Crítica

Dune 2: el reto de lo inadaptable

El pasado 29 de febrero se estrenó en los cines de Colombia la secuela de uno de los proyectos más ambiciosos del director Denis Villeneuve: la adaptación de la historia de una de las sagas literarias del género de ciencia ficción más importantes e influyentes de la narrativa ficcional moderna.

Título: Dune: Parte DosDirector: Denis Villeneuve
País: Estados Unidos
Año: 2023
Duración: 165 minutos

Por: Julián Andrés Santamaría Hernández
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: hipertextual.com
Foto: hipertextual.com

Hace tres años, Dune (2021) tomó el riesgo de seguir una línea narrativa que convirtió a la película en lo que se puede considerar como un preámbulo para un producto más grande. Es una obra que se preocupa porque la audiencia se familiarice con las extensas dinámicas políticas, filosóficas, mágicas y tecnológicas de este universo. Ahora, esta vez, Dune está dispuesta a entregarlo todo a una escala épica.

La historia de Paul Atreides continua en el planeta Arrakis. Mientras aprende a vivir entre la comunidad nativa Fremen y planea vengarse contra El Barón Vladimir, lo que provocará la guerra en el planeta, la película gira en torno a la idea de las consecuencias que desencadenan las acciones de los personajes sobre eventos futuros. Paul sufre sobre las posibles decisiones que tomará si decide convertirse en un mesías que traerá un futuro construido con sangre; el emperador observa cómo todos los eventos del pasado, por los cuales es responsable, toman una nueva forma; las Bene Gesserit contemplan los resultados que obtienen al manipular el orden político del universo a su antojo.

Dune: Parte Dos elige cuidadosamente a qué aspectos de su historia desea darle más importancia. Las dinámicas jerárquicas del imperio son finalmente expuestas.  La peligrosa manipulación religiosa de comunidades enteras por las Bene Gesserit se manifiesta como un aspecto vital de la saga. Los Harkonnen son tan detestables como llamativos. Y Paul trata de tomar el camino que cree correcto, mientras escucha los ecos incesantes de que sus acciones no van a terminar en actos puramente heroicos y teme a lo que se puede llegar a convertir.

Dune: Parte Dos no es una traducción exacta, no tiene cada personaje, punto dramático, monólogo interior o enciclopedia ficticia que hace de la saga de novelas tan rica. Pero sí logra captar lo más importante: el peso dramático, la enorme escala y calidad indiscutible.

El conflicto de intereses y estrategias para provocar o interferir la posibilidad de un conflicto bélico interplanetario en Dune, es uno de los muchos elementos por los cuales la saga de novelas fue pensada como inadaptable. Con otros intentos fallidos en el pasado, este universo sumamente complejo da prioridad al mensaje que quiere expresar respecto a conceptos filosóficos como la humanidad, el poder de la religión, la voluntad y la importancia de la naturaleza. Una historia tan densa parecía solo pertenecer a un formato tan permisivo y paciente como puede serlo la novela, en contraste con uno mucho más inmediato y breve: el cine. Sin embargo, la sola premisa de que una obra sea inadaptable presenta un reto.

Con esta nueva entrega, la saga de Dune en el cine se adapta, no solo a un formato, sino también a una audiencia y a otro tipo de sensibilidades. El espectáculo hollywoodense de acción no es un requisito, sino un recurso explotado para retratar la guerra en Arrakis. El elenco de actores está constituido no solo para asegurar ventas por su familiaridad, sino también por el despliegue de talento actoral que requiere la obra. En lugar de ser tratada como un obstáculo, la escala intergaláctica de ciencia ficción es aprovechada para explotar una visión artística a la máxima potencia: la música, efectos de sonido, iluminación, colores, diseño de vestuario, escenarios. Dune es gráficamente majestuoso, porque no serlo sería desperdiciar la oportunidad de mostrar esta obra aprovechando las fortalezas del cine como medio narrativo artístico.

Denis Villeneuve (1967), guionista y director de cine canadiense. Foto: elcorreo.com
Denis Villeneuve (1967), guionista y director de cine canadiense.
Foto: elcorreo.com

Es difícil hablar de la película y el efecto que tiene ahora o podría tener en el futuro, sin crear paralelos con una obra que tuvo condiciones similares en su origen y producción: la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson. En su momento, estableció un precedente respecto a la forma como se pueden adaptar obras literarias al cine, y cómo se pueden aprovechar los recursos del medio a su favor. Ambas obras son reconocidas por su efecto en la cultura popular, su complejidad, profundidad e inicial escepticismo respecto a la calidad de una película que adapte sus historias. Ambas consideradas, en algún momento, como inadaptables.

En este momento tenemos a Dune, con un aire moderno, que aun desde el contexto del medio actual, abundante en obras de ciencia ficción, logra sentirse original y separarse del resto a pesar de ser parte de una historia con décadas de antigüedad. Dune: Parte Dos no es una traducción exacta, no tiene cada personaje, punto dramático, monólogo interior o enciclopedia ficticia que hace de la saga de novelas tan rica. Pero sí logra captar lo más importante: el peso dramático, la enorme escala y calidad indiscutible. La personalidad audiovisual de la película permea la mente del espectador que se une a su precuela, como a lo que vendrá en el futuro. Dune ha llegado al cine, nuevamente, para establecerse como un prestigioso ícono de la ciencia ficción.

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