Gustavo Tatis: breve perfil de un escritor
Por: Mateo Fajardo
Licenciado en Literatura, Univalle

Foto: Héctor Garrido.
Con la progresiva especialización de los saberes pareció suscribirse un acuerdo tácito en los dominios del arte que determinaba la aplicación única e incondicional por parte del artista a una sola realidad expresiva, a una específica profesión. Por eso resultan inusuales aquellas figuras que procuran abrazar la totalidad, que transitan diversas avenidas en el trasiego permanente de la actividad creativa. Un ejemplo vivo es el escritor Gustavo Tatis Guerra, de Sahagún, Córdoba (1961). Su vida ha transcurrido entre el río y el mar. Entre el Sinú y el mar de Cartagena de Indias, donde vive desde hace cuatro décadas. Ha ejercido la narrativa, la poesía y el periodismo, ámbito este último en el que ha sido galardonado por su reportaje sobre Gabriel García Márquez en la “Serie de ediciones monográficas sobre artistas nacionales y universales”, del periódico El Universal, con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1992; por Alejandro Obregón: delirio de luz y sombra (Planeta, 2020), y por Lucho Bermúdez: el genio prende la vela (Intermedio Editores, 2021), con el Premio del Círculo de Periodistas de Bogotá, 2022. En 2020 su libro de encuentros con García Márquez y su familia, titulado La flor amarilla del prestidigitador, fue finalista en el Premio Nacional de Narrativa de Biblioteca Colombiana. Toda su obra poética la ha reunido en el libro La tribu de los deseos, que contiene los poemarios: Conjuros del navegante (1988), El edén encendido (1994), Con el perdón de los pájaros (1996), He venido a ver las nubes (2008) y Evangelio del viento (2008). Su obra poética ha sido traducida al árabe, chino, alemán y portugués, entre otras lenguas, y figura en varias antologías como Panorama de la poesía colombiana (1997), Poesía Contemporánea de Colombia y México (2011), Biblioteca Nacional de Colombia (2020), entre otras. Pero “escribir muchas veces abruma, entonces el color es una especie de bálsamo. Una compensación. Y cuando entro al color, entro a la palabra, sin intenciones de ser un perfeccionista del dibujo”, comenta el maestro Tatis para El Universal, en referencia a la última exposición de su obra pictórica. Es cronista del periódico El Universal desde 1984. A continuación, la entrevista de La Palabra al escritor colombiano.
“Creo que esa idea de que García Márquez opacó a otros escritores del Caribe y del resto de Colombia, es una idea errática, inconsistente y sin fundamento. La grandeza de una obra literaria es como el árbol iluminado de un bosque, pero ningún árbol, por muy gigantesco que sea, oscurecerá al bosque”
La Palabra (L.P.): ¿Cómo contar el origen de su profesión de escritor?
Gustavo Tatis (G.T.): La vocación por el periodismo y la literatura como mi curiosidad por las artes en general empezó desde niño, en una casa donde Honorio, mi padre, escribía cuadernos de sonetos personalizados a mujeres que conocía y expresaba sus afectos, entre ellas a Yola, mi madre, a la que hizo el cuaderno mayor de su veneración poética. Pero también le hizo un libro de sonetos a Adelma, su madre, mi abuela. Mi padre era un hombre de veras muy singular. Estudió Derecho en la Universidad de Cartagena, era un lector voraz de la literatura rusa, francesa e inglesa y también de la literatura latinoamericana y colombiana. Aprendió a coser y empastar sus propios libros, a guardar periódicos con noticias impactantes y a coleccionar las singularidades de Robert Ripley, Aunque usted no lo crea, y aprendió oficios diversos: a tejer y empajar mecedoras mompoxinas, a injertar mangos de diversas especies y explorar plantas medicinales, a dibujar y a interpretar boleros y danzones, y a estudiar magia por correspondencia. Mi madre, por su parte, ha sido el contrapunto suyo, fue su polo a tierra: un temperamento pragmático, el orden de la familia y el destino de sus siete hijos y de toda la tribu. Allí empezó todo. Mi pasión por leer y mi vocación por la escritura.

L.P.: ¿Cuáles fueron las principales motivaciones que lo encaminaron a este oficio?
G.T.: Las primeras motivaciones de lector comenzaron en casa, como ya dije, cuando mi padre me entregó libros como El Quijote, de Cervantes; Hamlet,de William Shakespeare; María, de Jorge Isaacs; La vorágine, de José Eustasio Rivera; Carta al padre, de Franz Kafka; Los hermanos Karamazov, de Dostoievski; Los miserables, de Víctor Hugo; Los diálogos, de Platón, etc. Y aquella colección literaria colombiana promovida por Colcultura y liderada por el poeta piedracelista Jorge Rojas, que constaba de 156 libros. Y mi padre era feliz comprando cada libro que salía. Allí leí La casa grande, de Álvaro Cepeda Samudio, y simultáneamente conocí la obra de Gabriel García Márquez. De esa primera motivación de lector pasé a la pasión de escribir. Sentí el estímulo y la alegría de mi padre cuando escribí el primer poema a los 11 años.
L.P.: En 1992 obtuvo el Premio Simón Bolívar por un trabajo sobre Gabriel García Márquez. ¿Qué opina de la figura del Premio Nobel de Literatura y la idea de que él opacó a muchos excelentes escritores del Caribe colombiano?
G.T.: Creo que esa idea de que García Márquez opacó a otros escritores del Caribe y del resto de Colombia, es una idea errática, inconsistente y sin fundamento. La grandeza de una obra literaria es como el árbol iluminado de un bosque, pero ningún árbol, por muy gigantesco que sea, oscurecerá al bosque. Sus destellos pueden iluminar senderos en la región, la nación y el mundo, pero el bosque crece con nuevas semillas y árboles. Creo que la reflexión de que una obra tenga más o menos irradiación que otras, no tiene origen en un autor, sino en factores que rebasan la misma creación literaria y la circulación o distribución de una obra emblemática. No podemos culpar a García Márquez de que la obra gigantesca y genial de otros autores contemporáneos suyos como Álvaro Cepeda Samudio o Héctor Rojas Herazo no hayan tenido la misma irradiación. Creo que hay obras que esperan su propio tiempo de reconocimiento y valoración de sus lectores. El caso de Rojas Herazo es el más singular, porque hizo novelas como Respirando el verano, En noviembre llega el arzobispo y Celia se pudre, que son aportes universales junto a la obra de García Márquez. Ningún autor compite sino consigo mismo. Hay unos que además de excelentes no tienen el mismo impacto, y hay otros no tan magistrales que tienen una suerte mejor. Eso es relativo, pero el tiempo pone todo en su sitio. Más allá de los fuegos artificiales que iluminan el mar de la noche, viene el sosiego legítimo de las estrellas perdurables. Creo además que con García Márquez ocurrió un fenómeno excepcional: los que quisieron imitarlos fueron los que perdieron el tiempo y se sintieron opacados por su auténtica grandeza. Ninguna vida alcanza para imitar a nadie. El mismo García Márquez dijo alguna vez que su mayor influencia era él mismo.
“…las historias están dentro de uno, muy cerca, en la casa, en la vecindad, en el barrio, en la ciudad, en la familia y en la comunidad, y son las mismas historias las que salen a buscarlo a uno para que las cuente”
L.P.: ¿Qué anécdotas le parecen significativas en su carrera de escritor?
G.T.: Tengo muchísimas. Una, la de haber podido entrevistar a Umberto Eco en Cartagena, negándose en tres oportunidades, hasta que el mismo García Márquez, delante de mí, le tocó el hombro al escritor y le dijo: “Déjate entrevistar de él”. Un episodio conmovedor en mi vida fue la llegada de una niña de Costa Rica que llegó a Cartagena a conocer al autor de Alejandro vino a salvar los peces. Se había obsesionado no solo con mi cuento, sino que además quería hacerse una foto con el autor y con el protagonista del cuento, que es mi propio hijo Alejandro. Y, además, no quería irse de Cartagena hasta que llovieran peces como en el cuento.
L.P.: ¿Cómo relatar su vida cotidiana en cuanto al ejercicio de su escritura?
G.T.: A veces uno cree salir a buscar historias para sus ficciones, pero la vida misma y la realidad compiten con la más grande de las ficciones. Y las historias están dentro de uno, muy cerca, en la casa, en la vecindad, en el barrio, en la ciudad, en la familia y en la comunidad, y son las mismas historias las que salen a buscarlo a uno para que las cuente.

L.P.: ¿Qué proyectos literarios se encuentra realizando o planificando?
G.T.: Muchos proyectos, pero en especial, un libro de poemas total que reunirá mi obra poética desde 1988 hasta el presente, y que seguiré llamando La tribu de los deseos. Una serie de cuentos que vengo escribiendo hace muchísimos años que narran historias del Sinú y mi llegada a Cartagena. Y una novela que he escrito durante los días del confinamiento, en los intervalos de la edición final de mis biografías Alejandro Obregón: delirio de luz y sombra(Planeta, 2020), Lucho Bermúdez: el genio prende la vela (Intermedio Editores, 2021) y mi novela infantil Michelín no es una gata cualquiera (Panamericana, 2021). Ninguno de esos tres libros se escribió en el tiempo de la pandemia, venían escribiéndose desde hacía muchos años. El de Obregón se terminó en la pandemia, el de Lucho Bermúdez estaba culminado en 2017 y agregué cien páginas más en 2021. La novela infantil la venía escribiendo desde 2017 y le había hecho varias versiones.



