Evento

El archivo de Manuel Zapata Olivella en Vanderbilt: nuevas lecturas en torno a su obra

En virtud de la riqueza y complejidad de su pensamiento, el loriquero ocupa un lugar central dentro del conjunto de escritores afroamericanos. Por eso, estudiar hoy su legado archivístico posibilita la comprensión de los temas y preocupaciones que estructuraron su obra. Así, la exclusión, el avasallamiento del capitalismo, la pobreza, el colonialismo y la mitología africana permiten rastrear una forma de pensar y entender tanto la literatura como el compromiso que ella detenta de cara a la liberación de los pueblos. El archivo de este escritor, que rigurosamente ha compendiado la Universidad de Vanderbilt, es memoria y testimonio, borrador y proyecto aún por descubrir en muchos aspectos.

Por: Alejandro Alzate

Foto: Jesús Avilés/Infobae.
Foto: Jesús Avilés/Infobae.

A propósito del XIV Simposio Internacional Jorge Isaacs, Manuel Zapata Olivella vuelve a África, que se realizará en Dakar el próximo mes de noviembre, viene bien analizar algunos aspectos en relación con el archivo que este escritor, médico, ensayista, folclorista, viajero y pensador dejó como legado intelectual y cultural. En ese sentido, es preciso mencionar que el pasado 20 de junio se llevó a cabo un evento en el que académicos nacionales e internacionales disertaron sobre los hallazgos que de su obra existen y cómo estos explican y condensan el meticuloso trabajo que otrora realizó.

La actividad en mención, denominada En clave de archivo: nuevas lecturas en torno a Manuel Zapata Olivella, faculta dos preguntas iniciales: ¿para qué sirve un archivo?, ¿cuál es su finalidad? Algunas pistas sugieren que esta última radica en la posibilidad de “generar una acción cultural para una comunidad diversa, propiciando la participación de individuos y organizaciones conformadas por ciudadanos que soliciten la apertura y apropiación de recursos de información de dominio e interés públicos, [esto con el fin de] fomentar la investigación y divulgación de contenidos culturales y procesos de construcción de memoria e identidad” (Ramírez Ordóñez, 3, 2018).

La definición anterior pone de manifiesto dos aspectos importantes. En primer lugar, el carácter de apropiación cultural que surge en relación con un bien inmaterial como el conocimiento. En segunda instancia, se destaca el carácter divulgativo que no solo pone en diálogo pensamientos y proyectos de orden artístico, sino que crea comunidades de sentido alrededor de un tema de interés. Conforme los estudios afroamericanos lo han revelado, la apropiación de los procesos diaspóricos es importante en la medida en que estos posibilitan el entendimiento de las causas que han generado dominación y, subsecuentemente, empoderamientos intelectuales para superarla, bien desde las artes o bien desde el accionar político y civil. Asimismo, lo divulgativo es de vital importancia, puesto que permite la difusión de un pensamiento y de una consigna ideológica o estética capaz de impugnar los órdenes establecidos.

En el caso de Zapata Olivella, y como bien lo referencia Mario Enrique Rey, las denuncias o impugnaciones que se divulgan “no están limitadas por la ascendencia negra del escritor. [Son] la protesta de un criollo contra las condiciones de los campesinos, contra la prostitución, contra la niñez abandonada, contra la injusticia, contra la violencia, etc., que sufren tanto negros como blancos como mestizos, en general las clases desposeídas de América”. (130). “La denuncia proviene de la influencia que las corrientes ideológicas de izquierda tuvieron en los medios universitarios latinoamericanos, así como de la repercusión de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Mexicana, la Revolución Rusa y la Guerra Civil Española” (119).

…los archivos de Manuel Zapata Olivella nos dan una pista para entender cómo trabajaba su pensamiento y cómo su escritura ficcional se dirigía a problemas sociales álgidos.

En relación con estas ideas, la profesora Laura Correa Ochoa señaló que Zapata Olivella pensó el mestizaje como indispensable para “vencer las miradas estereotipadas sobre la raza y la dominación capitalista”. Asimismo, destacó el hecho de que el escritor resaltara los aportes negros e indígenas de cara a la “reivindicación consciente de la nación”. Esto explica el hecho de que su crítica al sistema, nutrida por los complejos fenómenos sociopolíticos aludidos, haya ido mucho más allá de su condición afroamericana para refutar el conjunto de arbitrariedades que afectaron el progreso de los pueblos afro e indígenas en Colombia y América Latina. Para Correa Ochoa, el archivo se constituye en punto de referencia, comprensión y cuestionamiento.

Desde esa misma perspectiva, la investigadora Silvia Valero destacó que “los archivos de Manuel Zapata Olivella nos dan una pista para entender cómo trabajaba su pensamiento y cómo su escritura ficcional se dirigía a problemas sociales álgidos”. Según lo señaló en su intervención, el archivo permite una intertextualización muy rica y compleja [en torno a lo] que pasaba afuera, en lo social, y en su proceso creativo”. No lejos de esta interpretación, Peter Rondón Vélez planteó que “el archivo está habitado por los mecanismos que un autor crea, habita o interviene. Este nos presenta lo que todavía no conocemos frente a una obra. Así, en Tierra mojada, por ejemplo, se trata el Muntu por primera vez y se le entiende como la relación del hombre con el espacio que lo rodea; lo cual deviene en testimonio que reconviene, pero también castiga.

El archivo es, visto de mejor forma, memoria viva que interpreta e interpela más para movilizar a la acción que para legitimar respuestas totalizantes, tal como las que intentaron consolidar muchos novelistas latinoamericanos de las décadas del 60 y 70.

En alusión directa a esto último, Mario Enrique Rey explica que “en Tierra mojada podemos encontrar una buena dosis de nativismo: el río Sinú, sus alrededores, son personajes de vital importancia en el desarrollo de la novela, son como seres superiores e incontrolables que ayudan o castigan al hombre: si en un principio dieron acogida al viejo Goyo y sus amigos, permitiéndoles sus bajos para el cultivo del arroz, al final arrasan con todas las tierras que, hábilmente cultivadas por los campesinos, habían atraído la codicia del terrateniente Espitia”. (131). Vista así, la reconvención deviene en penuria para los hombres que han violentado los códigos de convivencia. La mirada aguda del escritor se empeña en la crítica mientras deja, para luego, el tratamiento menos panfletario[1], y más literario, de ciertos temas y dinámicas problemáticas.

Lo anterior permite anotar que si se piensa la obra de Manuel Zapata Olivella deben ponderarse, en porcentajes iguales, tanto la crítica como lo místico; aspecto este último que después adquiriría brillantez literaria con Changó, el gran putas. Así, si partimos del hecho de que desde los años 40 la espiritualidad africana, representada mediante el Muntu, ya habitaba los textos del autor, es preciso referir que el archivo, en su calidad de museo de la memoria, muchas veces no logra explicar a fondo, y de modo definitivo, el pensamiento de un artista. El archivo es, visto de mejor forma, memoria viva que interpreta e interpela más para movilizar a la acción que para legitimar respuestas totalizantes, tal como las que intentaron consolidar muchos novelistas latinoamericanos de las décadas del 60 y 70.

Foto: Centro Virtual Isaacs.
Foto: Centro Virtual Isaacs.

Respecto a esta consideración, el investigador Juan Suárez planteó que “el archivo no puede abarcarlo todo; por el contrario, es abierto e inconcluso”. En el caso del Muntu, concepto transversal a la obra de este escritor, cabe ahondar en que es en Changó, el gran putas, donde mejor aparece desarrollado; sin que ello niegue la dificultad de su comprensión. De acuerdo con Diana Carolina Sierra, “desde el inicio de la novela, Zapata Olivella resalta el valor del Muntu ubicándolo en el íncipit: “¡Oídos del Muntu, oíd!”. Encontramos aquí a unos narratarios representados mediante la personificación de los Oídos del Muntu, quienes, según las costumbres africanas, conservarán el saber de generación en generación mediante la palabra, renovando el compromiso de hacer perdurar esta filosofía en el tiempo. Esta frase de ataque con que inicia la novela provoca en el lector el deseo de saber más sobre el Muntu, adentrándose en el viaje que supone la lectura de Changó…”.

Finalmente, referimos que el gran viaje no es hacia un texto en particular, sino hacia el grueso de una obra llena de interrogantes, puntos de vista complejos y compromisos con la multiculturalidad, la escritura y la justicia histórica. Parte de las nuevas lecturas que se discutieron hicieron énfasis en el compromiso de Zapata Olivella con la libertad; de tal suerte, la lectura de su obra resulta fundamental para comprender, o intentar comprender, tanto el proceso diaspórico en sí, como la importancia del legado africano en Occidente, especialmente en el corredor del Caribe y las Antillas. Los mundos rituales, las explicaciones cosmogónicas de la fenomenología universal, las formas y significados de la música, el canto y el baile, las múltiples religiosidades y las pugnas entre las deidades y los hombres, son temas que aún resisten muchas interpretaciones. Queda, pues, servida la mesa.


[1] Léase, en torno a esta idea, el artículo “Zapata Olivella en el contexto de la literatura colombiana e hispanoamericana” que integra el libro La novela colombiana ante la crítica 1975-1990, de Luz Mery Giraldo. Centro Editorial Javeriano. 1994.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba