Cien años de soledad: de Macondo a Netflix
2024 marcó el estreno de la primera parte de la adaptación televisiva de esta novela, la más emblemática del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez. Laura Mora y Alex García López han sido los encargados de realizar el trasvase a la pantalla chica, una apuesta, sin lugar a dudas, compleja y onerosa en términos económicos y logísticos. ¡Amanecerá y veremos si los Buendía aplauden o, por el contrario, desparraman latigazos castigadores con sus colas de marrano!
Por: Alejandro Alzate

Foto: Netflix
El matrimonio entre cine y literatura es de vieja data. A las pantallas alrededor del mundo han llegado obras emblemáticas como Los miserables, de Víctor Hugo; Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol; El gran Gatsby, de Scott Fizgerald y Romeo y Julieta, de William Shakespeare, solo por mencionar algunos ejemplos. Si de autores latinoamericanos se trata, puede decirse que también ellos han llamado la atención de los poderosos monopolios cinematográficos internacionales. En 1986, por ejemplo, el aquí referido García Márquez atestiguó la adaptación fílmica de Crónica de una muerte anunciada. El director italiano Francesco Rosi fue el encargado de liderar ese proyecto; bastante certero y lúcido, por cierto. Asimismo, Julio Cortázar sedujo, con Las babas del diablo, al también italiano Michelangelo Antonioni, quien no ahorró esfuerzos para elaborar una adaptación lenta, lentísima, y desesperante hasta el hartazgo. Ni siquiera la presencia de la internacional Vanessa Redgrave pudo alivianar la densidad del proyecto. No obstante lo anterior, cabe decir que Antonioni recibió la Palma de Oro al mejor director en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1967, año en que, justamente, se publicó Cien años de soledad.
También, escritores como Álvaro Mutis, Juan Rulfo y Mario Vargas Llosa, entre un largo etcétera, vieron algunas de sus obras llevadas al cine. En el caso del primero, el colombiano Carlos Mayolo recreó, en 1986, La mansión de Araucaima. En lo concerniente a Rulfo, el director José Bolaños dio vida a Pedro Páramo, en 1976, y, por su parte, Francisco Lombardi se dio a la elaboración de la segunda versión de Pantaleón y las visitadoras, en 1999.
Dicho lo anterior, no es extraño que ahora una plataforma de infotainment, como Netflix, vuelva la mirada sobre Cien años de soledad. El objetivo, dicen los productores, es entregar al público un proyecto constituido por dos partes, cada una, a su vez, conformada por ocho episodios. La primera, disponible ya, busca que los televidentes se familiaricen con la trama, los personajes y, sobre todo, con la fotografía, quizás uno de los mayores aciertos hasta ahora. La segunda entrega, que se realizará a mediados de 2025, propone un desenvolvimiento temático más complejo que dé cuenta, con mayor profundidad, de las formas de vida de la familia Buendía, de su idiosincrasia y sus contemplaciones de los acontecimientos del mundo. Lo cierto es que, hasta ahora, puede leerse como positivo que Colombia, y sus regiones, sean epicentros de proyectos artísticos de gran calado; proyectos que involucren activamente a las comunidades de artesanos y pequeños empresarios de la cultura. Así, en razón de esta sinergia, arte, economía, literatura y participación ciudadana, se consolidan como estrategias de impulso multifactorial. De lo otro, es decir, de la calidad de la serie, de los aciertos o desaciertos del guion, ya habrá tiempo para hablar, para aplaudir o llorar. ¡Amanecerá y veremos!



