Un testimonio transparente: Manuel Zapata Olivella en China en 1952

Un testimonio transparente:
Manuel Zapata Olivella en China en 1952

En 1952, junto con Jorge Zalamea, Diego Montaña Cuéllar, Jorge Gaitán Durán, Alipio Jaramillo y otros destacados intelectuales colombianos, Manuel Zapata Olivella viajó a la República Popular China para participar en el Primer Congreso de la Paz de los Pueblos de Asia y del Pacífico en Pekín. En su recorrido por ciudades, aldeas y sitios emblemáticos del gigante asiático, auscultó vidas y sentires de sus pobladores. En el Congreso se relacionó con los poetas Pablo Neruda, chileno, y Nazim Hikmet, turco, y el novelista brasileño Jorge Amado. El deslumbramiento ante esta nueva sociedad que emergía, lo dejó consignado en su ameno estilo de cronista en China 6 a. m. (1954). A continuación, un fragmento del prólogo escrito por el profesor Luis Cantillo para la edición publicada por la Universidad del Valle, con el apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia, la Universidad de Cartagena, la Universidad de Córdoba y la Universidad Tecnológica de Pereira, a propósito de la declaración del 2020 como el Año Manuel Zapata Olivella.



Por: Luis Cantillo
Profesor de la Universidad de Sichuan en Chengdu (China) y de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad Externado de Colombia en Bogotá.





“Al calor de sus canciones y de sus danzas fuimos trenzando nuestros propios bailes. Después las muchachas nos enseñaron sus ritmos y, siguiendo sus movimientos y canciones, pudimos ligarnos a los bailes que expresaban el sentimiento del pueblo liberado.”
MZO

El primero de octubre, un día antes de iniciarse la conferencia, “para hablar de la paz; de los problemas de la paz; de las soluciones de la paz”[1] como escribió Jorge Zalamea, los delegados fueron invitados a presenciar el desfile de celebración del tercer aniversario de la fundación de la República Popular China. En la noche, cuando la fiesta todavía seguía en la Plaza de Tiananmen (Puerta de la Paz Celestial), los delegados terminaron bailando junto con los locales: “Los delegados a la Conferencia de Paz no pudimos contemplar a la distancia aquel espectáculo y entrelazados en una cadena que cantaba canciones en muchos idiomas, nos introdujimos en el corazón de la multitud. Con el regocijo de siempre, los jóvenes chinos batieron sus manos y se arrojaron a nuestros brazos.”[2]

A lo largo del libro, Manuel Zapata siempre nombra el baile y las danzas folclóricas como si fuera una expresión artística que no podía faltar en las celebraciones o ceremonias de bienvenida a los delegatarios, esto me hace pensar que este arte del movimiento que logra vencer la dificultad del idioma, fue una de las expresiones culturales que más lo impresionaron, disfrutó y seguramente inspiró para que tiempo después junto con su hermana Delia Zapata creara un grupo y promovieran la danza y el folklor colombiano internacionalmente.

Entre las fotografías que nos quedan de Manuel Zapata en China de este viaje, en el archivo de Jorge Zalamea hay una donde aparece Manuel sonriente estrechando las manos con los brazos entrelazados con un grupo de delegados y a juzgar por el vestido de las mujeres da la impresión que son delegados coreanos. Seis años después Zapata volvería a la China en compañía de su hermana Delia Zapata como embajadores de la cultura colombiana, inaugurando una tradición que treinta años después continuarían el Teatro Libre y El Son del Pueblo, haciendo bailar al pueblo chino ritmos colombianos.

(…)

Sobre el recorrido que traza Zapata a lo largo del libro, cabe señalar que los nombres en chino que él emplea corresponden a una romanización anterior al sistema Pinyin que se utiliza hoy. El trayecto podría resumirse en una primera parte por el norte del país: Pekín (Beijing), Tien-Tsin (Tianjing) y Mukden (Shenyang), en esta región los sorprende la primera nevada del año, fuera de usar tren también viajan en autobús por caminos de tierra y visitan aldeas, una mina de carbón, una represa en construcción. Entre los delegados que lo acompañan nombra al periodista chileno Juan Araya, la española Aurora Fernández que trabajaba en Radio Praga, su amigo Payín de Nicaragua y una institutriz inglesa “que anotaba en su libreta como si toda su vida hubiera sido una estudiante”[3]. La segunda parte del trayecto es en tren rumbo al sur, al cruzar el rio Yangtsé Kiang (Yangzi Jiang) escribe esa descripción de postal de la imagen de un tren cruzando el río sobre un bote.

La llegada a Shanghái parece un plano largo de película, describe las interminables barriadas populares de la periferia que contrastan luego con los altos edificios del centro construidos con una arquitectura estilo occidental. Estando allá visitan una exposición de fotografías y reliquias en homenaje a los mártires de la revolución y los llevarán a visitar un centro de rehabilitación para prostitutas y otro para delincuentes; ejemplos de cómo la nueva China está acabando con los viejos vicios y formando una nueva sociedad.

El penúltimo capítulo se lo dedica a Hang Chow (Hangzhou), “«…el lugar más bello del mundo», oí exclamar muchas veces a varios delegados de diferentes países”[4] escribe Zapata, y precisamente esa fue la ciudad donde estudié cerca del Lago del Oeste, donde “parece que la naturaleza y el genio chino hubieran puesto en este jardín sus más bellas obras”, no son palabras exageradas. Pero realmente este capítulo se lo dedica a Lu Hsun (Lu Xun), el célebre escritor chino que ayudó a modernizar la literatura con su trabajo como editor, ensayista, traductor y autor de obras clásicas como Diario de un loco (1918) y La verídica historia de A Q (1921). En Hangzhou, la revelación para Zapata fue escuchar de parte de un escritor mayor la biografía de Lu Xun, quien al igual que Zapata comenzó a estudiar medicina para luego dedicarse mejor a la literatura: “Yo había también decidido proscribir el ejercicio médico, y en la realidad lo he hecho, para encauzar todas mis fuerzas en la lucha del escritor contra las condiciones sociales que agobian a los hombres, seguro que con ello les sirvo más que con el análisis minucioso de sus úlceras”[5].




[1] Zalamea, Jorge (1952). Reunión en Pekín. Pekín. Página 1.
[2] Ver capítulo: LA FIESTA DE LAS PALOMAS.
[3] Ver capítulo: HUÉSPEDES DE UNA NUEVA VIDA
[4] Ver capítulo: EL ESCRITOR DE HANG CHOW
[5] Ibíd.

Delegados internacionales estrechan manos. En la foto se encuentran Sr. Carrasquilla, José Domingo Velez, Manuel Zapata Olivella, Alipio Jaramillo, Jorge Zalamea, en Beijing 1952. Cortesía del Archivo Jorge Zalamea Borda.
Foto: http://mareaspacifico.univalle.edu.co/reunion-en-pekin/


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