Perfil

Cien años de Buenaventura

Por: Gabriel Uribe
Docente Departamento de Artes Escénicas, Universidad del Valle

Enrique Buenaventura (1925 – 2003), actor, dramaturgo, ensayista, narrador, poeta y director colombiano. Foto: Tomada de babel.banrepcultural.org
Enrique Buenaventura (1925 – 2003), actor, dramaturgo, ensayista, narrador, poeta y director colombiano.
Foto: Tomada de babel. banrepcultural.org

Según cuenta la vieja mitología, el nacimiento de Dioniso, en cuyo honor se entonaban los ditirambos que dieron origen al teatro, tuvo un nacimiento bastante traumático. Su madre Sémele a quien había embarazado Zeus, fue fulminada por un rayo enviada por el propio dios a causa de rumores sobre infidelidad. La muerte de Sémele produjo el nacimiento prematuro de Dioniso quien fue acogido por su padre Zeus que lo depositó en su propio muslo para que terminara el proceso de gestación. Las coincidencias con el nacimiento de Enrique Buenaventura son muy grandes: la familia de Enrique fue víctima de un voraz incendio que se produjo en su casa ocasionado por el estallido de pinturas almacenadas. La tragedia produjo el nacimiento prematuro de Enrique quien fue cuidado por una tía mientras su madre se recuperaba de las graves quemaduras. Cuanta Nicolas, hermano del Enrique, que esta tía lo guardaba, envuelto en toallas, en su delantal mientras realizaba los oficios domésticos. Enrique Buenaventura es el padre del teatro moderno en Colombia.

Cuando Enrique Buenaventura, a la edad de 25 años, aceptó la invitación de Francisco Petrone para unirse a su compañía teatral pensó que ya sus experiencias esporádicas en el teatro “rasca” caleño habían llegado a su fin y que desde este momento emprendería el camino en el teatro profesional al lado del reconocido actor y director argentino. El primer encuentro Petrone-Buenaventura se produjo en el Teatro Municipal donde se ponía la obra La muerte de un viajante de Arthur Miller. Enrique había escrito una crítica publicada en el diario El País sobre esta puesta en escena y a Petrone le había gustado mucho por lo que se interesó por conocer al periodista. Encantado por la personalidad de Enrique, su inteligencia y el gran amor por el teatro Petrone no dudó en vincular a este joven a su compañía y le ofreció el puesto de asistente de dirección. La próxima parada de la compañía fue en Caracas y allí, para bien o para mal, el fracaso financiero que produjo la desbandada de la compañía, hizo que Enrique se embarcará en su experiencia por las Antillas como ayudante de un barco. Esta experiencia duro alrededor de 3 años tiempo en el cual Enrique se hizo experto en oficios de navegante: cocinero, escribano, hábil en nudos, amarras, contrabandos, etc. Su periplo lo llevó a Bahía, Brasil y allí se hizo adorador de los orishas y, según sus propias palabras, ordenado babalao. Posteriormente recaló en Argentina en pleno auge del movimiento del teatro independiente liderado por Leónidas Barletta y tuvo cercanías con una de las agrupaciones emblemáticas del Teatro Independiente: Fray Mocho que abogaba por un teatro popular en su escritura y en sus puestas en escena y por la búsqueda de un público nuevo proveniente de la juventud estudiantil y de los obreros. Allí conoció y compartió con Oswaldo Dragún de quien, años después, montaría una de sus obras más importantes Historias para ser contadas. Después pasaría a Chile donde se haría profesor de Expresión Corporal y Danzas folklóricas.

Foto: Archivo personal de Gabriel Uribe.
Foto: Archivo personal de Gabriel Uribe.

En el año 1955 se había creado en Cali la Escuela Departamental de Teatro bajo la dirección del español Cayetano Luca de Tena, personaje de reconocida trayectoria como hombre de radio y de teatro pero que tuvo pocas realizaciones en el precario medio teatral caleño de esa época.

Para ocupar su puesto fue llamado desde Chile Enrique quien impregnado de las enseñanzas de del movimiento de Teatro Independiente argentino, trabajó en diferentes frentes: la creación de un teatro de repertorio con productos académicos de la escuela de teatro, creación de un público teatral con la programación de temporadas de estreno en el Teatro Municipal, en funciones para adultos y niños. Sus primeros años como director de la Escuela Departamental de Teatro los dedicó a conformar un elenco de actores y actrices con fundamentos técnicos y teóricos incorporando enseñanza de maestros de amplio reconocimiento en el teatro europeo y procurando una colaboración con los maestros cercanos de todas las áreas artísticas, fundamentalmente los residentes en Cali.

En el año 1958 la Escuela Departamental de Teatro haría su primera salida a un evento de carácter nacional: el Festival Nacional de Teatro que haría su segunda versión en Bogotá. En esta ocasión y en las sucesivas ediciones del festival, el grupo de Cali se llevaría la mayoría de los premios en juego lo que significaba un prestigio nacional y el reconocimiento a la labor formativa liderada por Buenaventura. En el mismo año de 1958 Enrique se reencontró con su gran amigo argentino Pedro I. Martínez quien había llegado a Colombia invitado por la televisión para colaborar en la formación de actores para este medio. Enrique convenció a Pedro de irse a Cali donde se estaba gestando un gran movimiento escénico a través de la Escuela Departamental. Un año después llegó a Cali Pedro Martínez acompañado de su esposa Fanny Mickey para integrarse a la tarea de consolidar un fuerte sistema teatral a través del establecimiento de un teatro de repertorio, un elenco profesional con fundamentos sistemáticos en su formación, oportunidades para jóvenes directores, un público que colmaba el teatro Municipal con una cartelera que combinaba teatro clásico, contemporáneo, adulto e infantil con obras de autores extranjeros y nacionales.

La primera obra que tuvo reconocimiento nacional y posteriormente internacional fue A la diestra de Dios Padre, que en principio fue una versión teatralizada del cuento de Tomás Carrasquilla y en las sucesivas versiones (cinco en total) llegó a ser una obra autónoma cuyos sucesivos montajes expresó el periplo creativo de Enrique como dramaturgo y director introduciendo en cada versión la evolución de su pensamiento estético y político. Esta obra, en su segunda versión, tuvo la representación por Colombia en el Festival de la Naciones realizado en París en 1960 y una beca para Enrique por un año para estudiar el teatro que se hacía en Europa en ese momento.

La creación colectiva es quizá el aporte más significativo del maestro Enrique Buenaventura al teatro colombiano, latinoamericano y mundial creado a partir de la relación fecunda entre el Teatro Experimental de Cali y el teatro La Candelaria de Bogotá. La aplicación de este método permitió la formación y consolidación de muchos grupos teatrales en el país, pues a través de este camino se produjeron obras que hablaron de la realidad política de Colombia.

 Entre los años 60 y 70 se realizó en Cali el Festival de Arte que incluía en su programación prácticamente todas las manifestaciones artísticas: ballet, música, teatro, artesanías provenientes de muchos países del mundo. En esa época se consolidó la amistad entre Enrique Buenaventura y Santiago García y de los grupos TEC y La Candelaria (por aquellos años La Casa de la Cultura). Encuentros y seminarios compartidos dieron como resultado las primeras definiciones del teatro de creación colectiva que tenía como base fundamental la improvisación y, por ende, una total participación de los actores en los procesos creativos de las puestas en escena.

La relación entre Enrique Buenaventura y la dirigencia política y cultural de Cali se fue rompiendo con la radicalización de la dramaturgia de Buenaventura: La Trampa, obra ganadora del concurso de dramaturgia de 1965, fue montada por Santiago García con los actores del TEC. A la vez Enrique montó su versión de Macbeth, de Shakespeare, con los actores de La Casa de la Cultura de Bogotá. La Trampa, que hablaba de las artimañas de un dictador centroamericano para perpetuarse en el poder, fue interpretado por la élite caleña como un ataque velado a las fuerzas militares colombianas por lo que se desató una controversia impulsada desde los periódicos de la región y luego, de los de Bogotá. El montaje de La Trampa, finalmente se presentó a público, pero las desavenencias entre artistas y políticos quedó cazada.

La excursión expulsión de cinco profesores de la Escuela Departamental de Teatro, entre ellos el mismo Enrique Buenaventura, produjo, sin proponérselo, una nueva situación en el panorama teatral de la ciudad y del país cómo fue el de la aparición de los grupos independientes. Ya en Bogotá, a raíz de unas discordias entre las directivas universitarias de la Nacional y el director Santiago García por el estreno de la obra Galileo Galilei de Bertolt Brecht, se había producido la salida del maestro y de casi todo el elenco de la institución para crear La Casa de la Cultura, una entidad independiente, autónoma, experimental que se propuso hacer un teatro con criterio propio.  

Foto: Tomada de tangente.uartes.edu.ec
Foto: Tomada de tangente.uartes.edu.ec

La creación colectiva es quizá el aporte más significativo del maestro Enrique Buenaventura al teatro colombiano, latinoamericano y mundial creado a partir de la relación fecunda entre el Teatro Experimental de Cali y el teatro La Candelaria de Bogotá. La aplicación de este método permitió la formación y consolidación de muchos grupos teatrales en el país pues a través de este camino se produjeron obras que hablaron de la realidad política de Colombia, su historia, contada hasta entonces por las élites oficiales, produjo un crecimiento enorme de público juvenil y la construcción de muchas salas de teatro que aún hoy prestan sus servicios como Cali Teatro, La Máscara, Esquina Latina, para hablar solamente de Cali.


La memoria de Enrique Buenaventura está más viva que nunca. Este año se celebra en toda Colombia el centenario de su nacimiento como una forma de reconocimiento, agradecimiento y admiración por su gran legado. Debe ser esta celebración también un reto para que la academia se aproxime con rigor al estudio de su vasta obra y justifique ante las nuevas generaciones la necesidad de revitalizar el pensamiento buenaventuresco.

Cali, septiembre de 2024

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