Exposición itinerante “Hay futuro si hay verdad” llega a Cali
La exposición que recoge el Informe final de la Comisión para la Paz abre sus puertas a la comunidad caleña como parte de un proyecto que busca garantizar el derecho a la verdad para todo el país. Esta iniciativa espera promover una reflexión nacional que conduzca a la no repetición del conflicto. A continuación, una reseña.
Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

La exposición se encuentra ubicada en la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. Fue inaugurada en noviembre de este año y estará disponible hasta el 20 de febrero. Cuenta con el apoyo de la propia Biblioteca, la Casa de las Memorias de Cali, GIZ Colombia, la Secretaría de Paz Territorial y Reconciliación del Valle del Cauca y la Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Cali.
La mediación estuvo a cargo de la Asociación Red Amplia “La Colcha”, compuesta por un grupo de diferentes profesionales que, desde sus respectivas áreas, han contribuido a la promoción de la paz. Todos hicieron parte del Laboratorio de Formación a Mediadores que se realizó antes del lanzamiento, esto con el objetivo de garantizar un acompañamiento de máxima calidad. El proceso estuvo dividido en dos etapas: asincrónica (los participantes consultaron los documentos pertinentes por su cuenta) y sincrónica (se reunieron para debatir las estrategias que pudieran resultar más eficientes).
La exposición está distribuida en varios momentos. Junto a la entrada hay un panel que reproduce un vídeo del padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, traducido a distintos idiomas nativos. En él se recogen, de manera sucinta, algunas de sus recomendaciones más emblemáticas, como el llamado que hizo a curar el “cuerpo físico y simbólico” de las víctimas.
El lugar escogido para montar la exposición fue el Domo Museo “Nagunderé”, el cual, por sus condiciones arquitectónicas, impuso una serie de obstáculos que modificaron la disposición. Inicialmente, la exposición fue pensada para ser recorrida de forma lineal, pero, dadas las circunstancias, tuvo que ser adaptada en segmentos para lograr que tuviera cabida. El tamaño de los paneles también obligó a reacondicionar el espacio. Incluso hubo que demoler algunas paredes.

La sala genera una sensación parecida al desconcierto. Hay demasiada información disponible, por mucho que haya sido inteligentemente distribuida por los profesionales a cargo. Es imposible recorrer toda la exposición en una sola visita, al menos no de forma concienzuda. El volumen de cifras, datos y demás, es también un componente de orden estético que permite tomar conciencia sobre la realidad que hay detrás. Esto es solo un resumen esquemático de lo que se puede encontrar en el informe final.
La primera etapa está orientada a la contextualización. Los visitantes tienen la oportunidad de echar un vistazo a los hitos más relevantes de todo el proceso de investigación, al tiempo que se instruyen en los conceptos básicos de justicia transicional y reparación, así como en los mecanismos empleados para la recolección de declaraciones.
Destaca la inclusión de los testimonios de mujeres y miembros de la comunidad LGTBIQ+, víctimas del conflicto, en el marco de sección titulada “Mi cuerpo es la verdad”, que también da nombre a uno de los once tomos que conforman el informe final. Se trata de una dimensión inédita e inexplorada durante cualquier diálogo de paz a largo de la historia.
Las etapas siguientes proponen un viaje hacia el interior del país, acompañado por una serie de claves pedagógicas, recursos y definiciones que facilitan el proceso de interpretación, de tal modo que pueden instruirse con respecto a las tipificaciones propuestas por la comisión, inspiradas, en su mayoría, en el derecho internacional. Gracias a esto podemos saber que entre 1958 y 2019 hubo alrededor de 4.327 masacres, que las principales víctimas de este delito fueron campesinos y que el 24% de los responsables no han sido identificados. O que hubo más de 6.482 ejecuciones extrajudiciales entre el año 2002 y el 2008.
Los hallazgos son —salvando las distancias— una serie de conclusiones a las que llegó la comisión a partir de la recopilación de datos históricos y que pretenden explicar la perdurabilidad del conflicto. El vínculo entre el gobierno y el narcotráfico o el paramilitarismo, así como la impunidad, son factores de primer nivel, pero, la asimilación cultural de la violencia se erige, tal vez, como el de mayor importancia.
Es un acierto significativo que las cifras vengan acompañadas por los rostros de quienes han sobrevivido a este tipo de violencias. La exposición cuenta con instalaciones audiovisuales que permiten establecer un contacto parcialmente directo con las víctimas, como sucede, por ejemplo, con Lady Zabala, superviviente a una mina antipersonal, o Ericinda Suárez, una de las tantas campesinas que sufrió el desplazamiento forzado.
Hay también una etapa destinada a documentar el impacto del conflicto en cada región. La comisión adelantó su propia subdivisión del territorio con el propósito de no desconocer sus condiciones particulares. Por ejemplo, en el Valle del Cauca, unido al Norte del Cauca, se encontró que durante los años que van del 79 al 91, hubo una copiosa afluencia de actores armados (guerrillas, paramilitares y mafias) sin las que no se podría comprender la bonanza del narcotráfico en la zona.
En el piso superior hay una zona específica para los antecedentes y los hallazgos. La comisión estableció como punto de partida la época posterior al magnicidio de Gaitán. El suelo está cubierto con unas líneas que sirven de guía temporal para conducir a los visitantes. También hay un pequeño segmento dedicado al estallido social, que fue el telón de fondo cuando el informe llegaba a su recta final.

Los hallazgos son —salvando las distancias— una serie de conclusiones a las que llegó la comisión a partir de la recopilación de datos históricos y que pretenden explicar la perdurabilidad del conflicto. El vínculo entre el gobierno y el narcotráfico o el paramilitarismo, así como la impunidad, son factores de primer nivel, pero, la asimilación cultural de la violencia se erige, tal vez, como el de mayor importancia.
La exposición cierra con un resumen pedagógico de las más de sesenta recomendaciones —reducidas a nueve— que hace la comisión para asegurar la “no repetición”. Para alcanzar una democracia incluyente, amplia y deliberativa, por ejemplo, propone excluir las armas de la política, abrir espacios de participación para grupos excluidos y promover una representación plural de la nación.
De acuerdo con la experiencia de algunos medidores, la acogida del público caleño ha sido excepcional. No se han registrado episodios de violencia contra las instalaciones, como ocurrió en Bogotá. Por el contrario, los visitantes suelen regresar en múltiples ocasiones, pues la exposición requiere de una relectura constante.



