Evento

Ajazzgo 2025: una noche francesa de jazz manouche

El pasado nueve de septiembre tuvo lugar en Univalle la segunda fecha del festival Ajazzgo en su edición número veinticinco. Esta vez contamos con la participación de dos cuartetos: los Hermanos Álvarez y Minor Sing. El plato fuerte vino desde la Francia gitana con el jazz manouche. A continuación, una crónica de lo que vimos.

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Minor Sing, agrupación de jazz francesa, en Ajazzgo 2025. Univalle. Foto: Danny Jordan.
Minor Sing, agrupación de jazz francesa, en Ajazzgo 2025. Univalle. Foto: Danny Jordan.

Debíamos empezar con pie derecho, de modo que fuimos al segundo conversatorio de la semana. Alguien con bastante intuición decidió darle el título de “Estilo por accidente: origen e historia del jazz gitano francés”. Quizás uno de los pocos errores que se cometieron a nivel logístico estuvo relacionado con la publicidad. Fue imposible hallar información acerca del lugar donde se celebraría el conversatorio. En el panfleto solo dice “Universidad del Valle” como locación para ambos eventos.

Esto influyó en el número de asistentes. No pasábamos de treinta. La banda en cuestión, Minor Sing, hizo caso omiso y nos invitó a reacomodarnos en la primera fila. El encuentro adquirió de pronto un carácter más íntimo. El micrófono se reservó para las preguntas y las intervenciones del traductor.

Yannick Alcocer, uno de los dos guitarristas que componen el cuarteto y el único que habla español, se hizo rápidamente con el puesto de vocero. Tal parece que nació en Bolivia, aunque su acento es más bien indeterminado. Él se encargó de explicarnos la génesis de la banda y la historia detrás del género que cultivan.

El jazz manouche fue popularizado por el gitano Django Reinhardt. El hombre sufrió un accidente que estropeó sus manos y no tuvo de otra que inventar un nuevo estilo para tocar la guitarra. En realidad, tocaba el banjo, pero se pasó a la guitarra Selmer (con un gran rango de volumen) para ensayar dentro del hospital. Esto ocurrió en el periodo de entreguerras. Los estadounidenses venían en grandes oleadas a Francia. El jazz acabó por infiltrarse en la cultura local. Django quedó maravillado. Quiso crear su propia agrupación, pero sin batería. Fue así como llegamos a la división tradicional de cuatro instrumentos de cuerda: dos guitarras, un violín y un contrabajo.

La influencia de Stéphane Grappelli (su otro referente) puede apreciarse en las florituras del violín llorón. Fue el único integrante no gitano de la banda de Reinhardt. Su estilo se inspiraba en la técnica de Louis Armstrong con la trompeta.

Minor Sing cuenta con una larga trayectoria. Hace más de diez años que recorren los escenarios más fastuosos del mundo. La formación original no contaba con Alcocer. En su lugar había una cantante. El juego de palabras entre la canción más famosa de Reinhardt, “Minor Swing”, y la palabra “sing” viene de esta época.

El espacio fue propicio para que algunos estudiantes de música hicieran preguntas sobre aspectos particulares de la composición o de los estilos del jazz manouche. No entendimos una buena parte de los conceptos abordados. Podemos consignar, sin embargo, que toda la banda se mostró de acuerdo con interpretar pequeños “movimientos” que dieran cuenta de las respuestas que ofrecían. Fue así como descubrimos que esta forma de jazz puede variar de protagonista según lo requiera la canción. Unas veces puede ser la guitarra, otras el violín. Y que la segunda guitarra, de intervención discreta y monótona, cumple una función percutiva.

El jazz manouche fue popularizado por el gitano Django Reinhardt. El hombre sufrió un accidente que estropeó sus manos y no tuvo de otra que inventar un nuevo estilo para tocar la guitarra. En realidad, tocaba el banjo, pero se pasó a la guitarra Selmer  para ensayar dentro del hospital. Esto ocurrió en el periodo de entreguerras. Los estadounidenses venían en grandes oleadas a Francia. El jazz acabó por infiltrarse en la cultura local.

La banda cerró el conversatorio con una interpretación rápida de la mítica “Minor Sing”. Los asistentes se mostraron muy complacidos. Ahora solo hacía falta esperar unas seis horas para verlos en tarima.

Hubo dos presentaciones a lo largo de la noche. Los Hermanos Álvarez fueron los primeros en salir. La gente los recibió con mucho entusiasmo. Todavía no conocíamos las razones detrás de esto: su estilo es poderoso y vibrante. Las melodías rápidas y esquivas eran puestas bajo control por la irrupción fogosa de la trompeta de la famosísima Rachel Therrien.

A veces era difícil seguirles el ritmo. Todos los músicos estaban bajo los efectos de una compenetración que podía repeler a los que no son expertos en la materia. Pero luego de grandes muestras de virtuosismo, volvían a “estribillos” más suaves que daban elocuencia a la composición. Las dos melodías más celebradas fueron “Salomia”y “Arroyito”, de su autoría.

Los Hermanos Álvarez, agrupación de jazz colombiana, en Ajazzgo 2025. Univalle. Foto: Danny Jordan.
Los Hermanos Álvarez, agrupación de jazz colombiana, en Ajazzgo 2025. Univalle. Foto: Danny Jordan.

Es una fortuna que el canal de Univalle Tv estuviera presente para entrevistar a la agrupación. Los hermanos Álvarez son eso, hermanos. Uno viene desde Canadá y el otro es profesor de la Escuela de Música donde dicta el Taller de Improvisación Musical. Ambos se graduaron en Univalle. Estuvieron presentes en la primera edición del festival y ahora están de vuelta, luego de un cuarto de siglo. También hubo espacio para la nostalgia: el canadiense extraña la comida barata, mientras que el otro echa de menos el local donde alquilaba películas que luego veía en las instalaciones de la biblioteca.

Minor Sing fue recibida con una gran salva de aplausos por parte del público. Su estilo es menos elusivo o evidente que el de los Hermanos Álvarez. No basta con simplemente escucharlos. La discreción de la guitarra Slmer requiere de una aptitud más contemplativa.  Ya lo demostró Alcocer: de acuerdo con la posición de la mano en relación con la guitarra, sube o baja el volumen, así como la intensidad.

El clima de euforia fue cediendo gradualmente a uno de pausa y recogimiento. A veces, los gorjeos del violín rascaban algunos aplausos, pero de aquí no pasó. No se debe creer que esto es una señal de “fracaso”.  Los asistentes alcanzaron un nivel de concentración más profundo. La presencia de la banda pasó a un segundo plano. El protagonismo fue tomado por la música en sí misma, como se supone que debe de ser.

Estábamos apostados en las gradas de la biblioteca. La silletería se agotó desde el principio. Junto a nosotros había una pareja entusiasta del jazz. Ambos estudian en Univalle. Desde que ingresaron a la Universidad no se han perdido ninguno de estos festivales. Ninguno quiso ser identificado con su nombre.

Foto: Danny Jordan.
Foto: Danny Jordan.

Gracias a ellos logramos descifrar algunas referencias en las composiciones de la banda. Fue así como identificamos un parentesco entre una de estas y la canción “Alfonsina y el mar” de Mercedes Sosa, que a los pocos minutos fue ratificada por Alcocer.

Antes de cerrar, Alcocer se acercó al micrófono y lanzó una pregunta al aire: podían tocar dos canciones largas o tres cortas. El público se decantó por la variedad. El sonido se hizo más frenético y las improvisaciones más atrevidas. Hubo quienes no pudieron quedarse en su lugar y empezaron a golpear el suelo con los pies o a mover la cabeza. Se sabía que pronto todo iba a llegar a su fin. Algunos se levantaron de las sillas para ver con mayor claridad. Esta aptitud fue celebrada por los miembros de la banda. Se miraban entre ellos y no dejaban de sonreír. Al terminar, fueron consumidos por una poderosa avalancha de aplausos.

Alcocer aprovechó la situación para hacer publicidad de sus discos. Él regalaría uno a cualquiera que se acercara, siempre y cuando también se le “regalara” dinero de vuelta. La gente rompió a reír. Ya habíamos tenido noticias de su sentido del humor durante las pruebas de sonido del lunes. No pudimos quedarnos por más tiempo, pero sí el suficiente como para atestiguar las incipientes filas que se formaron a ambos lados de la tarima.

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