Cali y la percepción del riesgo: entre la cotidianidad y urgencia climática
Por: Kelly Vanessa Bravo Salazar
Estudiante de Geografía, Univalle

Foto: El Tiempo.
En Cali, las lluvias torrenciales no son solo un fenómeno meteorológico, sino una postal recurrente de calles convertidas en ríos, viviendas afectadas y ciudadanos que enfrentan la crisis con una mezcla de resignación, improvisación y hasta humor. La percepción social del riesgo en la ciudad revela una desconexión preocupante entre la gravedad de los eventos climáticos y la respuesta de la comunidad. ¿Cómo puede una inundación ser vista como un simple inconveniente pasajero y no como una alerta sobre los efectos del cambio climático?
Es común ver imágenes en redes sociales de personas desplazándose en botes improvisados por calles inundadas, tomándolo como una anécdota más que como una señal de alarma. En lugar de adoptar medidas de precaución, muchos ciudadanos continúan su rutina como si se tratara de un obstáculo menor. La percepción de que “siempre ha llovido así” contribuye a la inacción y a una falsa sensación de control sobre fenómenos cada vez más extremos.
Sin embargo, las lluvias actuales no son las mismas de hace décadas. El cambio climático ha intensificado las precipitaciones, afectando zonas vulnerables donde el desbordamiento de ríos y la falta de infraestructura agravan el problema. Las recientes emergencias en barrios como Siloé o Alfonso López evidencian que no se trata de un evento aislado, sino de un patrón que seguirá repitiéndose con mayor frecuencia e intensidad.
Para muchos, estos episodios son solo anécdotas virales en redes sociales, pero en el fondo reflejan una realidad alarmante: la incapacidad de gran parte de la sociedad caleña para comprender la magnitud del riesgo ambiental. Este fenómeno no es exclusivo de Colombia. En diferentes partes del mundo como el caso de España, la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) ha dejado estragos en diferentes comunidades, pero el problema no es solo meteorológico, sino social y psicológico. La falta de conciencia sobre el riesgo es, en sí misma, una vulnerabilidad.
Si Cali sigue viendo el riesgo como una parte inevitable de su identidad, seguirá repitiendo su historia de desastres evitables. El reto es romper la normalización del riesgo en las personas, que no pueden seguir viendo las inundaciones como un mal menor o un hecho inevitable.
Desde la psicología social, la manera como las personas perciben el riesgo está mediada por múltiples sesgos cognitivos. Uno de los más evidentes en Cali es el sesgo de normalidad, que lleva a las personas a asumir que, porque han vivido inundaciones antes sin consecuencias catastróficas inmediatas, seguirán haciéndolo sin problemas en el futuro. Este sesgo genera una falsa sensación de seguridad y reduce la percepción de urgencia ante las advertencias meteorológicas.
Otro fenómeno frecuente es la minimización del riesgo, donde la población resta importancia a los desastres hasta que los experimenta en carne propia. Los videos de personas atravesando calles inundadas en motos o bicicletas, ignorando las advertencias, son ejemplos claros de esta conducta. En lugar de interpretar el agua desbordada como una señal de peligro, se convierte en un espectáculo más que un motivo de alarma.
En Cali, como en muchas ciudades de América Latina, el cambio climático sigue siendo visto como un fenómeno distante. Se percibe como un problema de los polos o de regiones costeras, pero no como una amenaza inmediata para la ciudad. Sin embargo, la alteración en los patrones de lluvia y temperatura ya está impactando la vida urbana, y el desconocimiento sobre estos procesos agrava la situación.
Culturalmente, Cali ha desarrollado una relación ambivalente con el desastre. Hay quienes encuentran en la crisis una oportunidad de resistencia y solidaridad, mientras que otros la ven como un espectáculo pasajero. Las redes sociales alimentan esta percepción, con videos de ciudadanos navegando las calles en botes improvisados o riendo mientras la corriente se lleva sus pertenencias. La tragedia se convierte en contenido viral, perdiendo su dimensión de advertencia y convirtiéndose en parte del imaginario de la ciudad.
Pero el cambio climático no entiende de narrativas culturales. La frecuencia y severidad de eventos climáticos extremos aumentará, y lo que hoy parece una anécdota puede volverse una crisis irreversible. Es necesario un cambio en la manera como la sociedad caleña comprende el riesgo, pasando de la resignación a la prevención.
Si Cali sigue viendo el riesgo como una parte inevitable de su identidad, seguirá repitiendo su historia de desastres evitables. El reto es romper la normalización del riesgo en las personas, que no pueden seguir viendo las inundaciones como un mal menor o un hecho inevitable.



