Tema Central – “La Universidad del Valle da nuevos significados a la vida de las personas y las transforma, y por eso hace parte esencial de mi vida”

“La Universidad del Valle da nuevos significados a la vida de las personas y las transforma, y por eso hace parte esencial de mi vida”
Liliana Arias

La vicerrectora académica de la Universidad del Valle, doctora Liliana Arias, comparte con el director de La Palabra y con sus lectores, la trayectoria personal, académica y profesional que la llevaron a ser una de las mujeres más destacadas del Alma mater en sus 75 años de historia.



Por: Redacción La Palabra




Foto: Cortesía Liliana Arias.


Darío Henao Restrepo (D.H.R.): Cuéntanos cómo ha sido tu trayectoria personal, familiar, y tu relación como estudiante y profesional con la Universidad del Valle.

Liliana Arias (L.A.): Soy la menor de siete hijos. Estudié en Santa Mariana de Jesús, un colegio de monjas, desde primero a sexto de bachillerato. Recuerdo que desde muy pequeña mi única opción de lo que iba a estudiar era medicina; de hecho, desde muy pequeña jugaba con las lagartijas a operarlas y con frasquitos a darle remedios a mis hermanos, a mi papá y a mi mamá. En la casa todas las mujeres estudiamos en las Marianas de kinder a sexto, y todos los hombres con los maristas de kínder a sexto. Después mis hermanos fueron eligiendo sus carreras. En la casa fuimos tres médicos, dos hombres y yo, y las mujeres estudiaron bacteriología, bibliotecología, secretariado ejecutivo, y el otro derecho. Pensé en medicina como la única opción y me presenté solamente a la Universidad del Valle. Tuve la fortuna de que me aceptaran la primera vez que me presenté, en agosto de 1973, pero se robaron los exámenes y nos tocó volver a repetir el examen. En esa época presentábamos el examen del Icfes y un examen de la Universidad, y además, para medicina, teníamos que presentar tres entrevistas. En ese orden de ideas, volví a presentar todo y volví a quedar en medicina. En ese momento había una reforma curricular grande que hacía que solo admitieran cincuenta estudiantes en 1973 y otros cincuenta en 1974, para empezar el año con cien estudiantes, según la nueva reforma, que también disminuía de siete a seis años la carrera. Me aceptaron y me tocó esperar un año, tiempo en el cual hice algunos cursos, entre ellos, dos semestres de Lógica y Crítica con Estanislao Zuleta. Ingresé a estudiar medicina a los 16 años de edad en 1974. Fue una época difícil por las protestas y los paros, pero logramos terminar la carrera en casi ocho años. En ese momento se dio un movimiento estudiantil muy fuerte porque la Universidad Libre empezó con medicina y querían hacer las prácticas en el Hospital Universitario del Valle (H.U.V.), entonces esto creó un movimiento estudiantil muy fuerte que no se dio únicamente en medicina, sino que se extendió a toda la Universidad.

Desde esa época estuve muy vinculada y activa estudiantilmente, siempre mirando temas. Me gustó mucho la educación médica, y tuve maestros importantes, como el doctor Diego Mejía, quien posteriormente creó la especialidad en medicina familiar, y el profesor Carlos León. Ambos marcaron un camino muy fuerte.

Terminé en 1982 y me fui a hacer mi servicio social obligatorio al Darién (Valle), y posteriormente me trasladaron los últimos cuatro meses a Yumbo, donde terminé mi servicio social en 1983. Luego apliqué a la especialidad en medicina familiar que se abría por primera vez en Colombia, que era lo que me gustaba y que venía averiguando para hacerla fuera del país, pero cuando la abrieron en la Universidad del Valle, me presenté y pasé, y en enero de 1984, empecé medicina familiar y terminé el 16 de enero de 1987. Fue una época de retos y también de oportunidades porque, como dije, fuimos los primeros especialistas en medicina familiar de Colombia, una especialidad que no se conocía y que no contaba con profesores especialistas, por lo que recibíamos muchos visitantes del extranjero. Fue algo muy interesante, y por eso quiero destacar lo que pasó.

El rector de la época era el doctor Harold Rizo, conocedor del modelo inglés de medicina familiar. Un día, iniciando nuestro segundo año, nos reunió y nos preguntó que quiénes queríamos participar para hacerle una propuesta al servicio de salud de la Universidad del Valle, que fuera creado en medicina familiar. De los diez que éramos, tres levantamos la mano: Carlos Erazo, Orlando Espinosa y Liliana Arias, quienes éramos los primeros residentes. Tuvimos la tarea de hacer la planeación, la distribución de familias, la sectorización de Cali y demás procesos de lo que es el servicio médico familiar que conocemos a la fecha. Fui fundadora del servicio que tenemos actualmente, el cual en esa época produjo rechazo absoluto porque los sindicatos y demás estamentos pedían sus citas directamente en Coomeva. Nos tocó duro, pero la constancia y la calidad nos llevaron a que en este momento el servicio de salud sea de lo más apreciado por la comunidad universitaria. Tuve la fortuna, por ejemplo, de ser tu médica familiar, Darío, y también del doctor Harold Rizo y de muchos trabajadores, profesores y empleados, al igual que de sus familias.

Posteriormente, una noche me acosté como especialista y amanecí como profesora y funcionaria del servicio salud por contrato, pues no estaban las plazas de médico familiar. Duramos cerca de nueve meses sin salario. En los primeros tiempos fui profesora ad honorem porque no había recursos. Así pues, desde hace 33 años y medio estoy vinculada como funcionaria al servicio de salud.

En 1987 trabajé medio tiempo con la comunidad de Aguablanca a través de la Fundación Valle del Lili en su centro comunitario. Allí tuve la oportunidad de fundar el primer núcleo de atención primaria en salud del país, que fue el de El Diamante, el cual se convirtió en un modelo para la Organización Mundial de la Salud (OMS). Recibíamos visitantes de todo el mundo, así como ministros de salud y personalidades importantes que siempre estaban allí. El trabajo con la comunidad fue vital. Programé todas las capacitaciones para los voluntarios que se formaron allí. Luego apliqué para una beca Fulbright, me la gané y estuve en Estados Unidos cerca de dos años. Como no quería un doctorado, pues ya había hecho tres años de posgrado, hice dos fellowship, uno en salud comunitaria y otro en humanismo en medicina.

Regresé a Colombia. Todavía no era profesora nombrada, era ad honorem, y cuando volví, me dieron más o menos doce horas cátedra a la semana, y en octubre de 1992, me vincularon como profesora nombrada. El decano que estaba en su momento, el doctor Héctor Raúl Echavarría, me contactó y me pidió que le hiciera una propuesta para manejar el tema internacional en la Facultad de Salud, que en esa época no existía a nivel universidad, así que hice la propuesta, fui seleccionada y me nombraron medio tiempo en la Universidad, y fui la fundadora de la primera oficina de relaciones internacionales, que se llamó Asuntos Internacionales de la Facultad de Salud. Fue una experiencia muy buena. Estuve cerca de siete años en la dirección. Después de fundada, hicimos programas interesantes como Amistad Internacional y el Fomento de Movilidad. En promedio recibíamos unos 120 estudiantes extranjeros en la Facultad de Salud, la mayoría de medicina, provenientes de Estados Unidos, Escocia, Alemania y Australia. También nuestros estudiantes y residentes empezaron a ir a otros lugares. En esa época también fui representante profesoral al Consejo Académico. En 1996 me ascendieron como profesora de tiempo completo y logré ser profesora titular, lo que hizo que me dedicara a trabajar solamente para la Universidad.



Liliana Arias (izquierda) en ceremonia de grado, Universidad del Valle.
Foto: Cortesía Liliana Arias.


Desde esa época también fui la presidenta del Comité de Ética de la Facultad de Salud, el único que existe en la Universidad. Fue una experiencia gratificante. Hicimos capacitaciones para investigadores y profesionales que estuvieran en los comités de toda la Universidad, pero además lo extendimos hacia la ciudad y de allí surgieron otros comités de ética. A mediados del año 1999, en medio la crisis, fue elegido rector el doctor Óscar Rojas, quien me invitó a participar como su asesora. Juntos veníamos trabajando desde finales de los 80 en el Centro Colaborador de Investigación en Salud Sexual y Reproductiva de la OMS, en la Universidad del Valle y en el Hospital Universitario. Estuve vinculada a ese centro como investigadora y trabajábamos juntos, él era el director. Renuncié a la Representación Profesoral y al Comité de Ética, y me fui para Meléndez. Allí estuve como asesora del doctor Rojas todo su periodo, de 1999 al año 2003. Fueron tiempos difíciles.

En el año 2004 me presenté como candidata a la decanatura de la Facultad de Salud, y fui elegida con una votación del 96%. Fui decana por dos periodos, y desde la fundación de la Universidad hasta ahora, he sido la única mujer decana de dicha Facultad. En esa época también me eligieron como presidenta de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCOFAME), la única mujer que en toda su historia la ha presidido. En 2010, cuando terminó mi segundo periodo como decana, volví a ser profesora titular en el Departamento de Medicina Familiar.

Cuando se dio mi candidatura a la rectoría, me presenté en el año 2011 y perdí por un margen muy estrecho. En 75 años de historia de la Universidad, soy la única mujer que se ha presentado como candidata a la rectoría. Seguí como profesora titular y después me designaron como jefe del Departamento de Medicina Familiar, y el decano de ese momento, el doctor Herrera, me pidió que manejara simultáneamente la Oficina de Asuntos Internacionales, la cual asumí de nuevo. En el año 2015 me designaron como profesora distinguida y en noviembre del mismo año, Edgar Varela, actual rector, me designó como vicerrectora académica, cargo que ocupo actualmente.

Además de toda esta trayectoria en la Universidad, he estado vinculada en otras cosas; por ejemplo, en el tema de la educación médica. Pertenezco desde hace ocho años a la junta directiva de la Federación Panamericana de Facultades y Escuelas de Medicina, que agrupa cerca de 800 programas y asociaciones desde Canadá hasta Chile.

He sido también presidenta de la Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar, la cual agrupa a veinte países. Fui fundadora y presidenta de la Sociedad Colombiana de Medicina Familiar, y también tuve la oportunidad de estar cuatro años en el Consejo Mundial de Medicina Familiar, que elige a una persona de cada una de las siete regiones, a la que fui en representación de Iberoamérica, y esto obviamente ha sido una experiencia muy grata.

En todo el intermedio hice estudios de especialización en educación médica, en educación y terapia sexual, en docencia universitaria en la Universidad del Valle, una maestría en sexología clínica, y también con la organización Pío Cruz y gracias a una beca del Ministerio de Salud de Brasil y de la OPS, hice la especialización en gerencia del talento humano, además de otros diplomados en atención primaria y dirección universitaria. También he sido la única mujer presidenta de la Academia de Medicina del Valle por dos períodos. En general y de manera muy resumida, he hecho investigación y tengo 16 libros publicados, unos 15 capítulos de libros, publicaciones en revistas indexadas nacionales e internacionales, y tengo más o menos unas 63 publicaciones a la fecha.


Liliana Arias siendo condecorada con la Medalla de Ciudades Confederadas por la Gobernación del Valle.
Foto: Cortesía Liliana Arias.


D.H.R.: Con este panorama tan completo que nos has resumido, podemos entrar ya a hacer unas preguntas más específicas. La primera es con relación a la mujer. ¿Qué opiniones y reflexiones tienes acerca de cuál ha sido el papel de la mujer en la Universidad del Valle, especialmente en el campo de la docencia y la investigación? ¿Cuál ha sido el papel de las mujeres y sus mayores aportes en la construcción de la Universidad en estos 75 años?

L.A.: El rol de la mujer es innegable a nivel global, y si nos situamos en el contexto nacional, es un rol que ha ido ganando algunos espacios que han sido luchados y que se han conseguido porque la mujer fue capaz de salir de su casa, tuvo acceso a la educación, empezó a competir por lugares de trabajo, buscó un trato digno y ha buscado espacios no solamente en la Universidad desde el campo docente, sino también desde el campo del acceso a los estudios universitarios.

Nosotros podemos decir que cuando empezó la Universidad, inició ofertando el programa de enfermería, que persiste hasta la fecha, y desde esa época había carreras “feminizadas”. En enfermería se ha dado el proceso contrario. Hay un profesor que estuvo durante veinte años en un mundo de mujeres, pero también se han dado otras carreras a las cuales las mujeres generalmente no tenían acceso, como en algunos campos de las ingenierías y de la medicina y sus especialidades clínicas. Entonces el rol de la mujer ha sido muy importante desde su fundación.

Recordemos a la primera secretaria general que tuvo la Universidad, que si mal no recuerdo fue doña Edna Elba Ortiz, quién ejerció un liderazgo importante de interlocución entre el rector y los vicerrectores de su momento, aportando una visión que es innegable y que nosotras las mujeres tenemos, lo cual está demostrado, pues uno de mis temas es la sexología y se sabe que hay diferencias en la funcionalidad cerebral en hombres y en mujeres. Las mujeres tienen un pensamiento más sistémico, más integrador, más contextual, mientras que el hombre tiene un pensamiento que está más centrado en una actividad a la vez, más pragmático. Cuando uno empieza a dar nombres, se corre el riesgo de quedarse corto, pero hemos tenido múltiples mujeres supremamente importantes no solamente en sus trayectorias como estudiantes, profesoras, egresadas y directivas de la Universidad, sino en todo el mundo. Hemos tenido a la doctora en filosofía Beatriz, a la profesora Carmiña Navia de literatura, a la profesora Nubia Muñoz, egresada de medicina y candidata al premio Nobel, a la doctora Carmen Zúñiga de biología, quien ha descubierto una serie de especies de insectos. En estos 75 años nosotros tenemos más o menos 114500 de egresados de la Universidad, de los cuales 57500 son hombres y 57015 son mujeres; pero con respecto a la pregunta que me hacías, si yo tomo el dato de los últimos veinte años, tenemos 38000 mujeres egresadas y 35000 hombres, y en este momento, tal como lo vemos en los grados de los últimos años, las graduaciones han sido 51% mujeres y 49% hombres. Esto pone de manifiesto el rol de la mujer. Cuando miramos la deserción, vemos que permanecen más en la Universidad las mujeres que los hombres. Cuando se dan las situaciones de embarazos en adolescentes o jóvenes universitarios, por ejemplo, suelen desertar más los hombres, y las mujeres siguen en su rol de estudiante, suspenden un tiempo, pero vuelven y se logran graduar.

Entonces hay diferentes facetas. Las empleadas de la Universidad, todo el soporte administrativo que tenemos con empleadas de distinto orden, con secretarias, con profesionales, son la mano derecha y la mano izquierda de nosotros cuando estamos en las diferentes funciones directivas como decanos, vicerrectores, directores de institutos o de áreas.

Hay un rol muy importante de las mujeres trabajadoras de la Universidad, que permite que tengamos unas condiciones básicas para poder funcionar, y por supuesto, también, el rol de las estudiantes, que cuando tenemos las reuniones, por ejemplo, con los líderes estudiantiles, hay ciertas manifestaciones y ciertos momentos en los que cuando están con las mujeres, hay unos niveles de respeto y de confianza que hacen, en algunos momentos, más fluido el diálogo y la conversación. Y por supuesto, en cuanto a profesores y profesoras, tenemos una proporción más o menos de 60% hombres y 40% mujeres. En el rol docente también ha ido aumentando progresivamente el número de profesoras. En áreas como ingenierías, hay mujeres que ocupan los primeros lugares en producción intelectual. Así pues, el tema es bastante parejo. No puedo negar que, por supuesto, a las mujeres nos toca un poco más duro en muchos temas; hay que estar pendiente de la oficina, de la casa, de la familia, y es frecuente que en las organizaciones e instituciones, por ejemplo, cuando hay una reunión y se va a tomar una acta, así estén entre profesionales, se propone que la redacte alguna mujer por ser mujer. Es innegable que todavía existen rezagos de la sociedad patriarcal y hay discriminación en algunas instituciones, y en algunas áreas hay desigualdades salariales por lo mismo. En la Universidad esto no se da. En el tema de profesores, el que produzca más y el que tenga experiencia calificada y excelencia docente, sea hombre o sea mujer, va a progresar de la misma manera. Para las comisiones académicas, por ejemplo, en la Universidad del Valle no hay discriminación de género. Hemos tenido decanas en casi todas las facultades, excepto en ingeniería y en administración; de resto, en todas ha habido en algún momento de su historia, mujeres decanas y directoras de programa.

Otro aspecto importante para el trabajo en equipo en la Universidad, es el tema de la sensibilidad y el abordaje, el tacto para decir las cosas. Vemos en las direcciones de programa, por ejemplo, que es muy importante el acercamiento, el abordaje, la confianza que se construye entre los estudiantes y las profesoras que son directoras de programa. Esto no quiere decir que no existan directores de programa que también tengan apertura, sensibilidad, y que hagan muy bien su trabajo; pero digamos que sí existe una tendencia en el ambiente organizacional. Las mujeres usualmente son las que fomentan las celebraciones: si alguien está en embarazo, entonces le hacen el baby shower; si alguien cumple años, le celebran los cumpleaños al final de cada mes.


Liliana Arias en la reunión del Grupo Mundial de Mujeres en Medicina Familiar (WWPWFM), en Canberra (Australia).
Foto: Cortesía Liliana Arias.


D.H.R: Eres experta en sexualidad humana. He escuchado muchas de tus conferencias y he leído tus libros. En la Universidad de Valle cada vez cobran más importancia las tensiones, los conflictos, los problemas, los abusos que también se dan en el campo de la sexualidad en la Universidad. De hecho, ya hay una gran política de género y se tienen reglamentaciones estrictas para esto, pero creo que vale la pena aprovechar estos 75 años para reflexionar de manera muy amplia sobre ese asunto tan complejo de la condición humana como lo es la sexualidad, y en el campus de nuestra Universidad, no solamente en Cali sino en las sedes. Cuéntanos tu visión de conjunto sobre este gran asunto.

L.A.: La violencia sexual ha existido a lo largo de toda la historia, y la violencia de género se ha visibilizado más desde finales de la segunda mitad del siglo pasado. La violencia es un tema muy complicado, un tema de salud pública que se debe abordar de esta manera porque afecta de manera integral la salud y el bienestar de las personas, sean hombres o sean mujeres, pues son quienes la sufren. Usualmente se habla de la violencia hacia las mujeres, pero no es exclusiva hacia ellas; también existe violencia hacia los hombres. He sido terapeuta familiar y sexual desde hace más de 30 años, y he recibido todo tipo de situaciones. Creo que algo importante es el tema de sensibilización que se ha venido haciendo. Después viene lo que desde el punto de vista médico llamamos el diagnóstico, y a partir de esto, se hacen los planes de manejo integral que implican no solamente todo el tema de soporte psicosocial y biomédico, si ha habido lesiones en un asalto sexual, por ejemplo, y todo lo que es el manejo del seguimiento, lo que implica rehabilitar a la persona para que pueda llevar una vida lo más normal posible y evitar que tenga secuelas, limitar ese daño. Esto en términos generales. Como se ve, la violencia no es solamente física o sexual; la violencia se ejerce de muchas maneras. Actualmente tenemos, por ejemplo, todo lo que es la violencia electrónica, la violencia virtual, la violencia psicológica, la violencia social, todo lo que es la violencia del mercadeo sexual, por ejemplo, y por supuesto, el acoso. En este tema se han realizado varios trabajos, y obviamente es un tema muy amplio. Se requiere un manejo integral y de trabajo en equipo. Con la situación que tenemos actualmente de la niña de 13 años que fue violentada por siete personas, allí uno tiene que hacer unas acciones y es importante diferenciarlo. El Centro de Estudios de Género de la Universidad es un centro de investigación, y nuestra misión, tal como está escrita, es la educación, por lo que no podemos prestar servicios de salud, pero esto lo hemos trabajado conjuntamente con la Secretaría de Salud Departamental y con la municipal. Hay una ruta con medicina legal, por ejemplo, para el caso de una persona que sea asaltada sexualmente, como el caso de la niña adolescente. Lo primero es que la tiene que valorar medicina legal porque hay que mirar las pruebas, tomar exámenes, fotografías, ver qué pasó, si hay desgarro, si hay morados. Hay que seguir unos protocolos y hay que dar una serie de manejos farmacológicos para evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual, así como darle manejo preventivo para VIH, y todo esto se acompaña de soporte biopsicosocial, intervención psicológica e intervención con trabajo social para la familia y allegados, e igualmente el tema jurídico y legal para las acciones a las que haya lugar, y en muchos casos la protección de la víctima (porque el asaltante puede volver a incurrir en el acto si no es recluido). Es un tema complejo. Por otro lado, me parece importante mencionar que vengo trabajando hace más de veinte años con personas de diversidad sexual que incluye no solamente personas con orientación homosexual, sino todo lo que tenemos ahora de pansexualismo, queer, travestis y todo el tema de personas transgénero, que en la Universidad tenemos varios. Durante este tiempo, desde que creamos Campus Diverso hace unos cuatro años, contamos unos 28 estudiantes que hemos seguido y que hemos ayudado, y aquí también damos todo el soporte. Este es un programa que funciona desde la Vicerrectoría Académica, y damos todo el soporte legal, médico, familiar y académico, pues sabemos que a las personas trans usualmente las sacan de sus casas, no les dan apoyo y tienen que vivir en la calle y buscar cómo sobrevivir, por lo que es usual que se enganchen en trabajos riesgosos. Un estudio que se hizo hace dos años, arrojó que el promedio de vida de las personas trans en Colombia, hasta hace unos cinco o siete años, llegaba a los 46 años. Esto se ha ido atendiendo un poco más, pero por supuesto todo el tema de la violencia y del abordaje del género incluyente, están a la orden del día, y este es un punto muy importante. El Ministerio de Educación nos ha venido visitando desde hace 2 años, al igual que a otras universidades, y destacaron nuestros programas de política de género, de discapacidad o diversidad funcional, y el programa de Campus Diverso como el único entre las universidades, lo que nos llevó a que en diciembre de 2019 nos designaran como la universidad más incluyente de Colombia.


Liliana Arias en el monte Fuji (Japón).
Foto: Cortesía Liliana Arias.


D.H.R.: Con respecto a tu rol y liderazgo reciente al frente de la Vicerrectoría Académica de la Universidad en estos últimos cinco años, quisiera que nos hables de los desarrollos más relevantes de la Universidad en términos académicos, ahora que cumplimos 75 años y que tenemos acreditación de alta calidad.

L.A.: Considero que desde su fundación, la Universidad realmente le imprimió el sello de calidad. Otra característica muy importante desde esa época, es el tema del compromiso social, y no hablo solamente por el área de medicina y de salud, que es el que conozco y que fue el que empezó con todo el tema social desde sus acciones y trabajo con la comunidad en Siloé, El Guabal, en Candelaria, Aguablanca, entre otros, sino con las diferentes disciplinas de la Universidad. El lema que tenemos de excelencia académica con compromiso social es una marca muy distintiva de la Universidad, que realmente nunca ha dejado de ser, y que por el contrario, se consolida y se refuerza. ¿En qué nos hemos destacado? Creo que es innegable que después de empezar con cinco programas, y estar en este momento con un poco más de 300 entre pregrado y posgrado de calidad; es decir, nosotros podemos decir que el 100% de nuestros programas de pregrado están acreditados o están en proceso de acreditación por tercer año consecutivo. Tenemos también otros hitos importantes. Tenemos las diferentes disciplinas del saber, excepto el área de derecho; no obstante hay muchos abogados como profesores y funcionarios, y hay trabajos en los cuales el derecho está incluido, así como en algunos programas de doctorado. Actualmente ofrecemos 18 doctorados y hay más en proceso de creación, al igual que muchas maestrías, especializaciones y pregrados.

Hay algo que es de mostrar en todo el país y fuera de este, y es el tema de Regionalización. Tenemos nueve sedes fuera de Cali que son propias, que tienen bienestar, profesores nombrados que van a ir aumentando, y programas terminales. Las personas casi nunca diferencian eso, y es algo muy propio nuestro. Por ejemplo: el estudiante que empieza en Caicedonia su primer semestre, termina en Caicedonia su décimo semestre. Tenemos universidades en el país que también tienen sedes regionales, pero hacen allá dos o cuatro semestres y luego tienen que ir a la sede central a terminar su formación, entonces esa es una característica muy propia de la Universidad del Valle. Está igualmente el tema de la homeostasis, el equilibrio entre la docencia de investigación y la extensión. Somos la universidad con el mayor número de patentes en Colombia, tanto nacionales como internacionales, tenemos buena movilidad estudiantil y tenemos muchos incentivos para los profesores. El tema, por ejemplo, de que el 10% de los profesores en un momento dado puedan estar en comisión ad honorem, en comisión de estudios o en comisión postdoctoral, marca una diferencia muy grande, y eso lo destacan cuando nos hacen las visitas para acreditación. Hay igualmente las mismas condiciones del campus para trabajadores y para empleados. Es una universidad democrática. Tenemos representación de profesores, estudiantes y egresados en los diferentes niveles y en los diferentes comités, permitiendo así la libre expresión, y esto lo destaco porque he sido par evaluadora de programas y de universidades a nivel nacional e internacional, y es algo que no se ve comúnmente en otras universidades, lo que se constituye en otro sello de calidad. Progresivamente hemos ido aumentando la cualificación de nuestra planta profesoral, al punto que, después de la Universidad Nacional de Colombia, en un total de 294 universidades, tenemos el mayor porcentaje de profesores nombrados con un número cercano al 69%, y en cuanto a cualificación ya tenemos un 49% de profesores con nivel de doctorado y un 46% de profesores con título de maestría. Nos queda un 2%, o menos, de profesores que tienen solamente pregrado, lo cual se debe a que las áreas del saber que ellos manejan no lo requieren, aunque lo pueden hacer, pero el requisito de formación no es de posgrado, como lo es, por ejemplo, el caso de música o atención pre hospitalaria.

D.H.R: Veo en tu carrera una larga experiencia internacional, no solamente porque has participado en asociaciones internacionales de tu especialidad, sino porque también has jugado un papel muy importante en tu propia Facultad para la internacionalización. Ahora desde lo académico, háblanos un poco del tema internacional, de la importancia que esto tiene hoy para los desarrollos académicos en un mundo cada vez más globalizado.

L.A.: El tema internacional es prioritario en este momento. De hecho, las mismas oficinas de acreditación y los consejos de acreditación a nivel nacional e internacional, ya incluyen este como un ítem que debe ser valorado. La internacionalización mirada no solamente desde la perspectiva de quién entra y quién sale, de quién viene de un país o quién viene de otro, sino la internacionalización en la concepción de lo que son las co-tutelas, los títulos, la doble titulación, las redes de investigación, las redes de académicos, la colaboración. Sentir la internacionalización como algo propio, como algo que se requiere. Esto conlleva, por ejemplo, a no reducirnos al bilingüismo; tenemos que pensar en el multilingüismo porque si bien el inglés es un idioma importante, no es el único. Ahora también el mandarín cobra mucha importancia, al igual que las relaciones, por ejemplo, con Brasil, Francia y Alemania. Así pues, cada uno tiene unos puntos de mayor desarrollo, entonces la internacionalización es fundamental. ¿Qué ha pasado en la Universidad? Hemos tenido un sub registro bastante marcado. Las facultades, por ejemplo, saben que en el mes salen por lo menos dos o tres profesores a nivel internacional, pero eso no queda registrado en nuestras estadísticas generales, entonces ese es un tema que ya se está trabajando y que progresivamente ha ido mejorando. También está todo el tema de las patentes. No solamente se trata de “patentar”, sino también producir impacto con la difusión y con la comercialización de estas. También hay un tema fundamental, y es dictar los cursos en otro idioma. En Humanidades ya se está haciendo a nivel de doctorado, pues sé que dictan algunas clases en francés. Entonces eso es un tema fundamental en la internacionalización. En los parámetros con los que miden a las universidades en los grandes ranking, el tema de internacionalización es un punto importante para aumentar el impacto y la visibilidad internacional.


Liliana Arias, vicerrectora académica de la Universidad del Valle.
Foto: Cortesía Liliana Arias.


D.H.R.: Cerremos esta entrevista con una pregunta un poco más personal. ¿Cómo una mujer como tú, con esa extraordinaria trayectoria, estás al frente de la vida académica de la Universidad como vicerrectora, en términos más personales, humanos y espirituales? ¿Cómo resumes tu paso y tu relación con la Universidad del Valle a lo largo de toda tu historia?

L.A.: La Universidad del Valle es casi todo para mí. Ha sido una parte esencial de mi vida. Desde que era pequeña la tenía como referente. Cuatro de mis seis hermanos estudiaron en la Universidad del Valle. Es decir, en la casa el tema de la Universidad del Valle era cotidiano. Creo que tenemos una institución de la cual nos tenemos que sentir orgullosos, no solamente los que estamos aquí, sino como vallecaucanos y como colombianos. Para mí la universidad ofrece muchísimas oportunidades para el que quiera tomarlas y explorarlas. Yo soy de medicina, y pues ahí los tiempos son supremamente estrechos, pero pertenecí al grupo de danzas de la Universidad, pude estar en los seminarios del profesor Estanislao Zuleta, y cada que podía me iba a Meléndez a ver todas las presentaciones culturales y demás que se hacían por ese entonces. La Universidad te brinda no solo una formación académica, sino también un desarrollo integral desde las mismas aristas que uno quiera potenciar. Recuerdo que cuando estaba en el servicio de salud, me encontré con que uno de mis pacientes era un profesor que había traducido del checo al español las obras de Milan Kundera. Esa riqueza que tú te encuentras en la Universidad hablando con el profesor, escuchándole la historia al trabajador, al estudiante que se viene desde Aguablanca hasta la universidad a pie para poder sacar el título, son cosas que te conmueven. Y cuando tenemos las ceremonias de los grados, ver que se bajan del transporte masivo los papás con el muchacho que se va a graduar y dicen: “Por fin pude entrar a la Universidad del Valle para ver graduar a mi hijo”. La Universidad del Valle da nuevos significados a las vidas de las personas y permite cambiarlas y transformarlas. Creo que ese es un elemento fundamental de porqué la Universidad hace parte esencial de mi vida.

D.H.R.: Tu respuesta es tan linda, que quiero preguntarte cómo, por ejemplo, nosotros le hemos dado espacio a los indígenas, a las comunidades negras. Ese es un tema muy importante en nuestra región. La Universidad ha hecho un esfuerzo enorme en términos académicos.

L.A.: Sí, Darío. Tenemos una universidad incluyente: cerca de 800 indígenas que tienen su propio gobierno. Estar en esas ceremonias de cambio de mando cuando entregan el bastón, es muy conmovedor. Con todas las poblaciones afro, las diferentes manifestaciones culturales que se dan en nuestra Universidad, no solamente por estos grupos sino también por todas las expresiones artísticas, las danzas folclóricas, el hip hop, la capoeira, etcétera. La Universidad del Valle es un microcosmos de la sociedad, pero también es un microcosmos muy comprensivo en el sentido de lo amplio y de todo lo que permite para desarrollarse.

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