Tema Central – Las respuestas a la pandemia: esperanza y desilusión

Las respuestas a la pandemia: esperanza y desilusión



Por: Fabián Méndez
Profesor Escuela de Salud Pública




A las afueras de Nueva Delhi el 29 de marzo, una mujer intenta empujar a su hija en un bus que ya está atestado de gente mientras intentan viajar de regreso a su pueblo.
Foto: https://www.elaliberta.gr/images/india.leoforeio.jpg


Son conocidos los presagios hechos hace por lo menos 5 años por Bill Gates y Barack Obama sobre la ocurrencia de una pandemia por una enfermedad infecciosa. Sus propuestas para hacerle frente eran similares a la del plan para una guerra inevitable. La guerra al virus estaba declarada y sin mención a las causas Gates describe: “Necesitamos estar preparados. La OTAN tiene unidades móviles que pueden activarse con gran rapidez. […] hay que equiparar estos médicos con los militares y beneficiarse de estos para moverse rápidamente, hacer logística y tener áreas seguras”. Obama también lo expuso: “Para poder hacerle frente tendremos que establecer una infraestructura, no solamente aquí sino globalmente, que nos permita verla rápidamente, aislarla rápidamente y responder rápidamente […] tendremos que haber hecho la inversión y así podremos atraparla”.

Por supuesto, el uso de la tecnología al servicio de la identificación oportuna de casos de enfermedades emergentes para su posible confinamiento, debe estar entre las herramientas para dar una respuesta rápida. No se trata de no estar listos para el incendio, sino de hacer mucho más para prevenirlo. El que no se consideren las causas en estos discursos del poder económico y político hegemónicos es un reflejo de la ética y los valores que respaldan sus posiciones. Para ellos se trata de enfrentar a un enemigo con la racionalidad moderna cartesiana del mundo occidental liberal, con base en las que, según Escobar, son las cuatro creencias que la fundamentan[1] : la creencia en el individuo moderno basado en el mercado, la creencia en realidades objetivas independientes del contexto, la creencia en la ciencia moderna hegemónica que invisibiliza otros saberes, y la creencia en la economía como un dominio independiente por fuera de la vida social.

¿Cómo ha sido la respuesta mundial ante la pandemia? Con algunas excepciones (como las muy notorias de Bolsonaro y Trump), la mayoría de los gobiernos han asumido acciones para proteger la vida parando la producción – a veces más temprano, a veces más tarde. Sin embargo, aunque algunos países han hecho donaciones internacionales, poca cooperación internacional se ha visto. Por el contrario, el presidente Donald Trump trató de comprar con exclusividad para su nación una vacuna alemana en experimentación, mientras que en Francia una llamada “guerre des masques” por los equipos de protección se desató con acusaciones sobre manejos oscuros de mascarillas en el mercado internacional: “Un envío desde China fue secuestrado por los americanos”, dijeron oficiales franceses.[2]


Médicos y paramédicos hacen gestos después de ser arrestados en Quetta, en el sur-occidente de Pakistán.
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En consecuencia, la pandemia no solo ha afectado los sistemas de salud y económicos, sino que ha puesto al desnudo las fallas y perversiones de los sistemas políticos. Y de aquí sale tal vez la primera enseñanza: necesitamos de una visión más participativa para enfrentar a esta pandemia. Sin protagonismos mezquinos ni cálculos electorales, es urgente la cooperación, solidaridad y empatía por los demás. Personalmente, he estado atendiendo las intervenciones de nuestros gobernantes locales, regionales y nacionales para descubrir en ellos sus valores e intereses, sus gritos de ansiedad y sus silencios (hay un precandidato presidencial muy conocido al que las malas lenguas dicen le hicieron la prueba del COVID19 y no salió ni positivo ni negativo). Una intención de hacer política constructiva y deliberativa es lo que afortunadamente hemos visto en varios alcaldes del país, incluido Cali. En ese respecto podríamos estar peor, pero no se trata solo de gobernantes sino también de alfabetismo político, resistencia y responsabilidad ciudadana.

La comunidad académica no se queda fuera de ese juego de intereses. Es necesario reconocer el trabajo desinteresado de muchos, el esfuerzo y las ganas de ayudar a la solución. Pero de nuevo, en medio de un sistema fundamentado en las mismas reglas del mercado, más que cooperación científica predomina en muchos casos el interés particular. Una estrategia diferente se necesita en el Ministerio de Ciencias para generar redes que apoyen y empoderen las regiones donde menos capacidad hay. Además de todos los modelos de predicción para Bogotá, Medellín, Cali y todas las principales ciudades (desafortunadamente en ocasiones repitiendo esfuerzos y duplicando recursos), necesitamos estudiar la vulnerabilidad y las intervenciones participativas para las poblaciones más vulnerables en zonas rurales y apartadas, por ejemplo en comunidades afro e indígenas del Cauca. Seguramente será indispensable además considerar en esos análisis la determinación social (no solo los factores de riesgo) para comprender mejor las vulnerabilidades frente a esta enfermedad en el mediano y largo plazo. Pues, como hemos visto en muchas otras condiciones, al final son los de menos recursos, las mujeres y las minorías étnicas afros, campesinos e indígenas en las ciudades y en especial en el campo, los que llevarán la peor carga no solo de esta enfermedad sino de sus consecuencias sociales y económicas.


[1] Escobar A. Autonomía y Diseño
[2] CNN. Coronavirus sparks a ‘war for masks’ as accusations fly. https://edition.cnn.com/2020/04/03/europe/coronavirus-masks-war-intl/index.html

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