esa conexión con los esclavizados que venían del África, quizás se podría pensar que muchos venían de esa zona.

Darío Henao Restrepo y José Venancio Palacios García en la Filbo 2024. Foto: La Palabra.
Darío Henao Restrepo y José Venancio Palacios García en la Filbo 2024.
Foto: La Palabra.

DHR: La conexión con África va a tener una gran importancia para el campo intelectual colombiano. Quizás Arnoldo es uno de los primeros que va; después va Manuel y luego Delia [Zapata], y empieza a darse una presencia de nuestros escritores en África. Por ejemplo, si Manuel no va en 1974 a Dakar y no duerme en la Isla de Gorée, no se hubiese dado la epifanía que tuvo la noche cuando durmió en la fortaleza desde donde salían los esclavos, en la Puerta del No Retorno; ahí durmió, y en un duermevela, empezó a ver a sus ancestros pasar, y entendió que la novela que estaba escribiendo, que era Changó, el gran putas, tenía que ser contada desde esa perspectiva. Y eso es lo que uno encuentra en la novela. Él entendió el lugar desde el cual tenía que contar la historia: desde los propios esclavizados y sus ancestros, sus religiones, sus ideas y sus saberes. Esto ayuda a entender cómo intelectuales como Arnoldo y Manuel eran tan conscientes de que esa diáspora que había llegado aquí, no podía dejar de tener una profunda conexión con las regiones del África. Ese es, quizás, el gran aporte que ellos le dejan a la tradición afrocolombiana y al país. Volver ahora a rescatar las relaciones con África, sobre todo con la parte occidental, como lo ha hecho la vicepresidenta Francia Márquez, tiene, en buena medida, esa visión de la importancia que tenemos que darle a lo que llamamos la “tercera raíz de la nacionalidad colombiana”; es decir, tenemos que conocerla mejor, saber quiénes llegaron y cómo llegaron. Ya se están haciendo trabajos muy importantes al respecto.

Cambiando de tema, y para introducirnos un poco en Las estrellas son negras, hoy en día se ha teorizado mucho sobre las perspectivas afrocentradas, que es, otras palabras, hablar desde adentro, desde la propia tradición, desde las propias culturas, y Arnoldo empieza a lograrlo cuando escribe esta novela pionera en Colombia. Háblanos un poco de esto.

JVPG: Las estrellas son negras es una novela que tiene cuatro libros: “Hambre”, “Ira”, “Nive” y “La luz interior”. La novela empieza hablando de ese fenómeno que, a día de hoy, todavía existe en nuestra sociedad. Hace ya tres años vivimos un estallido social en el que muchos jóvenes manifestaron que en las ollas comunitarias fue donde pudieron comer tres veces al día. Es decir, el tema de denuncia social de la época ―años cuarenta― sigue vigente en muchas capas de nuestra sociedad.

Pocas autobiografías tienen la profundidad, la calidad humana y literaria, como ‘Buscando a mi madrededios’, de Arnoldo Palacios. Creo que es uno de los libros más hermosos que escritor colombiano alguno haya escrito sobre sí mismo, porque es un viaje al interior del Chocó y de su cultura; al interior de esos hombres y mujeres que luchan en ese territorio por su “madrededios”, por salir adelante. Es un homenaje al pueblo chocoano, es extraordinario.

Hay otro elemento importante de la novela, y es que narra un día en la vida del protagonista, lo cual tiene un profundo poder narrativo. La novela, pues, empieza con ese tema del hambre, con la desazón y el dolor de Irra, su personaje principal, un joven de 18 años, causadas por el hambre. Cuando comento la novela con niños, les pido que describamos el hambre porque es importante tener esa conexión con esa cruda realidad que empieza siendo fisiológica, como un ardor en el estómago, y asciende hasta nublar el juicio, al punto que a Irra le provoca alucinaciones y un deseo, por ejemplo, de matar al intendente, y después se traduce en ira.

Después tenemos el episodio de Nive, que es, digamos, el encuentro de Irra con el amor, con el primer deseo hacia una mujer, para, finalmente, terminar en el cuarto libro, “Luz interior”, que es esa reivindicación, ese deseo de superarse, de no quedarse en la precariedad que le provocó todo lo que narró en los capítulos anteriores, hasta poder conseguir una especie de redención.

Hay muchos críticos que dicen que esta novela es pornomiseria, y cierta intelectualidad colombiana rechaza a Arnoldo por eso, porque un escritor negro se atrevió a narrar el hambre. Aún hoy, esa intelectualidad sigue emitiendo esos conceptos sin leer la obra en profundidad; hablan de oídas y siguen reproduciendo ese tipo de comentarios.

DHR: Sí, eso es lo que los críticos llaman las interpretaciones congeladas. Se vuelven generales, se dicen y se repiten hasta el cansancio, sin haber leído los textos, y eso lo hemos visto en dos o tres artículos de prensa bastante desatinados en ese sentido. En Colombia, hay una tradición crítica impresionista de prensa que descalifica, con generalidades, las obras sin haberlas leído. Si dicen que Las estrellas son negras es pornomiseria, también se podría decir, por ejemplo, que El coronel no tiene quién le escriba también es pornomiseria, porque desde que empieza el relato, se narra que los protagonistas solo cuentan con las últimas cucharadas de café para seguir sobreviviendo, y cuando llegan al máximo desespero porque la pelea de gallos no va a funcionar, o porque no llega la carta de jubilación del coronel, este le hace la contestación más terrible a su mujer cuando le pregunta qué van a comer, respuesta que ustedes ya saben, y la cual fue cuestionada por la Academia de la Lengua Colombiana por considerarla una palabra vulgar y soez. O sea, en el fondo, la novela de García Márquez también es sobre el hambre; con otro tratamiento, en otro contexto, pero tiene una connotación que también está en Las estrellas son negras, y con mucha profundidad. Ese sería el primer argumento que desvirtuaría, por irresponsable y superficial, esa calificación que hicieron algunos críticos de la novela de Arnoldo, recientemente, por ejemplo, en la prensa colombiana; específicamente, un articulista del periódico El colombiano.

Lo segundo que quiero decir para reafirmar lo que estoy señalando sobre la poca lectura y la poca atención que se hace, ya en términos textuales y narrativos de las obras, es el tema técnico. Si se quiere, desde este punto de vista, la obra pionera de la renovación estructural de la novela colombiana se llama Las estrellas son negras. Gabo, que era una esponja, la leyó, y seguramente, aprendió muchísimo. Arnoldo ya había leído a Joyce y logra que la historia suceda, también, en un solo día, como en Ulises, lo cual es absolutamente renovador en la literatura colombiana. Esa concentración temporal es un aporte técnico que nadie había hecho, y quien lo hace es Arnoldo Palacios en 1949. El tratamiento del hambre tiene una perspectiva psicológica, a veces dostoievskiana, que tampoco lo ven los críticos porque no la han leído; no se toman el trabajo de situar textualmente lo que esa narrativa significa, porque estamos hablando de que se publica en 1949, y él la escribe en 1948. Si ustedes ven la narrativa colombiana de ese momento, está muy marcada por un molde realista-naturalista. Creo que el cambio que le hace Arnoldo a esa tradición es ese: desde el punto de vista técnico, desde el punto de vista del tratamiento del personaje, desde el punto de vista de la asimilación del lenguaje popular chocoano, lo cual logra con una capacidad y una belleza literaria extraordinaria. Entonces, pues, creo que esas críticas hay que replantearlas.

Hablemos un poco, Venancio, de Buscando a mi madredediós.

Foto: Seix Barral.
Foto: Seix Barral.

JVPG: Buscando a mi madredediós es una autobiografía que escribió Arnoldo ya bastante mayor, creo que superados los setenta años de edad. Aquí hay ya un primer rasgo de admirar, y es el prodigio de su memoria, porque empieza a contar sus recuerdos, incluso desde cuando era muy niño. Recordemos que Arnoldo sufrió de poliomielitis, lo cual le impedía caminar, y tuvo que permanecer en la casa rodeado de todos los cuidados que la familia le profesó. En este libro habla, por ejemplo, de esas prácticas de medicina natural que le aplicaron, y que aún, a día de hoy, tenemos en Certegui. Es un libro que habla de la memoria, del mundo mágico-religioso. Escribe, por ejemplo, qué significa el Señor Ecce Homo para los chocoanos.

En cuanto al título, la expresión madredediós es una expresión chocoana que hace alusión a cuando una persona, en el contexto de la minería artesanal, sale a buscar la pepita de oro que le va a dar el sustento por los próximos días. Entonces, “buscar mi madredediós” es eso, es salir a buscar el sustento del día a día. El libro habla, también, de las anécdotas que le contaban sus tíos, su familia.

DHR: Pocas autobiografías tienen la profundidad, la calidad humana y literaria, como esta de Arnoldo Palacios. Creo que es uno de los libros más hermosos que escritor colombiano alguno haya escrito sobre sí mismo, porque es un viaje al interior del Chocó y de su cultura; al interior de esos hombres y mujeres que luchan en ese territorio por su madredediós, por salir adelante. Es un homenaje al pueblo chocoano, es extraordinario.

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