Entrevista

El perpetuo exiliado

La Palabra tuvo la oportunidad de entrevistar al escritor, ensayista y poeta Raúl Vallejo, quien nos contó sobre su reciente obra literaria, “El perpetuo exiliado”, Premio Héctor Rojas Erazo de Novela, dedicada a José María Velasco Ibarra, cinco veces presidente del Ecuador.

Por: Centro Virtual Isaacs
Portal Cultural del Pacífico Colombiano

Portada de la novela “El perpetuo exiliado”, de Raúl Vallejo. Random House, 2016. Foto: https://www.casadellibro.com
Portada de la novela “El perpetuo exiliado”, de Raúl Vallejo. Random House, 2016. Foto: https://www.casadellibro.com

Darío Henao: ¿Cómo surge este proyecto narrativo de hacer un libro sobre un personaje tan rico y con tanta vida política?

Raúl Vallejo: La primera idea que yo tengo al momento de crear, de planificar la escritura de “El perpetuo exiliado”, es la imagen de un hombre viejo en Buenos Aires que vive un poco amargado por la ingratitud política y que, de pronto, su único sostén afectivo es su mujer, quien es argentina, poeta y artista. Ella fallece en un accidente de tránsito y a partir de ese fallecimiento, que lo deja viudo, él comienza a recuperar toda esa relación afectiva con esa mujer, cuyo nombre es Corina Parral. Es a partir de eso que yo digo bueno, me interesa qué es lo que pasa con la vida privada de este personaje, qué es lo que pasa, qué es lo que sucede con este personaje que ha sido cinco veces presidente. Entonces lo que me ha interesado en la novela es trabajar la presencia de cuarenta años de historia, pero, desde la vida privada, desde esa historia de amor.

Raúl Vallejo. Foto: http://www.verbienmagazin. com
Raúl Vallejo. Foto: http://www.verbienmagazin. com

D.H: Esa historia de amor te lleva a ver las distintas etapas de Velasco Ibarra. Una de ellas nos toca mucho a los colombianos y es el paso de Velasco por la ciudad de Sevilla, donde es recordado como rector de un colegio.

R.V: El primer exilio de Velasco se da en el año 1934, asume la presidencia y tiene que exiliarse el año siguiente. Al ser derrocado, decide irse a Colombia, qué es lo que yo aprovecho, que hoy sonaría medio extraño porque Velasco no va a Bogotá, le ofrecen cátedra en la Universidad Nacional, le ofrecen muchas cosas. Pero él decide aceptar un ofrecimiento mucho más modesto, este ofrecimiento es irse de rector al Colegio de Varones de Sevilla, Valle del Cauca, población que tenía unos doce o trece mil habitantes, una población muy pequeña. Y él desde ese exilio comienza a escribirse cartas con Corina Barral. Obviamente hay una construcción literaria de esas cartas, pero es entender a un hombre que había llegado a la presidencia y que ahora está solo, con un amor que vive en Buenos Aires y además, que está escribiendo un libro el cual se llama “Conciencia y barbarie”. Lo escribe en su soledad, mirando el paisaje del Valle del Cauca como lo hacía el Efraín de “María”, mirando desde una cabaña donde era la oficina del rectorado y a los jóvenes del colegio.

La primera idea que yo tengo al momento de crear, de planificar la escritura de “El exilio perpetuo”, es la imagen de un hombre viejo en Buenos Aires que vive un poco amargado por la ingratitud política y que, de pronto, su único sostén afectivo es su mujer, quien es argentina, poeta y artista

Él desarrolla ahí un grupo literario, una revista literaria, lo cual es curioso porque no lo puse en la novela, ese dato lo obtuve después, pero algo curioso es que entre sus alumnos estuvo Héctor Abad Gómez, mé di c o antioqueño que era alumno de esa escuela y que era parte de ese grupo literario. De todas maneras, estamos ante un personaje en Sevilla, Valle del Cauca, en esa pequeña ciudad, en ese colegio de varones pensando en su relación amorosa y afectiva con Corina y aquello que lo mantiene espiritualmente activo y emocionado, pues tiene una mujer que lo espera.

D.H: Hay un elemento autobiográfico, que es en los interludios. El narrador habla de una huella.

La figura de Velasco ha sido tratada en términos generales desde un antivelasquismo militante, se lo ha tratado, se lo ha caricaturizado, ha tenido un tratamiento esperpéntico y siempre combatido. Y yo lo entiendo, porque la izquierda siempre combatió a Velasco, más aún porque fue traicionada por él en la Revolución del 28 de mayo de 1944

R.V: Yo he puesto los interludios, una visión más personal del asunto, la funcionalización del autor, como dirían los críticos. Pero he introducido una historia familiar. Mi abuelo fue gobernador de la provincia de Manabí cuando Velasco estaba en su tercer mandato y entonces, ese tal vez es el vínculo que me une a la historia, a través de mi abuelo. En el país, en el Ecuador del siglo XX, la división entre velasquístas y no velasquístas, hoy día eso es ya parte de la historia. Eso me ha permitido recuperar la tradición de Manabí, por un lado, pero también el proceso, esa construcción de novela con base en la recuperación de la memoria. Es ese el papel que cumplen los interludios.

José María Velasco Ibarra, presidente del Ecuador en cinco ocasiones. Foto: https://www.lahora.com.ec
José María Velasco Ibarra, presidente del Ecuador en cinco ocasiones. Foto: https://www.lahora.com.ec

D.H: Uno finaliza la lectura teniendo un sentimiento entrañable sobre Velasco por su coherencia, por su relación tan profunda con el pueblo ecuatoriano. Háblanos un poco de la caracterización que tuvo y tienes de Velasco Ibarra políticamente.

R.V: La figura de Velasco ha sido tratada en términos generales desde un antivelasquismo militante, se lo ha tratado, se lo ha caricaturizado, ha tenido un tratamiento esperpéntico y siempre combatido. Y yo lo entiendo, porque la izquierda siempre combatió a Velasco, más aún porque fue traicionada por él en la Revolución del 28 de mayo de 1944. Fue una izquierda traicionada, perseguida y por eso los escritores de izquierda siempre caricaturizaron la verdad. Después de la muerte de Velasco en el siglo XXI, esa discusión quedó un poco atrás. Lo que me interesa es el personaje como tal, rescatar lo humano que hay en él, todo lo que fue su vida en el exilio, pero sobre todo, lo que significa el remordimiento de represión, lo que fue su paso por el poder y la soledad en la que terminó.

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