El japonés que amó la María
El japonés que amó la María
Gonzalo España
Universidad del Valle, 2005
Colección Artes y Humanidades
276 páginas
Por: Jhon Restrepo Aparicio
Estudiante de Admón. de Empresas

Algunas historias reales parecen más sacadas de la ficción, y terminan siendo inspiración de algunos relatos, de tal manera que ficción y la realidad terminan confundiéndose.
Cuentan que el filólogo japonés Yuko Takeshima, maravillado por la novela María de Jorge Isaacs, se propuso traducirla a su idioma. No era de sorprender, pues el clásico de la literatura vallecaucana era todo un best seller internacional. Era tanta la popularidad de la novela que muchos en el mundo no conocían Colombia, pero sí la novela. Sus descripciones idílicas inspiraron a unos cuantos aventureros nipones a viajar por todo el Pacífico en busca de ese paraíso. Al llegar a Colombia se sorprendieron al ver que ese paraíso solo existía en el libro. La realidad era pura selva y no los paisajes exquisitos mostrados en la novela. Decidieron quedarse y establecer sus vidas aquí sin saber una palabra del español. La primera cosecha de arroz fue un fracaso. Intentaron con el frijol y éste sí funcionó. Empezaban a prosperar, a colombianizarse, a cambiar los palillos por las cucharas, a llamar a sus hijos con nombres latinos. Entonces, sucedió la Segunda Guerra Mundial.
Un chisme local difundido por un periodista ansioso de vender periódicos, mencionaba que los inmigrantes japoneses construían una base militar para invadir Colombia. Era lógico, pues eran gente extraña hablando un idioma raro y uno de sus miembros era apodado, no se sabía por qué, “El capitán”. Razones suficientes para alertar a un país que estaba con los aliados, por lo que mandaron a arrestar a todos sus varones y los confinaron en un hotel en Cundinamarca, junto a sus pares alemanes e italianos.
La novela El japonés que amó la María se inspira en estas historias reales para contar a manera de aventura, cómo sucedió esta inmigración increíble propiciada por María.
Toma como protagonista de la historia al filólogo japonés viajando a estas tierras a bordo del Nicaria. Muestra cómo es un forastero, un traductor extranjero, quien por su propio desconocimiento del lugar es el único capaz de entender la belleza que nosotros, acostumbrados a nuestra tierra, no entendemos. Sitúa deliberadamente a los japoneses en el siglo XIX, a pesar de que la inmigración en realidad sucedió en el siglo XX. Con esto hace un paralelismo con las inmigraciones que construyeron a Colombia.
Vale la pena leer esta novela y ver cómo la ficción y la realidad se mezclan y forman la historia de lo que vivimos y lo que somos.



