Tema Central – “Para sanar las raíces profundas del conflicto armado colombiano, tenemos que cuestionar nuestra humanidad y pensar nuestras relaciones con el río y el territorio” Juan Guillermo Garcés Restrepo

“Para sanar las raíces profundas del conflicto armado colombiano, tenemos que cuestionar nuestra humanidad y pensar nuestras relaciones con el río y el territorio”
Juan Guillermo Garcés Restrepo

La Palabra conversó con Juan Guillermo Garcés Restrepo, un hombre que ha estado vinculado desde su infancia con el río Magdalena, y Fernando Guerra, otro ribereño que ha construido su vida en Puerto Boyacá, sobre el río Magdalena, artería vital de Colombia, a propósito del libro Magdalena. Historias de Colombia, del antropólogo Wade Davis.



Por: Equipo La Palabra
Transcripción: Yenniffer Cuenú Caicedo
Estudiante de Lic. en Literatura, Univalle





La Palabra (L.P.): Cuéntanos sobre tu relación personal con el río Magdalena. ¿Cuáles son esos brochazos entre Juan Guillermo y el río Magdalena?

Juan Guillermo Garcés (J.G.G.): Creo que ese contacto con el río es una experiencia marcada por el destino. Mi padre se vino a trabajar al Magdalena Medio en los años 40, y yo nací en 1949. Desde que soy muy niño, como a los seis meses de nacido, me trajeron por primera vez a La Dorada. Él empezó su historia y me vinculó a mí. A mí me bañaban en la orilla del río y me tiraban agua con una totuma. Así voy creciendo en una finca que se llama Yucalito, justo al frente de La Dorada, al lado de Puerto Salgar, y ese es mi vínculo: está desde mi nacimiento. Los recuerdos que tengo de esos años es ver pasar por el río Los Champán . Me impresionaba ver las canoas con techos de paja redondos, largos, con remos y cargados de gente. En esa época no había motores fuera de borda, era todo a mano, y así íbamos y veníamos de la finca a La Dorada. Allí empezó mi relación con el río.

L.P.: Después de que ya empiezas a tener una comprensión histórica, política, etc., y ya apuestas por un proyecto de cambio revolucionario y utópico, ¿qué pretendías e idealizabas hacer con el río?

J.G.G.: El ser humano es un animal especial que ha desarrollado la posibilidad de mirar el entorno no solamente para obtener la comida, el agua, y lo fundamental, sino que hemos construido otra relación con la naturaleza. Es una relación diferente al resto de las especies. Para nosotros todo es utilitario, todo es de consumo, lo heredamos de esa naturaleza biológicamente animal; los animales tienen que consumir para vivir. Tomar agua, alimentarse, comer, depredar, cazar, y a medida que vamos poblando el planeta y ocupando un territorio, y en este caso el Magdalena Medio, hacemos eso: consumir, depredar, tomar posesión, etc. Las primeras comunidades indígenas que llegaron lo hicieron así; tomaron posesión del territorio, cazaron animales para sobrevivir, fundaron y construyeron una cultura y una sociedad sobre la cuenca del Magdalena y del río, durante 10, 15 mil años. Ellos pasaron de cazadores recolectores a agricultores, y luego llegaron los españoles y rompieron su modelo; trajeron el modelo extractivo y de la ganadería extensiva. Los indígenas americanos no sabían domesticar animales, ellos eran fundamentalmente agricultores, pero los que traen la economía, la sociedad y la cultura de la ganadería son los españoles. El rompimiento que genera la presencia de los colonizadores españoles irrumpe con una naturaleza antropológica, sociológica, etc., que cambió la historia de la cuenca del Magdalena. Nosotros somos descendientes de ellos. Por mi padre tengo raíces indígenas y por mi madre tengo raíces españolas. Somos un cruce, un híbrido, y el resultado de ello es la ocupación de la cuenca del río Magdalena.

Fernando Guerra (F.G.).: La ocupación del territorio por los indígenas y después la colonización española se refleja muy bien en la cultura Zenú en La Mojana, que fue una ocupación y una transformación del territorio amigable con la naturaleza y que no ha sido superada.

J.G.G.: Sí, Fernando. Tienes toda la razón. Tuve el privilegio y la oportunidad de trabajar cuatro años en La Mojana mirando el tema de la depresión montesina. Allá propuse el proyecto del Plan de Desarrollo Sostenible de La Mojana, y partí de los estudios de Clemencia Plazas y Ana María Falchetti, cuando ellas eran discípulas del profesor colombo–austríaco Gerardo Reichel-Dolmatoff, un arqueólogo y antropólogo fantástico, e hicieron una tesis impresionante sobre la cultura Zenú. Me di cuenta que era necesario mirar el territorio La Mojana de otra forma, cogiendo desde las raíces los setecientos años de ocupación del territorio por los indígenas zenúes. Después fui a estudiar a Vietnam y a Camboya, y allá me entrevisté con el director del instituto que maneja la cuenca del río Mekong y fui a Nom Pen a plantearles lo mismo que al gobierno de Colombia porque en La Mojana confluyen los dos ríos. Esto es una bicuenca conformada por el río Cauca en el Occidente y por el río Magdalena en el Oriente, lo separa la Cordillera central, pero las aguas del sistema hidrológico e hidráulico confluyen en la depresión momposina, que es un fenómeno especialísimo del que se puede escribir libros y hablar horas.

La Mojana son quinientas, seiscientas mil hectáreas, si sumamos la isla de Mompox. Es ella más el Magdalena Medio y el Valle del Cauca. El petróleo que está en Puerto Boyacá y en el Huila, o el carbón que está en El Cerrejón son procesos sedimentarios del levantamiento de la cordillera de los Andes y se bifurcan en el Macizo colombiano en tres ramas. Eso está conectado con un continente donde Colombia es la proa del barco que navega. La historia de estas cuencas la tenemos que conectar a esa historia.

F.G.: El tema de la bicuenca es otro aporte tuyo al movimiento del río; es la primera vez que lo oigo. Es muy razonable. La bicuenca recoge mucha parte de la población y la economía nacional, y esa mirada aparte, pero unida, es una visión nueva muy interesante de estudiar.

J.G.G.: Wade Davis no estaba satisfecho con una primera versión de traducción que le hicieron del libro Magdalena. Historias de Colombia, y por eso se demoró en salir la versión en español. Esta versión en español permite ver lo que Davis percibió de su experiencia en el río Magdalena; él no plantea el tema de la bicuenca, realmente no se lo he escuchado a nadie. Cuando estuve en La Mojana iba a dar conferencias a Bogotá, y allá se reunían los más duros de la Universidad de los Andes y del país, los expertos en hidrología más importantes. Yo tenía una ventaja: sin ser hidrólogo, había ido a caminar el territorio y leído todos los estudios sobre La Mojana. Cuatro años dedicado a investigar y comprender uno de los temas más complejos que tiene esta bicuenca, y allí entendí que no se trataba de una cuenca, sino de una bicuenca, por un tema geológico largo de explicar. De allí en adelante, después de la depresión momposina, desde Zambrano hacia río Plato, se abre un solo cauce, pero eso no es solo un cauce. El Magdalena Medio y el Magdalena Bajo es un sistema de humedales de lo más fantástico y más valioso que se formó a nivel mundial, y tenemos que mirar integral y sistemáticamente este sistema hidrológico porque allí está la mayor parte de la población. ¿Cuántos pueblitos hay en Popayán, en el Cauca, en el Valle, en Risaralda, en Caldas, en Antioquía, en el Huila, y en todo esto que confluye? Porque el río Sogamoso también hace parte de esto, y pensemos: ¿qué es lo que está por fuera de este sistema? Está el piedemonte del Pacífico, después de los Farallones de Cali. Al sur está el río Patía, que es otro sistema; el río Atrato; el río Sinú, y hacia el otro lado el Piedemonte de la Amazonía y el Piedemonte llanero. La mayoría de las ciudades están en esta cuenca. Entonces, ¿cuántos minerales tóxicos, plomo, etc., contaminan el río? De los 46 millones de colombianos, ¿cuántos millones depositan la materia fecal? ¿Cuáles ciudades tienen tratamiento de agua?

F.G.: Hay que ver al río Bogotá como la gran tragedia del Magdalena.

J.G.G: Exacto. Eso es lo que plantea Wade Davis en su recorrido por el río Bogotá y su desembocadura por el río Girardot. A Davis le debemos agradecer muchísimo porque, habiendo muy buenos historiadores en Colombia, como los libros que hay de Rafael Gómez Picón y otros clásicos de la literatura y la investigación sobre el río Magdalena, Davis vuelve otra vez con la realidad del presente: con el Acuerdo de paz con las FARC en La Habana; con el conflicto de la guerrilla y los paramilitares; con el tema de Álvaro Uribe; de Pablo Escobar; de los desplazados, de las víctimas, etc. Davis vuelve al presente toda esta historia, y esto es lo que debemos discutir aquellos que vivimos en este país y en esta cuenca.

Nosotros hemos vivido en conflicto desde siempre, hace parte de la esencia humana. Ya existían las guerras. Se agudizó con la llegada de los españoles. Las tribus indígenas en Colombia hablaban dos mil lenguas diferentes. Era inmensa la diversidad. Los Incas estaban en Perú y habían desarrollado un modelo de Estado en donde ellos eran un imperio. Distinto, pero en esencia lo mismo; un gran jefe que había construido un gran Estado y este venía avanzando hacia Colombia, llegó hasta el territorio guambiano y se bajó hasta Bolivia, Chile. Parece que este conflicto lleva trescientos mil años o más, y es la primera vez de los años de evolución, desde el homo erectus al homo sapiens, hasta llegar a nosotros, que nos estamos planteando cuál es el conflicto humano: ¿por qué nos peleamos?, ¿qué es ser humano?, ¿en qué nos diferenciamos de los animales? Estas preguntas nos llevan a una cosa, y es que las raíces de este conflicto son muy profundas, y no se van a resolver con unos documentos. Aquí nos tenemos que cuestionar a nosotros mismos como humanos: ¿cómo hemos ocupado el territorio?, ¿cómo lo hemos usado?, ¿cómo hemos destruido y contaminado las aguas del río?, ¿cuál es el futuro de las generaciones jóvenes que vienen detrás de nosotros? Esos jóvenes que estuvieron en Cali peleando en las barricadas son una nueva generación de personas expresando sus ideas, sus ideologías y epistemes; son nuevas formas de sentir y pensar porque ellos cuando miran el futuro ven que no hay un futuro, y entonces están peleando el derecho a ese futuro.

F.G.: A propósito de un mejor futuro para el río y para el país, ¿qué opinas de eso?

J.G.G.: Si estuviéramos dialogando con Wade Davis aquí, él compartiría este concepto. Él dice que Colombia es un país especial. Si usted se va para Perú, los peruanos dicen que el país es especial, y lo mismo dicen los argentinos, los brasileros. ¡Eh, Ave María! ¡Todos! [Risas]. Es lo que llaman chovinismo, ¿cierto? Los humanos somos chovinistas por naturaleza. Los vallunos también. “El Valle es Valle y lo demás es loma”, dicen. Y los paisas lo mismo.





L.P.: No. Cali es Cali y lo demás se inunda [Risas].

J.G.G.: [Risas]. En general es eso. Es maravilloso ver cómo los humanos nos apropiamos de un territorio y pensamos que nuestro territorio y familia es lo mejor. Ese es el conflicto humano. La pregunta es: ¿cómo vamos a superar eso? La única forma es la humanización. Necesitamos superar nuestro instinto animal, ¿y qué quiere decir eso? Superar la rabia que produce que alguien haya dicho una idea que no te gusta porque es contraria, ya sea política, religiosa, epistemológica o filosófica. Lo mismo el que tiene una religión budista, los musulmanes, los cristianos, el liberal, el conservador, las FARC, el ELN, lo mismo Petro y Álvaro Uribe. Todos estamos enfrascados defendiendo nuestro propio terruño ideológico. Es que el tema más clave está aquí en la cabeza, en el cómo colonizaron este cerebro y nos pusieron banderas. Yo tuve banderas. En la universidad cogí la bandera del MOIR con Jorge Robledo en la época de los años 70, así como los jóvenes ahorita están cogiendo otras banderas. Eso es normal. Son diferentes épocas y nos radicalizamos en nuestra propia ideología. Los “otros” son mamertos, trotskistas, uribistas, y se hacen enemigos. Los humanos somos enemigos de todo. Mientras eso sea así no vamos a poder solucionar este problema. Tenemos que pensar quiénes somos como seres humanos frente a la naturaleza, al río, al agua y frente al universo. Después de 72 años puedo medio entender al universo y tener una visión integral. Si tuviera que volver a empezar estudiaría más, investigaría más. No perdería ni un minuto de mi vida.

F.G.: ¿Harías proselitismo político?

J.G.G.: No critico por proselitismo político las ideas de Petro, de Uribe, de Santos, del ELN, de las FARC, o de cualquier persona o líder mundial, como por ejemplo las del Dalái Lama, que en estos días lo estaba leyendo para tratar de entender por qué piensa así. Creo que cada uno es un árbol diferente. Cada ser es una flor del universo humano. Esas son expresiones de un pensamiento diverso, de una forma de percibir el mundo. Si me preguntan si volvería a hacer el proselitismo de los años 70, claro, lo volvería hacer, si me devuelven a los años 70, porque eso es lo que había que hacer en esa época. Hoy en día hablo distinto. Después de esos 50 años de vivencias, tengo más información. No levantaría las mismas banderas, levantaría unas diferentes, desde el humanismo.

Soy capaz de sentarme a hablar con Álvaro Uribe, con Petro o con un comandante de las FARC; lo hice en Putumayo, cuando estaba haciendo un trabajo con los indígenas Cofanes. Yo los estaba grabando, cuando de pronto todo el mundo se quedó en silencio. No entendía qué pasaba. Un indígena que tenía una pluma, sin pestañas y con un collar de dientes de jaguar, de unos 80 y pico de años y su compañero, se quedaron en silencio y mirando hacia afuera. Yo seguía sin entender. Volteé a mirar hacia el salón de la escuela, en medio de la selva, cerquita donde mataron a Raúl Reyes, en la vereda El Afilador y el municipio La Hormiga, una zona de las FARC, a ver qué pasó con la gente, cuando veo a cuarenta indígenas, niños y señoras, sentados en la mesa. Todos en silencio y mirando hacia una especie de cancha de fútbol, un caserío de paja, y cuando veo encuentro cincuenta hombres y mujeres enfilados, con unas banderas del tricolor. Hermosa la imagen. El escenario es aterrador e impresionante, pero esos colores y la forma en que están vestidos… ¡Wow! De repente se acerca un guerrillero, lo veo que viene caminando y se dirige a mí y me dice: “El comandante le manda a decir que necesita hablar con usted”. Yo le dije: “Perfecto, dígale que sí, pero, le pido un gran favor, son las 5 p.m., la luz se va a acabar y no tengo lámpara. Necesito terminar la entrevista que estoy haciendo con los dos mamos . No hemos terminado, dígale, por favor, que si me regala 20 minutos”. “Sí, señor”, dijo. Y se fue marchando otra vez. Me quedé esperando. Cuando regresó me dijo: “El comandante me dice que no hay problema, que no hay afán, que nosotros vamos a estar esta noche aquí. Que puede terminar”. Nosotros seguimos la grabación y ellos se dispersaron en la aldea. Cuando terminamos de grabar, hice unas tomas fotográficas y me gasté la última hora de luz del sol; sabía que el comandante de ese grupo me estaba esperando. Terminé, me senté. Luego le pregunté dónde estaba el comandante. “Ahí está esperando”, me contesta. “Ah, perfecto”, digo. “Tomás, vamos”, le dije a mi asistente. Me estaba esperando al lado de una quebradita y nos sentamos.

“Comandante, mucho gusto”, dije. Y tuvimos un diálogo por ahí de una hora. Le dije: “Los Cofanes son una tribu que lleva diez mil años viviendo en la selva del Amazonas, pero están en peligro de extinción. Por eso estoy aquí grabando. Ellos se están extinguiendo porque llegaron los colonos del Tolima, del Cauca, del Valle y del Huila a invadir sus tierras para sembrar coca, abrir ganado, potreros, sembrar maíz y colonizar la tierra de los indígenas. Los hijos de los indígenas de 12, 13 años, me han contado ellos, ya no quieren trabajar en las chacras porque prefieren irse a raspar y pisar coca, con las botas de caucho, para que les paguen e ir al pueblo a comprar un radio transistor, un reloj, etc. Se gastan el dinero con la prostitución. Las niñas se están prostituyendo, y esto se está convirtiendo, comandante, en un problema gravísimo en la mitad de la selva. Explíqueme usted cómo podemos resolver eso”.

Y ese fue el tema de la conversación. Él me dijo: “Es que nosotros no tenemos la culpa. Eso es un problema del Estado…”, y me sacó todos los argumentos. En medio de una conversación muy franca y transparente, le dije: “Comandante, tengo una pregunta para ustedes: ¿por qué se trajeron a los colonos del Huila, del Cauca y del Valle a colonizar las selvas del Putumayo a sembrar coca, ustedes son el partido que se fundó para hacer una reforma agraria y luchar por la tierra en los años 30 y 40? ¿Por qué en vez de secuestrar terratenientes, lo cual generó un conflicto armado y desató unos temas de represión por parte de las Autodefensas y los paramilitares, no hicieron una revolución agraria y le entregaron a los campesinos las tierras que le quitaron a los terratenientes para que no se tuvieran que venir a la selva? Aclárame eso. ¿Por qué no las tácticas? Llegó un momento fuerte de la conversación. Él empezó a voltear el fusil cada rato. El hombre estaba empezando a estresarse. Ya vi que tenía que bajar el nivel de la conversación. Finalmente nos despedimos muy amablemente. Yo expuse mis ideas a ese señor que estaba con 50 guerrilleros y un fusilado. Él me dijo: “Dejemos la cosa así. Yo tengo mucho calor. Me voy a bañar a la quebrada”. Por la mañana los vimos pasar a todos con unas mujeres hermosas, pelo negro, uniformes, y muy coquetas, porque uno sentía la coquetería de ellas. Esa fue una experiencia significativa como documentalista. Es que con los ríos hay muchas experiencias.





L.P.: Volvamos al libro de Wade Davis. El libro tiene una gran utopía que nos lleva a repensar este país y sus posibilidades, si encontramos la Paz. El Magdalena es una arteria vital. Tu tesis sobre la bicuenca nos aclara mucho más la importancia de hermanar el río Magdalena con el río Cauca. Entonces te quería preguntar sobre esta perspectiva que abre, de alguna manera, el libro de Wade Davis: ¿cuál es tu visión alrededor de la relación Magdalena-Cauca como eje de este país?

J.G.G.: Creo que este encuentro es importante. Wade Davis nos está acercando, nos está uniendo a través de su texto. Nos pone a pensar, discutir, analizar, estudiar y preguntarnos. Somos muchos quienes hemos estudiado nuestro problema del país y del río.

Quiero plantear una propuesta que nace de esta entrevista, para toda la gente del Cauca, del Valle y de Medellín, porque desemboca al río Cauca en el río Nechí, en homenaje al esfuerzo que Wade Davis hizo, porque la Paz no es un tema de si resolvemos quién tenía la verdad y quién no. Las acciones de las FARC durante 50, 60 años, las que está haciendo el ELN, los grupos disidentes, las autodefensas, lo que hizo Álvaro Uribe, no tienen la razón. La Paz la construimos con proyectos concretos de Nación. Necesitamos, por fin, ser una Nación. Cuando hablo de que nos humanicemos, es dejar nuestro instinto animal de estar peleando por lo propio. Por ejemplo, yo tengo un proyecto con una reserva natural. Tal vez es la reserva más importante en la cuenca del río Magdalena. Empecé con 20 hectáreas hace 50 años y hoy son casi 3000 de conservación que he ido sumando con esfuerzo independiente, sin ayuda del gobierno ni apoyo internacional. Ese es un modelo. Allí lo estoy construyendo. Sé que se puede. Lo estoy demostrando con hechos, no con teoría ni con discursos. Entonces, que esta sea la oportunidad para que nos juntemos y hagamos una campaña para que todos los pueblos y ciudades de Colombia construyan sistemas de tratamiento de agua para que el río Cauca no siga siendo la cloaca del Cauca, del Valle ni de Medellín. Y el río Bogotá no sea la cloaca que le echa sus inmundicias al río Magdalena, Neiva, Ibagué, etc. Eso es un proyecto de Nación. Allí es donde creo que construimos la Paz. Esa es mi visión. Eso mismo tenemos que hacer con la agricultura, con el petróleo, etc. Discutir problemas fundamentales, necesitamos saber cuáles bosques se van a conservar, o cuáles tenemos que restaurar. ¿Con qué se han hecho todas las casas y los edificios de Cali, de Bogotá, de Medellín, de Bucaramanga, y de todas las ciudades que están en esta cuenca? Con los recursos producidos por esos millones de colombianos que en los últimos 100 años han trabajado en petroleras, en agricultura, en caña, etc., de ahí es que ha salido la economía para construir esas metrópolis. Pero esas metrópolis y ciudades nos están destruyendo los ríos.

Si eres petrista no tengo problema, dame la mano. Si eres de las FARC, me das la mano, y si eres uribista, nos damos la mano. Vamos a salvar el río. Vamos a trabajar por unos proyectos nacionales. Dejemos la diferencia. A mí no me importa si tú eres musulmán, cristiano, judío. En Cali hay muchos judíos. Los problemas no son los judíos por su religión; el problema es lo que hacen, ya sean judíos, cristianos o musulmanes, con el dinero y el poder. Se sube a la Alcaldía de Cali, de Bogotá, o a la Presidencia para utilizar los recursos que nos pertenecen a todos, robarlos y hacer corrupción. Por eso no podemos ni construir ferrocarriles, ni tener ríos limpios, ni tener equidad para que no haya tanta miseria y tanto pobre en Colombia; ni siquiera podemos enfrentar la llegada de tres, cuatro millones de venezolanos que, en un país organizado, se pueden asumir como mano de obra para desarrollar el país. Yo creo que el problema de los pobres es un problema de falta de oportunidades. Cuando llegué a La Mojana, hace 23 años, me encontré con una población de doscientos mil campesinos mojaneros en la miseria. Empecé a trabajar en el proyecto de La Mojana con el gobierno y yo les decía: “Tenemos doscientos mil brazos y manos disponibles para construir un proyecto”. La gente pobre está necesitando proyectos, trabajo. Esa es la Paz. Ese es mi proselitismo, es lo que me enseñó el río. Aprendí a hablar con el río.

Cuando fui a Putumayo me lo enseñó un indígena que hablaba con los árboles. Es una vaina, aparentemente, estúpida, pero no lo es. Si no se tiene la capacidad de conectarse con el río, con los árboles, con la naturaleza, no se es capaz de tener diálogos naturales, en donde se entiende qué es el río, de dónde viene, para dónde va, por qué es importante. Sin eso no podemos planear ningún proyecto. No hay futuro si no comprendemos la historia. “Estamos condenados a repetir la historia si no la estudiamos”. Si no hemos visto lo que ya ha ocurrido y decimos: “No te metas por ese camino, por ahí salen fantasmas”, “por ahí es muy resbaladizo, no se meta por ahí”, “por ahí baja una cascada de agua con piedras que ha matado a varios. Esperemos que escampe”. Esa es la naturaleza. ¿Qué hicieron los presocráticos? ¿Qué hizo Tales de Mileto, Pitágoras, Newton, Einstein? Analizar la naturaleza y de ella sacar la ciencia. La naturaleza es la madre del conocimiento del ser humano.





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