Crónica – Tejiendo esperanzas. Los nudos de la historia

Tejiendo esperanzas
Los nudos de la historia

Del 15 de junio al 1 de julio se presentó la XV versión de “Tejiendo Esperanzas”, evento que lleva 15 años reafirmando la identidad afrocolombiana desde una visión política sobre la estética afrodescendiente.


Por: Jorge Medina
Licenciado en Literatura




Algunas de las fotografías de Ximena Vásquez junto al jardín del Museo la Tertulia, durante el evento “Tejiendo Esperanzas”.
Foto: Jorge Medina


I


Cuando le confesé a mi padre el deseo por trenzarme el cabello, ya revoloteaban en mi cabeza las palabras que zumbarían en su boca. Es un gran padre, un gran hombre, pero lleva consigo algunas de las ideas coloniales plasmadas en la memoria de este país. Su respuesta fue: ¡No señor, eso es de los muchachos de la calle! Y tenía razón: las trenzas eran de los muchachos que caminaban las calles de uno de los barrios emblemáticos del Distrito de Aguablanca: Comuneros I. Yo cursaba el bachillerato y era normal ver a los compañeros con esos surcos negros sobre la cabeza. Entendí, sin mayor reflexión, que un cabello como el mío podía trenzarse, y me nació el deseo jamás cumplido. Mi padre asociaba esa manera de llevar el pelo con cierta manera de llevar el alma: proclive a la delincuencia. No lo juzgo. Es un hombre que se forjó en una familia campesina, en una región del Huila donde ocurrió la gran rebelión indígena bajo el mando de Guatypán, reconocida como La Gaitana, cacica de los Timanaes; se dice que decapitó a Pedro de Añasco, enviado por Sebastián de Belalcázar para dominar la zona. Perdió la cabeza, pero su pensamiento se esparció con ese poder aniquilador de los colonizadores. Por eso no juzgo a mi padre, porque la llamada historia oficial es una larga cabellera bañada y peinada por hombres blancos.

Un evento como “Tejiendo Esperanzas” contrapone esa estética europea con la estética del ser afrodescendiente, reafirmando la identidad de las comunidades afrocolombianas mediante una proyección del cuerpo que no es superficial porque se ilumina desde el interior, donde se conoce una historia propia que permaneció al margen de esa otra historia. Esa marginalidad implicó desbaratar los nudos de la trama negra para someterlos al peine de finos dientes de la trama blanca. “Tejiendo Esperanzas” es el espejo donde las personas negras se reflejan, se proyectan, se reencuentran, se llenan de aprecios y fuerzas para confrontar esos otros espejos que señalan negativamente la diferencia. Los espacios para lograrlo son fundamentalmente tres: los talleres sobre formas de peinar el cabello afro; el foro, cuyo propósito es exponer el sentido de la estética afro y sus connotaciones políticas; el concurso de peinadoras, ingeniosas tejedoras de cabezas que exhiben sus destrezas peinando en cinco categorías: tradición, innovación, peinados para niñas, peinados para hombres, y peinados “únicos” (para peinadoras menores de edad). Como telón de fondo, una feria donde se ofrece una gran variedad de productos hechos desde el ser afrodescendiente: alimentos; bebidas; prendas de vestir; productos para el cuidado del cabello, donde se destacan los de “Bámbara”, marca creada por Lina Lucumí y Malle Beleño. Todo planteado desde la plena convicción de ser-se en la diferencia étnica, construyendo una identidad que se asemeja a una reconstrucción, puesto que las identidades de las diversas comunidades traídas desde África fueron destrozadas por el ímpetu avasallador de los conquistadores.

Lo anterior es posible gracias al compromiso político y cultural de Emilia Eneyda Valencia Murraín, fundadora de la Asociación de Mujeres Afrocolombianas (Amafrocol) y creadora de “Tejiendo Esperanzas”. El trabajo de Emilia ha permitido el empoderamiento identitario de las personas negras al crear un escenario para la divulgación de experiencias y saberes, tanto académicos como populares. Es así como pudimos escuchar algunas voces como las de Heny Cuesta, fundadora de Cimarrón Producciones, quien realizó un documental transmedia llamado “Ese pelo tuyo”, en el cual se evidencia la lucha de las mujeres que portan el cabello natural; Fernando Ruiz Ocoró, creador y guionista de la serie animada “Las Falloaventuras”, propuesta que ofrece al público afrodescendiente un producto audiovisual propio, donde no imperan las representaciones estereotipadas y destructivas de otras producciones realizadas por personas ajenas a la comunidad afrocolombiana; Felicia Leatherwood, afroestadounidense reconocida mundialmente como una especialista en el cuidado y el manejo del cabello afro, realizando talleres alrededor del mundo bajo el eslogan “Loving you hair with natural care”; Natalia Barrera Francis, modelo y activista por la dignidad de las personas negras, conocida como “Una chica afroperuana” en las redes sociales donde divulga sus producciones etnoeducativas; Rubén H. Bermúdez, afroespañol, fotógrafo y diseñador gráfico, autor de un foto libro de corte autobiográfico publicado en 2017 bajo el título “Y tú, ¿por qué eres negro?”, donde comunica sus experiencias como afrodescendiente nacido en España, además de mostrar algunas representaciones estereotipadas del ser negro que se reproducen en la sociedad española.


Natalia Barrera Francis, “Una chica afroperuana”. Modelo en el concurso de peinados afro.
Foto: Jorge Medina


II


En uno de los pasillos de La Casa Obeso Mejía, donde Felicia lideraba un taller de peinados, Rubén me comentó que “ser negro o no ser negro es una construcción social, depende del contexto donde vivas. En Senegal probablemente yo no sería negro, por ejemplo, y para la mayoría de la gente que vive aquí tampoco. En España, cuando yo nací en el 81, donde yo vivía no había muchas personas negras, entonces me señalaban como negro. Con el paso del tiempo las cosas cambian, quizá cuando tenga 50 años, no sé, sea un no-negro”. Le pregunté por las diferencias entre el ser negro en España y el serlo en Colombia. Esto me respondió: “No sé si he encontrado muchas diferencias, he encontrado muchas similitudes. He estado en diversos lugares, en distintas partes del mundo, y se habla de lo mismo. Hay matices, cosas que pueden cambiar, pero en general son las mismas preocupaciones, los mismos comentarios; se vive lo mismo”. Él no lleva una piel oscura como la de Fernando Ruiz Ocoró o Heny Cuesta, pero lo marca la huella de la diferencia, del señalamiento, desde niño. En España, era el “negrito”.

No podía perder la oportunidad de preguntarle por algo esencial: el descubrimiento de América. Me explicó que en España “es una celebración total. Están muy orgullosos del que llaman ‘el descubrimiento’, muy entrecomillas. Nunca se ve esto como una invasión, un genocidio, una acumulación de riquezas, nada similar; nos cuentan que fue un viaje civilizatorio, un encuentro entre dos culturas”. Después, en el ameno cruce de palabras ajenas al micrófono, dijo algo que nos sorprendió a las tres personas que escuchábamos: en España se cree que no tuvieron colonias.

¡Claro que las tuvieron! Una, en particular, bastante grande. “Tejiendo Esperanzas” hila y envuelve sobre los pasos de esa historia colonial que haló, desde África, los cabellos rizados hasta arrancarlos; razón por la que existe “Bámbara”, el emprendimiento cosmético de Lina Lucumí. “Bámbara” es, justamente, una manera de retornar a África, porque el retorno no es exclusivamente geográfico, sino identitario: “Nosotras queríamos un nombre sonoro. Estábamos leyendo “Changó, el gran putas” y mirábamos palabritas que sonaban bien; además queríamos destacar nuestra ancestralidad y los procesos religiosos que quizá nosotras ya no vivíamos. Cuando vimos ‘Bámbara’ nos encantó. Descubrimos que es un pueblo en África con unos desarrollos agrícolas importantes y un especial cuidado por el arte. Mientras otros estaban preocupados por la guerra, ellos andaban haciendo máscaras. De ahí sale el nombre, de esa comunidad que puede ser muy cercana a nosotros, de una comunidad que ha decidido, con sus problemas y dificultades, mantenerse en unos principios agrícolas, en volver a la tierra; entonces, para nosotras, es una remembranza”.

¿Colonias? ¡Por supuesto que las tuvieron! Razón por la que en un evento como “Tejiendo Esperanzas” se presentan propuestas como la de este emprendimiento sonoro que retumba en la memoria. “Bámbara” se fundamenta en el principio de la justicia económica, precisamente porque “hay una injusticia económica. La hay cuando no tenemos el mismo acceso a los ingresos, cuando la acumulación de la riqueza es inequitativa, cuando las oportunidades que se nos presentan a cada uno y a cada una difieren por determinadas causas. Es como estar condenados a seguir engrosando esas cifras de pobreza. Hemos hecho de este principio la línea de las decisiones de Bámbara. En términos de producción, justicia económica es pensar que el argán es muy bueno, pero no se cultiva en Colombia, así que utilizamos el cacao del Cauca o el de Tumaco. El aceite de palma le da más consistencia al shampoo en barra, por ejemplo, pero sabemos lo que puede estar detrás de este aceite, entonces optamos por desarrollar procesos de maduración de más tiempo. Justicia económica es que cuando vamos a distribuir, queremos que estos productos lleguen a través de otras mujeres y cuando vamos a comercializar queremos que las mujeres sean gordas, con orientaciones sexuales diversas, mujeres distintas. Entonces, para nosotras la justicia económica es revertir esa balanza de inequidad, tratar de transformarla con este emprendimiento”


Lina Lucumí y sus productos Bámbara.
Foto: Jorge Medina.


III


Las voces de Lina y de Rubén tienen un océano de por medio: el Atlántico. Sobre ese océano navegaron los barcos como urdimbres donde se tejió la trama de una historia que los señala para marginarlos, y para juntarlos en una ciudad cercana a las costas del Océano Pacífico, con la cortesía de Emilia Eneyda Valencia Murraín, en ese hogar donde se tejen las esperanzas. De esto se trata el evento, de reunir, de afrontar la diferencia desde el amor propio. Está claro, y oscuro, que la historia no es una sola; está tejida con infinitos nudos e infinitos desenlaces.




Peinadoras en el jardín del Museo la Tertulia.
Foto: Jorge Medina.

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