¿Quién sería el berraco que hizo eso?
El pasado 23 de agosto, el Departamento Administrativo de Planeación Municipal de Santiago de Cali le otorgó la licencia de intervención y ocupación del espacio público al Monumento a la Resistencia, construido por la comunidad al oriente de la ciudad como un homenaje a las víctimas de la violencia del Paro Nacional, e inaugurado dos meses antes mediante un cacerolazo sinfónico al que asistieron miles de personas. Cedemos la palabra a uno de sus creadores.
Por: Clara Inés González Libreros
Estudiante de Comunicación social y Periodismo

Foto: https://twitter.com/cartelurbano/status/1404211805493370880/photo/1
Desde que llegué a Puerto Resistencia me siento acá a ver a la gente. Me gusta porque todos los días veo algo diferente. Nada de telenovelas, ni historias de amor: la vida real. Durante el Paro Nacional, esta avenida se llenó de gente. Desde la panadería Pan y Pan hasta el semáforo después de cruzar esa calle. Había que subirse encima de algún techo para ver el horizonte. En mis cincuenta años, nunca había escuchado tanta gente cantando el himno de Colombia con ese sentimiento, con esa fuerza. Tampoco había visto la guerra. Ese miedo de la gente. Un día, cuando ya los ánimos se estaban calmando, vi que los muchachos del barrio, vestidos de gorra y pantaloneta, empezaron a pegar unas barillas en ese terreno. Eso era un estandarte de banderas pero llevaba años abandonado, baldío. Entonces me acerqué y les pregunté qué querían hacer ahí.
Yo soy oficial de construcción, no soy maestro porque no tengo el título, pero al final del día eso es sólo papel. Este oficio se aprende con las manos. Mezclando cemento, pegando ladrillo. Sé construir desde abajo hasta lo último, hago estuco, porcelanato. Los muchachos me mostraron el dibujo de una mano construida desde el antebrazo, empuñando una lámina con la palabra ‘Resiste’. Yo les dije: “Hagámosle”. Nos demoramos tres semanas. Empezamos tomando las medidas del largo de la varilla y del suelo, para erigir tres columnas de hierro que después rodeamos con malla electrosoldada y cubrimos con varias capas de cemento.
Así hicimos el brazo, luego nos concentramos en la muñeca, y al final construimos los dedos. Éramos pocos y cada día fuimos más. La gente del barrio nos apoyó como pudo. Algunas señoras nos trajeron desayunos, almuerzos, jugos. Hicieron una olla comunitaria para todos los que venían a acompañarnos. Otros nos donaron materiales, pintura, andamios, cemento. Los muchachos recolectaron plata. Todo sirvió. La que más nos colaboró fue la niña Lina. Ella es una berraca. Estaba yo mezclando material cuando se puso las manos en la cabeza y me dijo: “Maestro, ¿cómo amarramos los dedos?” Yo le enseñé a poner los alambres, y ella, una muchacha indiecita, más bajita que usted, amarró la mano. Es la única mujer que he visto trabajar a la par de cualquier hombre. Poco a poco, llegamos a la cima. Don Duber y yo nos dedicamos a la forma de los dedos. Él me ayudó mucho porque fue lo más difícil. Teníamos que hacer los detalles de las uñas y calcular que su forma agarrara bien la lámina. El día que terminamos, yo estaba a doce metros de altura junto al dedo pulgar, observé mi barrio, mi casa a unas cuadras, este parque donde me siento todos los días, me quité el casco de construcción y lo dejé ahí. ¿Sí lo alcanza a ver? Ese es el casco de El Paisa.
Después llegaron los grafiteros. Esos muchachos son artistas. Pintaron de colores los rostros de los caídos, las mujeres de las ollas comunitarias, los indígenas de la Minga. Ellos plasmaron la historia del Paro Nacional. Tenían las ideas, un lápiz y un papel. Lo demás es historia, lo demás está ahí. Yo jamás había hecho un monumento. Es la primera vez en mi vida que hago una cosa de estas. Y es lo único que puedo ofrecerle al pueblo colombiano: mi mano de obra. Me enorgullece porque sé que Planeación Municipal lo aprobó como intervención del espacio público, y la gente disfruta el monumento porque la representa, porque es un homenaje a las víctimas de esta injusticia. Yo me siento contento cuando estoy acá sentado y escucho que la gente dice: “¿Quién sería el berraco que hizo eso? ¿Cómo habrá hecho esos dedos? ¿Cómo hizo para subir hasta allá?”. Esto es un mensaje para los que vienen detrás de mí, como mis hijos, quiero que sonrían al ver lo que hicimos, que sigamos haciendo cosas para el bien de todos, y a seguir luchando…



