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El Padrino y sus 50 años: la remasterización de un filme indeleble

En marzo de 1972, Francis Ford Coppola impactó la industria cinematográfica con un trabajo que, después de 50 años, se sigue considerando una obra maestra. Con una inversión de cuatro mil horas de remasterización, reparación de manchas, eliminación de imperfecciones y recuperación del color, encabezadas por el propio director, la legendaria película volvió a ser proyectada en teatros. Allí miles de colombianos sucumbimos al deleite de una historia con una escala particular de valores familiares y mafiosos ejecutada con una técnica impecable.

Título: El Padrino (The Godfather)
Director:  Francis Ford Coppola
País: Estados Unidos, 1972
Duración: 177 minutos

Por: Jhonedyer Henao Flórez
Estudiante de Sociología, Univalle

El Padrino es una obra cinematográfica dirigida por Francis Ford Coppola y coescrita entre él y Mario Puzo. Este último fue un escritor y guionista nacido en Estados Unidos de Norteamérica, de ascendencia italiana. En 1969 publicó la obra literaria titulada El Padrino, bestseller inmediato. Fue Rovert Evans, ejecutivo de Paramount y recordado por estar vinculado a otros clásicos como Chinatown, La semilla del diablo, Love Story, entre otras más pertenecientes al movimiento cinematográfico llamado El nuevo Hollywood, quien obtuvo los derechos de la obra literaria. Estos fueron, en parte, los inicios de una de las mejores películas de la industria cinematográfica.  

Foto: multiplex.com.ar

Nada nuevo se podría decir, hoy, de El Padrino. Es una película incrustada en la consciencia popular. Se ha dicho y escrito de todo. Desde la crítica, el periodismo, la Academia y la misma industria se ha hecho un trabajo de 50 años perfilando, desmenuzando e interpretando la puesta en escena de la familia Corleone. Pero tengo la sospecha de que es de aquellas piezas de las que muchas personas hablan, saben su historia y la importancia de la misma, pero pocos la han visto. Decir que se ha visto El Padrino “x” veces ha creado socialmente un “prestigio”, tal vez intelectual, de cinéfilos y críticos egocéntricos. Esto sucede porque ha sido catalogada como una obra maestra y además es considerada por muchos como la mejor película fabricada en la historia. Las razones de estos calificativos son claras: la perfección absoluta en la composición técnica y artística. En este montaje el director tiene la fuerza de envolver al espectador en una vorágine de deleite visual, a partir de la acertada propuesta en la articulación de planos y la creación de atmósferas opresoras y asfixiantes, dado el manejo de la luz en la fotografía acompañada de una composición musical inolvidable de Nino Rota. Es así como Coppola plantea una narración lenta pero ascendente, con momentos explosivos, violentos y eufóricos que escenifican un complejo entramado de valores familiares y mafiosos.

La génesis de la película es así: plano negro; parlamento: “Creo en América. América hizo mi fortuna y he dado a mi hija una educación americana”; primer plano de Bonasera, El Enterrador, suplicando justicia; un sistemático zoom hacia atrás abriendo el panorama de una de las secuencias más legendarias del cine y con la que se consigue, en poco más de dos minutos, concretar la marca identitaria del filme. A partir de este juego técnico se desata una serie de momentos íntimos en donde el manejo del ritmo y la tensión están en busca de develar una clara comprensión de las lógicas mafiosas y familiares.

El Padrino ha sido catalogada como una obra maestra y además es considerada por muchos como la mejor película fabricada en la historia. Las razones de estos calificativos son claras: la perfección absoluta en la composición técnica y artística”

La historia de los Corleone va mucho más allá de esto. La trama es la trasposición del mundo griego y shakesperiano a un guion cinematográfico. El destino ineludible de los hijos de Don Vito Corleone (Marlon Brando), especialmente el de Michael (Al Pacino), recuerdan la esencia de las tragedias de Sófocles, en donde el ser humano ha sido dotado a lo largo de su existencia con una serie de acontecimientos de inevitable tránsito, es decir, un futuro definido. Por supuesto, la referencia más directa es Edipo Rey. Michael, al igual que el personaje principal de la tragedia, tiene su vida amarrada a la predestinación por las ataduras sanguíneas y al devenir violento del que su condición no le permite escapar. En El Padrino, la transición entre un hijo ajeno a los negocios del padre y ser el heredero de los mismos, frívolo e inescrupuloso, se exalta con un paroxismo del suspense a lo hitchcokiano cuando Michael asesina en un restaurante a Sollozzo (Al Lettieri) y a McCluskey (Sterling Hayden), acción que causa su exilio a Sicilia. Por otro lado, el rey, sus hijos y la ostentación del poder sin reparos éticos ni morales, recuerdan temas, personajes y tragedias shakesperianas.

Los estudios cinematográficos de Paramount Pictures festejaron el quincuagésimo aniversario de la obra y clásico del cine del director y ganador del Premio de la Academia, Francis Ford Coppola.
Foto: zetatijuana.com

La suma de estos factores hace la grandeza de la película. Su remasterización y exhibición en teatros nuevamente no es cosa menor. Celebrar los 50 años de un filme indeleble es recordar la proeza técnica y artística de Coppola, hito revolucionario en el mundo cinematográfico de los años 60, no sólo por su propuesta estética, sino también por las largas filas de personas que acudieron a cines a ver la obra cuando se creía que la expresión cinematográfica estaba muerta por la consolidación de la televisión.

Cinco décadas son suficientes para olvidar algo. Hoy, cinco décadas después, recordamos a El Padrino. Los motivos sobran.

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