El papel de los libros informativos en la formación de lectores: Una conversación con Ana Garralón
El pasado 4 de noviembre la especialista en Literatura Infantil y Juvenil, crítica literaria, escritora y traductora Ana Garralón, nos acompañó en un ameno conversatorio sobre las características del libro informativo, su diferencia con la literatura y la necesidad de su inclusión en la escuela para la formación de lectores críticos, realizado en la Biblioteca Mario Carvajal de la Universidad del Valle, con motivo de la celebración de los 25 años del Periódico La Palabra.
Por: Alice Castaño Lora
Docente Universidad del Valle y Universidad Icesi

Ana Garralón profesora, traductora y crítica literaria, especializada en
literatura infantil y juvenil visitando la Biblioteca Mario Carvajal de la
Universidad del Valle.
En una maratónica visita a Cali, Ana Garralón sacó tiempo para conversar públicamente sobre su libro Leer y saber: los libros informativos para niños. Al inicio del conversatorio la escritora comentó la manera como en su libro retoma las categorías de Louise Rosenblatt “lectura eferente y lectura estética” y propone un giro en su interpretación. La primera se asocia a la lectura de literatura y la segunda a libros informativos. Sin embargo, Ana defiende que se pueden tener experiencias de lecturas estéticas leyendo libros informativos. Un lector es alguien que interpreta una obra y le da sentido al libro. Louise Rosenblatt habla efectivamente de dos maneras de leer que todos usamos: una estética, cuando nos queremos emocionar con algo, evadirnos, aplicar todas nuestras emociones en el texto; y otra, eferente, cuando queremos conseguir información o queremos extraer algo del texto.
Lo que Rosenblatt no dice, y decimos muchos promotores de lectura, es que no podemos saber de antemano cómo va a leer un niño o nosotros un texto, si de manera emocional o de manera eferente. En un mismo libro, por ejemplo, sobre fútbol, un lector eferente se va a quedar con datos, con fechas; mientras que un lector estético va a darle sentido al texto preguntándose qué sintió un futbolista cuando marcó el gol de la victoria. Nosotros como mediadores lo que debemos hacer es crear esa oportunidad a los lectores de leer desde donde quieran y también de dejar de otorgarle a la literatura exclusivamente la capacidad emocional.
No obstante, la española también se refirió a la práctica de leer literatura de manera eferente. Las personas suelen pedir literatura para conversar sobre temas difíciles o para propiciar algún tipo de comportamiento. Sobre la etiqueta “libros para” opinó: le va muy bien a los informativos, pero a los literarios no tanto. Entonces, cuando tratamos de manera tan utilitaria la literatura, pues ocurre que en la escuela se cuenta el cuento de “Caperucita y el lobo” y después se va a estudiar el lobo: lo que comen, dónde viven. Entonces ahí pierde fuerza la capacidad simbólica que tiene lo literario.
Ahora estamos retomando el discurso de devolver a la literatura su esencia. Adam Chambers cuando dice “vamos a conversar”, es un vamos a ver cómo plantear preguntas para llegar al corazón de la literatura, no al corazón del lobo y su hábitat, sino al corazón de lo que es hablar de lo literario, desde los personajes, el espacio, el tiempo, qué significa que haya un narrador y no otro. Son prácticas que a veces se descartan porque parecen muy sencillas, pero nosotros que estamos en la promoción de la lectura insistimos que tienen una posibilidad a medio y a largo plazo más interesante de crear lectores críticos.
Por otra parte, la potencia de incluir libros informativos, según la autora, parte de que los niños van a estos textos con preguntas, hay algo que les interesa y por tanto, dialoga con sus intereses. Además, presentan retos de lectura diversos porque tienen una estructura distinta a la literatura. Nosotros pensamos que la lectura es una cosa que tiene que ser súper ordenada y tiene que ir de la primera página a la última. El lector que lee libros informativos casi que con cada libro necesita desarrollar una estrategia de lectura diferente: entra por donde quiere, lee lo que le apetece y sale por cualquier lugar. Otra fortaleza es que propicia la conversación de una forma diferente a la que propone Chambers. Los Libros informativos nos dan la posibilidad de que a un niño le guste la arquitectura, a otro los viajes, a otro los romanos, entonces con ese diálogo nosotros también les decimos a los niños que lo que a ellos les gusta también es válido.

Ana Garralón y Alice Castaño, profesora de la Universidad del Valle – Fotos: Oscar Hembert Moreno Leyva.
Otro aspecto que Ana explicó es la diferencia entre libros de texto (escolares) y libros informativos. Confundirlos es natural porque en clase los libros se usan para consultar un tema, sobre el particular expresó: los escolares son cerrados, los informativos son abiertos porque terminamos con más preguntas que cuando empezamos. Eso también es un reto en la práctica pedagógica, porque en la escuela cuando hacemos una pregunta, queremos una respuesta y que sea la correcta para evaluarla. Los libros informativos proponen pensamientos divergentes. Muchos niños terminan de leer el mismo libro y cada uno tiene una pregunta diferente, es una pregunta creativa.
Para finalizar, la autora refirió la inquietud que le suscita que los libros informativos sean tratados como “lecturas no válidas” en la escuela. Generalmente se asume que los niños que leen libros informativos son malos lectores de literatura. Es urgente que los niños asuman que en este tipo de libros también hay herramientas para construirse como personas de manera crítica.
