Evento

El arte como forma de recordar el pasado y cuestionar el presente

El día 9 de mayo, en el Centro Cultural de Cali, fue inaugurada la exposición Ofrenda: ritual Sagrado de los Santos Orishas, del artista y profesor Javier Mojica Madera. Al mismo tiempo, se llevó a cabo una muestra de sus estudiantes de la Universidad del Valle. Ambas presentaciones exaltan las ocupaciones y tradiciones religiosas propias de la vida cotidiana de la población afro.

Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Javier Mojica Madera. Ofrenda a Oshosi, 2021, 200 x 133 cm. Fotografía Digital. Foto: Tomada del catálogo de la exposición.
Javier Mojica Madera. Ofrenda a Oshosi, 2021, 200 x 133 cm. Fotografía Digital.
Foto: Tomada del catálogo de la exposición.

Enmarcada en el mes de la afrocolombianidad, la exposición Ofrenda: ritual Sagrado de los Santos Orishas del artista y profesor Javier Mojica Madera es un acto creativo que busca la preservación de la memoria de la población afrocolombiana, a través de los autorretratos de su autor.

Las fotografías siguen un hilo conductor marcado por los caracoles o Kaudi, un elemento sagrado presente en algunas culturas africanas que simboliza la armonía espiritual. “Los Kaudi tienen un sentido ritual, lo que los convierten en un elemento muy potente en el sistema de adivinación de estas prácticas religiosas. Así es que la museógrafa me recomendó que, como este patrón se repetía de manera secuencial, creáramos un hilo, unas ondas de continuidad que otorgaran armonía a la obra y marcaran la conexión entre las distintas piezas”, nos dijo Mojica en un diálogo posterior al evento.

Descubrió al Kaudi en un viaje y, desde entonces, ha estado presente en varias de sus obras. Y es que Mojica ha transitado por países como Cuba, México, España y Ecuador, gracias a una serie de becas concedidas por el Icetex. En estos lugares se ha dedicado a estudiar, no solo en las aulas, sino también en la interacción con los habitantes del lugar, siempre con la intención de encontrar elementos comunes entre los herederos del legado cultural de la diáspora africana.

Este proceso fue enriquecedor en Cuba, a donde viajó en el año 1990, gracias a un evento de la Casa de las Américas que le permitió descubrir la mixtura entre la religión afrocubana y el catolicismo; como también lo fue en México, en donde convivió con las poblaciones de Veracruz y la costa de Guerrero, tan diferentes al ambiente de la UNAM de la capital en la que había estudiado hasta entonces. Y, especialmente difícil en España, en donde los africanos llegan en pateras después de vivir múltiples peligros, y muchas veces se encuentran con la exclusión de una sociedad indiferente, lo que suele volverlos herméticos y desconfiados.

A pesar de buscar nuevos horizontes para expandir sus conocimientos, Mojica sigue regresando a Colombia, porque, a pesar de todo, siente que es su obligación retribuir en algo a su comunidad. Aun así, reconoce la experiencia cotidiana de sus habitantes: “Aquí todos vivimos en una burbuja de miedo, de pánico. Llegas a otro país, especialmente a los europeos, y ves que el miedo se va, desaparece. Yo dejé de sentir miedo cuando vivía allá, pero cuando regresé volvió a estar latente ese miedo a salir, a que te roben, a alzar la voz. Lo que no se puede permitir es que el miedo te paralice, que te impida avanzar”.

En las fotografías, Mojica utiliza su propio cuerpo mediante un primerísimo plano de su rostro, con el fin de crear un performance que muestre sus sentires y los de la población afro. “Yo pongo la cámara, otra persona me maquilla, luego la pongo en automático a disparar. No hago retoques, no me gusta hacer photoshop, no me gusta manipular las imágenes”.

Javier Mojica Madera. Okana Ojuani, 2021, 200 x 133 cm. Fotografía Digital. Foto: Tomada del catálogo de la exposición.
Javier Mojica Madera. Okana Ojuani, 2021, 200 x 133 cm. Fotografía Digital.
Foto: Tomada del catálogo de la exposición.

En ellas muestra un lamento, una herida, una denuncia, un grito. La fuerza contenida de una historia que hasta hace muy poco pasaba desapercibida. Su reclamo no solo es por justicia, sino también un medio para encontrar la forma de expresar los sentires de los cultos de la religión Yoruba y el profundo sincretismo ocurrido tras la diáspora africana hacia Latinoamérica y el Caribe.

En un lugar predominante de la sala de exposición encontramos a San Antonio de Padua que, igual que el oricha Eleggua, “abre todos los caminos, las puertas, las ventanas, las posibilidades, lo abre todo. Este santo me ha acompañado durante muchos años, porque, además de santo, es mi patrono”. La ofrenda se ofrece a los dos santos que se convierten en uno solo y reciben aguardiente, flores o dulces, volviendo la mirada a dos vertientes que tienen la fe como elemento común. Mojica afirma que, de esta manera, pretende establecer la relación entre ambas expresiones espirituales, y agrega que la religión yoruba ha sido estigmatizada en las ciudades principales del país, pero en otras regiones como Tumaco, Buenaventura y el Caribe es aceptada de forma mucho más natural. Asimismo, la presencia del santo católico permite al espectador identificarse con algo mucho más cercano a su formación, desde el cual puede acercarse al conocimiento de otra cultura.

En ellas [las fotografías] muestra un lamento, una herida, una denuncia, un grito. La fuerza contenida de una historia que hasta hace muy poco pasaba desapercibida. Su reclamo no solo es por justicia, sino también un medio para encontrar la forma de expresar los sentires de los cultos de la religión Yoruba y el profundo sincretismo ocurrido tras la diáspora africana hacia Latinoamérica y el Caribe.

Es importante resaltar que, además de la obra del profesor Mojica, se realizó el lanzamiento de la muestra de sus alumnos de la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad del Valle, titulada Vorágine: proyectos de investigación. En ella estuvieron presentes los oficios cotidianos ejercidos por los propios artistas o por sus familias: un conductor de vehículo Jeep que transporta pasajeros hasta Siloé, un barbero o una sanadora que practica los saberes ancestrales derivados de las plantas. Así como los espacios y objetos emblemáticos que, sin embargo, se han convertido en lugares de exclusión para la población afro: un cultivo de caña de azúcar, una casa de bahareque, las bateas de los bogas, una cama de esterilla con almohadas del mismo material, un niño tras la reja que le impide entrar al colegio.

En estas fotografías se exalta la pertinencia de sus tradiciones, la fuerza de su cultura y la belleza de su gente. “Creo que es importantísimo visibilizar una comunidad y una cultura, así como generar sinergia entre estudiantes y comunidad académica para vincular la idea del autorreconocimiento del sujeto afro para que se identifique como parte de un grupo, de una comunidad. Esto genera una gran apertura dentro del espacio cultural de la ciudad y hace visibles procesos que estaban ocultos, ya que la mayoría de los autores vienen de territorios como el Cauca o el Chocó, regiones periféricas y, en muchos casos, privadas del acceso a la educación o a las oportunidades que ofrecen ciudades como Cali. Mediante estas expresiones artísticas, los autores enaltecen a sus ancestros y tradiciones, pero también exponen las situaciones de violencia o desigualdad vividas en los territorios”.

Javier Mojica Madera. Ofrenda a Obatalá, 2021, 200 x 133 cm. Fotografía Digital. Foto: Tomada del catálogo de la exposición.
Javier Mojica Madera. Ofrenda a Obatalá, 2021, 200 x 133 cm. Fotografía Digital.
Foto: Tomada del catálogo de la exposición.

Esta exhibición conjunta entre maestro y estudiantes constituye un ejercicio muy valioso, especialmente en un país que valora tan poco la profesión de enseñar. “He desempeñado el oficio de profesor durante muchos años, pues di clases en la escuela primaria, en secundaria y en la universidad, siempre en el sector público, porque siento la necesidad de regresar algo al sistema que me ha dado tanto. Me gusta la idea de enseñar, de conducir, de actuar como guía orientador y, de cierta manera, ser una persona que inspira al otro para que pueda seguir su camino. Pienso que el maestro debe ser un puente que conecta al otro con un universo de posibilidades”.

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