Perfil

Hace un siglo nació el creador del vallenato: ‘El Jilguero de la Sierra’

Yo quiero decirte adiós mi vida 

Por: Edgard Collazos Córdoba

Guillermo de Jesús Buitrago Henríquez (1920 – 1949), conocido como “El Jilguero de la Sierra Nevada de Santa Marta”, fue un compositor, músico y cantante colombiano.
Foto: vocesdelabahia.blogspot.com

Dicen que murió a causa de la tuberculosis que por esos días corría haciendo estragos por el litoral Caribe. Otros afirman que murió agotado de trajinar los pueblos de la costa, tocando y cantando acompañado de su guitarra bohemia y hay quienes dicen que lo envenenaron. 

Uno se pregunta, ¿por qué hacerle daño a quien solo prodigaba alegría, alguien que con su música descifró el ritmo de su tierra, renovando el folklor de la costa? La gente del Magdalena Grande, sus paisanos de Ciénaga, donde nació, negando la versión del crimen, coinciden en afirmar su naturaleza amistosa y jovial que rehuía las discordias.  

Antes de ir a Barranquilla y ser un suceso musical en la Emisora Atlántico, inició sus correrías y lo vieron cantando en Fundación, Villanueva, Urubita, la Pava, Valledupar y los pueblos que la brisa del mar recorre desde el nororiente del Caribe Colombiano, donde distintamente lo llamaban: el trovador del Magdalena; el jilguero de la Sierra Nevada; el mono cantor y pocas veces Guillermo Buitrago Enríquez, el hombre que con su guitarra y su voz cariñosa creó el Vallenato, el género musical más representativo de Colombia que con los años se extendería por todo el continente americano. 

Era hijo Roberto de Jesús Buitrago Muñoz, un comerciante marinillo llegado a Ciénaga, donde conoció a la hermosa cienaguera Teresa Mercedes Enríquez. El matrimonio duró lo que duran los proyectos de un paisa andariego. De esa unión nació el inspirado Guillermo Buitrago, a quien los dioses le dieron todos los dones, el primero de abril de 1920, quien muy pronto se convertiría en el artista más importante de la música costeña. 

En su infancia, para ayudar con los escasos recursos de la familia abandonada, trabajó en la elaboración de pólvora, y en las noches, aprendió a tocar el tiple, tal vez un instrumento olvidado por el marinillo y luego, ensayando, sin que nadie le enseñara, practicó en la guitarra que un novio de la hermana dejaba después de las visititas.

 En un comienzo las raíces antioqueñas lo arrastraron a interpretar boleros, valses, tangos y rancheras, cantos que lo llevaron a visitar Manaure, Valledupar, la Paz, Villa Nueva, Urubita y los demás pueblos del Magdalena Grande, donde en amistad con los juglares y trovadores aprendió a escribir poemas y canciones. Los historiadores del Magdalena aseguran que en sus correrías visitó la provincia de Padilla y que fue ahí donde encontró la base de su propuesta musical, y donde bajo en el influjo de su sangre Caribe, se dio a la tarea de reunir puyas, merengues, sones, cantos dispersos en las regiones, renovando el folclor y dándolo a conocer en el interior del país.  

Era hijo Roberto de Jesús Buitrago Muñoz, un comerciante marinillo llegado a Ciénaga, donde conoció a la hermosa cienaguera Teresa Mercedes Enríquez. El matrimonio duró lo que duran los proyectos de un paisa andariego. De esa unión nació el inspirado Guillermo Buitrago, a quien los dioses le dieron todos los dones, el primero de abril de 1920, quien muy pronto se convertiría en el artista más importante de la música costeña.

En busca de un efecto diferente, junto a Julio Bovea, un amigo músico y panadero, eliminaron el sonido continuado de las maracas y las remplazaron por el acompasado de la guacharaca, dándole a la voz de Buitrago un espacio para que se destacara su acento dulce, la dulzura que el Caribe no conocía, un acento que le quedaba de las montañas antioqueñas y seguramente del recuerdo del tono del marinillo y que, con el acompañamiento de los tonos mayores de la guitarra y el ritmo sabroso de los costeños, detonó en el mejor arte musical popular de nuestro país. Con esa música iban de fiesta en fiesta y a decir de Bovea, cada parranda era una canción, porque entre tantos dones que tuvo Buitrago, fue el de ser un connotado repentista.  

Los primeros que tuvieron el privilegio de escuchar los cantos de este artista parrandero sospecharon que las navidades de nuestro país ya no tendrían el acompañamiento de los villancicos europeos con los que por más de dos siglos nuestros antepasados celebraron las navidades, porque esta nueva música irrumpía desde muy adentro de nuestro ser, el dejo misterioso de la voz de Buitrago irrumpía suave desde la alegría represada por las penurias de nuestra historia, una música con el don de descifrar nuestra tristeza y nuestra alegría como de verdad la siente el alma de los colombianos, y entonces cantó con su inimitable estilo una composición de Tobías Enrique Pumarejo, o don Tobías como le llaman sus paisanos. 

La víspera de año nuevo
estando la noche serena
mi familia quedó con el duelo
yo gozando a mi morena

la grabó acompañado del grupo, Los trovadores de Barú. Todo en su canto es sentimiento, todo es territorio, frontera, humildad, grandeza y folklore, pues la unidad de su guitarra, el énfasis suave de su palabra y sus frases medio andinas y costeñas son un sortilegio encantado qGuillermo de Jesús Buitrago Henríquezue entusiasma, y hace que todo aquel que repita sus canciones, sienta que desea “pegar un grito vagabundo”, “porque sus tonadas componen el día de hoy y el de mañana.  

Los primeros que tuvieron el privilegio de escuchar los cantos de este artista parrandero sospecharon que las navidades de nuestro país ya no tendrían el acompañamiento de los villancicos europeos con los que por más de dos siglos nuestros antepasados celebraron las navidades…

Como juglar, le cantó a todo lo que veía: a una araña peluda, a su amigo Eliodoro Miranda, al Ron de Vinola, a la belleza de las mujeres cienagueras. Cantó en una época cuando el vallenato no existía y el canto no se acompañaba con acordeón, era la guitarra puntera el instrumento encargado de hacer largas melodías. Era la época de Abel Antonino Villa y Luis Enrique Martínez, época de cultura y bonanza económica, eran los días de las bananeras.

Dicen que antes de acariciar la fama, existía en Barranquilla una cafetería llamada la Almendra Musical, y que fue Julio Medina Vizcaíno, el gerente para todo el Magdalena, quien construyó una tarima en la cafetería y presentó en público por primera vez a Buitrago, logrando un éxito tan avasallador que ningún artista de esa región ha conocido, porque hacía varias generaciones la gente estaba esperando esa tesitura, esa expresión del verdadero Caribe. Desde ese momento su público iba donde él se presentaba, si visitaba un bar, la gente hacia corrillo para verlo, lo paraban en la calle, los niños lo imitaban cuando pasaba, buscando que el jilguero los saludara, las mujeres querían ver sus brillantes ojos azules, acariciarlo, y escucharle y bastaba que un nuevo tema sonara en las emisoras, para que el pueblo entero lo aprendiera y lo cantara en las fiestas de familia.

De izquierda a derecha: Ángel Fontanilla, ‘Toño’ Fuentes, Guillermo Buitrago, Carlos ‘el Mocho’ Rubio mostrando su antebrazo izquierdo cercenado, y en el centro Miguel Ángel Araque Bolaños. / Archivo Particular
Foto: Picasa. Tomada de El Espectador.

Así fue como en tan corto tiempo se constituyó en el artista más representativo del Magdalena y luego el de un país entero, al punto de que se dice que si Buitrago no hubiera muerto el ritmo no se llamaría vallenato, que el verdadero nombre tenía que ser música cienaguera.

Pero no todo fue composición, Buitrago sacó del anonimato a don Tobías Enrique Pumarejo grabándole Muchacha Patillanera; a Abel Antonio Villa le grabó Cinco noches de velorio; a Emiliano Zuleta la Gota fría, y varias canciones a Rafael Escalona cuando aún este no saboreaba las mieles del éxito, y que tan mal le pagó, llegándo a decir a García Márquez que Buitrago le había plagiado.  Así que su actividad fue prolífica, en solo cinco años que duró su creación músical, llegó a grabar cerca de sesenta temas de un género popular que se extendió por todos los rincones del continente. 

Murió en 1940, había cumplido veintinueve años, de los cuales cinco estuvo inspirado por las musas y que le bastaron para imponer el inicio de un género musical que a lo largo del siglo XX se extendió por todos los rincones de la geografía, pues en los pueblos y ciudades del Caribe nadie se atreve a contradecir que es el creador del vallenato. 

Old Pridence, abril de 1983

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