Elvira Alejandra Quintero: “Mi poesía se ocupa de lo estético y lo existencial”
La trayectoria de la poeta Elvira Alejandra Quintero, de más de cuarenta años, le ha conferido un sitio destacado dentro del conjunto de los escritores del suroccidente colombiano. Su obra, sincera y visceral, le ha apostado a la exploración de las emociones, la vida y la existencia humana. Más allá de las preocupaciones comerciales, la autora, nacida en 1960, ha hecho de la poesía un dispositivo de lucha contra la banalidad y la liviandad que nos acecha por doquier. La Palabra conversó con ella para conocer sus opiniones sobre la poesía y la literatura de nuestro tiempo.
Por: Alejandro Alzate

Foto: unicauca.edu.co
Alejandro Alzate (AA): Tu obra poética está en realización desde la década de los 80. ¿Cómo evalúas el estado actual de la poesía colombiana?
Elvira Alejandra Quintero (EAQ): Empecé a escribir desde muy joven. Siendo niña, me enamoré de la literatura y de las ganas de escribir, así que a los siete años ya leía con el interés de entender cómo estaban hechos los relatos y los poemas para poder hacer los míos. Hacia mis 18 empiezo a publicar en periódicos y revistas de Cali y el Valle, eso fue a finales de los 70. En 1982, los poetas Javier Tafur y Aníbal Arias publican mi primer libro, Hemos crecido sin derecho, en la Editorial Altazor que ellos habían fundado con el fin de promover la literatura contemporánea de la región. En las búsquedas poéticas de los escritores era fundamental el propósito de lograr expresar la contemporaneidad, las preocupaciones y búsquedas individuales y generacionales, las cuales estaban muy atravesadas por la política, el cuestionamiento al orden social, político y cultural y la necesidad de luchar contra los aspectos con que no comulgábamos. Había en nosotros, como escritores, un fuerte interés en la realidad y en los procesos y debates del arte y la literatura, como respuesta a esas búsquedas.
Por las circunstancias históricas que ha vivido nuestro país y el mundo, ese tipo de preocupaciones se han transformado, la importancia de ese tipo de inquietudes en los jóvenes de hoy, es diferente, y eso cambia la literatura que se produce. Este último concepto, el de “producción”, está más presente, más en consonancia con lo que una gran mayoría de escritores se plantean sobre su escritura. Nosotros no nos planteábamos “producir” textos literarios, es decir, no con un criterio de mercado; primero, era necesario y urgente consolidar una voz propia, unos temas, unas formas tanto narrativas como poéticas con las que lográramos ser, ser en la escritura, nombrarnos. Hoy, en cambio, la presión capitalista por volver todo “productivo”, mercancía, hace que los jóvenes escritores ya estén pensando cómo publicar y cómo hacerse famosos, antes de haber comenzado a consolidar un estilo y voz propios. En este sentido, aunque pareciera que hoy el Estado brinda más apoyo a la creación literaria, no es así en realidad, ya que, por una parte, sigue apoyándose, en mayor medida, la literatura y las artes en la capital, y mucho menos en las regiones; y por otra parte, se promueven y promocionan ciertas temáticas y ciertos hechos culturales y literarios, por intereses de otra índole, lo cual, unido a la poca lectura y formación en el oficio, dan como resultado superficialidad y banalidad, en muchos casos.
En las búsquedas poéticas de los escritores era fundamental el propósito de lograr expresar la contemporaneidad, las preocupaciones y búsquedas individuales y generacionales, las cuales estaban muy atravesadas por la política, el cuestionamiento al orden social, político y cultural y la necesidad de luchar contra los aspectos con que no comulgábamos. Había en nosotros, como escritores, un fuerte interés en la realidad y en los procesos y debates del arte y la literatura, como respuesta a esas búsquedas.
Sin embargo, por otra parte, y por fuera de los círculos tradicionales de poder cultural, hay búsquedas y procesos muy interesantes y valiosos: escritores que logran asumir el hacer poético como hacer transformador y vital, con irreverencia y compromiso, y en tales casos encontramos renovación de las temáticas, aparición de nuevas formas y asuntos que son nombrados y poetizados, y dan cuenta de una realidad compleja como la que se vive en nuestro país y en el mundo contemporáneo.
(AA): Tu obra es una especie de viaje íntimo por la geografía del alma humana. ¿Qué temas llaman hoy la atención de los poetas?
(EAQ): Como la de mi generación, mi poesía surge marcada por el interés de expresar emociones, situaciones y sentimientos o puntos de vista de índole existencial. Hay una constante indagación de la existencia, tanto personal como humana, en el sentido más amplio. La búsqueda de hallar el sentido íntimo e individual de la existencia en un mundo que funciona con reglas o normas con las que no estamos de acuerdo, es tal vez el gran tema del que surgen todos los demás, en mi caso. Hoy este tipo de interés existencial podemos encontrarlo en la obra de algunos escritores, cuya exploración de esta temática se manifiesta en poéticas que involucran el erotismo, las relaciones interpersonales, especialmente afectivas, en algunos casos la guerra o la violencia de nuestro país, el paisaje, inclusive más como vivencia de la territorialidad que como paisaje. Uno encuentra la expresión poética de las indagaciones de tipo existencial en poetas que vienen del siglo pasado y que han asistido a procesos de formación, de lectura y escritura ya consolidados. En las nuevas generaciones hay tal vez la priorización de la idea de la poesía como especie de circunstancia para sorprender, llamar la atención, generar risa o entretenimiento en el lector, una cierta liviandad. Por otra parte, la expresión y consolidación de la escritura femenina ha tenido un desarrollo importante. Este es un tema un tanto complejo, pero para no alargarlo, podría decir que es notable el desarrollo de la escritura de mujeres que se han entregado con seriedad al proceso, consolidando nuevas formas de expresión, un mayor desenfado y fluidez en la expresión de las emociones y vivencias.

(AA): ¿Qué es para ti un buen poeta, que lo hace bueno?
(EAQ): Me quedo con el poeta cuya obra manifiesta hondura en el sentido existencial, y tanto precisión como sencillez en la configuración de la imagen poética. La problemática de la existencia humana es infinita en sus temas, situaciones, emociones, y la contemporaneidad transforma todo ello permanentemente, día a día; en ese sentido, la buena poesía es la que logra captar y expresar la emocionalidad del ser humano contemporáneo, dándole así universalidad y trascendencia. No es sencillo, no es como tirar palabras sobre una servilleta en una mesa de café, aunque esto último pueda ser poético y divertido en sí mismo; sin embargo, captar y expresar de esa imagen emociones e ideas que trascienden y superan la banalidad, es lo que le daría hondura, profundidad humana, y es lo que logra hacer la buena poesía.
(AA): Devenir de la ausencia es tu último libro publicado, una recopilación de tu trasegar poético. ¿Qué te han enseñado las distintas etapas de tu poesía?
(EAQ): Devenir de la ausencia reúne ocho libros de poesía escritos y publicados entre 1982 y 2022, desde Hemos crecido sin derecho (Cali, 1982) hasta Ritos de pasaje (La Plata, Argentina, 2022). Tengo en mi haber otros trabajos inéditos y otros en proceso de escritura, pero en Devenir de la ausencia solo incluyo los poemarios ya publicados. La edición de este libro en la Editorial Vinciguerra Hechos de Cultura, de Buenos Aires, Argentina, es resultado de un trabajo que realicé en mi año sabático, de revisión, afinamiento y reescritura de muchos poemas pertenecientes a esos libros que ya habían salido a la luz, y que al releerlos después del tiempo, me reclamaban algunos ajustes.
La insistencia en los temas que no dejan de interesarme y que continúan siendo el centro de mis obsesiones, de mis búsquedas poéticas y literarias, es tal vez, la gran enseñanza. Hay que seguir, seguir siempre, insistir, madurar, pulir. He hecho el camino de la escritura de la mano de las vicisitudes de la vida, de la cotidianidad, en medio del trabajo, robándole tiempo a los segundos y a los años que pasan veloces. No es fácil. Ojalá pudiera dedicarme solamente a escribir, me he dicho siempre. Sin embargo, ha sido el choque diario con esa cotidianidad, ese abismo que se abre entre la intimidad personal y la irracionalidad de la norma que determina el afuera, lo que me pone siempre frente al papel.
Nosotros no nos planteábamos “producir” textos literarios, es decir, no con un criterio de mercado; primero, era necesario y urgente consolidar una voz propia, unos temas, unas formas tanto narrativas como poéticas con las que lográramos ser, ser en la escritura, nombrarnos. Hoy, en cambio, la presión capitalista por volver todo “productivo”, mercancía, hace que los jóvenes escritores ya estén pensando cómo publicar y cómo hacerse famosos, antes de haber comenzado a consolidar un estilo y voz propios.
(AA): La pregunta sobre las influencias suele ser cliché; no obstante, ¿qué poetas admiras y en qué te iluminaron?
(EAQ): Cada época ha traído sus influencias y también sus maestros, como diría Rilke, o con otras palabras, Horacio Quiroga. Pero todos han sido maestros amados con profunda reverencia. César Vallejo y García Lorca llegan en mi primeras épocas de la escritura, iluminándome sobre los sentidos del lenguaje verbal y poético. Los varios Lorca, o los varios Vallejo representaron el asombro y gusto por la profundidad que puede llegar a tener la palabra y la imagen poética. Así mismo, Miguel Hernández, Antonio Machado, Luis Cernuda, la fuerza y sonoridad del castellano. Después, Whitman fue clave por su resonar en mi propia exploración de mi conexión con la naturaleza y con lo humano, en un sentido material y trascendente. Eliot, devolviéndome a las preguntas por el lenguaje y su capacidad de nombrar la minuciosidad de la propia cotidianidad, esas preguntas por cuál es esa minuciosidad, esa intimidad, su textura, su color, su aroma, sus vínculos con temáticas universales y ya dichas en la poesía de los antiguos y de la filosofía, todo ello está en el resonar de la poesía de Eliot y la lectura de James Joyce, uno junto a otro. Los poetas franceses, por ejemplo, Gerard de Nerval, Henri Michaux, Rimbaud, Baudelaire, en la importancia de la imagen poética como elemento primordial de expresión de lo vivencial. La rebeldía de poetas como Roque Dalton, Nicanor Parra o Girondo; poetas del sur como Olga Orozco, Alfonsina Storni, Idea Vilariño, o más contemporáneas como Anne Carson, han resonado en mis intentos de nombrar el desgarramiento del amor, su dificultad y su goce, y de su naufragio la búsqueda más amplia como ser humano femenino en un mundo donde intentar ser, afirmativamente, es ya una búsqueda prohibida y condenada. Sé que se me escapan muchos, pero tal vez en estos nombres hay rasgos de mis búsquedas.
(AA): Rafael Gutiérrez Girardot conceptuó que Guillermo León Valencia no era el gran poeta nacional que tanto se intentó ponderar. ¿Quién o quiénes son, para ti, los grandes poetas colombianos?
(EAQ): La poesía colombiana tiene una historia importante, y con valiosos aportes a la poesía hispanoamericana y universal. Poetas como Silva, León De Greiff, Aurelio Arturo, Carlos Castro Saavedra, o Matilde Espinosa, una poeta que no ha sido tan reconocida como merece serlo, María Mercedes Carranza, Álvaro Mutis, Raúl Gómez Jattin, son poetas cuyas obras que marcan quiebres definitivos, a partir de temáticas y poéticas de inmenso valor estético e indudable aporte a la poesía universal.
Siempre tendrá sentido leer poesía, escribir poesía, pensar poéticamente la existencia. Hoy la desesperanza puede llegar a ser más cruda y contundente que hace unos años, hoy estamos ya en el futuro que temíamos. Pero la poesía no es para esperanzar desesperanzados, ni para dulcificar el miedo. Quiero decir que la poesía no tiene necesariamente un para qué, en el sentido funcional, útil. La poesía es inevitable, surge de la necesidad existencial de expresarse y responderse sobre el mundo; en ese sentido, nos sitúa frente a lo terrible y frente a lo hermoso, frente a lo incomprensible, lo posible y lo imposible
(AA): Desde tu perspectiva, ¿ha tenido buen estudio crítico la poesía colombiana?
(EAQ): Si bien hay estudios importantes y antologías que dan cuenta de buena parte de la poesía colombiana, no logran cubrir de forma certera el campo. Este es un problema determinado por otros factores de orden sociológico y político-cultural, como diría Pierre Bourdieux. El hecho de ser un escritor de la capital ―las capitales―, o de la periferia ―los bordes―, no necesariamente en un sentido geográfico o territorial, sino social y político, determina su pertenencia e inclusión en círculos y élites, no solo económicas, sino de poder cultural, y eso determina la trascendencia de una obra y su autor. Hay estudios y antologías importantes, desde dentro y fuera de la academia; por ejemplo puede citarse a Rafael Gutiérrez Girardot, Juan Gustavo Cobo Borda, Andrés Holguín, Harold Alvarado Tenorio, entre otros. La academia y los mismos escritores han aportado bastante en este sentido. Sin embargo, pareciera que los estudios no logran dar cuenta de la verdadera producción poética del país; se siguen destacando los autores que logran llegar a los escenarios de divulgación privilegiados, e invisibilizando autores y procesos valiosos que no se inscriben en esas élites o campos de poder cultural.
(AA): Si bien la novela fundó la República en el siglo XIX, ¿qué ha ayudado a fundar la poesía en relación con el espíritu nacional?
(EAQ): En la historia de la poesía colombiana se han dado movimientos, expresiones y obras muy valiosas en el sentido de la configuración de la identidad o las identidades culturales diversas y entrelazadas que nos constituyen. Creo que hay autores claves para destacar en esa historia, pero también, procesos y movimientos fundamentales, como es el caso del movimiento y revista Mito, sus autores y sus obras. Hay allí una ruptura valiosa, la aparición de un nuevo lenguaje y la conciencia de ello como sustento fundamental de una poética nueva. Hay en ese nuevo lenguaje sentidos de territorialidad, como aspecto existencial fuerte y profundo. Carlos Castro Saavedra, Rogelio Echavarría, entre otros, lograron un giro definitivo y apertura de nuevas miradas y expresiones de nuestra realidad.
(AA): ¿Para qué se lee poesía en el siglo XXI?
(EAQ): Siempre tendrá sentido leer poesía, escribir poesía, pensar poéticamente la existencia. Hoy la desesperanza puede llegar a ser más cruda y contundente que hace unos años, hoy estamos ya en el futuro que temíamos. Pero la poesía no es para esperanzar desesperanzados, ni para dulcificar el miedo. Quiero decir que la poesía no tiene necesariamente un para qué, en el sentido funcional, útil. La poesía es inevitable, surge de la necesidad existencial de expresarse y responderse sobre el mundo; en ese sentido, nos sitúa frente a lo terrible y frente a lo hermoso, frente a lo incomprensible, lo posible y lo imposible. Cada vez tiene más sentido y se hace más imprescindible la lectura de la poesía.
(AA): ¿Para qué se escribe poesía en el siglo XXI?
(EAQ): Escribir es otra forma de la lectura. En particular, la escritura poética es la manera en que los poetas intentan leer y comprender la existencia, asimilarla y vaciarla volviéndola palabra, imagen poética, poesía.



