De México para el mundo: la voz de la nueva narrativa latinoamericana
La prestigiosa editorial de la Universidad Veracruzana ha publicado recientemente Un gesto simple, nuevo título de la escritora Karla Liliana Marrufo Huchim. El texto, que indaga las complejidades de la condición humana, se erige como muestra de los intereses, búsquedas e inquietudes de las nuevas voces de la literatura latinoamericana. La Palabra ha conversado con la autora sobre este nuevo proyecto narrativo.
Por: Alejandro Alzate

Foto: Tomada de libreria.uv.mx
Alejandro Alzate (AA): Un gesto simple puede leerse como un libro en el que convergen actitudes y acciones de múltiples matices, la mayoría de ellas de gran complejidad. En tanto autora, ¿qué tipo de condición humana, luces o sombras, te interesó destacar con la escritura de los cuentos?
Karla Liliana Marrufo Huchim (KLMH): El primer cuento que escribí, de los que constituyen este volumen, fue “Próximo destino, Lisboa”. Es un texto que encontró su mundo de correspondencias de una forma más o menos rápida y natural, y creo que es el que marcó la pauta del tipo de personajes que en ese momento me interesaba configurar. Considero que ahí están sintetizados los rasgos de esa condición humana por la que preguntas: la inconformidad latente en una forma de vida sin sobresaltos, la tristeza crónica (aunque en este caso sobredimensionada hasta lo surreal) del individuo contemporáneo, la dificultad para salirse de un esquema vital que cada día nos oprime más por dentro. A pesar del tono sombrío marcado desde estas cualidades, también admiten un poco de luz o de esperanza hacia el final de la historia.
(AA): En Pedro Páramo se evidencia el conflicto con la figura del padre. En tu libro se pone de manifiesto el drama con el arquetipo materno. ¿Por qué? ¿Existió la intención de establecer un diálogo o contrapunto temático?
(KLMH): La obra de Rulfo no era en específico un referente que tuviera presente en el periodo de escritura de los cuentos. Sin embargo, sí buscaba establecer una suerte de diálogo con una ya larga tradición literaria de confrontaciones o tensiones con figuras maternas y paternas, en específico en el texto que da título al libro.
(AA): La depresión, el alcoholismo, la ansiedad y la pérdida del rumbo son elementos que van en préstamo de una narración a otra. ¿Cómo ve y entiende tu literatura al ser humano contemporáneo?
(KLMH): En conjunto, los cuentos que conforman el volumen buscan situar la experiencia humana desde aquello que nos duele y no siempre sabemos nombrar, pero que se expresa, en efecto, a través de un malestar generalizado que, como señalas, se traduce en las historias como depresión, ansiedad, etc. Sin embargo, me interesaba no dejar que los personajes se hundieran en la hondura de sus desasosiegos, sino que la hicieran suya y que cada cual encontrara en ella otros sentires que también nos constituyen: ternura, esperanza, nostalgia, felicidad. De ahí que el título, Un gesto simple, remita a esas pequeñas acciones o actitudes capaces de restituir lo que sentimos estragado en nuestro interior.
(AA): La lectura del libro da cuenta de la presencia de muchas y diversas especies animales. ¿Es esto producto del azar o surgió, por el contrario, de la tentativa de crear una suerte de pequeño bestiario? ¿Hay alguna fábula que actué como soporte invisible de los cuentos?
(KLMH): La presencia de especies no humanas en los cuentos deriva de un interés muy personal por situar la experiencia emotiva y sensorial humana a un nivel de comprensión y empatía más cercano a lo animal, es decir, a través de una comunicación no mediada por el lenguaje, sino por la mirada, el cuerpo, la espacialidad, el tacto. Creo que no pensaría en la presencia de los animales en la lógica del bestiario, puesto que se encuentran ahí en una comunión estrecha con personajes solitarios, ofreciendo con su sola presencia una compañía que también es reflejo y cobijo. Por esta razón, tampoco situaría los cuentos en la línea de la fábula, dado que no busco filtrar ningún tipo de didactismo ni condena a través de los animales.

(AA): En De puerta a puerta se aprecian varias cosas, entre ellas, un cuestionamiento a la oficialidad y al poder. Desde tu perspectiva, ¿puede la literatura desafiar, cuestionar o hacer tambalear las estructuras de la oficialidad política y cultural?
(KLMH): Creo que sí pero de formas más bien oblicuas o indirectas. Desde luego que hay obras literarias que lo hacen frontalmente, pero en lo personal, me seducen más el juego, el absurdo, aquello que queda sugerido y no explícito. En De puerta a puerta, lo que buscaba era eso, no dar cuenta del discurso oficial desde la voz de la autoridad, sino desde las respuestas de un sujeto casi por completo inadaptado a la sociedad. Desde su voz se articula un punto de vista inusual (hay quien podría pensar que el protagonista no está muy en sus cabales), algo enrarecido, que divaga mucho y parece no llegar a ningún punto, pero que exhibe a su vez lo limitado de la oficialidad.
(AA): En Retratos se plantea la importancia de escribir; escribir para no olvidar, escribir para congelar las alegrías y disipar los temores. Desde esa perspectiva, ¿qué sentido tiene hacer literatura hoy, qué combate -o debe combatir- la literatura contemporánea?
(KLMH): Sí, uno de los temas a los que más me he dedicado, tanto en la creación literaria como en la investigación, es la memoria; la memoria entendida como el soporte emotivo e intelectual de nuestra identidad, tomando en cuenta que tanto la identidad como la memoria están todo el tiempo transformándose, adecuándose a la novedad del presente y sus respectivos aprendizajes. En este sentido, no pensaría en la literatura en términos de combate sino de reconciliaciones necesarias con esa parte vital que la lógica de las sociedades contemporáneas tiende a sofocar: la escucha atenta (de otras personas, de otras especies), el tiempo de ocio o de contemplación, el pensamiento crítico, la vivencia de lo sensorial como algo placentero, la ternura y la generosidad para con aquello que nos rodea. Creo que en esto radica el sentido de la literatura hoy día, o por lo menos de la literatura que me interesa leer y escribir.
(AA): Los personajes de los cuentos son itinerantes, no anclados al espacio físico o cultural de un lugar determinado. No obstante, los viajes no terminan de alejar los desencantos, miedos y frustraciones. ¿En qué se diferencia el viajante de hoy en relación con ese flaneur que nos heredó la literatura francesa?
(KLMH): En que el flaneur no tenía un destino fijado de antemano, sino que se dejaba llevar por el sólo placer de deambular, de estar en la vivencia de un presente en el que recorrías las calles, miraba su entorno, sin pensar en el transcurso del tiempo. La marca definitiva del flaneur era precisamente su entrega a la vida contemplativa, su no subordinación al tiempo productivo del capitalismo. En el caso de los personajes de habitan Un gesto simple, si bien no se encuentran del todo anclados a un sitio específico, su modo de estar en el mundo expresa una forma sutil de resistencia a ese tiempo productivo, aunque sin la libertad plena, juguetona del flaneur, ya que, como mencionas, lo que se sitúa en un primer plano son sus aflicciones, miedos, tristezas y olvidos.



