Feminismo, literatura y periodismo en el Oiga, Mire, Lea
El conversatorio titulado “Una mirada al feminismo desde la literatura y el periodismo” reunió a tres grandes voces femeninas: Dolores Reyes, María Fernanda Ampuero y Lydia Cacho. En este diálogo se exploró la intersección entre el feminismo, la literatura y el periodismo, y cómo estos visibilizan la violencia estructural contra las mujeres.
Por: Karen Maryury Erazo Álvarez
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Las tres escritoras hablaron sobre el feminismo en sus obras y la perspectiva crítica que han tomado desde sus campos profesionales. El gran salón con cielo de estrellas de la Biblioteca Departamental se llenó completamente, y todos miraban al frente con gran atención cuando la conversación empezó con una pregunta por parte de Gloria Susana Esquivel, encargada de dirigir la conversación.
Fue a raíz de eso que María Fernanda Ampuero, escritora ecuatoriana, cuestionó las razones que llevan a alguien a dañar a una niña con comentarios despectivos por características físicas como su peso o su tipo cabello. Enfatizó con esta pregunta en las formas arbitrarias y crueles como los cuerpos de las mujeres son juzgados y violentados desde una edad muy vulnerable, si no se ajustan a los estándares de belleza hegemónicos impuestos por la sociedad. Este daño no solo hace presencia de forma física, sino también psicológica y emocional, afectando a la autoestima, la confianza y el desarrollo integral de las niñas.
Dichos estándares no se mantienen en un ámbito social; al contrario, traspasan barreras familiares. Ampuero mencionó el rechazo y la presión que ha vivido por parte de su familia, debido a que su cuerpo no se encuentra dentro de lo considerado “atractivo”, insistiendo en su deber de cambiarlo para agradar visualmente, dejando de lado su éxito como escritora y restando importancia a sus logros intelectuales. Esto pone en evidencia la influencia del patriarcado en valorar a las mujeres en mayor medida por su cuerpo, en detrimento de su potencial y talento. Así que nos invitó a divorciarnos de nuestras familias, si es necesario, para nuestra tranquilidad, invitación que hizo que los presentes rieran y el ambiente se tornara divertido.
Después de dicha intervención, Lydia Cacho, reconocida periodista mexicana, mencionó que, más allá de los estándares físicos, también hay una presión constante sobre los roles que debe adoptar una mujer en la sociedad, destinados a controlar la libertad femenina. Hizo referencia a expectativas sociales rígidas sobre cómo debe comportarse, vestirse y sentirse una mujer.
Este conversatorio dejó en claro que el periodismo y la literatura se pueden usar como herramientas para alzar la voz, y nos invita a cuestionar los estigmas sociales para replantear los argumentos culturales. Así mismo, para denunciar y visibilizar las diferentes dimensiones de la violencia de género y promover, a través de la narrativa, la dignidad de las mujeres víctimas y sobrevivientes en un entorno de invisibilidad e impunidad.
Mencionó su experiencia cercana con la violencia enfrentando amenazas y torturas psicológicas y físicas, como el secuestro por parte de Mario Marín, exgobernador mexicano, después de destapar una red de trata infantil en un intento de callar su voz y silenciar su investigación. Su afirmación de que lo sufrido en ese lapso de tiempo no la define como persona ni reduce su identidad a este suceso, es una gran declaración de resistencia contra la estigmatización que suelen sufrir las mujeres después de estas experiencias, haciendo que la víctima se sienta repudiada de sí misma. Lydia mantiene la dignidad y la lucha frente a los intentos de reducirla a ser una mera víctima. Una muestra de cómo la sociedad dictamina la manera de comportarse, incluso si buscas redimirte después de una vivencia desagradable.
Dolores Reyes, escritora argentina, nos habló de su primer trabajo literario, Cometierra, una novela en la que crea un personaje femenino portador de un don sobrenatural: comunicarse a través de visiones con personas muertas o desaparecidas al comer tierra de los lugares donde estuvieron. Debido a este don es solicitada para encontrar a sus familiares en un contexto marcado por la violencia y los feminicidios.

Es así como en su cotidianidad, Dolores Reyes se empieza a topar con personas que le piden de manera ansiosa el contacto de esta médium, creyendo fielmente que en realidad existe este personaje. Esta confusión de un personaje ficticio con una persona real se da a raíz de la esperanza de ser escuchados, ser auxiliados por primera vez e ir en busca de la verdad y la memoria en un contexto de impunidad. Se plantea la literatura como un espacio de denuncia, reflejando el dolor y la resistencia.
Este conversatorio dejó en claro que el periodismo y la literatura se pueden usar como herramientas para alzar la voz, y nos invita a cuestionar los estigmas sociales para replantear los argumentos culturales. Así mismo, para denunciar y visibilizar las diferentes dimensiones de la violencia de género y promover, a través de la narrativa, la dignidad de las mujeres víctimas y sobrevivientes en un entorno de invisibilidad e impunidad.



