Crónica – Artistas del MIO

Artistas del MIO
Entre decibelios y suspiros


Por: Ricardo A. Bolaños
Licenciado en Literatura




Según el subsecretario de Inspección, Seguridad y Justicia de Cali, el censo de Metrocali del 2019 registró 526 vendedores y artistas ambulantes que a diario actúan en el sistema.
Foto: https://www.cali.gov.co/metrocali/publicaciones/111094/programa_de_cultura_mio_busca_recuperar_la_cali_civica/


Por el ventanal, rauda, acaba de pasar la Torre de Cali, elevándose sobre este tumulto que aspira al título de ciudad; dentro de la ruta E21 el que se impone es Rugal, a golpe de métrica y calambur, mientras Billy Jim alterna con los coros desde algún lugar bajo el mar de cabezas de la hora pico. Y es que Rugal es más que los casi dos metros que definen su anatomía; mucho más. Rugal es un volcán de decibelios en constante erupción.

“Hágale manito, todo bien. Pregunte lo que quiera”, me dice William sin mirarme a los ojos. No necesito terminar de seguir el rastro de su mirada para saber que la ruta E31 abandona perezosamente la bahía de embarque de la estación Unidad deportiva. Me pregunto si lo ha dejado ir porque va demasiado lleno, porque ya hay un colega trabajando ahí, o simplemente porque desea repostar. Ver su parlante y micrófono apoyados en el suelo me hace considerar la última opción. Para William y su gremio, cada minuto, cada bus y cada pasajero son una oportunidad. No hay nada seguro; solo oportunidades.

Oportunidad que espera Leidy, cuyo parlante en bandolera y mirada alerta sugieren la imagen del francotirador al acecho del próximo convoy. Según la costumbre, a esta hora, 8:36 p.m., serían escasos los buses donde cante y “pase en blanco”, pero su semblante ahora dice lo contrario. “Hoy he estado algo salada, la verdad”, exclama casi como disculpándose. De manera que le va a tocar redoblar la presión en lo que resta de la jornada. No hay tiempo que perder.

Es difícil hallar un minuto del día en que las 55 estaciones del Masivo Integrado de Occidente (MIO) y sus tres terminales de cabecera no sean paisajes vibrantes de sonidos, sabores y colores. De acuerdo al subsecretario de Inspección, Seguridad y Justicia de Cali, Jimmy Dranguet Rodriguez, el censo de Metrocali del 2019 registró 526 vendedores y artistas ambulantes que a diario actúan en el sistema, en una ciudad que cerró el mismo año con una tasa de informalidad del 45%, equivalente a 558.000 trabajadores según estimaciones del DANE. Hombres y mujeres de todas las edades aferrándose como a sus propias vidas a cajas transparentes repletas de galletas o bolsas de maní, parlantes y guitarras; quizá porque, en efecto, están allí cifradas sus vidas y las de sus familias. También está, cómo no, el que no carga más “plante” que las anécdotas aderezadas de dolor, sean exageradas, manipuladas o verídicas, a las que espera canjear por algunas monedas en la próxima ruta.

Si para viajeros como usted o yo el sistema es apenas un lugar de tránsito, en la experiencia del artista y el vendedor el MIO adquiere una innegable centralidad, pues no sólo es coto de caza de la moneda o el billete arrugado; también es espacio para la vida política, cultural y social. Para Billy Jim y Rugal, el MIO es ante todo una vitrina para su proyecto “Rompiendo Fronteras”, una fundación establecida en el Distrito de Aguablanca que busca hacer del arte una herramienta de transformación social: “Llevamos aproximadamente dos años y medio interviniendo en parques, calles y rutas, buscando propiciar que mediante el talento se pueda romper con las fronteras invisibles que azotan a los barrios de Cali. Trabajamos en este momento con musicalidad completa, apuntando al rescate de los sonidos africanos y autóctonos con mensaje social, además de hip-hop, reggae, salsa, y una música que llamamos pura, tipo jamming. También trabajamos de la mano con otros sectores sociales, y en el MIO hemos podido darle mayor alcance al proyecto, ya que así logramos incorporar a otros artistas”, comenta Billy Jim.

En contraste con estos proyectos de impacto social, el MIO recoge otros de carácter personal que van más allá de “ganarse el día”. Leidy revela que desde el año 2018 lleva cantando música popular y ranchera en el sistema, géneros que, destaca, tienen gran aceptación entre los pasajeros, tanto así que le han permitido conseguir contratos para presentaciones y eventos. Por su parte, Víctor Polanco, un joven venezolano de formación musical académica, dice mientras afina su guitarra que hace música para vivir, pero también para “buscar desde las calles impulsar mi carrera, dar el salto desde los buses hacia escenarios más formales, cosa que ya venía haciendo en mi país. Hace cuatro años salí a recorrer el mundo, y la música en las calles me ha dado esa libertad de poder conocer, sustentar la alimentación y el techo. Pero esa es la lucha, hermano, no solo el día a día, sino potenciar otras cosas que me saquen de acá”.

Ganarse el día en el MIO implica debatirse entre la confrontación y el autodominio. Por improductiva que haya sido la jornada y hostigante el bochorno, bajo el umbral de la puerta del bus toda irritación o cansancio se esfuma como soplando una vela, o por lo menos ha de transformarse en buena voluntad, en cortesía y esperanza, y adentro bien puede estar la recompensa, o la indiferencia y el hastío de los pasajeros. “Yo me hago treinta o cuarenta lucas y me voy para mi casa. También hay otras cosas que hacer: el estudio, festivales de hip-hop, grabar, parcharme… porque estar metido acá es muy estresante”, dice William.

Durante los descansos en la estación se forman corrillos donde abundan las carcajadas, las quejas, el flirteo o cuando menos el consuelo, y la reafirmación de normas que nunca están de más: “¡Papi, el que llega primero se va de primero!”. No son raros, por cierto, los conflictos, y en eso coinciden una facilitadora de Metrocali y dos auxiliares de policía que han pedido no incluir sus nombres. “No estamos autorizados para decomisar parlantes o mercancía; eso es competencia de los patrulleros”, dice uno de los auxiliares. “Pero sí nos toca intervenir cuando hay riñas. Es casi a diario que hay peleas por un turno, por territorio; en ciertos casos incluso con armas blancas”.

La tensión entre los artistas ambulantes del sistema y las autoridades es latente y constante. Al respecto, indica Dranguet Rodriguez que el proceder de la administración ante este fenómeno responde a su deber de controlar el espacio público: “No es algo que queramos hacer; es nuestra misión funcional garantizar el derecho del ciudadano al acceso y disfrute del espacio público. Nuestro marco de competencias incluye el Artículo 82 de la Constitución, el Código Nacional de Policía, el Acuerdo 0424 de 2017 y el Decreto municipal 0516, que le da a esta Subsecretaría la obligación de regular y controlar el espacio público (…). El año pasado hubo un plan de intervención del espacio público en las estaciones del MIO, que vamos a retomar junto a Metrocali. De los 526 trabajadores ambulantes, sólo 280 se acogieron en ese entonces al programa de formalización, dado que hay mucha gente que realmente no necesita estar en el sistema y sólo entran por negocio o conveniencia, por lo cual en el proceso de censo éstos fueron descartados. Con parte de esos 280 son artistas (cantantes, artesanos, etc.), vamos a tener un tratamiento diferencial por su oficio. ¿Cuál es la idea? Formalizarlos. Que hagan parte de la oferta artística del municipio”.

La recepción de esta estrategia de formalización ha sido mixta entre los trabajadores del MIO. Algunos la aprueban y otros, como William, aseguran tener sus motivos para no hacerlo: “Yo tengo mi chaleco y mi carnet, e igual me han quitado tres bafles. El plan de ellos con esa vuelta de los chalecos era solo identificarnos, ¿sí me entendés? Ni para el Estado ni para nadie es un secreto que el trabajo informal es lo que más da dinero, pero no les pagamos impuestos como hacen las empresas. ¿Cómo sería si los artistas del MIO les pagáramos un impuesto a Metrocali? Ya no dirían “¡bájelo!”, al contrario, dirían “¡bienvenidos! Y cuando se llenara el MIO de artistas llegarían a decir “¡les dimos trabajo!””.
Entre la ciudad y los trabajadores ambulantes del MIO existe una relación de encuentros y quizá aún mayores desarmonías. Algunos pasajeros, como la señora del asiento vecino, no ven en esta ola de artistas ambulantes algo más que una forma local de “fiebre del oro”. A veces ágora, a veces tarima, a veces comedia o tragedia, lo cierto es que el MIO como espacio económico y social demanda cada vez más una consideración distinta, casi como una ciudad dentro de la ciudad donde se problematizan brechas sociales. Para más de quinientas personas que como William, Leidy, Rugal, Billy Jim y Víctor deambulan por sus entrañas, no es el bus el que se mueve; la ciudad y el mundo se arremolinan en una mancha opaca alrededor de una puesta en escena, una misión: la de la oportunidad de salir adelante o por lo menos ser escuchados.




Para los artistas y vendedores del MIO, el sistema de transporte es más que un lugar de tránsito y un lugar de trabajo: es también un espacio para la vida política, cultural y social.
Foto: https://nadia0609.wixsite.com/misitio-convivencia/single-post/2017/11/10/El-arte-callejero-Una-expresi%-C3%B3n-cultural-de-desigualdad-social

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