Crónica

Las escaleras a La Estrella: Ver a Cali desde la comuna 20

Las primeras escaleras para subir al tanque que sostiene La Estrella de la comuna 20 las donó el Museo Popular de Siloé. Eran de madera y facilitaron, desde el año 2020, la llegada de los turistas. Hoy el Cooperativo de La Estrella enseña con orgullo el fruto de su esfuerzo: escaleras de metal soldadas punto a punto por los habitantes del sector, una invitación para subir al mirador de La Estrella y cambiar la perspectiva sobre la ciudad.

Por: Julieth Narváez
Psicóloga, Univalle
Maestra en Ciencias Antropológicas, UAM Iztapalapa

La estrella fue instalada en diciembre de 1973 porque don Alberto Marulanda decía que si Siloé era un pesebre, tenía que haber una estrella. Foto: Daniel Santacruz.
La estrella fue instalada en diciembre de 1973 porque don Alberto Marulanda decía que si Siloé era un pesebre, tenía que haber una estrella.
Foto: Daniel Santacruz.

Los que crecimos en “la Cali de abajo”, en “la Cali plana”, alzamos la mirada de vez en cuando al pasar por la calle quinta para apreciar el pesebre que se levanta sobre los cerros del oeste, esas lomas que hacen que los andes toquen la ciudad y que la ciudad sueñe con alcanzar las cimas. De ese pesebre sabemos poco. Le decimos Siloé aunque es una comuna de once barrios, y apreciamos La Estrella a la distancia sin preguntarnos si quiera cómo llegó ahí. Aprendimos que el pesebre es intocable y violento, y que es poco probable que alguna vez veamos Cali desde allá arriba.
“Esto de aquí pa’llá es otro mundo”, me dice Miguel cuando atravesamos la calle primera, o la avenida de los cerros, o la circunvalar; como el lector la conozca. La expectativa que empieza a cocinarse en el corazón de cualquier visitante desprevenido desde la estación Unidad Deportiva, se cumple apenas se supera la Glorieta de la Resistencia: la ciudad pasa de 24FPS a 240FPS en un instante: se multiplica el número de habitantes por metro cuadrado, se incrementan los decibeles, aparecen todas las formas posibles del transporte informal y, automáticamente, el visitante primerizo se agita. “Toca pasar braveado”, me dice Miguel cuando me ve dudar para cruzar la calle. Caminamos hacia el Museo Popular de Siloé, el punto de partida obligatorio para entender estas lomas: un almacén de la memoria de la comuna 20.

Desde hace algunas décadas los cerros de Siloé han recibido visitas de curiosos. Los recorridos por las calles y callejones que componen ese nudo ruidoso y colorido en el oeste de la ciudad no son nuevos. David Gómez, fundador del Museo Popular de Siloé, viene encabezando las caminatas desde los noventa, así como muchos otros colectivos empeñados en entender y hacer entender lo que es y puede ser la comuna 20. Pero desde el año pasado surgió una nueva iniciativa: el Cooperativo de la Estrella. Se trata de jóvenes del sector convencidos de que vale la pena llegar a los rincones de esos barrios que solo vemos de reojo.

—La estrella fue instalada en diciembre de 1973— cuenta Yuli —porque don Alberto Marulanda decía que si Siloé era un pesebre, tenía que haber una estrella. Él dio mucha lora hasta que logró que las Empresas Municipales le pusieran luz. En el 2008 pusieron esta—refiriéndose a la actual estrella de doce puntas—. Antes solo la prendían en diciembre, ahora la encienden todo el año—. Mientras conversamos, Yuli, traída al mundo por las manos de su abuela partera en estos mismos cerros hace 34 años, ordena los alimentos no perecederos que han sido donados para la repartición de mercados y la preparación de almuerzos comunitarios. Yuli ha participado del Cooperativo desde sus inicios con las ollas comunitarias, el apoyo a familias afectadas por las lluvias y con el nuevo proceso turístico.

Ver la ciudad desde La Estrella es distinto: abajo se ve la calle quinta, los centros comerciales, íconos de la ciudad moderna, la densidad del centro y al fondo el llano, el oriente profundo cargado también de historias de migración y esperanza. Foto: Daniel Santacruz.
Ver la ciudad desde La Estrella es distinto: abajo se ve la calle quinta, los centros comerciales, íconos de la ciudad moderna, la densidad del centro y al fondo el llano, el oriente profundo cargado también de historias de migración y esperanza.
Foto: Daniel Santacruz.

—Ya llevamos 21 puntos— dice Jhon, escondiendo sus ojos rojos bajo unas gafas oscuras. Se refiere a los puntos de soldadura que unen los 16 peldaños de la escalera que llevan meses soñando y que le dejaron la vista irritada. Se trata de una escalera que facilita la subida al tanque de más de dos metros que sostiene el ícono de Siloé: La Estrella, que le da nombre al sector y alumbra en las noches los cerros suroccidentales, perpetuando en nuestro retrato mental de Cali la postal de un pesebre.

—Queremos incluir el mirador de la estrella, las ruinas, el mirador de los tanques, el venteadero y de pronto la Casa de la Culebra, si conseguimos el permiso—dice Jhon, quien desde la calle que está afuera de su casa logra señalar todos los puntos que enuncia; un corredor de lugares enigmáticos de los que poco sabemos en la Cali-Cali. Caminamos hacia La Estrella, a cincuenta metros de su casa. —Queremos convertir el tanque— sobre el que acaban de fabricar las escaleras— en un centro cultural, para que vengan los niños y los jóvenes a hacer actividades y talleres—dice mientras observamos desde la parte de arriba de la estructura un pozo profundo lleno de basura y oscuridad. Ese es el tanque que pretenden transformar. Jhon y su hermano son soldadores de profesión, fundadores del Cooperativo la Estrella y líderes comunitarios del sector. —La primera escalera de madera la donó el Museo Popular de Siloé, y nosotros quisimos hacer esta para que sea más seguro subir. ¿Te imaginás que todo el mundo venga a ver la ciudad desde aquí? Nosotros queremos entregarle a Cali este mirador. Ahora lo que sigue son los pasamanos—.

Jhon nació en la efervescencia de los ochenta y desde chiquito aprendió a defender La Estrella. Primero lo hizo de las extorsiones a los negocios y comercios del barrio; luego lo hizo del hambre, con la creación de ollas comunitarias, y ahora la defiende de la estigmatización y el olvido. Junto a su esposa Yuli y sus amigos crearon el Cooperativo La Estrella y se empeñan en convertir a Siloé en un circuito turístico que “le cambie la cara al barrio”, y por supuesto, que brinde alternativas económicas y culturales a los habitantes de la zona.

La consecución de los recursos para las escaleras ha sido ardua, ha habido donaciones, venta de productos locales, trabajo voluntario de habitantes del sector, pero nunca una inversión estatal. —Aquí hemos venido desde chiquitos porque la vista es única, y pensamos que a la gente también le gustaría ver Cali desde aquí—. Jhon no miente cuando dice que ver la ciudad desde La Estrella es distinto: abajo se ve la calle quinta, los centros comerciales, íconos de la ciudad moderna, la densidad del centro y al fondo el llano, el oriente profundo cargado también de historias de migración y esperanza. Cuando se tiene suerte y está despejado, también se pueden ver los picos nevados de la cordillera central, todo esto mientras el viento parece querer levantarnos; por eso hacen falta los pasamanos.

La activación de Siloé como una zona turística está en la cabeza de muchos por estos tiempos. El atractivo que generan los miradores naturales del sector; los secretos que encierra la zona con sus rincones enigmáticos y coloridos, llenos de murales y manifestaciones populares; y, hay que decirlo, el magnetismo que ejerce la posibilidad de adentrarse en unas calles históricamente vedadas, hacen de la comuna 20 un territorio seductor. Sin embargo, los habitantes de La Estrella son claros: la gentrificación no es una opción en el territorio, nunca han dependido de nadie para lograr lo que han logrado y desde el primer ladrillo de las casas hasta la pavimentación, han sido el resultado del esfuerzo comunitario.

Hoy los jóvenes que construyeron la comuna con sus manos nos invitan a conocer sus calles y los miradores desde los que siempre han visto a Cali, la invitación la hacen el Museo Popular de Siloé y el Cooperativo de La Estrella, entre muchas otras iniciativas. Esos jóvenes son los mismos que empezaron defendiendo la comuna de las extorsiones; los mismos que han combatido el hambre durante la pandemia; quienes apoyaron y defendieron el territorio durante los hostigamientos y la violencia desatada hacia la comunidad en el marco del Paro Nacional; quienes crecieron en medio de las dificultades que acarrea vivir al margen en una ciudad como Cali; son los mismos que han pegado con sus manos, punto a punto, cada uno de los escalones para llegar a La Estrella y quieren cambiar nuestra perspectiva.

Escalera que facilita la subida al tanque de más de dos metros que sostiene el ícono de Siloé: La Estrella, que le da nombre al sector y alumbra en las noches los cerros suroccidentales, perpetuando en nuestro retrato mental de Cali la postal de un pesebre. Foto: Daniel Santacruz.
Escalera que facilita la subida al tanque de más de dos metros que sostiene el ícono de Siloé: La Estrella, que le da nombre al sector y alumbra en las noches los cerros suroccidentales, perpetuando en nuestro retrato mental de Cali la postal de un pesebre.
Foto: Daniel Santacruz.

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