Tema Central Noviembre 2019

La República Popular China en sus 70 años
Colombia puede sacar provecho de la marea


Por: Fernando Guerra Rincón
Economista, investigador del Centro de Investigaciones del Pacífico (CENPA) de Univalle, sede Buenaventura.




Foto: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=307421&SEO=principio-de-una-sola-china-se-consolida-en-el-mundo


China nace en una antigüedad tan remota que sería un vano empeño descubrir sus inicios. En esa prolífica historia se conjugaron periodos de prosperidad y decadencia. Desde el siglo XI fue el epicentro de inventos que transformaron el mundo: la brújula, la pólvora, la impresión de tipos móviles, el papel moneda, las grandes bibliotecas, los canales para la agricultura y el comercio. Por la época, producían más hierro que la producción británica en los comienzos de la Revolución Industrial y sus ciudades eran mayores que los grandes centros urbanos europeos.

Sus súbditos fueron pioneros en la construcción de navíos y en la organización de grandes armadas. En 1420, algunos de los más de 1.350 barcos de combate de la dinastía Ming, verdaderas fortalezas flotantes, dotada de cañones, podrían tener 1.200 metros de largo y una capacidad de carga de 1.500 toneladas, fungiendo de grandes viajeros, décadas antes que Enrique El Navegante. Sin duda, con ese amplio bagaje cultural y tecnológico, el mundo fue chino céntrico.

Pero China, influenciada por el confucionismo y su rechazo al comercio y al enriquecimiento, decidió darle la espalda al mundo. Su competente burocracia se ocupó mejor de recapturar el pasado y no de construir el futuro. En consecuencia, la emergencia del capitalismo y de Inglaterra como la máxima potencia económica, de la mano de la máquina de vapor y del dejar hacer dejar pasar, le infringió enormes humillaciones a lo largo del siglo XIX y buena parte del siglo XX.

La corona inglesa la sometió a dos guerras del opio, se apropiaron de sus costas y de sus puertos, le impusieron tratados comerciales injustos, apoyados por todas las potencias coloniales e imperiales en nombre de la cultura occidental. Los ejércitos extranjeros asolaban sus territorios, intimidando, saqueando, sin lograr jamás doblegar su acrisolado espíritu nacional.

El pueblo chino pagó un costo extraordinario por esas afrentas al que solo pudo poner fin la reunificación del país mediante una forma de afirmación nacional cuando Mao Zedong, su gran conductor, declaro solemnemente ante el mundo, el 1 de octubre de 1949, que China se había puesto de pie:
“Se ha elevado ya nuestro entusiasmo. El nuestro es un país ardiente que se deja llevar por una marea encendida. Existe una metáfora muy adecuada para ello: nuestro país es como un átomo…. Cuando se desintegre el núcleo de este átomo, la energía térmica que suelte tendrá una terrible potencia. Seremos capaces de hacer lo que nunca pudimos”.

Y a fe que lo han logrado. Hace setenta años, la población China rozaba los 500 millones de habitantes cuya esperanza de vida era de 35 años y de los cuales 300 millones carecían de tierra y la pobreza en el campo era del 97.5%. En menos de 35 años han salido de pobres 800 millones de personas, un resultado que no ha conseguido país alguno. Para las estadísticas oficiales, la pobreza restante es el 1.75% de la población, 16 millones de chinos, a los que aspiran redimir en el 2021.

Estos números se soportan en la evolución de su PIB/per cápita. A principios de la República este era de 119 yuanes. En el 2018 fue de 64.644 yuanes. Antes de la proclama en las puertas de Tiananmen de la Ciudad Prohibida de la nueva República, su agricultura solo producía 110 millones de toneladas para una nación inmensamente poblada donde eran frecuentes las hambrunas.

Hoy producen 660 millones de toneladas de alimentos y es el mayor productor de arroz y de trigo, lo que les garantiza su soberanía alimentaria. Cuando China se puso de pie, su PIB era de 60.000 millones de yuanes. En el 2021 será equivalente al de Estados Unidos, calculado en 100 billones de yuanes.

China es el mayor productor mundial de acero, aluminio, maquinaria, energías renovables y patentes, así como han construido las mayores redes ferroviarias, de carreteras, de 4G de comunicaciones y está empezando la construcción de redes de 5G. Como se lee, el pueblo chino ha logrado un histórico progreso de la pobreza a la prosperidad, de la vulnerabilidad a la fortaleza.

Su renovada y pujante economía, basada en una mezcla pragmática de socialismo y capitalismo, el socialismo con características chinas, donde el Estado y las fuerzas del mercado juegan su rol en el famoso juego del gato blanco o negro cazando ratones, bajo la guía metodológica de “cruzar el rio tanteando las piedras”, y su prudente diplomacia, le han permitido a la República Popular China volver a ocupar su lugar en el mundo.


Una ruta, una franja, un viaje al centro del poder mundial

En su viaje hacia la cúspide de la economía mundial, la dirigencia china, bajo el mando de Xi Jinping, quiere hacer partícipe al mundo de ese ascenso de la marea y contribuir a un orden internacional más justo y en salvaguardia de los derechos legítimos de los países en desarrollo, la paz y el desarrollo mundial.

Para ello han diseñado a partir de 2013 la estrategia, de construcción conjunta, del programa Una franja, una ruta, con el objetivo de desarrollar una red de comercio, inversión e infraestructura para conectar Asia con Europa, África, Oceanía y Latinoamérica, por un valor gigantesco de 3.7 billones de dólares y de la cual hacen parte 124 países y 29 organizaciones internacionales.


La línea de tren más larga del mundo.
Foto: https://www.elperiodico.com/es/graficos/sociedad/tren-mas-largo-china-espana-7438/


La Ruta y la Franja en América Latina

China considera a América Latina una tierra de promisión. En la región, Ecuador, Panamá, Venezuela, Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Costa Rica, El Salvador, Antigua y Bermuda, Guyana, Surinam y Trinidad y Tobago, están vinculados oficialmente al programa donde están inscritos 19 países. El comercio entre China y América Latina escaló a los US$300.000 millones en 2018.

En desarrollo de esa cooperación, Chile se conectará con China mediante un cable de fibra óptica con una inversión de US$ 650 millones y han suministrado 200 buses que circulan por las avenidas y calles de Santiago. Participa en Panamá con la mejora del canal. Con Perú desarrolla el puerto de Chancay por US$3000 millones. En Ecuador se acaba de inaugurar el puerto de Posorja, en Guayaquil, con inversiones por US$1.000 millones. México aspira a construir un corredor estratégico que una al Atlántico con el Pacífico. Para la CEPAL, China es un socio esencial y este organismo hace parte del Consejo Directivo de la Ruta por invitación del gobierno de Pekín.

En esta parte del mundo funcionan 43 Institutos Confucio que promueven el intercambio cultural y a todo nivel con la gran economía asiática. La Universidad del Valle, en esta senda que se abre de profundización de la internacionalización del Alma Mater con la reelección de su competente rector, Edgar Valera, debe acelerar la concreción de esta vinculación para el fortalecimiento de las relaciones de China con el Pacífico colombiano y su intercambio científico, académico y estudiantil.


El impresionante plan de transportes que puede modificar la economía mundial y posicionar a China como megapotencia mundial.
Foto: https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/la-ruta-de-la-seda-del-siglo-xxi/


¿Y Colombia?

Colombia tiene relaciones con la República Popular China desde el 7 de febrero de 1980. El país tiene ante sí una enorme oportunidad de desarrollo que ofrece la segunda economía mundial y el programa Una franja una ruta. China aspira a invertir en América latina US$ 250.000 millones en Inversión Extranjera Directa (IED) y US$ 500.000 en comercio, entre el 2015 y 2019.

China es el segundo mercado de nuestras exportaciones pero con la que tenemos la relación de intercambio más débil entre las economía latinoamericanas. Nuestra endeble agricultura tiene en ese mercado inmensas posibilidades para sus exportaciones: café, aguacate, banano, pulpa de fruta, madera, carne porcina y bovina, chocolatería y confitería, ropa interior y vestidos de baño, químicos, etc. China puede contribuir a vigorizar el campo colombiano y al afianzamiento de la esquiva paz para la que no hay los recursos necesarios. China debería ser una prioridad para el gobierno, afirma la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).

Pero quizá el mayor provecho que tendría un reforzamiento de las relaciones bilaterales es en el desarrollo de nuestra deficiente infraestructura. En el marco del programa Una ruta una franja, con el gobierno nacional y la empresa privada, se podría avanzar de forma pronta en la construcción de las vías estratégicas que requiere el país: la doble calzada Cali-Popayán-Pasto-Ecuador, que da pena. Para el trayecto Popayán-Pasto ni siquiera hay proyecto.

Pueden profundizar el calado del puerto de Buenaventura para el cual, según el gobierno, no hay recursos. Se pueden hacer cargo de hacer realidad, en tiempo razonable para los afanes de la globalización y de nuestro atraso vial, mediante contrato de concesión, de la vía que conecte a la Orinoquia colombiana con el Pacífico, prevista para ejecutarse en dos décadas, que en Colombia son eternas.

Proyectos todos al que el gobierno nacional no hace eco, o responde con irritable paquidermia, lo que implica enormes costos para el desarrollo económico y social del país y especialmente del Pacífico colombiano. Los llamados de la dirigencia gremial y política del Occidente colombiano se pierden en la somnolienta burocracia del Estado central, que parece no existir para los asuntos claves.

No abrirle las puertas a la segunda economía global es un error y supone darle la espalda a la realidad del Pacífico.




El resurgimiento de China de la mano de Mao Zedong, 1949.
Foto: https://www.economist.com/books-and-arts/2019/03/28/the-enduring-influence-of-mao-zedong

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