El primer Pre-Icfes gratuito y presencial del norte del Cauca
Se trata de un proyecto liderado por el Colectivo Intercultural Raíces, que apuesta por una educación alternativa y pretende transformar el futuro de la zona. Ante el abandono de las sedes regionales y la deserción de los estudiantes, el colectivo intenta revitalizar el interés por la educación superior. Nos invitaron a una de sus jornadas y esto fue lo que vimos.
Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: William Rosero.
La primera sección empieza a las ocho de la mañana. Nos recibió Laura Nandar, una de las cuatro dinamizadoras que componen el equipo. Junto a ella dimos un pequeño recorrido por la sede que nos permitió realizar algunas cuantas preguntas en torno a la historia del lugar. Fue así como nos enteramos de que los edificios donde se imparten las clases, en el pasado fueron propiedad de la empresa Carvajal; de ahí la arquitectura industrial que aún conservan. También descubrimos que dos de las universidades públicas más importantes de Santander, Univalle y Unicauca, utilizaban las mismas instalaciones simultáneamente, situación que no cambió hasta hace relativamente poco, cuando la Unicauca adquirió un espacio independiente. Sin embargo, todavía hay algunos salones en funcionamiento que están bajo la órbita de Unicauca. Esta tendencia a trabajar en combinación con otras entidades no ha desaparecido por completo; persiste, con matices, en la cooperación que se mantiene con los nodos de Jamundí, Miranda, y el más reciente de todos, Suárez, los tres bajo la supervisión de la misma directora.
El equipo se reúne en un salón destinado especialmente para ello. El lugar tiene como objeto brindar un espacio de diálogo entre los diferentes agentes que participan en el proyecto. Todos pasan por él antes de iniciar con sus respectivas obligaciones, lo cual fortalece el vínculo entre cada uno. Quizá esa fue una de nuestras primeras impresiones: hay un excelente clima de trabajo. Allí hicimos nuestra primera parada, donde tuvimos la oportunidad de hablar con los dos coordinadores del Pre-Icfes: Sofia Calambás y Juan José Obregón.
Ambos pertenecen al programa de Estudios Políticos. Sofía participa activamente en redes nacionales de mujeres con vocación de poder, forma parte de la mesa municipal de participación efectiva de las víctimas como representante del sector de las juventudes y es reconocida como lideresa defensora de los derechos de las mujeres. Todo esto a la corta edad de veintiún años. También cuenta con una sólida formación en derechos humanos, asuntos de género y atención psicosocial. Juan José, además de ser el creador del Pre-Icfes, ha dedicado una buena parte de su vida a hacer carrera en materia de derechos humanos. Se formó en la fundación Pulso y también se diplomó en derechos humanos por la Universidad del Valle. Ahora mismo es representante de la sede Santander, consejero de paz de todas las universidades del municipio, y ha participado en la política de la región bajo las banderas de la Colombia Humana y Fuerza de la Paz.
Ellos fueron quienes nos revelaron todos los pormenores que hay detrás del proyecto. El equipo cuenta con cuatro dinamizadores y dos coordinadores, amén de los siete profesores que se ocupan de las siete asignaturas que se evalúan en las pruebas. Los dinamizadores cumplen distintos roles: tres de ellos se encargan de la planeación y la evaluación de las clases —son quienes las aprueban o no—, y el otro, responsable del área de comunicaciones, dirige las redes sociales. También realizan el debido seguimiento a los estudiantes y a las particularidades de cada uno; mantienen un contacto frecuente con los padres y verifican la asistencia continuada. Por su parte, los coordinadores se encargan de todo lo relacionado con la logística del programa: bases de datos, programación de asesorías y profesores, lanzamiento de convocatorias, elaborar cronogramas, tomar asistencias, etc.
Además del componente “académico”, también refuerzan otros aspectos, como el psicológico, con estrategias destinadas a mejorar el manejo del tiempo y el estrés. No por nada cuentan con un psicólogo que interviene en momentos de crisis, además de brindar orientación vocacional al finalizar la última etapa.
Los profesores también ofrecen un apoyo extra mediante las asesorías virtuales. Están dirigidas a los estudiantes que no pudieron asistir a cualquiera de las jornadas. El propósito es mantener un nivel general en el aula, de forma que ningún estudiante se quede atrás y tampoco se interrumpa el avance del grupo. Son dos asesorías por día, una en la mañana y otra en la tarde, salvo en el caso del profesor de lectura crítica, que debe realizar una más, debido al peso de la asignatura.
“Seguimiento al proceso”, nombre que recibe el formato de evaluación, tiene el propósito de mejorar la calidad del aprendizaje. No responden a un modelo tradicional-numérico. La calificación es de carácter cualitativo y pretende establecer una ruta que facilite el trabajo de los profesores, ya que también funciona como un registro, y que dé cuenta de la eficacia de las metodologías. Los criterios de calificación están orientados por los principios del proyecto: no replicar una cátedra convencional, abordar los distintos tipos de aprendizaje, involucrar metodologías lúdico-pedagógicas y crear espacios seguros para los estudiantes. Ahora mismo están a puertas de implementar la evaluación docente y ya cuentan con mecanismos que estiman el progreso alcanzado en cada una de las materias.
Esto no significa que renuncien por completo al formato de Pre-Icfes, aunque sí intentan darle una vuelta de tuerca. Además del componente “académico”, también refuerzan otros aspectos, como el psicológico, con estrategias destinadas a mejorar el manejo del tiempo y el estrés. No por nada cuentan con un psicólogo que interviene en momentos de crisis, además de brindar orientación vocacional al finalizar la última etapa.
El Pre-Icfes tiene una duración de ocho a nueve meses, divididos en cuatro etapas. En cada una se imparten dos asignaturas distintas. Durante este tiempo, amén de las clases, también se exponen asuntos de interés para los estudiantes: formas de inscripción, visitas programadas por parte de las universidades, fondos y becas con las que pueden financiar su estancia en la universidad. Ejemplo de ello son las casas que están bajo la jurisdicción indígena y que ofrecen servicios a los estudiantes foráneos; hay una en Meléndez con capacidad para cien personas, y otras varias en Santander, administradas por cuatro cabildos distintos.

Desde el colectivo se establecen rutas de comunicación con programas como “Enlaces de juventudes”, presente en cada municipio del país, a través del cual pueden acceder a los beneficios que emanan desde la Secretaría de Educación. Todo esto evidencia una voluntad que trasciende el momento de la prueba, y que procura garantizar el acceso a la educación más allá de un mero puntaje.
El Colectivo Intercultural Raíces, el primer colectivo de la sede de Santander, fue fundado en el año 2015, en medio del estallido que siguió a la reforma agraria propuesta por el gobierno Santos. Inicialmente, tenía la misión de articular al estudiantado de la sede, fortalecer el pensamiento crítico y contribuir al debate nacional. Luego de la pandemia, y gracias a la incorporación de Juan José Obregón Ramos, también coordinador, el colectivo a travesó por una restructuración profunda. Los frentes de acción se diversificaron. El colectivo acogió y promovió escuelas de género, y se interesó por cuestiones relacionadas con personas afro, firmantes, mujeres, comunidad LGTBIQ+, e individuos con diversidad funcional. Así mismo, también se ha manifestado en pro de mejoras que potencien los servicios de la sede. Nada más el pasado diez de marzo se inauguró la videoteca, hito que no habría tenido lugar sin los pronunciamientos y los pliegos de peticiones, como sucedió con la ampliación de los bonos alimenticios, que pasaron de 30 a 260 gracias a la gestión del colectivo.
La iniciativa de crear un Pre-Icfes subsidiado, que estuviera al alcance de estudiantes en situación de violencia económica, vino de la mano de esta nueva gestión. Fueron muchos los desafíos que tuvieron que enfrentar para llevarlo a cabo.
La redacción del proyecto empezó alrededor de junio y agosto del 2024, y se esperaba que las clases dieran inicio para septiembre del mismo año. Lograr la aprobación de la Universidad fue una tarea difícil. Se presentó a múltiples instancias, entre estas a la Oficina de Extensión de Proyectos, tanto de la sede regional como la de Meléndez, sin demasiado éxito. Las complicaciones eran muchas. Para empezar, el Pre-Icfes no podía ser “publicitado” como si viniera de la propia universidad, pues la institución no contaba con la posibilidad de avalar a los profesores. Al tratarse de estudiantes en proceso de prácticas y no del personal de planta, con quienes proyectaban lanzar un Pre-Icfes también, la calidad del programa podría ser cuestionado. Además, debían realizar un balance de todos los gastos, como el agua o las horas de vigilancia por parte del personal de seguridad, y retribuírselo a la Universidad. A pesar de todo, el proyecto siguió en marcha y se reunió a los profesores y a los estudiantes, sin importar que aún no recibieran la aprobación.

Los miembros del equipo se desplazaron a colegios rurales para difundir información acerca del proyecto, pues esta era la población para la que fue diseñado. Luego, en etapas más recientes, decidieron ampliar el foco y adelantar campañas vía internet, lo que vino acompañado de mayor afluencia, con la que buscaban subsanar las vacantes producto de la deserción. Ya con profesores y alumnos no hubo vuelta atrás; presentaron el programa delante de varios profesores y finalmente recibieron el tan esperado aval. No sin antes haber realizado un paro en la sede Meléndez, imprescindible para obtener la financiación, materializada en la figura de la monitoria especial con la que se vincularon a los profesores.
El poder de convocatoria de este equipo se ha comprobado en diferentes momentos. Incluso antes de la primera clase, una lideresa comunitaria, y madre de un estudiante, reunió las tarjetas de identidad de todos los alumnos de grado décimo y once de un colegio rural visitado por ellos, y los inscribió en el proyecto. Desde Jamundí, un grupo de madres se ha organizado para movilizar a sus hijos; un día lo lleva una y al siguiente otra. Y cuando se inauguró la sede de Suárez, varios de los bachilleres, que aún antes del lanzamiento del Pre-Icfes habían recibido asesoría por parte del colectivo, fueron los primeros en tomar los cupos de los programas ofertados.
La inscripción de los estudiantes se realiza a través de Google Forms. No hay una edad mínima ni máxima, el único límite es que el estudiante se encuentre, por lo menos, en noveno grado, dado el contenido de las clases. El programa también presta servicios a personas adultas que deseen validar su bachillerato. Reciben la misma clase que el resto de los estudiantes y tienen acceso a los mismos servicios. Por otro lado, además del trabajo que se adelanta en la propia sede, los miembros del equipo efectúan incursiones a colegios veredales con el objetivo de capacitar a los jóvenes. Es el mismo formato, pero abreviado: adelantan un simulacro, imparten dos clases e informan acerca de la estructura de la prueba. Ahora mismo tienen planeado un viaje al colegio Juan Tama, ubicado en la vereda Las Vueltas, un lugar afectado por la presencia de actores ilegales.
El programa acoge a personas de Buenos Aires, Suarez, Caloto, Santander, Toribio, Jamundí, El Águila y Miranda, entre otras veredas de la zona. Para el caso de los estudiantes que viajan desde Suarez, los miembros del equipo lograron establecer un acuerdo con los conductores de las chivas y autobuses en las que se movilizan.
La primera convocatoria tuvo lugar en octubre de 2024, y la primera clase el cinco del mismo mes. La deserción que sufrieron después de la tercera clase fue el motivo de que mudaran de estrategia publicitaria. Se ha observado que, conforme pasan los meses, aumenta la asistencia y la demanda. Esto ha motivado que se realicen dos llamados de lista, uno por cada clase. El aforo máximo es de 180 estudiantes, aunque en realidad se calcula una asistencia promedio de 150-160, de a 20-30 por salón.
No existe ningún requisito para inscribirse. Mientras asistan con regularidad, demuestren voluntad para aprender, cuiden de los materiales y tengan buen comportamiento, pueden conservar el derecho a mantener su puesto.
El programa acoge a personas de Buenos Aires, Suarez, Caloto, Santander, Toribio, Jamundí, El Águila y Miranda, entre otras veredas de la zona. Para el caso de los estudiantes que viajan desde Suarez, los miembros del equipo lograron establecer un acuerdo con los conductores de las chivas y autobuses en las que se movilizan. A cada estudiante se le entregó un carné que ratifica su condición, lo cual les garantiza un descuento del cincuenta por ciento en el valor total del pasaje. De diez mil, solo deben pagar cinco mil.
Con el paso de los meses, se ha comprobado que los estudiantes que provienen de escuelas privadas tienen un mayor desempeño y asisten con más regularidad que los estudiantes de escuelas públicas. Estos datos son de vital importancia si se trata de comprender el impacto que tiene la economía en los procesos educativos.

Nada más empezar, los estudiantes fueron sometidos a un simulacro-diagnóstico. Los datos arrojaron que solo el diez por ciento transpusieron el umbral necesario para ingresar en alguna de todas las carreras que oferta la Universidad. Esto resulta particularmente revelador, pues echa luz sobre otra cifra de la región: solo el cinco por ciento de los jóvenes en Santander acceden a la educación superior. La constatación de estas problemáticas fueron el acicate que impulsó a personas como Juan José Obregón, que durante su formación profesional se ha enfrentado a obstáculos parecidos, pues él también proviene de una zona periférica, Jambaló, un resguardo indígena del nororiente del Cauca. De ahí que el Pre-Icfes no limite sus operaciones a la captación de estudiantes para la sede. La difusión alcanza a otras instituciones; se las invita a dar charlas acerca de puntajes, programas y becas. El objetivo es que los jóvenes se cualifiquen y puedan mejorar sus propias condiciones de vida y las de su entorno.
Una vez que termina la primera clase, hay un breve descanso que todos aprovechan para estirar el cuerpo o ir a la cafetería. Sofia y Juan José, por petición nuestra, interceptaron a cuatro estudiantes, dos de la zona rural y dos provenientes del casco urbano, para que tuviéramos la oportunidad de conocer la opinión de los propios beneficiarios. Casi todos están de acuerdo en que hay una diferencia sustancial entre las clases que reciben en el colegio y las del Pre-Icfes. Afirman que en el colegio hay una preocupación constante por concluir con el temario, lo que acelera el proceso y genera vacíos, mientras que los profesores del Pre-Icfes apuestan por estrategias distintas y se interesan por el aprendizaje de los estudiantes. Y desde ya se notan algunos beneficios. Uno de los participantes aumentó su puntaje en 75 unidades. El cotejo tuvo lugar después de realizar un simulacro en el colegio al que asiste. En cuanto a las dificultades que experimentan en su proceso de aprendizaje, los de la zona rural coinciden en materia de conectividad. No hay muchos lugares donde puedan acceder al servicio, más allá de la biblioteca, donde también consultan libros.
Nada más empezar, los estudiantes fueron sometidos a un simulacro-diagnóstico. Los datos arrojaron que solo el diez por ciento transpusieron el umbral necesario para ingresar en alguna de todas las carreras que oferta la Universidad. Esto resulta particularmente revelador, pues echa luz sobre otra cifra de la región: solo el cinco por ciento de los jóvenes en Santander acceden a la educación superior.
Después, terminada la primera entrevista, hablamos con uno de los profesores, Óscar Descanse, encargado del área de lectura crítica. Por fortuna para nosotros, él ya contaba con experiencia en el trabajo. Había participado en otros Pre-Icfes, como el de Milton Ochoa o el Grupo Formante, ambos de pago. Gracias a esto, logramos formular unos paralelos que potenciaron significativamente todas nuestras reflexiones alrededor del asunto. La primera diferencia que observa atañe al componente de la motivación. No es lo mismo asistir a un Pre-Icfes costosísimo, pagado por tus padres, que ir por propio pie, sin la presión que impone el fantasma de “perder la platica”. Los niños se mantienen atentos y parecen agradecer cada una de las clases, lo que favorece la posibilidad de alcanzar un aprendizaje significativo.
El acceso al objeto libro es otra de las diferencias observadas. Pese al enorme esfuerzo de todos, reflejado en la distribución de copias, préstamos de material propio y demás, aún persiste una frontera entre el estudiante y el libro. Los libros son costosos y no cualquiera se los puede permitir. Descanse opina que sin una interacción directa con el libro es difícil consolidar el hábito de la lectura, de suma importancia para la prueba y el aprendizaje mismo.
Los profesores también hicieron una importante labor al momento de establecer los principios que orientarían el programa, especialmente a nivel metodológico. Estuvimos presente en unas de sus clases y pudimos atestiguar la puesta en marcha de todo lo que hasta entonces habíamos escuchado. El Pre-Icfes opera a través de una combinación de metodologías y recursos, como los que están presentes en el aula: proyector, bocinas, etc. Más que fortalecer la memoria, los profesores intentan persuadir al estudiante, contagiarlo del placer de aprender y brindarle estrategias que lo ayuden a resolver toda clase de problemas. No es gratuito, el enfoque que adoptaron fue alimentado con presupuestos de la pedagogía dialogante y la pedagogía conceptual. Descanse emplea recursos como la aplicación CodyCross, con la que espera enriquecer el vocabulario de los estudiantes y le sirve de excusa para abordar cuestiones de cultura general. También los invita a cambiar de asiento cada diez minutos, o de acuerdo con las respuestas que dan los estudiantes. Uno de los entrevistados resaltó la ventaja de un método como este; los mantiene despiertos y activos.
Terminada nuestra charla, volvimos a reunirnos con los coordinadores. Muchas de las cosas que se registraron antes pertenecen a esta segunda charla, pero por motivos de cohesión, preferimos agruparlas según fuera la temática. Aún tuvimos tiempo de estrechar lazos, más allá del deber profesional que nos había reunido. Bebimos gaseosa y comimos de las empanadas que ellos nos ofrecieron. Son personas jóvenes como nosotros y no tienen reparos en hacer un chiste o una observación jocosa. En todo lo que dicen se percibe el amor que sienten por el trabajo bien hecho. No dejan escapar ningún detalle y son profundamente solícitos cuando se trata de responder a una pregunta. Antes de partir, nos reunimos con el equipo en pleno y nos movilizamos hacia un mural del colectivo. En él aparece un niño junto a unos libros; la puerta que sale de sus dedos y el mundo colorido que lo recibe del otro lado nos invita a reflexionar sobre el poder del conocimiento. Tomamos un par de fotos que deberán aparecer junto a esta crónica y luego nos despedimos. Llegamos a casa revitalizados. Todo apunta a que sí hay futuro para el norte del Cauca más allá de las armas.



