Crónica – Memoria ejidal e historia urbana: a propósito de Julio Rincón y la Cali de primera mitad de siglo

Memoria ejidal e historia urbana: a propósito de Julio Rincón y la Cali de primera mitad de siglo


Por: Hansel Mera[1]
Historiador Univalle. Docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales

HM: ¿cuándo su papá se hizo a un lote o una casa en el barrio Obrero?

JMR: mi mamá se hizo a él, porque mi madre era más activa, entonces se lo hizo por medio de Julio Rincón un señor que era comunista (…) así se hizo al lote son terrenos ejidos ahí en el Obrero

ARL: eh, don James si por qué se acordó de Julio Rincón

JMR: por mi madre, como le dijera ese tipo era muy humanitario

JMR: como comunista que era, no solamente en el barrio Obrero, en el Saavedra Galindo, varios barrios por allá por Villacolombia, ese tipo era dando lotes.


Entrevista realizada el 8 de febrero de 2018




Julio Rincón.


El epígrafe evoca por excelencia la permanencia de una memoria ejidal dentro de muchos viejos habitantes de los barrios populares de Cali durante la primera mitad del siglo XX. Y es que, en esta ciudad, un fantasma acechaba el cerebro de los vivos: Julio Rincón y su cruzada para hacer la tierra dejara de ser un privilegio para pocos. En realidad, muy poco se sabe sobre Julio Rincón. Nacido en 1902, en Santander de Quilichao, arriba a Cali alrededor de 1916, siguiendo los hilos de un proceso de modernización urbana que conectaba a la floreciente capital departamental con el norte del Cauca mediante dispositivos de movilidad como el Ferrocarril del Pacífico, la navegación a vapor y distintas carreteras. Desde entonces, Julio Rincón vivió, trabajó y realizó gran parte de su actividad política desde el Barrio Obrero, un pulmón de vivienda popular en el cual se asentaron muchos de los migrantes de la época para construir ciudad, mediante procesos de dialogo e interacción estratégica con la institucionalidad local, autoconstrucción, esfuerzo y, en no pocos casos, tomas de tierra, hasta su asesinato en 1951.

Durante las décadas de 1920 y 1930 Cali atravesaba un lento y convergente proceso de configuración barrial y de clases sociales que encontraba en el espacio urbano su expresión política por excelencia: La temprana conformación de comités ejidales barriales y los primeros atisbos del capitalismo inmobiliario bien lo ejemplifican. De hecho, mientras que la ciudad extendía su traza urbana hacia el oriente y más allá de los límites que marcaban las vías del Ferrocarril del Pacífico, se desató una intensa polémica en la prensa sobre qué hacer ahora con los terrenos ejidales de estos alrededores. Entre distintas propuestas, una de las más fuertes, pregonada por concejales y empresarios, como José Manuel Saavedra Galindo, implicaba la suspensión de la venta de ejidos en terrenos de poco valor y, por extensión, tan solo la venta de aquellos de gran valor hasta recuperar las arcas municipales. Lo cierto es que esa propuesta amenazaba a los ocupantes de ejidos en el Barrio Obrero, en especial, cuando las penurias económicas latentes por la crisis mundial de 1929 impedían el pago regular de los arrendamientos y porque ya existían algunos proyectos privados para surtir la demanda de vivienda obrera que avanzaban desde el colindante barrio Sucre.

Para entonces, Julio Rincón convivía con los entramados artesanales de los barrios San Nicolás y el barrio Obrero, los cuales abrigaban el recuerdo de la gesta en armas de David Peña (1876) y las ilusiones del liberalismo radical de Rafael Uribe Uribe, negándose a dejar de pelear el puntilloso asunto de las tierras ejidales, como bien lo sentenciaban en la beligerante prensa artesanal de esos años. Sin embargo, no se trataba ahora simplemente de la siempre justificada denuncia contra la extensión de la hacienda sobre los terrenos del común; Julio Rincón esperaba que la recuperación de esas tierras frenara la paulatina emergencia de una renta sobre la tierra urbanizable a expensas de las necesidades de miles de migrantes pobres. En 1929, escribía en el periódico Relator órgano del liberalismo aglutinado alrededor de la casa Zawadsky, lo siguiente:

Por ley natural, todos ambicionamos poseer algo tangible y, con mayor razón, queremos techo propio donde podamos ser más libres (…) El proyecto de Don Mariano Ramos es el único que (…) puede colmar nuestras aspiraciones, que son las de ser dueños absolutos del lote que hoy ocupamos (…) En nuestro humilde concepto, el Municipio con la autorización que emana del proyecto Saavedra Galindo-Carvajal es un proyecto escoba, porque el municipio con la autorización que emana dicho proyecto, puede retirar de sus sitios a los actuales ocupantes, a medida que la ciudad se ensancha. Y esto no es beneficioso para los hijos de los que hoy hemos formado, con heroicos esfuerzos, un barrio de bellas perspectivas en lo que ayer era una extensa ciénaga.

La idea era muy simple: Aquello que podía garantizar el bienestar de los habitantes del Barrio Obrero era, a fin de cuentas, ser pequeños propietarios de un suelo sobre el cual habían levantado sus modestas viviendas, gracias a su trabajo, generalmente de orden fabril o artesanal y siempre sujeto a las vicisitudes más disímiles de las cuales el propio Julio Rincón venía preocupándose y con resultados satisfactorios, al promover la búsqueda de mejoras salariales, acuerdos de precios y mecanismos solidarios de comercio, consumo y ahorro. A ciencia cierta, cuando Julio Rincón habla de una otrora “extensa ciénaga” refiere una constante saga popular por acondicionar las que seguían siendo tierras inundables tanto por los desbordes del rio Cali a la altura del barrio El Piloto como por las vecindades de la laguna de Aguablanca, una geografía que contrastaba con el suntuoso paisaje de casas quintas que empezaban a caracterizar a los barrios Granada y El Peñón. Las tantas comunicaciones enviadas durante la década de 1920 al Concejo Municipal exigiendo acueducto, alcantarillado, mejoras en la escuela, extensión del servicio de recolección de basuras y hasta el retiro de un hospital para enfermos infecciosos que había sido colocado en plena plaza del barrio, hicieron parte de las banderas que Julio Rincón levantó desde la Junta de Fomento del Barrio Obrero, aunque su labor fue más allá.


Detalle Documento Junta de Fomento Barrio Obrero con rúbrica de Julio Rincón, 1930.


Anotemos que en muchos de sus escritos en prensa a favor de actores como el naciente proletariado, las vendedoras ambulantes de la Plaza de Mercado de El Calvario o el restante artesanado, Julio Rincón no dudaba en firmar como un “Obrero Sastre, Barrio Obrero”, símbolo por excelencia de ese sastrismo-leninismo también presente en su camarada Ignacio Torres Giraldo y en otros buenos ejemplos latinoamericanos, como el caso de Brasil y la suerte de Antonio Guedes Coutinho (1868-1945). Pues bien, ese obrero-sastre fue crucial en la emergencia de un entramado asociativo popular que desbordó los rutinarios canales institucionales de las Juntas de Fomento y sus distintas articulaciones con la Alcaldía, el Concejo Municipal o la Junta de Ornato, a pesar de haber continuado trabajando en la Junta de Fomento del Barrio Obrero hasta inicios de la década de 1930.

Julio Rincón abanderó el proceso de comités barriales de ejidos, cuya labor, según documentación que reposa en el Archivo Histórico Municipal de Cali, se definía en virtud de que “el territorio de los ejidos es el único patrimonio territorial de las clases menesterosas de la ciudad, para la planta de sus habitaciones”, abarcando barrios como El Piloto, El Pueblo, Jorge Isaacs y ya desde la década de 1930 los barrios de Saavedra Galindo, Alameda y Belalcázar. En no pocas ocasiones, el obrero-sastre accedió a escrituras y documentación que permitían corroborar la existencia de ejidos en manos de las prestantes familias Borrero, Garcés, Hormaza y Holguín: Julio Rincón sabía de qué hablada y ese saber se consumó en la agencia de una memoria ejidal que desbordó su propia persona. De hecho, desde muy temprano se puede precisar que la capacidad de movilización de Julio Rincón era impresionante, como atestiguan los cientos de folios en que los habitantes de distintos barrios populares le respaldaban con su rúbrica, además de la memoria colectiva asociada a movilizaciones que partían desde el Parque Eloy Alfaro (Barrio Obrero) o la plazoleta del Parque de San Nicolás, sin olvidar las más tempranas y exitosas tomas de tierras ejidales en Cali, para no referir los recientemente desclasificados informes de la CIA sobre la inquietante actuación del agitador y propagandista junto a José Cardona Hoyos y Lino Gil Jaramillo a finales de la década de 1940.

Insistamos, Julio Rincón fue clave para que muchos habitantes se hicieran a un pedazo de ejido y no solo en el Barrio Obrero, sino en los terrenos de una ciudad que se expandía incesantemente. De hecho, fue un muy temprano artífice de un movimiento viviendista que siguió sus propios pasos en ciudades como Bogotá, Barrancabermeja y Medellín, en las cuales aún existen barrios que llevan su nombre. Pero, allí no acaba todo; en Cali Julio Rincón siempre estuvo detrás de la organización de los gremios de artesanos, zapateros, sastres, en torno a reivindicaciones laborales y con aspectos asociados a la educación, higiene de los asentamientos y la necesidad del ahorro, etc. En conjunto, un entramado de actividades que le permitieron tener un capital político electoral para ser concejal municipal en un momento en que las instituciones eran mucho más reacias con la presencia de los sectores populares, pero sin olvidar que el terreno real de la lucha de los pobres no reposaba en fantasías celestiales y discursivas, sino en la mucho más terrenal necesidad de la vivienda.

A quienes creemos que la historia urbana va más allá de la epopeya a la planificación o el vilipendio ante su fracaso nos viene a bien recordar un poco a Julio Rincón, sobre todo por estos días febriles de especulación urbana. Tan solo queda velar porque esa memoria ejidal agenciada por Julio Rincón hasta hace 70 años atrás no quede tan solo en las palabras de un viejo entrevistado. Es todo.


[1] Historiador. Magíster en Sociología. Magíster en Relaciones Eurolatinoamericanas.
Miembro Red de Estudios Históricos del Suroccidente. Docente Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )