Evento

El Festival Mundial de la Salsa y su legado generacional

Del 24 al 27 de octubre se llevó a cabo, en la Unidad Deportiva Alberto Galindo, la versión 19 del Festival Mundial de la Salsa, un evento que, más allá de ser un concurso de talla internacional, fue una fiesta que condensó el legado generacional que deja la salsa a los más pequeños seguidores de esta tradición.

Por: Sofía Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Univalle

Presentación de grupo infantil en el Festival Mundial de la Salsa.
Foto: Sofía Londoño Galeano.

Al llegar a la Unidad Deportiva Alberto Galindo esa tarde del 26 de octubre, mi hermana y yo nos dirigimos directamente a lo que más llamaba nuestra atención: la horda de niños con vestuarios extravagantes y padres que vitoreaban cada paso que daban. Después de observar varios grupos con pequeños bailarines de pasos certeros y sonrisas de artista, mi hermana comenzó a llorar. Cuando le pregunté el porqué, me dijo que los bailarines lograron conmoverla.

Ese, finalmente, es el objetivo de cualquier artista sobre una tarima: conmover a su audiencia. Y es que es difícil de entender cómo un niño puede transmitir tradición y sabor con un baile y música que no se acercan a nada de lo escuchado por su propia generación. Esto es posible, gracias a que estos niños han vivido una sensibilización por la salsa, haciéndola permanecer en sus imaginarios e incluyéndola en sus gustos primarios como un componente vital de quienes son.

La salsa ha evolucionado profundamente sin perder su carácter tradicional. Es, precisamente, la tradición de transmitir canciones, artistas, estéticas y formas de vida del siglo pasado, lo que ha permitido que esta se mantenga en el tiempo. Y gracias a este Festival Mundial de la Salsa, quedó claro que no hay nada más conmovedor que ver esta evolución a través de los pasos de las nuevas generaciones.

Las raíces de la salsa y su tradición se dejaron sentir con el show de varios conjuntos infantiles que incluían niños de todas las edades, mezclando ritmos como el bugalú, guaguancó, son montuno y hasta el rock and roll sesentero. Sobre la tarima de la caseta Luz de un nuevo cielo, también se presentaron grupos de adultos mayores, cuyos pasos eran tan firmes como los de sus contrapartes, los niños. Esta oposición generó, precisamente, la visión generacional del paso de una herencia cultural intrincada que atraviesa los imaginarios de aquellos que viven en clave de salsa desde cortas edades. Presentaciones como las de ese día, dejan claro que la salsa no es una cosa del siglo pasado ni mucho menos, aunque siga trayendo constantemente sus raíces y la época de antaño a las expresiones actuales de la misma.

Este espacio también dio lugar al encuentro de melómanos, y con él, a Explosión Femenina, un dúo conformado por Saby Escobar y Morochita, quienes resaltaron durante la jornada, precisamente, por ser mujeres melómanas ― algo que no se ve muy a menudo en el entorno musical de la salsa que es, predominantemente, masculino ―. Este proyecto cultural, así como las representaciones de diversos grupos, hicieron de este mundial una amalgama que da fe de la poderosa influencia de la salsa en la caleñidad sin importar género o edad.

Dúo de melómandas Explosión Femenina, en el Festival Mundial de la Salsa.
Foto: Sofía Londoño Galeano.

Reconocer este universo es el primer paso para quienes no están inmersos en el mundo de la salsa. Darse cuenta que va mucho más allá de la música es el segundo. Hoy, la herencia se sigue notando en aquellos negocios cuyas economías giran alrededor de este fenómeno que sigue trayendo sentido de identidad para adultos y niños.

Es así como la salsa es una expresión del sentido de pertenencia de la ciudad, convirtiéndose en el catalizador de mensajes que construyen rasgos identitarios en las comunidades, y a su vez, genera diversas actividades económicas y proyectos artísticos que dependen de ella y su intensa relación con su prestigio. La salsa ha evolucionado profundamente sin perder su carácter tradicional. Es, precisamente, la tradición de transmitir canciones, artistas, estéticas y formas de vida del siglo pasado, lo que ha permitido que esta se mantenga en el tiempo. Y gracias a este Festival Mundial de la Salsa, quedó claro que no hay nada más conmovedor que ver esta evolución a través de los pasos de las nuevas generaciones.

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