Ethan Frank Tejeda: “Mi obra creativa toda pertenece a Cali”
Ethan Frank Tejeda (Cali, 1976) es crítico literario, docente de la Universidad del Valle y autor de novelas como Entre perdedores —la primera en Colombia inspirada en el fútbol— Vampiros en su salsa, El hombre de las partituras y El embrujo. También ha publicado estudios críticos como María leída a la luz del incendio (2011) y De motas a rizos: africanía y africanidad en las literaturas primordiales del Río de la Plata (2018). Este autor llegó a Univalle como estudiante y hoy participa como maestro en la formación literaria de las nuevas generaciones. En esta entrevista, La Palabra comparte con sus lectores cómo ha sido su trayectoria y su relación con la academia y la creación.
Por: Alejandro Alzate

Alejandro Alzate (AA): ¿Qué es la literatura para vos, para qué sirve escribir hoy en día?
Ethan Frank Tejeda (EFT): Hay una definición muy bella de literatura dada por Sartre, de ahí he intentado asumir los elementos para una explicación propia y muy personal. En ella me gusta pensar en las relaciones entre el viaje en litera y el asumir la luz que baña los detalles del mundo. Ahí la significación poética, la elaboración hipotética y la libertad que nos brinda la aptitud retórica. Además, me gusta mucho una idea de Rancière sobre lo político, él dice que “es el reparto de lo sensible”, desde ahí Rodríguez Freire en su compilación de cartas entre Benjamin y Auerbach realiza una definición de la literatura que en este momento más me interesa: la política. De ella dice que – y nos aporta en el discernimiento entre lo literario y lo propagandístico– debe ser garante de que ese reparto de lo sensible sea heterogéneo. Eso nos pone ante la literatura más allá de los términos propios de la utilidad. Nos hace pensar en las diferencias entre palabras como euforia, histeria y catarsis. A través de las cuales podemos entender al que diga: escribo para no enloquecer, para que me quieran más, para ratificar la idea de que la batalla contra la muerte la debe librar más la memoria que la vida.
AA: ¿De qué manera tu experiencia universitaria ha influido en tu estilo o en los temas que trabajás en tu escritura?
EFT: Para mí ha sido fundamental. Máxime desde que asumí la pedagogía de autor, un método que me permite decir que más que un autor soy un docente que escribe cada una de sus clases. Eso ha sido muy bien entendido en la mayoría de las ocasiones
– siempre hay excepciones– en la universidad pública, un lugar que me ha permitido estudiar, hacer e investigar.
AA: ¿Está viva la literatura caleña, hay algún autor nuevo o “clásico” que te interese de esta región del país?
EFT: Creo que sí. Hay voces muy interesantes. Especialmente entre los cuentistas, los poetas y los dramaturgos. Lo que hace falta es mayor divulgación de las obras y una búsqueda mayor por la afirmación de esas autorías. Tenemos muy pocas instancias de legítima legitimación, por eso no tendemos a valorar las obras que nos son próximas. Algunas de ellas las conocemos gracias a los programas editoriales de las universidades, las convocatorias oficiales o la excepcional mirada por parte de editoriales nacionales o internacionales. Por eso a nuestros escritores, a los actuales, les puede suceder lo mismo que les pasó a aquellos que hoy mueven nuestros intereses. Ahí quizás esté la posibilidad de establecer los vínculos entre Isaacs y Edgar Collazos; Gregorio Sánchez Gómez y Julio César Londoño; Andrés Caicedo e Ida Valencia o Jenny Valencia; Santiago Jiménez Arrechea y Fabio Gómez, Alfonso Bonilla Aragón y Óscar Osorio. Movimientos pendulares que nos generarán realización y superación si no nos dejamos desalojar de la relación entre estudio y deseo.
…mi vida ha sido y es en derredor de la Universidad. Es mi espacio vital. Es el lugar para saber hacer y ser querido. Solo existe un lugar más importante para mí que la Universidad: mi congregación. Creo que supe construir esa relación lejos de la metáfora de “la trampa perfecta”.
AA: ¿Cómo percibís el diálogo entre las nuevas generaciones de escritores y la tradición literaria vallecaucana?
EFT: Hay casos muy interesantes como el de Adelaida Fernández, que asume su relación con la tradición desde el palimpsesto. En ella hay una lectura del acumulado y la creatividad que es, a todas luces, gratificante. Esa experiencia se puede replicar. Es bello imaginar al Zudaca lector de Andrés Caicedo, a Eugenio Gómez lector de Enrique Buenaventura, a Carlos Moreno lector de Mayolo, a Alejandra Lerma lectora de Elvira Alejandra Quintero, a Isabella Romero Castaño lectora de Gregorio Sánchez Gómez y de Vera Zacks, a nosotros como lectores de Mario Carvajal. El diálogo entre los tiempos nos es necesario, obligatorio y perfectible. De eso somos testigos a través del arduo trabajo crítico de la Escuela desde la que hablamos.
AA: ¿Qué papel juega la ciudad de Cali en tu literatura?
EFT: Mi obra creativa toda pertenece a Cali. En el trabajo actual es fundamental, porque retomo esa noción del Burgo que está en Gregorio Sánchez Gómez y me he servido de ella para asumir mi lugar de enunciación a una muy compleja y extensa arqueología de la representación del cosmos y el caos en la literatura urbana. Cali, en muchos sentidos, me es impropia y desde el ensallage intento que sea asible.
AA: ¿Sentís que la Universidad del Valle te ha dado herramientas para pensarte como escritor más allá del aula?
EFT: Todas. Gloria a Dios, mi vida ha sido y es en derredor de la Universidad. Es mi espacio vital. Es el lugar para saber hacer y ser querido. Solo existe un lugar más importante para mí que la Universidad: mi congregación. Creo que supe construir esa relación lejos de la metáfora de “la trampa perfecta”. Quizás he tenido mucho tiempo para significar esa relación mediante tres grados: comunicador social, magíster en Literatura, doctor en Humanidades. Hasta aquí, la Universidad del Valle, quizás, sea mi único lugar de legitimación. No logré ser docente de tiempo completo, pero disfruté – contadas excepciones– las relaciones pedagógicas que aquí pude establecer. La Universidad publicó dos de mis libros. Si en el futuro logró otros espacios de consagración, he de asumirlos con gratitud a lo trascendente y a la memoria de todo lo que Univalle me permitió.
AA: ¿Cuál de tus obras preferís y por qué?
EFT: Musickenstein, el hombre de las partituras. Es un libro que me divierte. En él soy muy inocente e intuitivo. Siempre voy a estar agradecido con Umberto Valverde por el prólogo que me regaló. Ese es un libro ignorado que, es posible, que en el futuro garantice ese movimiento pendular de un autor vallecaucano lector de Ethan Tejeda.
AA: ¿Tenés algún proyecto en curso actualmente?
EFT: Sí, una serie de libros asumidos al ensallage, una apuesta entre el ensayo y el collage. En eso ando. He escrito mucho y estoy lejos de terminar. También me quedan muchos libros por publicar, entre ellos el cuarto tomo de Pantalones cortos, una novela que se llama Los Libelos y una colección de relatos que por ahora se llama Cuclí por mí, libro de Cruentos. Aunque Fabio Gómez me dijo que ya existe una obra que tiene un nombre muy similar.



