Gerardo Valencia Cano: el blanco más querido por los negros
En su libro Un profeta invisibilizado, el historiador y profesor de la Universidad del Valle Antonio Echeverry, se propone entender la importancia social, eclesial y religiosa de Monseñor Gerardo Valencia Cano y su adhesión a los movimientos teológicos que inundaron el continente americano, a propósito del centenario de su nacimiento. El autor visitó La Palabra, nos habló de su libro y de quien considera el prelado más importante del siglo XX.
Por: Daniel Zapata Villa
Licenciado en Literatura

Si bien monseñor Gerardo Valencia Cano no fue un hombre teórico, pasó por varios estamentos del conocimiento siempre a la luz de sus inquietudes sociales y desde el punto de vista de la Iglesia. Parece que al final tuvo un contacto con el marxismo. ¿Por qué se dio esto?
La figura de monseñor Gerardo Valencia Cano es un poco atípica, especial. Fue un paisa menudito, chiquito, tímido, socializaba poco, tenía unas gafas más grandes que su cabeza, leal a sus principios. Un típico paisa de Santo Domingo, Antioquia. Estudió con los Misioneros Javerianos de Yarumal, instituto fundado por monseñor Miguel Ángel Builes, el de la mitra azul, conservador por excelencia, su gran referente y con quien tuvo una muy buena relación. Uno se pregunta cómo fue posible que un hombre con una posición tan de avanzada como la tuvo Valencia, haya sido tan cercano a Builes, un conservador que condenaba y excomulgaba liberales.
Valencia fue un hombre de gran vocación misionera que descubrió cuando se fue involucrando en el mundo de los pobres, de los indios del Mitú y del Vaupés, y posteriormente en el mundo de los negros de Buenaventura. Si bien los pobres le enseñaron a leer el Evangelio, al concientizarse de sus apremiantes penurias, vio la necesidad de anunciar una palabra distinta a las escrituras.
Inicialmente se adscribió al socialismo entendiéndolo como una doctrina cristiana: incorporó la realidad del mundo a su fe y desde allí hizo el acompañamiento a la gente. Terminó como un hombre de izquierda comprometido con las causas sociales de los bonaverenses, pero absolutamente contrario a las corrientes socialistas en boga del momento. Fue un socialista cristiano, si cabe la denominación.
¿Gerardo Valencia realizó estudios teóricos?
Sí. Estudió algunas cosas de sociología porque vio la necesidad de transformación social. El pensamiento de Fals Borda y Camilo Torres, con los que tuvo alguna cercanía, tuvieron cierta fuerza en él. Si bien rechaza la opción final de Camilo, entendió su sociología y estudió el principio de la acción participativa, que incluso no surge con Fals Borda sino con Torres. Por sobre todo, Gerardo Valencia tuvo un interés por el aspecto educativo. Estudió mucha sociología de la educación y planteó, a partir de allí, todo un plan estratégico de la educación en Buenaventura. Se convierte en un estudioso de algunos temas desde perspectivas progresistas porque las necesidades mismas se lo exigieron, no por iniciativa intelectual propia.
En el libro usted escoge una continuidad lineal para contar la historia, hace una biografía hasta que llega a Buenaventura, momento crucial para Valencia Cano. ¿Qué es lo que él ve ahí diferente a lo que ve, por ejemplo, en el Putumayo?
La experiencia de Buenaventura es muy triste debido a la endémica corrupción que encuentra. Yo creo que la diferencia está en el Concilio de Vaticano II. Él participó en todas sus sesiones y eso lo transformó. Antes de eso él era un conservador con un afán misionero muy grande, pero muy conservador, tradicional, y el Concilio lo transformó. Yo creo que eso fue lo que no pasó en el Putumayo, que es preconciliar, mientras que la experiencia en Buenaventura es postconciliar, y eso lo hace cambiar a él.
¿El Evangelio es el arma de la Teología de la liberación?
Sí, pero el Evangelio acompañado de algo que para mí es la gran novedad del texto: él desarrolla una espiritualidad en torno a la figura del padre Charles de Foucauld, sacerdote francés que funda una orden religiosa antes de finalizar la primera mitad del siglo XX llamada Los hermanos del evangelio, que se caracteriza por asumir una pobreza supremamente radical. Hay una oración central que rezan todos los hermanos a nivel mundial que es La oración del abandono, que refleja una actitud del creyente de abandonarse a la voluntad del padre. Entonces yo creo que lo que lo pone a él en sintonía con su misión es ese repetirse constantemente la oración, porque es una oración en la que él se compromete todos los días a que sus actos obedezcan la voluntad de Dios en los asuntos concretos, y él actúa de acuerdo a eso.
Si bien los pobres le enseñaron a leer el Evangelio, al concientizarse de sus apremiantes penurias, Valencia Cano vio la necesidad de anunciar una palabra distinta a las escrituras. Inicialmente se adscribió al socialismo entendiéndolo como una doctrina cristiana: incorporó la realidad del mundo a su fe y desde allí hizo el acompañamiento a la gente
Es una fidelidad muy fuerte. Obviamente eso está atravesado por el Evangelio, pero a la luz de la espiritualidad de esa oración.
¿Por qué cree que nunca se lanzó a la política?
Porque su fidelidad era con el Evangelio, con el servicio a la gente. Yo creo que él pasa por esa perspectiva foucauldiana del poder pastoral concebido como la capacidad de escuchar y servir al otro. No entendió el poder de otra forma.
Una de las cosas que considero más importantes de Valencia Cano es que fue un blanco querido en Buenaventura, por no decir el único, al punto que su antecesor, quien fue un cura negro de apellido Zambrano, el único que había, no fue tan querido, aun siendo negro. Esto se debió a que fue muy cercano a la gente y por su estrategia educativa
¿Qué tan conectado estuvo con los movimientos latinoamericanos de la Teología de la liberación de la época?
Gerardo Valencia Cano creó la Oficina de Misiones del Celan y planteó toda la estrategia de misiones a partir del Concilio; lo que hace es adecuarlo desde la lógica de las misiones y crea tres grandes encuentros en América Latina: uno en Ecuador, otro en Caracas y el otro en Bogotá. En esos encuentros, por supuesto, participaron todos los grandes obispos de México, Riobamba, Catalunya, Brasil, etc. Funda esa oficina de misiones y mantiene un permanente contacto sobre todo con los obispos misioneros que están en zonas que no son diócesis o catedrales de las grandes ciudades. La gran mayoría de ellos están inscritos en la Teología de la liberación, pero su gran aporte fue la creación del Movimiento Golconda. Aunque algunos historiadores insisten en que su papel fue figurativo e intrascendente, pues no fue un gran teólogo, yo creo que el que le dio el soporte a Golconda fue él, al punto que el último encuentro se hizo en Buenaventura, y cuando muere en 1972, se acaba Golconda.
Viendo la actualidad del Pacífico y los acontecimientos de los últimos paros, hay un común denominador: la participación de miembros de la Iglesia. ¿Ve en la labor pastoral de monseñor Valencia Cano un gran antecedente de estos procesos en los que se anima a la población civil a luchar por sus derechos? ¿Qué piensa de esta relación?
Una de las cosas que considero más importantes de Valencia Cano es que fue un blanco querido en Buenaventura, por no decir el único, al punto que su antecesor, quien fue un cura negro de apellido Zambrano, el único que había, no fue tan querido, aun siendo negro. Esto se debió a que fue muy cercano a la gente y por su estrategia educativa; creó, por ejemplo, a las afueras de la ciudad, el Instituto Matías Mulumba, algo muy novedoso, al que asistieron todos los líderes de los ríos a estudiar. Y como tenía la obsesión de que no se desplazaran para garantizar que volvieran a sus sitios de origen, creó todas las condiciones lo más parecidas posibles a las que tenían en los ríos: las casas de palafito y los fogones de leña, por ejemplo. Él tenía un proyecto educativo muy claro y eso hizo que su presencia en Buenaventura se hubiera logrado extender aun después de su muerte. Los colegios tenían juntas administradoras que crearon grupos de apoyo en torno al proyecto educativo junto con la Universidad del Pacífico, con el Instituto Tecnológico Matías Mulumba y con las guarderías. Él creó organizaciones de base popular, cosa que no se ha visibilizado lo suficiente, pero que están detrás de toda esta conciencia por la defensa de los derechos que vemos en la actualidad en Buenaventura. Ese es su legado.

¿Por qué invisibilizado?
En Colombia hay un historiador que se llama Ricardo Arias, quien recoge todas las biografías de todos los prelados en Colombia, y a Gerardo Valencia Cano, el más importante en la historia del siglo XX, solo le dedica un renglón. Es más: hoy le preguntas a la gente quién fue Valencia Cano y no saben.
Háblenos de la línea de investigación en la que ha venido trabajando.
Yo llegué a la Universidad del Valle en el 2004 a un Departamento de Historia supremamente interesante porque tenía mucho renombre y prestigio nacional, pero en el que los estudios de asuntos culturales y religiosos no existían. Inexplicablemente daban historia colonial y medieval, pero sin hablar de la Iglesia. Yo llegué con esta línea y tuvo mucha acogida. Hoy tenemos un grupo de investigación consolidado, reconocido y bien escalafoneado, y también un seminario permanente hace cuatro años, algo único en todo el departamento. Ya tenemos estudiantes de maestría y doctorado. Es una línea creciente. Empecé estudiando el siglo XVI y ahora estoy trabajando sobre todo el siglo XX. Hay una buena parte de estudiantes que está trabajando en el siglo XVIII y XIX. Creo que es una línea que va a dar mucho en el futuro inmediato porque se ha ido consolidando. En doce años el resultado ha sido bueno.
Valencia Cano creó organizaciones de base popular, cosa que no se ha visibilizado lo suficiente, pero que están detrás de toda esta conciencia por la defensa de los derechos que vemos en la actualidad en Buenaventura. Ese es su legado
¿Qué libro está escribiendo en la actualidad?
Estoy escribiendo un libro sobre Camilo Torres, de quien se ha escrito mucho, pero casi nada sirve para nada, salvo dos o tres libros buenos.



