Estética del Pacífico: un universo infinito sostenible
El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez refleja el talento permanente de los portadores de la tradición del Pacífico, quienes buscan una transformación en las prácticas de producción y consumo.
Por: Yulieth Navia
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

La versión XXVIII del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez se llevó a cabo en la Unidad Deportiva Alberto Galindo desde el 14 al 19 de agosto. Además de las actividades realizadas en esta ciudadela, tuvo presencia en diferentes espacios como colegios, universidades, hoteles, restaurantes, supermercados y centros comerciales de la ciudad. Es así como Cali pudo apreciar la riqueza de las tradiciones del Pacífico colombiano.
En La Casa Grande del Pacífico, un instrumento sencillo, conocido como “El piano de América”, resonaba en cada espacio. Con la marimba vibraban el cununo y el bombo. Al ritmo de la música pasaban los asistentes expectantes de lo que se mostraba en las puertas de los sesenta y dos stands que rodeaban el pabellón de artesanías, estética y moda.
Turbantes, vestidos, bolsos, sombreros, cosméticos, cuadros, bisutería, instrumentos y peinados hicieron parte de la gran muestra cultural en esta sección. La zona de Estética era un universo colorido, lleno de alegría, sonrisas, baile y desfiles. Es oportuno mencionar que hubo un jurado calificador que se encargó de la selección de los emprendedores que participarían en el Festival. Para ello, los expertos recorrieron los territorios por casi dos meses y escogieron las propuestas que apostaban más a las técnicas tradicionales con el componente de responsabilidad ambiental.
Por otro lado, el pabellón contó con una tarima de pasarela, cuya programación iba desde el viernes 16 al domingo 19 de agosto. Los asistentes disfrutaron de conversatorios, conciertos, pasarelas, danzas y hasta una obra de teatro.
De ahí que se hable de este escenario como un universo de belleza y moda donde se percibía un ambiente de reconciliación, de resistencia y de pervivencia de los saberes ancestrales, de las costumbres e identidades de las comunidades afro. Se podía sentir una especie de llamado o invitación a reconocer, respetar y valorar ese legado, tomando en cuenta el trabajo y la dedicación de los portadores de la tradición del Pacífico colombiano.
Más de 150 modelos y 30 diseñadores se ganaron la absoluta admiración por lograr resaltar la belleza afro a partir de atuendos que van mucho más allá de una forma de vestir. Hay un esfuerzo por mostrar la moda como un arte. Un arte con el que se transmiten historias colombianas que, a su vez, se tejen con materias primas propias
Esta edición tuvo un enfoque especial: la biodiversidad y la preservación ambiental. De manera que llamó mucho la atención las creaciones hechas a partir del reciclaje, dando como resultado colecciones que mezclaban las formas tradicionales del vestir con detalles de lujo contemporáneos; fusionaron técnicas autóctonas con técnicas vanguardistas que buscaban transmitir la esencia del litoral pacífico como marca internacional. Todo ello con base en la moda sostenible, vinculándose así con la conferencia climática COP16 (Conferencias de las Partes), la cumbre ambiental más importante del planeta que se realizará del 21 de octubre al 1 de noviembre de este año.
De modo que los diseños, los trajes, los accesorios y los peinados en pasarela fueron un reflejo de las vivencias y tradiciones de las comunidades afro. Fueron historias llenas de colores, texturas, formas y rostros de niños, jóvenes y adultos que exaltaban la riqueza de sus territorios, al son de una música que avivaba a los espectadores. Desde las graderías, los asistentes aplaudían emocionados o meneaban sus pañuelos blancos y no se rendían ante el implacable calor de la capital del Valle.

Más de 150 modelos y 30 diseñadores se ganaron la absoluta admiración por lograr resaltar la belleza afro a partir de atuendos que van mucho más allá de una forma de vestir. Hay un esfuerzo por mostrar la moda como un arte. Un arte con el que se transmiten historias colombianas que, a su vez, se tejen con materias primas propias. Y aún más valioso: hecho por manos de costureros, modistas y patronistas de nuestro país, quienes tienen los conocimientos ancestrales propios de los territorios. Todo esto con el enfoque mencionado anteriormente. Un desafío muy valioso en un momento cuando el mundo cada vez es más industrializado.
Según Leydi Higidio, secretaria de Cultura de Cali, para esta gran selección de los portadores de tradición hubo una preparación que incluyó adentrarse en el Pacífico profundo por tierra y agua “en un recorrido de más de 6.000 kilómetros a través de las zonales en Cali, Buenaventura, Quibdó, Guapi, Tumaco y Puerto Tejada”.
El Festival Petronio Álvarez fue un maravilloso encuentro con nuestras raíces. Es un compromiso con la memoria de lo que somos como país. Es un festival que no solo muestra la riqueza cultural, sino que también trabaja en la conciencia ambiental y el apoyo a la biodiversidad. Como dijo una vez el vocalista de la agrupación Herencia de Timbiquí, Wilian Angulo, el Petronio Álvarez “es la gran vitrina que nos abre las ventanas al mundo”, y es indudable que existe un universo infinito de magia que el Pacífico tiene por ofrecer. El mismo que, poco a poco, ha convertido este evento en un referente cultural a nivel internacional.




