David Lynch: de la conciencia cósmica a la caries dental
Por: Ida Valencia Ortiz
No es necesario entender la obra de un autor
para amar su visión perversa del mundo.
David Lynch

Foto: GETTY IMAGES.
A cinco días de cumplir 79 años, David Lynch se entrega a oniria sin retorno, generando con su partida que las redes sociales y las reseñas de todo tipo estallen de manera viral. Mi fascinación por este reconocido director estadounidense empezó cuando vi sus obras en la cinemateca de la universidad. Como adolescente rara y salvaje entré de lleno y en corto tiempo a su propuesta estética, cuya plasticidad de la imagen, heredada de la pintura expresionista y su narrativa contrapunteada hacen que sus películas resulten inconexas y perturbadoras para el púbico espectador acostumbrado a los relatos lineales e hiperrealistas. Con esta fórmula, Lynch logró volverse uno de los directores más fascinantes, desde que en los noventa del siglo XX impactara de lleno con sus filmes situados en la fisura de la psicoactividad y la sociedad voraz. Para el público ávido de fusiones y tendencias underground, estas producciones audiovisuales eran una ventana de escape al cine comercial y “estúpido” de Hollywood. Ningún otro cineasta había presentado de esa manera su gusto por lo indeterminado, lo desconocido y abyecto de la mente humana. La creatividad tan subjetiva de Lynch sumerge a quien le especta en metamorfosis psíquicas, en la arquitectura de los sueños y en las rutas identitarias de seres humanos a expensas de lo bueno y lo malo, de lo profano y lo sagrado, de la crueldad de la vida.
Hablar a detalle de Lynch resulta extenso, pues tiene cantidades de pliegues y anversos que suscitan reflexiones hiperconectadas. Por eso haré una sucinta apreciación de sus largometrajes, cortometrajes y álbumes musicales, para dar una visión en conjunto de su obra artística.
…Lynch logró volverse uno de los directores más fascinantes, desde que en los noventa del siglo XX impactara de lleno con sus filmes situados en la fisura de la psicoactividad y la sociedad voraz. Para el público ávido de fusiones y tendencias underground, estas producciones audiovisuales eran una ventana de escape al cine comercial y “estúpido” de Hollywood.
Erasedhead – Cabeza borradora (1977)
Es considerada la película más underground de este director, dada la atmósfera oscura y soterrada que maneja, metáfora del mundo psíquico de su personaje Henry Spencer, quien, al verse envuelto en las dinámicas básicas de volverse padre de familia, extralimita las pesadillas de su mente y su imaginación presentifica las mutaciones humanas engendradas al asumir los roles impuestos por las normas sociales.

The Elephant man – El hombre elefante (1980)
Cuenta la historia de John Merrick, un hombre que padece el síndrome de Proteus y es explotado de manera humana, demasiado humana, por el brutal Bytes en su “Parada de los monstruos”. Se dice que esta es una de las películas menos lynchianas, tal vez por tener en su haber actores reconocidos como John Hurt y Anthony Hopkins; sin embargo, cuenta con varios elementos recurrentes en el director, como su mirada que evidencia la crueldad de una sociedad cuando un ser humano se torna indefenso y queda a expensas de la voluntad de otros. Ya Tod Browning, en 1932, advirtió del terror dramático que subyace a este comercio de los freaks como exhibición de circo y expone la indolencia del ser humano al sentirse superior por un aspecto o una condición “normal”. Eso lo retoma el director estadounidense en esta producción conjunta con Inglaterra, dando como resultado una película devastadora.

Dune – Duna (1984)
Lynch dice sobre esta película que cada día que iba para el set de grabación, deseaba abstraerse en una autopista perdida, que pasara algo que le impidiera llegar al rodaje. Después de todas las contras sobre ella, esta adaptación de la novela homónima de Frank Herbert (1965) se ha convertido en una película de culto en el sci-fi.

Blue velvet – Terciopelo azul (1986)
Es una de las películas más destacadas de Lynch, quizás porque en ella se propone toda su estética cinematográfica: el paso de la feliz american way of life a la pesadilla del éxito y la mafia, los diálogos suspendidos en precisiones obsesivas, abyecciones, fetiches, fobias, filias, llamas que arden y se apagan para dar inicio a lo oscuro. Esta atmósfera misteriosa y rara está musicalizada por el premiado Ángelo Badalamenti, quien sería su compositor por excelencia durante varias producciones.

Twin Peaks: Fuego camina conmigo (1992)
Es la precuela de la serie de televisión homónima que cuenta los últimos días de Laura Palmer y nos sumerge en una atmósfera de misterio: un thriller psicológico, con insertos de ciencia ficción y absurdos desconcertantes de la feliz vida norteamericana y su anverso. Es fascinante experimentar todo el fandom que se ha generado con esta producción, de la que hay una película de cortes perdidos del 2014 y la tercera temporada del año 2017.

Lost highway – Carretera perdida (1997)
Con este filme se concreta la estética lynchiana, en la que los viajes en el tiempo, la transmutación y la teletransportación hacen de las suyas en un drama de pareja que desborda en feminicidios, mafia y prostitución de las altas esferas de L.A. En uno de sus favoritos estilos, este thriller psicológico fusiona elementos del cine negro, del policiaco y matices surrealistas. La impronta inolvidable se afianza con la banda sonora que va desde Angelo Badalamenti, pasando por David Bowie, NIN, Marilyn Mason hasta Ramnstein, y da el leit motiv fílmico: una droga perfecta que trastorna y cruza la psique.

Wild at heart – Corazón salvaje (1990)
Turbia y sórdida historia de amor, escapadas y una madre intrusiva que desata la “implacable voracidad de la muerte”. Lula y Sailor navegan en su ardiente relación, acuciados por la ilegalidad de ser salvajes entre mentiras domesticadas. Fascinante giro en la filmografía de Lynch, que logra sacar lo mejor de un actor comercial como Nicolas Cage y reafirmar a Laura Dearn como su actriz de primera mano. De nuevo, Angelo Badalamenti musicaliza esta obra de manera contundente.

The straight story – Una historia verdadera (1999)
Con esta road movie, Lynch se toma el mundo Disney. Su estrategia de la historia real en la que la terquedad de un viejo se convierte en un viaje de resiliencia, reflexiones y encuentro de otredades es infalible. La radiografía que hace a la familia norteamericana muestra desde una perspectiva soft lo intrincado de las relaciones humanas. En este filme, Lynch se despoja del traje de malvado onironauta para lanzarlos a la cantidad insondable de paciencia que se necesita para existir sin claudicar al primer intento, aunque en la carretera las tractomulas intenten aplastarte.

Mulholland Drive – Sueños, misterios y secretos (2001)
Es de principio a fin una muestra detenida del universo lynchiano, un choque directo contra la realidad. La trama se adentra en el mundo onírico de Betty/Diane y revela, fase a fase, las pesadillas insomnes de las que quiere escapar. Desenmascara, una vez más, la idea del éxito hollywoodense y los personajes experimentan las etapas más abyectas de sus vidas. Hay diversas razones para que esta obra sea una película de culto, entre ellas el guion perfecto, el reparto impecable y el director siendo auténtico en cada instante; de allí que el camino a Mulholland Drive esté construido con todos sus leit motivs: el sueño vuelto pesadilla, escenas transitadas por planos detalle con voces lentas, habitaciones rojas, sonidos distorsionados, teléfonos sonando de manera estridente, risas sordas, gestos macabros. Para condensar la valía cinematográfica de esta obra, sus protagonistas son dos mujeres opuestas que se complementan en el afán por sobrevivir en un entorno cruel y despiadado. En el uso y abuso de anhelos, emociones y placeres, Betty/Diane debe finalmente enfrentar el sueño para deshacerse de ese sentimiento horrible que le acosa. Este filme es un temblor de trance que nos alerta sobre aquella trampa existencial donde todo es una ilusión.

Inland Empire – El imperio interior (2006)
Es considerada la última película de Lynch. En ella compendia su propuesta en torno al suspenso psicológico, al thriller, a los matices surrealistas y al desmonte de la idea del éxito hollywoodense. La historia de Nikki afronta todos los oprobios de su sueño por ser una actriz famosa. Con el máximo de inmersión en su universo psíquico, le vemos transitar hasta lo más hondo de su pesadilla, donde ya no hay retorno posible, porque está marcada por asesinatos, violencia extrema, represiones, frustraciones y demencias urbanas llenas de destellos. Lynch recrea la triste realidad vivida por tantas mujeres en el mundo del cine, quienes, en su anhelo de querer ser unas divas, unas L.A woman, caen presas de la voracidad humana y terminan prostituidas, apuñaleadas en la calle, sin dignidad, sin aspiraciones, sumidas en la demencia, asesinadas.

Acceder a la obra de David Lynch es enfrentarse a las propias psicopatologías e invita a cuestionar la noción de realidad. La variedad de alucinaciones entrega diversas satisfacciones porque se hallan en sus creaciones cinematográficas y musicales sueños perdidos, éxitos soñados y caminos viciados.
Para dar la visión de conjunto del multiverso lynchiano es necesario hablar un poco de sus cortometrajes, en los que explora su manera de adaptar la realidad a una historia audiovisual. Obras como Six Men Getting Sick (1966) enseñan cómo, en solo seis minutos, un bucle de vómito pictórico, junto al sonido de una ambulancia, se puede aprovechar al máximo la plasticidad de la imagen estridente; no en vano, Lynch fue primero pintor que cineasta; o The alphabet (1968), una pesadilla infantil sobre el aprendizaje, que en cinco minutos transmite toda una atmósfera fascinante y perturbadora; o The grandmother (1970), un mediometraje que certifica la sapiencia del director para adentrarse en la psique humana. Junto a esta producción audiovisual está Dumbland (2002), una serie de ocho episodios, ilustrada en dibujo rápido, animada de manera sencilla, que interpreta la infinita estupidez humana de manera grotesca y divertida.
Para cerrar esta rápida mirada a uno de los cineastas más significativos de la última década del siglo XX e inicios del XXI, es necesario aludir a sus producciones musicales, en las que, una vez más, domina su autenticidad. Debuta con BlueBOB (2001), un álbum de blues industrial grabado con el ingeniero de sonido y vocalista John Neff; luego entrega Dark Night of the Soul (2010), homónimo del poema de Juan de la Cruz (1542) en el que cuenta con las colaboraciones de rock stars como Iggy Pop, Black Francis y Julian Casablancas, es un álbum de rock alternativo que aborda de manera magistral la condición humana, se imprimieron 5000 copias acompañadas de un libro ilustrado con fotografías y enumeraciones manuscritas realizadas por Lynch. Él le nombró “narrativa visual de la música”. Tan solo un año después se crea Crazy Clown Time (2011), descollante obra electrónica de blues moderno con voces ultraprocesadas y letras enigmáticas; en palabras de su creador, “una colección de canciones oscuras” que abre con la voz de Karen O. en Pinky’s dream y ya estás en la hora del payaso loco escuchando la campana de la noche con relámpagos.
The Big Dream (2013) confirma la propuesta experimental de su música. Esta obra va en su blues moderno atmosférico, lento, con voces manipuladas y distorsiones. Destaca, entre tantos logros, la colaboración de la cantante sueca Likke Ly y la metaversión del tema “The Ballad of Hollis Brown” (Bob Dylan – Nina Simone).
Acceder a la obra de David Lynch es enfrentarse a las propias psicopatologías e invita a cuestionar la noción de realidad. La variedad de alucinaciones entrega diversas satisfacciones porque se hallan en sus creaciones cinematográficas y musicales sueños perdidos, éxitos soñados y caminos viciados. Valga esta emanación escrita como homenaje al director a quien le dediqué varias clases en mis asignaturas de Apreciación Cinematográfica y Escritura Audiovisual. Es fascinante experimentar cómo deja en shock a quien le ve por vez primera. Recomiendo no saltarse la experiencia de sentir que enloqueces por una película, y aunque muy ansiosa de ver una última creación lynchiana, estoy feliz de que te hayas ido, libre en tu calle, en tus drogas, en tu trascender.



